Se parece a Corto Maltés pero…

Hergé lo tuvo claro, aunque dejó consternado a generaciones de lectores. Tras mi muerte, dijo el escritor e ilustrador belga, se acabaron las aventuras de Tintín. Que el aficionado vuelva a las originales si desea su chute Tintín…  Ese ha sido mi caso, como imagino fue el caso de otros tantos lectores –esos tantos que no necesitan adquirir muñequitos, ni pósters, ni artefactos que conforman la mercadotecnia– para disfrutar una vez más de las historietas del periodista que no escribe y se rodea de extraños –y probablemente poco recomendables– amigos.

Hugo Pratt, que a su manera creó un Tintín para adultos como es Corto Maltés, no pensó sin embargo como Hergé cuando la señora de la guadaña llamó a su puerta. El primer resultado del Maltés post Pratt se encuentra de hecho ya en la calle y encierra lo que se dice una buena noticia para el aficionado que, como ha sido nuestro caso, buscará dinero donde no queda para hacerse con un nuevo álbum de Corto Maltés, solo que no lo escribe ni dibuja Hugo Pratt sino los españoles Juan Díaz Canales (guión) y Rubén Pellejero (dibujo y entintado).

El álbum, que se llama Bajo el sol de medianoche, se vende además en color y en blanco y negro. A color se ahorra el lector unos cuatro o cinco euros, lo que llama la atención porque antes, y cuando digo antes es antes de antes, un colorín en blanco y negro resultaba más barato que otro a todo color… Claro que los tiempos cambian, y lo que antaño iba a misa hoy ha perdido su senda, vaga errante por esos caminos por los que transita el Corto Maltés de Pratt y ahora, pero de otra manera, el de Canales y Pellejero, quienes se enfrentan al reto de recuperar a Corto respetando al maestro italiano, sobre todo en el dibujo, aunque quiebre, o se tambalee, en lo que respecta a lo que cuenta, a su relato…

Un relato que parece que es de Corto pero que no es de Corto. Y no es de Corto porque su ambientación histórica no está tan bien armada como la que caracterizó al genio italiano, quien mezclaba personajes reales con ficticios en las aventuras del Maltés hasta consagrarse definitivamente en la que, a nuestro juicio, es la obra maestra de Hugo con Corto: Siberia.

Bajo el sol de medianoche se desarrolla en 1915, hay ecos de las Célticas (lean el álbum y entenderán la razón) y de la juventud de Corto. Lo de la juventud es porque el marino que no perdió la gracia del mar viaja hasta Alaska respondiendo al llamado de su amigo el escritor Jack London.

En esta tierra inhóspita, fría, Corto Maltés conocerá inuit, los naturales de la zona; y británicos, irlandeses y alemanes que han llevado a este gélido rincón del planeta la guerra que sacude el corazón de Europa.

La novela gráfica se lee, y uno no deja de sacudir la cabeza sorprendido por la capacidad de mimetismo que tiene el trabajo de Pellejero con el de Pratt, pero a la historia le falta sustancia, y esa complejidad con la que Hugo Pratt enriquecía los relatos no solo de Corto sino de otros personajes que salieron de su cabeza.

Cabeza privilegiada para la aventura, una aventura que con Corto Maltés se puso por primera vez en el cómic pantalones largos, se arrogó de cierto progresismo con aroma de izquierda, y pretendió denunciar a través del tebeo las golferías que jalonan la Historia. Una Historia que está muy presente en las aventuras del Maltés aunque los escenarios resulten a veces extraordinariamente exóticos y la época, una época en la que todavía podía creerse en los caballeros. Y Corto Maltés es un caballero, además de un errante.

No, no termina de convencerme esta nueva entrega del Maltés. Más a sabiendas de que detrás no está quien debería de estar, pero con todo –ya ven, contradicción andante somos– sí que espero con interés nuevos álbumes en los que se recupere a un Corto que, sin ser el que conocí, sí que recuerda vagamente al que me acompañó a lo largo de este trecho errático que es la existencia.

Saludos, 1, 2, 3… ¡mambo!, desde este lado del ordenador.

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