González Rivero: la senda del pionero, un documental de Manuel González Mauricio y Raúl Jiménez Pastor
Conocí El ladrón de los guantes blancos a raíz del estreno que acogió en la noche de los tiempos el antiguo cine Tenerife, reconvertido entonces en Yaiza Borges. La película databa de 1926 y era silente, aunque el reclamo es que se trataba del primer largometraje del cine canario que contaba una historia de ficción. Recuerdo aquella sesión como una experiencia gozosa en la que no sobró ningún ingrediente. La sala estaba repleta, y amenizaba al piano aquellas imágenes que mostraban un Tenerife irreconocible en blanco y negro, el inolvidable de Juan Puelles.
Como película no es que fuera redonda, pero se notaba el entusiasmo que había puesto el equipo para sacar adelante un producto más que digno, y en el que se revela además la cinefilia que caracterizó la carrera de uno de sus directores, José González Rivero, más preocupado por la técnica que por la historia. Un simpático folletín ambientado en Inglaterra que al parecer escribió Romualdo García de Paredes, que aparece acreditado como co-director y actor protagonista también de la cinta.
El Gobierno de Canarias publicó hace ya unos años el volumen Ciudadano Rivero: la Rivero Films y el cine mudo, firmado por los investigadores Fernando Gabriel Martín y Benito Fernández Arozena, un libro muy completo sobre el hombre que estuvo detrás de El ladrón de los guantes blancos y trabajo que sirvió para reivindicar su oficio y un largometraje en el que casi parece que cayó una maldición: desapareció una bobina de la película y González Rivero murió años después en extrañas circunstancias.
Ahora amplia aquella investigación literaria con nuevos datos sobre el personaje el documental González Rivero: la senda del pionero, que dirigen Manuel González Mauricio y Raúl Jiménez Pastor, y en el que interviene uno de los autores del libro en el que se basa este documental, Benito Fernández Arozena.
La película revisa una época pero sobre todo propone una radiografía existencial de la vida y la obra de este cineasta nacido en Cuba pero lagunero de corazón. Tan lagunero llegó a ser que fue gerente durante un tiempo del Teatro Leal, espacio que dinamizó con un olfato comercial demasiado adelantado a su tiempo. Esta al menos, es la imagen que nos presenta el documental, un trabajo atractivo y con un agradecido sentido didáctico.
Dirigido por González Mauricio y Jiménez Pastor, la película mezcla las entrevistas con dibujos animados, recreaciones e imágenes de algunos de los noticiarios que a lo largo de su vida realizó Rivero. Se emplea también Inteligencia Artificial, pero no se abusa mucho de esta técnica, tampoco de las entrevistas, entre otros, a Claudio Utrera, Enrique Ramírez Guedes, Josep Vilageliu, Jaime Hernández Vera y Julio Torres Santos. Me quedo con algunas ideas, sobre todo las que dicen sus nietas. Dan una imagen profesional de González Rivero pero también, y quizá resulte a la postre lo más interesante, familiar de un hombre que parece que nunca estuvo quieto.
González Rivero: la senda del pionero es el retrato de un hombre que se vino muy joven a Tenerife, isla en la que desempeñó toda clase de oficios para construir una familia. Trabajó de vendedor de automóviles y fue empresario de espectáculos hasta que descubrió la fotografía y el cine. La película nos presenta a un hombre adelantado a su tiempo, un tipo del siglo XX en una ciudad del siglo XIX, La Laguna.
El documental repasa sus primeras experiencias con el cine, rodando noticiarios tinerfeños que merecieron el elogio no solo de sus paisanos sino también de británicos que pudieron ver algunas de estas películas, y se detiene para contar el rodaje de un largometraje cien por cien canario (estamos en 1926) que nació con vocación comercial pese a los limitadísimos medios con que contaron. El resultado final es una película larga y muy lenta para los gustos actuales pero cuenta con escenas que son cine, y esto la engrandece y la convierte en una más que estimable película española de su época. Una época en la que la industria cinematográfica española aún estaba en pañales.
En el documental, alguien califica a González Rivero de cineasta total y profundo conocedor de un arte que en aquel entonces todavía era tan joven que no sabía ni hablar. El ladrón de los guantes blancos cuenta con fotogramas coloreados, esto ya se conoce, pero no la música que pensó Rivero para que acompañaran las proyecciones de la película. Una película en la que pasa casi todo y en la que aparece un detective apuesto que no se despeina por nada; chicas hermosas y algo inocentes, y malvados encapuchados que han robado un valioso collar.
González Rivero: La senda del pionero decepciona por desgracia en su tramo final, ya que el espectador tiene la sensación de que se dejan cosas sin contar, que la película no termina, que su final tiene mucho del siempre antipático continuará…
Al parecer el documental nació como una serie de tres capítulos que espero podamos ver próximamente. Sin los dos siguientes, nos quedamos sin saber cómo fue la dramática muerte del cineasta, y la extraña maldición que dicen algunos rodea a la película, sobre todo porque parece que desapareció una de sus bobinas. Las especulaciones desde entonces han deformado la verdad de El ladrón de los guantes blancos con historias de conspiraciones y muertes, lo que ha engordado el mito de un largometraje que solo por hacerse hizo historia.
A la espera de disfrutar de los dos capítulos que “faltan”, disfrutemos de momento con el primero, un retrato contenido acerca de un hombre que tuvo un sueño que hizo realidad. Y todo eso en una tierra que no terminó nunca de tomárselo en serio.
Viva la fe del hombre intranquilo.
Saludos, rodando, desde este lado del ordenador
