Serpientes de verano 1

Encuentro las páginas sueltas en un asiento del tranvía mientras bajaba de La Laguna a Santa Cruz. El texto está escrito con tinta de bolígrafo azul y las hojas sueltas pertenecen, sospecho, a un cuaderno. Las hojas son cuadriculadas y la letra con que están escritas las palabras delicada y muy hermosa. Esmerada incluso para quien lo quiera ver.

Se trata de unas diez o doce páginas, no las he contado esa es la verdad. Y por el mes tuvieron que ser escritas este mismo agosto en el que estamos solo que no especifica fechas en el encabezado de cada una de las entradas.

Por su curiosidad que no interés me he tomado la molestia de reproducir algunos de los fragmentos:

Agosto

Ya es de noche y no sopla una brisa que aligere el calor agobiante que cae sobre la pequeña capital de provincias. Escucho bajo la ventana al hombre que parece un profeta (melena y barbas blancas, muy descuidadas) dando gritos, pero no gritos desgarradores sino de alarma. Como si quisiera advertir a los pocos transeúntes con los que se cruza que es un animal peligroso porque vive al margen de la sociedad, al margen de las reglas aunque esa misma sociedad y sus reglas son los que le han puesto una camisa que no llevaba y unos pantalones que se le caen y que aguanta con una de las manos. El grito se aleja a medida que ese hombre desaparece por una esquina, la misma esquina que da paso a la avenida por la que circula el tranvía.

II.-
Las obras pero sobre todo el trabajo de un exterminador de plagas hace que la calle se llene de cadáveres de cucarachas de respetable tamaño. De un tiempo a esta parte ya no se encuentra uno con esos entrañables insectos por las calles y plazas de esta pequeñita y abandonada ciudad en la que vivo. La cucaracha se posó sobre la pantalla del televisor y volví a vivir con ese insecto una historia como la mayoría hemos vivido una historia con ese insecto que si pones del revés agita las patas para intentar volver a su posición inicial y salir disparado a cualquier grieta que le sirva de refugio.

III.-
Si hay un animal superviviente esa es la cucaracha. Cuentan que después de un cataclismo nuclear el único ser vivo que asomaría la cabeza sería esa especie de escarabajo marrón que es la cucaracha. Intento imaginar un mundo en el que solo vivan millones y millones de cucarachas, unas encima de otras, moviendo las antenas, agitando sus delgadas y estriadas patitas…

IV.-
Entre las aventuras que he tenido con una cuca, de cucaracha, una de las más extrañas fue la de sentir una noche en la que despierto en la madrugada las patitas del bicho paseando por mi nuca. La otra la de ver a una de ellas encima de la cabeza cuadrada de un tótem que traje del Brasil. Entre las que tienen más éxito cuando las narro en público está mi encuentro con una voladora, yo las llamo salemas, que se coló en casa por la ventana abierta y la odisea que tuve que hacer para que se largara mientras ella, desde la puerta del dormitorio, no dejaba de dar grititos y decirme “mátala, mátala…”. Y yo, que sufro el síndrome de San Francisco, por no querer no quería poner fin a ese animalito alado que parecía doblar su tamaño cuando pegaba un salto y comenzaba a mover con torpeza sus alas y se paseaba asustada por todo el salón. Ella cerró la puerta del dormitorio y me dejó como a Gary Cooper Solo ante el peligro. Al final el insecto cayó bajo la suela de una de mis babuchas. Escuché el característico crash al ser aplastada, las tripas de color beige salir disparadas de su barriga y aún así observar cómo agitaba sus antenas cómo si intentara explicarse qué demonios le había sucedido.
Otro día cuento…

V.-
El calor es pegajoso y me hace pensar que todo cuanto vemos ya no puede ser distinto. Descubro por mediación de un amigo a uno de esos escritores amables que hacen que tu vida, mientras los lees, resulte igual de amable lo que te permite encajar los golpes que recibes a un lado y al otro de la cara. Claro que ya son tantos que me parezco a Rocky Balboa tras recibir una paliza en el cuadrilátero.

VI.-
Dejo que el sol me queme y que me empape de un agradable bienestar que se multiplica cuando veo que la perra hace lo mismo tumbada en el césped del parque. Uno inquieto, que soy yo, y a la expectativa de que no aparezca un policía local y me castigue con una multa porque llevo a la perra sin correa. En fin, el mundo al revés claro que la ciudad que habito funciona así, al revés. Si intentas ir derecho no vale. Vete a tu casa.

VII.-
Los libros se acumulan en la mesa de noche y uno que no para de seguir comprando libros porque es un vicio como gastarse el sueldo en una máquina de bar. El cine lo tengo abandonado, sobre todo cuando la mayoría de la gente dice que le gusta la película del inventor de la bomba atómica y otros la de la muñeca de rosa. No creo que vaya finalmente a verlas, así que esperaré a que las pase alguna plataforma. Consumo series como alimento audiovisual pero veo cosas que ya no son novedad. Gracias a un hermano conozco Extras, que me ilumina el corazón y me hace soltar carcajadas.

Agosto, ya mediados

Calor, calor… más calor

(*) Serpiente de verano o culebrón del verano es una expresión que se refiere a las noticias irrelevantes o sorprendentes que publican algunos diarios para llenar sus páginas durante las vacaciones de verano,

Saludos, calor, desde este lado del ordenador

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