Pamen Pereira: “En la Antártida tienes la sensación que el hombres no es más que un cristalito de nieve”
La primera exposición de la nueva temporada de la Galería Artizar, en La Laguna, lleva por título Don’t give up, catorce piezas de la artista gallega Pamen Pereira, quien propone hasta el 19 de octubre una atractiva reflexión sobre el fuego como elemento de transformación y purificador. Pamen Pereira ha llevado sus proyectos artístico a sitios tan singulares como La Antártida, donde se sintió muy pequeña, tanto con el “cristalito de la nieve”, y es la cuarta ocasión en la que expone su trabajo en la galería tinerfeña.
- ¿Cuándo siente interés por el arte?
“Desde pequeña y tuve la suerte de que mi familia lo aceptara. Yo dibujaba muy bien y recuerdo que me agradaba ir a clase de dibujo. Me pasaba además las horas dibujando. Todo el tiempo estaba dibujando, a los profesores, a los compañeros de clase, al chófer del autobús, era algo así como una mujer a un blog pegado hasta que con 17 años me fui a Valencia a estudiar Bellas Artes porque en Galicia no había en aquellos años una facultad”.
- ¿Cree que es necesario que el artista pase por una escuela, una facultad?
“No lo creo pero es un sitio donde te encuentras con gente que tiene tus mismas inquietudes y aprendes las herramientas lo que nunca es malo aunque lo que más me ayudó la Universidad fue encontrarme con personas que sentían más o menos lo mismo que yo, lo que me hizo sentir menos sola”.
- Pasó un tiempo en Japón, ¿de qué manera le marcó esta experiencia?
“Muchísimo, y aún sigo influenciada. Siempre estuve interesada por el mundo espiritual, la alquimia en su imagen más espiritual, la materia en relación con el espíritu que es realmente lo que hago. Luego conocí el budismo zen y comencé a practicarlo y, al regresar a España, encontré un maestro y fui mezclando conocimientos porque me interesan también los gnósticos y la mística europea, y encontré un método que ha sido una guía muy importante. Me fui a Japón con un proyecto sobre el arte zen aunque el zen no es exactamente un arte. Quería entender la relación tan sutil que hay entre la materia y el espíritu. En mis estancia en Japón, residí en dos monasterios zen, tenía un estudio en Sapporo y viví su invierno aunque lo más maravilloso es que cuando llegué, aprendí sin dificultad su idioma así que me sentí como pez en el agua. En mi caso, vivir en Japón no significó un choque cultural porque me sentía feliz con sus costumbres, las comidas… Era fácil para mi. Luego estaba todo ese aprendizaje alrededor del zen que hizo que mi mirada estuviera abierta a más cosas lo que, de alguna forma, hizo que mi estancia marcara mi mirada, que desde entonces está tamizada por ese conocimiento”.
- Ha presentado, además, proyectos artísticos en La Antártida, Irán, Egipto… ¿Por qué en sitios tan singulares?
“Porque tengo espíritu aventurero y dejo que la vida me lleve. Ir a La Antártida fue difícil. En 2005 presenté un proyecto al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) pero me lo denegaron porque consideraron que no se trataba de un proyecto de investigación aunque sea más bien lo contrario, ya que el arte es un proyecto de investigación. Lo iba a explorar en La Antártida, expresar que la mirada del artista es completamente diferente a la de un científico así que presenté el proyecto a la Dirección Nacional del Antártico, que es un organismo argentino, y como los argentinos tienen mucho a amor por La Antártida les resultó atractiva la idea y la apoyaron. Luego viajé a Buenos Aires y desde Buenos Aires volé en un Hércules militar a La Antártida. Y allí me pasé dos meses, en la base Esperanza, con la sensación de que debajo de donde pisaba, debajo de ese tremendo abrigo blanco de hielo y nieve, latía el corazón de la tierra. Hay muchos volcanes en activo en La Antártida y a mi me gusta jugar con las paradojas… Te sientes allí muy pequeñito, tienes la sensación de que el hombre no es nada más que un cristalito de nieve”.
- Imagino que al exponer en lugares tan diversos la reacción del público es distinta.
“Sí, pero creo que cuando haces las cosas con honestidad, cuando lo que transmites es honesto, las sensaciones son comunes y se superan las barreras culturales, con matices obviamente”.
- ¿Qué constantes reconoce en su trabajo?
“En cuestión de materiales mi trabajo es heterodoxo porque me sirve casi todo. Cosas que me miran las incorporo a mi gabinete de curiosidades y puedo usar lo mismo una piedra, granito o barro así como las espinas de un pescado. Es una cuestión de atención y de cómo proyectarla”.
- Presenta en la galería Atizar Don’t give up, ¿qué pretende con este proyecto?
“Hay dibujos hechos con velas ya que todo gira en torno al fuego pero el fuego del que hablo es el que mantiene a la materia en constante transformación. En la exposición hay una relación singular con San Juan de la Cruz, que es uno de mis poetas favoritos. El fuego del que habla San Juan de la Cruz es el fuego que transforma el alma y purifica porque consume todo lo que es nombrable, todo lo que no es Dios, y para crear hace falta ese vacío en el que vuelve a crearse algo nuevo”.
- Tras Don’t give up ¿trabaja ya en una nueva exposición?
“Con el también artista madrileño Chema Marchesi preparamos la participación española en la Bienal de Dakar, Senegal, que tendrá lugar a principios de noviembre. Trabajo también en dos retrospectivas”.
- ¿Qué etapas reconocería en su trayectoria como artista?
“Tengo etapas pero no sé cómo marcarlas. Cuando terminé la carrera en 1986 comienzo una búsqueda que me lleva a la expresión y la mística centroeuropea. Hago dibujos pequeños y voy tras un reconocimiento del arte en la vida cotidiana, lo que se va haciendo cada vez más fuerte. Otra etapa es la de mi estancia en Japón, sin duda la que refuerza una manera de hacer en la que no concedo demasiado privilegio al adorno porque voy a lo esencial y eso en zen es un gran aprendizaje. Mezclo lo analógico con lo digital, como La tempestad. Hay una investigación tecnológica aunque la obra es la protagonista”.
- ¿Qué opina de la Inteligencia Artificial, será un adiós a todo eso?
“La veo con curiosidad y como soy de naturaleza curiosa, creo que no hay que negar lo que hay, las cosas no son malas ni buena, es lo que tú haces con ellas. La IA debe ser otra herramienta así que tenemos que usarla bien”.
Saludos, una sombra, una ficción, desde este lado del ordenador

