Kevin Legrá: “Mi novela se lee en Cuba de forma clandestina”

Kevin Legrá nació en Guantánamo pero se crió en Santiago de Cuba, por eso se define como santiaguero, y en concreto del barrio en el que vivió y aprendió a hacerse mayor: Rajayoga, casas y calles que aparecen en la novela El precio de un ideal (Galaxia Gutenberg, 2025) y por la que obtuvo el XVIII premio Málaga de Novela, dotado con 18.000 euros más la edición de la obra.

El precio de un ideal da voz a uno de los tantos miles de jóvenes cubanos que estuvieron confinados en los campos de trabajo de las tristemente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción, más que reconocibles por sus siglas: UMAP, campos de trabajo que estaban ubicados en la provincia de Camagüey y que hoy por fortuna ya no existen. Kevin Legrá escribió esta historia en el exilio, entre 2022 y 2024, Primero en Arucas y ahora en Telde donde trabaja cargando y descargando este licenciado en Telecomunicaciones. Kevin Legrá dice que tiene dos grandes pasiones, aunque es probable que haya alguna más. De momento, reconoce que una de ellas es la literatura y la otra la música. De hecho es multuinstrumentista y le encanta la música indie.

- Llega a la historia de El precio de un ideal a través del testimonio de alguien que lo sufrió.

“Me llega a través de Orestes Rivero que en la novela tiene otro nombre. La novela cuenta, no obstante, con elementos de ficción ya que tuve que rodear su testimonio con situaciones y circunstancias ficticias aunque mayoritariamente lo que ocurre es real pero no todo lo que le pasa al protagonista sucedió así”.

- ¿Cuándo tiene noticias de la existencia de las UMAP?

“Las UMAP ya no existen. De hecho, se disolvieron en 1967, tres años después de su creación. El artífice de su desmantelamiento fue obra del comandante Felipe Guerra Matos. En mi caso, supe de la existencia de estos campos cuando tenía 18 años y a través del testimonio de Orestes Rivero, que era amigo de la familia. No sabía antes la historia de horrores que se habían practicado en estos campos hasta que comencé la investigación, donde me enteré de las torturas y humillaciones que sufrieron los jóvenes que fueron internados en estos campos”.

- ¿Cuáles fueron las causas que motivaron el cierre de las UMAP?

“El detonante fue un periodista canadiense, que es además el autor de la fotografía de la portada del libro, Paul Kidd, que estuvo aquellos años en las isla con el fin de informar al mundo del proceso de cambio hacia el comunismo de Cuba. Los periodistas eran vigilados por la Seguridad del Estado pero Paul Kidd pudo saltar esa barrera y, estando en Camagüey, sacar la fotografía que se reproduce en la portada de El precio de un ideal”.

- ¿Por qué razones podía alguien terminar en la UMAP?

“Según lo que cuentan los ensayos que consulté para apoyar históricamente la novela podías terminar en estos campos por causas religiosas, orientación sexual, como ser homosexual; que fueras un opositor al gobierno y ser hijo de la burguesía y conservaras una “mentalidad capitalista”. También terminaban en estos campos la gente que no trabajaba y que no tuviera su rol en la sociedad. Este tipo de gente es la que terminaba en estos campos, los que no cumplían con el patrón de rectitud impuesto por los dirigentes y, por supuesto, los que no respondían al concepto del hombre nuevo que proclamó Ernesto Guevara, el Che, que pensaba que una persona íntegra es la que era capaz de matar por una idea, así que todo el que se desviaba de esa idea terminaba en estos campos con el fin de ser reformado”.

- ¿A quién se le ocurrió la idea de crear la UMAP?

“No se sabe realmente. Fidel Castro ya había lanzado una pequeña advertencia dos años antes de que se crearan, cuando en un discurso anunció a los cubanos un preludio de lo que venía. En su intervención habla de jóvenes y vagos, de jóvenes que no siguen los patrones revolucionarios porque están imbuidos en lo que llama actitudes elvispresleriana, un concepto de su invención y con el que señalaba a todos esos “vagos” que, intuye, están logrando cambiar a la juventud cubana”.

- Pablo Milanés, de la Nueva Trova Cubana, pasó también por estos campos de trabajo.

“Efectivamente, Pablo Milanés estuvo también. Muchos no se dieron cuenta y sufrieron esa persecución incluso cuando se reintegraron en la sociedad. Es decir, que su reinserción fue extremadamente dura porque hubo casos de suicidio post UMAP ya que al salir de los campos se encontraban ante una sociedad que los discriminaba. No te daba trabajo y si te lo daba, era de los peores. Y con el paso de los años el control, en vez de atenuarse se hizo más férrero”.

