Ni rojos ni azules, solo soldados

Tuve la oportunidad de hacerme con este libro en una tienda de objetos usados y en una estantería repleta de volúmenes con su correspondiente capa de polvo. De su autor, apenas he encontrado noticia en Internet. Firmó estas Memorias de un revolucionario con el pseudónimo de Jack Max, pero sus recuerdos no tienen nada que ver con  los de Piotr Kropotkin. Jack Max relata sus experiencias como militar del ejército de la II República durante la Guerra Civil Española.

Un relato de continuo combate. Y de hambre, y de amigos que se fueron en la defensa de Madrid, las batallas de La Coruña, Jarama, Pingarrón, Guadalajara, Brunete, el Ebro y, por último, la desbocada huida a Francia.

Y todo esto contado en apenas unas cuatrocientas páginas que dan una idea de lo que tuvo que pasar el soldado que permaneció leal al orden republicano y, al mismo tiempo, su descripción en apenas unos brochazos de algunos de los principales protagonistas de su bando como La Pasionaria, Juan Negrín, Rojo, Miaja, Modesto, Líster, El Campesino, en cuya columna combate y antes en la de Durruti y Líster, asesores militares soviéticos y personajes tan siniestros como André Marti, encargado por la Internacional Comunista de la organización del reclutamiento y disposición de las Brigadas Internacionales y apodado como el carnicero de Albacete tras ordenar el fusilamientos de civiles y de brigadistas a los que consideraba criminalmente cobardes ante el enemigo.

Sean verdad o no todos los recuerdos que escribe Joaquín Masjuán Vilasau, quien prolongó sus memorias en otro libro, La matanza planificada, sus Memorias de un revolucionario tenía que haberse titulado más que de un revolucionario como las de un soldado porque pese a coquetear primero con los anarquistas y más tarde con los comunistas, su libro reivindica al soldado español con independencia del bando en el que combatiera al mismo tiempo que aborrece de la guerra.

Él cuenta que se alistó con apenas 17 años más por seguir la corriente a sus amigos que por defender los valores que pregonaba la II República.

No destilan pues rabia ideológica estas hazañas bélicas en las tierras de España. En todo caso, sí que transmite mucho dolor por las pérdidas de esos amigos, el miedo durante el combate y la sensación de hambre continua que no lo abandona.

No hay tampoco queja de sus mandos, militares comunistas como Juan Modesto y Enrique Líster los calibra como excelentes profesionales de las armas, así como al general Vicente Rojo, a quien la Historia de esa guerra califica como el mejor estratega de un bando o de otro, pese a que el curso de los acontecimientos inclinaran la balanza a favor de los rebeldes, ejércitos al mando de un prudente Francisco Franco.

Llama también la atención en estos recuerdos novelados que lo mismo sitúa a su protagonista en una trinchera excavada en las laderas de Pingarrón que disparando a los aviones italianos y alemanes que poco a poco se hacen con el dominio de los cielos, su atávico desprecio por los moros. Desprecio que comparte cuando cae momentáneamente prisionero de los nacionales pese a que estas tropas norteafricanas lucharon como carne de cañón en defensa de aquella idea de España, una;  grande y libre.

Al margen del debate que suscite si son reales, o en parte reales y en otras ficticias estas memorias, el libro que su autor firma como Jack Max contribuye a hacerse una idea de lo que significó la desgarradora guerra que se produjo en este país y que lo dividió en más de dos mitades.

Un delirio sangriento, además, que sirvió de antesala a la II Guerra Mundial, conflicto en el que también murieron defendido un lado y el otro españoles que habían combatido antes en su tierra a un lado y al otro de la trincheras.

Por eso, entre las muchas lecciones que se sacan tras la lectura de estos  recuerdos escritos por un soldado es lo que le debemos, los que aún se sienten españoles y los que dejaron de serlo, a una generación de hombres y mujeres que nunca quisieron transmitir en sus hijos y menos en sus nietos el veneno de la venganza pero sí el de la justicia. Aunque resulte poética.

Es lo menos que podemos hacer para respetar la memoria de nuestros antepasados.

Saludos, lee y luego discute, desde este lado del ordenador.

4 Responses to “Ni rojos ni azules, solo soldados”

  1. Pita Says:

    Hola,
    Me gustaria saber donde podria comprar los dos libros de este autor.
    Muchas gracias
    Pita Blanch Masjuan

  2. admin Says:

    Buenas noches, te recomendaría que explorarás en Internet, en páginas de libros de ocasión. Espero que tenga suerte.

  3. José Antonio L.B. Says:

    Yo tengo memorias de un revolucionario, lo compré en iberlibro

  4. admin Says:

    Ya me dirá qué te parece

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