¡No pasarán!
“En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las fuerzas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Este parte de guerra lo firmó un señor de cuyo nombre no quiero acordarme. Lo que quiere decir que sí sé quien fue el que lo firmó, pero que no me da la real gana citarlo con sus nombres y apellidos.
Más o menos he sentido esa sensación de pérdida con el anunciado cierre de la cafetería del Círculo de Bellas Artes, que hoy, miércoles, ofrecerá un brindis de despedida a todos los amigos y colaboradores que una vez se creyeron el grito de No pasarán. En fin, sentimentalmente progre que se pone uno… aunque ese no dejar vivir al que ha sido sometido Gonzalo Prieto (el tipo que ha estado detrás de la barra de la cafetería desde hace 12 años) me ha puesto si cabe más amargo y sentimental.
El brindis se celebrará a las 20 horas en una cafetería prácticamente desmantelada, pero será una buena oportunidad para recordar y compartir anécdotas. Tras la despedida de Gonzalo, que dice que no tira la tolla sino que espera a que se seque, lo que sí está claro es que mi Santa Cruz de Tenerife se queda más huérfano si cabe de espacios in-de-pen-dien-tes. Lo escribo así para que lo deletreen quienes deben.
El Círculo mientras tanto agoniza. Sin cafetería, sin teatro y con una actividad demasiado entregada a mundos mágicos y de colores.
Es un comentario algo fatalista el que escribo. Aunque espero estar hoy mismo con todos los que se den cita para rendir un último homenaje a un espacio que no se merece el final que ha tenido. Como suele suceder en esta tierra, cuando pase el tiempo muchos se darán cuenta entonces de lo que han perdido cuando estén hartos de lo de siempre, pero así son las cosas en esta santa isla. ¡Si don Domingo Pérez Minik levantara la cabeza, volvía al sitio donde la tiene!
Yo, que me confieso un tímido seguidor de De Gaulle con todas sus aristas, prefiero afirmar como el general que se ha perdido una batalla, pero no la guerra.
Porque habrá más, por mucho que desde las instituciones se empeñen, por seguir adelante…
Por eso, advierto: no valen ninguneos ni te espero en la bajadita. Siempre nos quedará París, panda de cabestros.
Saludos muy encanallados desde este lado del ordenador.