En la noche, cuentos de Besay Sánchez Monroy
“Nada nos une a aquellos aborígenes: somos españoles (cuando conviene), europeos (para pagar), americanos (si hay que emigrar), africanos (por posición geográfica). Los amazighes eran ellos mismos; los canarios somos muchas cosas a la vez, que es otra forma de decir que al final del día no somos ninguna”.
En la noche, Besay Sánchez Monroy, del cuento Carta hallada en el Archivo Histórico de Tenerife, Fundación CajaCanarias, 2025
Ya va siendo hora que los escritores/as que han nacido a este lado del Atlántico así como los que han hecho de estas tierras su lugar de residencia practiquen con más asiduidad el cuento, que sigue siendo un género que no termina de cuajar en las literaturas que se escriben en Canarias así como en territorios de la península.
Por fortuna, y desde hace ya muchos años, tantos que permanecen en el disco duro de la memoria, existe en las islas un certamen que reconoce la mejor colección de cuentos en ocasiones con muchas y en otras con peor fortuna. En este caso, nos referimos al certamen Isaac de Vega que presenta la Fundación CajaCanarias, y que junto al premio de novela Benito Pérez Armas y el de poesía Pedro García Cabrera, se ha convertido en uno de los más atractivos del archipiélago no solo por su cuantía económica (que, curiosamente, ha menguado con el paso de los años cuando tenía que haber sido al contrario) sino porque publica también los libros ganadores.
En la noche se titula la obra ganadora del 2024, se trata de un volumen que firma Besay Sánchez Monroy, un escritor que todavía disfruta de una juventud que obliga a perdonarle algunas de las ambiciones en las que cae en estas narraciones que, sin embargo, sorprenden por la calidad de su escritura, por el manejo y el conocimiento que tiene de las técnicas narrativas.
El problema, pero esto pasa con la mayoría de las colecciones de cuentos que he tenido la oportunidad de leer del premio de relato coto Isaac de Vega, es que el conjunto no suele ser regular sino más bien al contrario. La colección de cuentos permite, además, que su creador tantee formas de escritura, explore caminos entre una historia y otra que, al menos estilísticamente, no tienen nada que ver unas con otras.
Es como si el autor, en este caso Besay Sánchez Monroy, quisiera transmitir al jurado y a los lectores que se trata de un escritor con oficio. Oficio que demuestra con argumentos que abordan historias muy diferentes.
Esto me pasa con la lectura de En la noche, título que reúne seis cuentos entre los que se encuentran piezas que no me convencen y otras que hacen que clave los ojos en las páginas del libro.
El volumen comienza con Marosa, mi rosa, que está trufado de palabras hermosas, más preocupado en este sentido por la misma palabra que por lo que cuenta. Para leer en voz alta está muy bien pero para digerirlo en silencio ahoga. Aprecio en su conjunto un ligero aroma a Horacio Quiroga, uno de esos escritores raros del Uruguay a los que Sánchez Monroy dedica este primer asalto de un libro que continúa con Mi amante de ojos infinitos, otra apuesta literaria que no termina de convencerme.
Los cuentos que se incluyen En la noche suben de nivel con Carta hallada en el archivo histórico de Tenerife, que un amigo me dice que más que un cuento se trata de un ensayo sobre eso que podemos llamar canariedad, sobre todo si se pasa por alto que se refiere solo a una isla y sus literaturas lo que origina esta curiosa reflexión intelectual sobre Lanzarote. En este relato, aparece un Besay Sánchez desatado pero coherente con su discurso reivindicativo de una identidad posible pero que sin embargo se nos escapa de las manos.
En la historia se mezcla la decadencia de un territorio en favor de ese depredador que es el turismo y recuerda los versos del poeta Pedro Lezcano: “Vi vender nuestras costas en negocios / que no hay quién los entienda: / vendía un alemán, compraba un sueco, / ¡y lo que se vendía era mi tierra!” Probablemente se trate de uno de los cuentos más largos del libro pero a mi juicio es uno de los mejores.
De la isla de Lanzarote pasamos a la de Tenerife en el cuento La sombra del volcán, que se desarrolla en Garachico a principios del siglo XVIII, y relato que me atrapa el corazón y la cabeza porque cuenta una historia con cierto aire gótico al que añadiría incluso cierto espíritu lovecraftiano al presentarnos a esos indígenas de cuerpos deformes que rinden culto a sus dioses ancestrales mientras los castellanos se preparan para fortificar la plaza con el fin de detener los ataques piráticos. Personalmente, y con el anterior reseñado, a mi me parece el tercer mejor cuento de En la noche, relato al que sigue Gasolinera que, junto a los dos anteriormente reseñados, son a mi modesto entender, los mejores cuentos del libro. De hecho, y mientras leía este último, no dejé de pensar que de aquí podría salir un buen cortometraje siempre y cuando los cineastas canarios y/o residentes en Canarias se dedicaran a rodar películas basadas en una literatura como es la que se escribe en las islas en la que muy de tanto en tanto aparecen agradables sorpresas con escritores/as como Besay Sánchez. El volumen lo cierra el cuento que da título al libro, En la noche, que no termina de convencerme como no terminó de convencer las dos primeras historias.
Con todo, me gustaría leer otras incursiones literarias de este escritor grancanario. Un autor al que seguir con atención. Y no solo porque sepa escribir muy bien, sino porque cuando cuenta historias, estas historias las cuenta igual de bien.
Saludos, a la espera de ese momento, desde este lado del ordenador
