Contra las cuerdas

Hace unas semanas encontré en el Rastro de la capital tinerfeña, rastro que a veces funciona como solución mágica, espacio en el que tropezarte con libros olvidados y algo machacados por el paso del tiempo, con una novela titulada Tongo y escrita por Enrique Nácher.

Enrique Nácher nació en Gran Canaria en 1912 y falleció hace catorce en Valencia sin provocar ruidos ni alharacas. Con él desapareciera un escritor de difícil catalogación que a lo largo de su vida literaria no dejó de tantear géneros y ser acreedor de un estilo que si bien resulta algo recargado se amoldaba perfectamente al espíritu de su época, lo que lo reviste de cierto sabor a clásico e invita a explorar las curvaturas de una producción novelística que le valió obtener con La buhardilla el Premio Nadal en 1949 y ganarse otros merecimientos con obras como Guanche, que se desarrolla en su isla natal.

España no tiene demasiadas novelas que se desarrollen en el mundo del boxeo aunque cuenta con una obra redonda, que bordea esas líneas invisibles que dibujan lo que debe ser una obra maestra con La noche, de Andrés Bosch. También destacan los notables trabajos de Ignacio Aldecoa y Fernando Vadillo, entre otros. A esta nómina debe integrarse ahora el Tongo de Nácher en lo que podría ser la otra esquina del cuadrilátero pugilístico y narrativo español, todas ellas obras que transcurren en un país de postguerra, repleto de grises y pobreza.

Tongo, la novela, comienza en Campanar, un arrabal de Valencia donde nace su protagonista,  Manolo Baixauly y a quien más tarde se conocerá en los ambientes boxísticos como Tigre.

Enrique Nácher narra en la primera parte de la obra la infancia y adolescencia de ese Baixauly enclenque y perdedor. Le sirve este segmento para describir como se forja su carácter, porque Tongo es una novela que se preocupa más por estudiar la psicología de sus personajes que en ofrecer un retrato del boxeo de postguerra en España, aunque sea el boxeo de postguerra un personaje, un personaje principal, en la segunda y tercera parte de la novela, en la que Manolo Baixauly decide su destino tras romperle la mandíbula a un contrincante en una reyerta de taberna.

Tiene algo de Más dura será la caída, ese clásico de la narrativa pugilística de Budd Schulberg, el Tongo de Nácher, solo que en donde había crítica cruenta contra los negociantes del boxeo estadounidenses, se deriva a las ilusiones, cada vez más podridas que genera el ambiente en el que se mueve el protagonista, ya que por añagazas publicitarias han creado demasiados intereses en torno a su persona.

El Tigre debe de boxear contra Juanito Durán, contrincante en el que se explora –y con reveladora precisión quirúrgica– su cabeza. Durán es un señorito que ha querido ser boxeador y encuentra en su oponente, Tigre, la otra cara de lo que podría ser una misma moneda.

Tongo es una novela moral y maniquea y esto es un peso muerto que arrastra si se observa y se entiende bajo el disfraz que vestimos en la actualidad, pero su descripción del combate final, ese en el que enfrentan en el ring al Tigre y Juanito Durán son de una intensidad que revela al gran escritor que pudo ser Enrique Nácher. Es necesario por ello que el lector, y el lector aficionado al boxeo, obvie ese objetivo moralizante que planea al concluir la novela y se quede con el brioso estilo, ahora sin bisagras que chirríen, al que recurre para registrar con palabras un combate teñido de violencia en el que dos hombres radicalmente diferentes, encarnan también dos formas radicalmente diferentes de entender el boxeo.

Saludos,s e ha escrito, desde este lado del ordenador.

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