No tan decepcionantes

Diecisiete relatos sobre la decepción y otros tantos sencillamente decepcionantes (Baile de Sol, 2019) de Naira Marco descubre a una escritora a la que habrá que seguir los pasos porque rompe esquemas, indaga en las dobleces del alma humana y nada en un extraño océano que en ocasiones termina mezclándose con las agitadas aguas de la ironía.

El libro que ahora presenta Baile del Sol fue seleccionado en el concurso con Editores del Festival Índice y se lee con emocionante rapidez no solo por la brevedad de algunas de sus historias sino porque la mayoría terminan por enganchar, despertar la curiosidad de un lector sorprendido ante la forma y el fondo de estos relatos escritos, casi parece, como si salieran a trompicones del alma de su autora.

Los cuentos que configuran este volumen tratan varios asuntos aunque el que planea sobre todos ellos es la decepción que ya se advierte en el título de una recopilación de piezas que si bien pueden leerse de manera independiente se recomienda hacerlo de forma alterna, como si se jugara a la rayuela con el libro. En este aspecto, no funciona igual si se lee de principio a fin.

Muchas de las historias que contiene se desarrollan en Canarias pero Canarias y en concreto la isla de Tenerife es un escenario que opera más como marco que como geografía que determina el carácter de una galería de personajes que andan a la deriva en unas historias escritas más con el corazón que con la cabeza.

Esta sensación de que estén escritos desde las tripas es lo que hace que la mayoría de los relatos resulten tan auténticos y en ocasiones desarmantes por los conflictos que proponen. En la contraportada se informa que con estos 34 relatos, 17 sobre la decepción y los restantes sobre otras cosas, más allá del humorístico subtítulo con el que la escritora pretende redondear esta obra, se revela un talento que indaga en las miserias humanas sin desdeñar cierto apunte existencial que redondea un libro que genera cierta controversia por los retratos, en ocasiones casi instantáneas, que dibuja de sus protagonistas. Muchos de ellos seres a la deriva, náufragos que van de un sitio a otro con un inquietante automatismo.

Dicen que la escritora quiere rendir tributo a la decepción pero no lo veo tan claro. La decepción es una excusa para añadir una retahíla de historias que más que decepcionantes, en el sentido literario y no literal del término, plantean un juego el que Naira Marco más que radiografiar decepciones visualiza frustraciones. Esas frustraciones que salpican la vida cotidiana. Las zancadillas invisibles a las que nos enfrentamos el día a día y una y otra vez porque, dice el dicho, el hombres es el único animal que tropieza dos veces.

Al margen de leer estas historias se recomienda también leer una contraportada que bebe de la misma fuente de contradicciones ingeniosas que inundan los relatos. Les dejo un ejemplo que no hay que tomarse demasiado en serio quizá porque se intuye que está escrito con toda la seriedad del mundo:

“Al leerlas pueden ocurrir dos cosas: que resulten efectivamente defraudadoras, o que no parezcan tan inconsistentes como se esperaba, lo cual sería fuente, asimismo, de decepción. El éxito en la consecución de su propósito está pues garantizado. Se felicita por ello a la espera de que otros tengan a bien felicitarla más adelante. Podrá no gustar, pero este libro, ténganlo por seguro, decepcionará”.

El volumen incluye relatos con distinta extensión y se equivoca la contraportada cuando asegura que decepcionará porque si bien hay unos menos logrados, los más extensos, sí que cuenta con otros que se meterán al lector en el bolsillo ya que además de lo que cuenta, cuentan con un subtexto que llega y en ocasiones incluso golpea con la fuerza necesaria para descubrir que no se tratan solo, solo, de pequeñas y decepcionantes historias sobre decepciones.

El libro incluye entre otros Una historia de amor crepuscular que relata no en uno sino en varios cuentos distribuidos de manera alterna lo que puede suceder con la puesta de Sol. Otras de las narraciones discurren en escenarios diferentes que bien pueden ser los de la isla de Tenerife –me agrada sobre todo Caminando por Tegueste no solo por su oscuro naturalismo– como París, escenarios donde una serie de personajes obligan a observar con atención a una narradora que posee mirada.

Una mirada opuesta a la que en un principio podía imaginarse, lo que manifiesta la notable capacidad que tiene para adentrarse y explorar el cuento corto y hacer que el lector se adentre y explore ese universo a través de su escritura. Una escritura que se adapta a cada uno de los relatos, lo que hace que en conjunto el resultado final sea rico por variado.

Los protagonistas, por otro lado, se adaptan al curso de la historia. Historias que hablan sobre decepciones y fracasos con una sobresaliente capacidad de conmover y esperar, se ha dicho ya, por dónde irá la literatura de esta escritora.

Saludos, después de la lluvia, el sol, desde este lado del ordenador

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