Celestina, ¿dónde estás tú?
Las obras maestras son muy difíciles de adaptar. De hecho, debería de existir una regla que prohibiera adaptar cualquier obra maestra no solo de la literatura sino del arte en general, aunque es un pensamiento que no fructificará porque anida dentro del alma humana y desde hace generaciones la necesidad no ya por reinterpretar sino superar a la obra original, la que declina la mayor parte de las veces en ensayos de pena. Pálidos y desabridos intentos por superar el trabajo que lo inició todo, que logró que una serie de aprendices intentaran ir un poco más lejos que el maestro. Fuera su obra un lienzo, un filme, una partitura, un libro… que de manera espontánea –o no– vino al mundo porque a veces se combinan los elementos para alegrarnos –o no– la vida.
Viene todo esto a cuento por la adaptación muy libre de Celestina que tanto Ernesto Rodríguez Abad como Benigno León Felipe han realizado sobre el clásico atribuido a Fernando de Rojas, solo que no se trata de un intento por superar un original insuperable sino de acercar a toda clase de lectores una historia reducida a su más mínima esencia y que sin traicionar el espíritu de la obra original, fascina sobre todo por las estupendas ilustraciones de Luis San Vicente. Su personal Celestina es un hallazgo, como lo fue en su día que este papel lo interpretara Terele Pávez en La Celestina (Gerardo Vera, 1996).
Historia de amores imposibles y que desata la intervención de una hechicera que está más próxima al diablo que a los ángeles, será ella la desencadenante de la fatalidad que sufrirá la joven pareja de enamorados (Calixto y Melibea) que por las malas artes no tendrá otro futuro que la muerte.
Ignoro cuál fue el itinerario que convenció a sus autores para traducir la historia de Celestina en un libro ilustrado dirigido especialmente a los más jóvenes de la casa aunque su público potencial no tenga edad ya que si uno pasa y repasa las páginas de esta versión descubrirá la enorme fuerza de un relato para el que no pasa el tiempo. Esta apuesta, arriesgada como muchas de las que emprende, la asume Diego Pun, que es una editorial tinerfeña que se ha especializado sobre todo en publicar libros para niños y adolescentes en los que destaca el mimo y el cuidado con el que están realizados. Su profesionalidad y la delicada pasión con el que están trabajados.
La versión gráfica de Celestina que realiza Luis San Vicente resulta absorbente ya que más allá de los textos, cortos, que tanto Rodríguez Abad como León Felipe han entresacado del original literario, las palabras acompañan a las ilustraciones y no al revés.
Se tratan de ilustraciones trabajadísimas que en la mayoría de los casos seducen y dan espesor a un libro que no pretende ser una adaptación al uso sino una interpretación en torno a una historia que, en esencia, recoge lo más señalado del texto literario.
Celestina propone un viaje muy interesante a la novela original a través de las ilustraciones de Luis San Vicente, él es quien lo recrea, pero también crea un personaje que va más allá del libro. Merece la pena mirarlo. Y detener la mirada un buen rato en estas ilustraciones.
Leyendo este libro, una actividad que puede practicar todo tipo de lectores, desde los más curtidos a los principiantes, uno se percata de la enormidad del original literario mientras se deja llevar por una serie de ilustraciones en las que predominan el violeta, el rojo y también el negro que dotan a la obra y a la historia un efecto siniestro. La historia entre Calixto y Melibea se hace oscura, Celestina manipula en las sombras. La hechicera, la mujer sin letras pero conocedora de las malas artes está ahí, rodeada de cuervos y otros pájaros de mal agüero, para condenar a la feliz pareja.
Merece la pena esta versión de Celestina. Y no solo porque pueda despertar en alguien la necesidad de leer un clásico que cayó en sus manos en la noche de los tiempos sino también para todos aquellos que desconocían de su existencia. La lectura y sobre todo el enorme placer sensorial que recibirá cuando explore las ilustraciones será un acicate para que busque el texto original.
Esa es una de las grandezas de los clásicos y por eso parece que el paso del tiempo no araña el espíritu con el que nacieron. Luis San Vicente cree no sin razón que esta versión simplificada “da una idea bastante cercana a la que busca transmitir el original” y destaca que “esta adaptación sirve para dar a conocer las características de un personaje universal”. Tan universal que ahora en esta Celestina no se apoya en la palabra sino en unas ilustraciones que nos hacen viajar hacia dentro.
Saludos, hasta aquí, desde este lado del ordenador
