La soledad de Alcuneza, una novela de Salvador García de Pruneda

Llegué a la mayoría de los libros que han marcado mi devenir como lector por casualidad. Una de estas obras es La soledad de Alcuneza, escrito por el militar y diplomático español Salvador García de Pruneda y novela que transcurre durante la Guerra Civil.

El libro está firmado por uno de los combatientes del lado nacional pero como bien señala Andrés Trapiello en su imprescindible Las armas y las letras, en la novela no se nombra en ningún momento a Franco, Azaña o Pasionaria, ya que lo que importa es describir cómo su protagonista se hace un poco más viejo pero también sabio por causa de la guerra.

Novela que podría ser entendida como bélica, ya que salvo un capítulo, los otros dos se centran en el avance y repliegue de las fuerzas nacionales en frentes como el Ebro, La soledad de Alcuneza evita, afortunadamente, transitar por el emocionado y vetusto canto falangista de Rafael García Serrano para centrarse en un hombre, Alcuneza, que combate por las tierras de España en un cuerpo que libra, precisamente en esta contienda, su último combate como es el de la caballería. Este sentido crepuscular tiñe las páginas de una novela que salvo el encuentro de seis soldados nacionales y republicanos en una trinchera donde cruzan palabras y abren un debate en el que se carasmiden pero sin armas las dos Españas que han preferido dirimir sus diferencias partiéndose la cara, se prescinde del carácter ideológico en favor del retrato de unos oficiales y soldados que, salvo la presencia de extranjeros, arroja algo de luz sobre las maneras de entender un mismo país.

Alcuneza sirve a su España en caballería, así que monta un brioso corcel con el que se lanzan por los campos de batalla. Pertenecer a la aristocracia de un ejército, el nacional, que junto a la legión y los tabores de regulares, forman la punta de lanza, la vanguardia de unas fuerzas que viven la batalla desde la primera linea, en la trinchera y, en el caso de Alcuneza, a lomos de su caballo y sable en mano.

La visión que retrata Salvador García de Pruneda de la guerra es desoladora pero cuenta también con cierta lectura jungerniana de vivir la vida con la certeza de que mañana puedes estar muerto. Aprovecha además el escritor para narrar otras historias dentro de la historia general, en la que reflexiona sobre la decrepitud de Europa, muy interesante en este sentido los largos parlamentos que pronuncia un ruso blanco enrolado en la legión; o la amnesia que padece un soldado republicano que pierde la memoria durante un combate y es acogido por los nacionales. También la narración que relata como un oficial republicano, veterano de la guerra de África, se enfrenta con otro compañero de armas porque se trata de un valiente y a los valientes hay que darles el derecho de vivir o morir con las botas puestas.

No hay propaganda ni aliento ideológico en La solead de Alcuneza sino la vívida fotografía de un soldado que a medida que avanzan los años y las campañas va perdiendo a sus camaradas hasta quedarse solo cuando la guerra ya alborea su final.

El destino de un soldado, concluye el narrador de esta historia, es morir en el frente. Y más en un protagonista, Alcuneza, que por culpa de la guerra se ha quedado sin familia ni amigos.

Un hombre destrozado, incapaz de vivir en paz en tiempos de paz.

En la abundante e interesante literatura escrita sobre la Guerra Civil La soledad de Alcuneza se descubre como uno de sus títulos más extraños y por eso mismo atrayente. Se trata de una novela extensa en páginas y en historias, materiales de los que se sirve el autor para componer un fresco sin estridencias sobre lo que vivió durante aquella guerra inevitable que nunca tuvo que haber sucedido. Un libro por lo tanto no solo recomendable para los aficionados a la Guerra Civil española, o la Guerra de España como se la conocía entonces en el extranjero, sino para los seguidores de una literatura hoy imposible por sincera y políticamente incorrecta ante el retrato que ofrece de los campos de batalla, de los amores fugaces en retaguardia y del trasegar a diario con la muerte…

Una obra que narra la existencia del soldado de a pie, que cuenta su día a día en la trinchera y en los campamentos instalados en la primera línea del frente. Militares y caballeros cuyo arrojo y valentía es reflejo del que combate al otro lado.

Guerreros que con independencia de su color político coinciden en una cosa: son españoles.

Saludos, muy agradecido, desde este lado del ordenador.

2 Responses to “La soledad de Alcuneza, una novela de Salvador García de Pruneda”

  1. Jaime Garcia-Rodriguez y Alvarez Says:

    Estoy finalizando en México la lectura de “La Soledad de Alcuneza”. Lo tenía como asignatura pendiente por haber escuchado algunas lecturas de la novela en la Radio Madrid, emisora de la SER, de los años 60, y no haberlo leído entonces. Deseaba hacer una glosa de esta novela, tan poco habitual, de nuestra Guerra Civil. Con un estilo de Ordenanza Militar, escueto, intenso y castrense, el libro me recuerda el estilo que Luys Santamarina propugnaba para los literatos del bando nacional. Una escritura historicista e hispanizante de la cual fué el mejor seguidor mi propio padre. Hay algo que me ha sorprendido enormemente en la novela, y es la narración de la muerte de un soldado gallego que es visitado por la ominosa Santa Compaña. Aunque me he críado en Santo Domingo, patria de mi madre, y teniendo un mal recuerdo de la Guerra Civil española he procurado sortear su memoria y borrarla de mi vida, he hablado de ella muchas veces con mi padre durante las visitas que le hice en Puerto Rico y que, pienso, nos enriquecieron a ambos. Mi progenitor formó parte de las tropas gallegas que intentaron liberar el Oviedo cercado por la República y terminaron sitiadas con aquellos a quienes venían a liberar. La anécdota del soldado que recibe el anuncio de su propia muerte me ha sido relatada por mi padre dos o tres veces, curiosamente con, exactamente, los mismísimos detalles que describe Salvador García de Pruneda en su relato. He llegado a la conclusión de que debieron conocerse porque el recorrido vital de ambos fué parecido, aunque mi padre, Juez de Carrera, decidió autoexiliarse al oponerse a la venta en el mercado negro de la carne y trigo que los barcos de Evita Perón envíaban a España para dar alivio a los “descamisados”. Nada de ello llegó a los descamisados, sino a los bolsillos de personas cuyos apellidos son notables. Sólo hallé mención de estos robos, aunque breve, en una de las mediocres secuelas de una genial novela picaresca castrada por la censura: “Lola Espejo Oscuro”, de Darío Fernández Flórez y, curiosamente, en una breve serie televesiva sobre la vida del que fuera Cardenal Tarancón. Me gustaría sobremanera, y si puede ayudarme se lo agradecería, encontrar la forma de dirigirme a los hijos o parientes cercanos de García de Pruneda. Por demás, pensaba escribir una glosa breve sobre “La Soledad de Alcuneza”, pero sus excelentes comentarios la ponen en peligro de ser innecesaria. Reciba un saludo Cordial desde México, Jaime García-Rodríguez y Alvarez

  2. admin Says:

    Muchas gracias por su interesante comentario e intentaré investigar si hay descendientes de García de Pruneda.

    Reitero mi agradecimiento a sus palabra y más que saludos abrazos desde Santa Cruz de Tenerife.

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