Han cantado bingo, una novela de Lana Corujo

“Nos miramos con los ojos como charcas, tan claritos y tan llenos de agua que podríamos reflejarnos en ellos. Ninguna tiene ganas de abrazarse, pero pronto oímos cómo nuestros padres salen por la puerta de la cocina sosteniendo cada uno su botellín. Nos agarramos de la mano tímidas ante el mundo. Las hermanas no se pelean y los padres no deberían dar miedo”.

Han cantado bingo, Lana Corujo (Reservoir Books, 2025)

Termino de leer Han cantado bingo, de Lana Corujo, y vuelvo a leerlo nada más llegar al final porque la historia, pese a la brevedad de sus capítulos, tiene un fondo abisal que me descubre nuevas perspectivas en torno a lo que cuenta y cómo esta escritora nacida en la isla de Lanzarote y que forma parte por edad de una generación de narradoras y poetas canarias que hoy marcan tendencia en la geografía literaria que actual que se escribe en español no solo en las islas sino también fuera de ellas.

Los miembros de esta generación, en la que son más ellas que ellos los que destacan por lo que escriben, cuentan más o menos con una serie de elementos comunes que hacen muy atractivas las reflexiones que suscitan. En especial porque la mayoría de estas voces miran hacia adentro (en el doble sentido de la palabra) para digerir sus contradicciones dentro de unos límites que, cosa curiosa, no define el mar sino en el caso de la novela de Lana Corujo, el volcán. Ese volcán, El Ahorcado, que parece que vigila a la protagonista.

Cada capítulo tiene su título y un pequeño número que revela la edad de la protagonista. Distintos momentos de una vida que marca la tragedia de dos hermanas que viven como en sueños bajo las faldas de ese volcán dormido que parece que está vivo, al menos en la imaginación de quien narra un relato que tiene un ritmo ascendente y sobre todo coherente pese al aparente caos cronológico con que está planteada la obra. Un libro que habla de muchos temas pero que sobre todo indaga en ese difícil tránsito que significa pasar de la infancia a la madurez. Una amenaza que representa ese El Ahorcado que incluso aparece dibujado en la novela.

Paralelamente, y siempre a través de los ojos de la narradora y en diálogos de otros que se visualizan gráficamente porque están subrayados, conoceremos a los miembros de su familia. Los padres pero sobre todo dos personajes que son fundamentales en el crecimiento personal de la protagonista, y que son la abuela y su hermana Alejandra, Aleja.

El libro no supera las doscientas páginas y, como ya se dijo, la extensión de los capítulos es muy corta, los más largos pueden ocupar entre dos o tres páginas pero esta brevedad no va en demérito sino más bien al contrario, es una de las grandezas de una novela conmovedor que sabe tocar esa tecla que llevamos dentro pero que apenas pulsamos vamos a decir que por miedo a lo que se pueda brotar, a través de frases que explican por sí solas el carácter de quienes rodean a la protagonista, un personaje que desgrana su vida, evocando siempre el suceso que motivó todo lo que vino después. Y no es nada fácil lo que logra la escritora, porque se trata de una escritora con todas sus letras la de esta novela. Han cantado bingo sabe además describir y muy bien paisajes interiores extremadamente condicionados por una geografía árida y pedregosa en cuyas alturas domina ese volcán tan amenazador y que parece que vigila.

“Las dos gritamos, mirando a El Ahorcado. Gritamos porque recién estamos empezando a comprender. Somos dos hermanas gritando a la noche. Abuela llora dentro. Mamá y papá lloran desde casa. Tío Félix llora desde su chalanita. Todos oyendo una sola voz”.

La familia de la protagonista tiene además un don, o una maldición según se entienda, y es que pueden ver a sus muertos. La abuela, por ejemplo, ve a su madre y ella… Mejor no decirlo para que lo descubran leyendo esta historia que, se insiste, habla de muchas cosas pero sobre todas las cosas de lo difícil que es la desventura de crecer. Y de la liberación que supone salir de la isla, pero también de la conciencia que te une con delicados e invisibles hilos con ella, lo que hace que regreses o las lleves muy dentro de la cabeza cuando sales y paseas por tierra extraña.

Han cantado bingo de Lana Corujo ocupa así un espacio en ese territorio en el que se está posicionando toda una generación de escritoras canarias que han conectado no solo con los de su quinta sino también con otros lectores que, con independencia del arco de edad que tengan, apreciarán la buena literatura que hay en estas páginas. Una novela a la que ningún elogio le queda corto, y que expongo con tanto entusiasmo porque hacía tiempo que demandaba un libro que supiera cogerme por el cuello y zarandearme. También que me conmoviera como ha sabido hacerlo éste. Y que éstas y otras sensaciones las firme una escritora de aquí, de estas tierras tan desamparadas, hace que me conecte mucho más con lo que me narra con tan meditada delicadeza. Y que el horror de lo que acontece, lo diluya en mi imaginación con agradecido reconocimiento.

Hay mucho de isla en este libro, isla en la que ella habita e isla que es la misma protagonista y una escritura que a veces bebe de las fuentes de la prosa poética, y todo, todo, deslizando sin que apenas se note, palabras del dialecto canario que adquiere en ocasiones aires de auténtica y pura poesía.

Saludos, gracias, Lana, desde este lado del ordenador

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