- ¿Este es el primer libro que se ocupa de las UMAP?

“Es la primera novela. Existe un ensayo de Abel Sierra Madero, ensayo en el que me apoyé mucho para escribir el libro. Dediqué muchos años en investigar a la UMAP con el fin de cerciorarme que todo eso realmente pasó. Existe además una novela que jamás se publicó pero que me consta que existe porque la cita Abel Sierra Madero en su ensayo. Sé que el autor es José Mario Rodríguez, director de Ediciones El Puente, que escribió una trilogía que como dije no se ha publicado”.

- ¿Que fue lo que le motivó a escribir la novela?

“Me emocionó el tema. Cuando uno sale de Cuba y cuenta con esa pequeña libertad de hacer las cosas sin miedo, quise rendir un homenaje a Orestes y se me ocurrió escribir el libro y contar la historia que él quiso contar pero no pudo. Se trata de una historia con mucha crítica pero también enaltece a los cubanos. Intenté entender cómo cambia una sociedad quizá para explicármelo a mi mismo y a quien lea el libro”.

- En El precio de un ideal habla también del exilio.

“Hay un autor cubano que admiro mucho que es Leonardo Padura, Padura tiene una novela, Como polvo en el viento, en la que habla de todo eso y trata un concepto que llama la gran dispersión. El cubano ya tiene arraigado marcharse por motivos económicos y políticos porque en la isla no hay futuro. Es decir, que nadie se quiere ir de donde es feliz. Yo no quise salir de Cuba pero no tenía futuro si me quedaba. Además, cambiar la situación política de un país requiere muchos sacrificios y para hacer ese cambio el cubano tiene que sentarse y conocer qué es lo que quiere porque no hemos tenido tiempo de hacerlo ya que tienes que ocuparte de la vida diaria, de llevar todos los días un plato de comida a la mesa y rezar para que no se corte la luz eléctrica, entre otros problemas que hay que resolver diariamente. Los cubanos no nos hemos sentado a preguntar qué queremos realmente y, a partir de ahí, trabajar. Han aparecido líderes de la oposición pero no se ha creado un organismo firme que represente lo que el cubano quiere. Siempre están las dos orillas, a un lado los que aman a Fidel a muerte y al otro los anticomunistas, algunos de los cuales animan a que se invada militarmente Cuba. Son personas que solo ven en blanco y negro cuando lo que hay que hacer es sentarse y pensar qué es lo que queremos para el país y organizarse.”

- Pero los jóvenes cubanos de ambas orillas estarán cansados ya de ese discurso maniqueo.

“Puede haber futuro pero depende de la cultura de los jóvenes y cuanto están dispuestos a sacrificar. Les falta organización. Hay jóvenes que apoyan al gobierno revolucionario por el mero hecho de obtener ventajas porque si perteneces a una organización del Partido Comunista Cubano recibes ventajas, solo que ahora, y conozco a muchos que apoyan al gobierno, empiezan a tener las mismas dificultades que cualquier cubano. Se ha llegado a un punto en el que los jóvenes se alzan en las universidades y tuvo lugar el 11 de julio, cuando el pueblo se lanzó a la calle pero aquel movimiento no estuvo organizado. Hacen falta personas que sepan ver los matices y no solo en blanco y negro . En los Estados Unidos están muy condicionados por el anticomunismo y eso anima a unos a incitar a que se envíen armas a Cuba para iniciar una guerra. Esa gente olvida que sus familiares viven en Cuba”.

- ¿Conocen los cubanos la existencia de las UMAP?

“Hay cubanos que sí lo saben. Cuando investigaba pude encontrarme con gente que me ayudó a contrastar los datos que iba recabando. Realicé un vídeo promocional de la novela para las redes sociales y una chica se puso en contacto conmigo para decirme que su padre estuvo allí. Ella vive en los Estados Unidos. La UMAP se conoce en Cuba pero no es un conocimiento generalizado aunque existan personas que pasaron por estos campos”.

- ¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela?

“Fue muy duro porque hay que investigar mucho la historia de la UMAP, leer los discursos y los testimonios de personas que pasaron por estos campos de trabajo. Y todo ese conocimiento que fui acumulando me transformó porque no se sale ileso de un viaje así. Y está escrita de esta manera porque anhelé transmitir el dolor que siente el protagonista. Paralelamente, quise rendir homenaje a mi tierra. Hablo en la novela de la música cubana, de las tradiciones, de toda esa parte de Cuba que amo y que todos los cubanos amamos. El libro empieza justo antes de 1959 y termina en los 90 con una de la mayores crisis que se ha vivido en Cuba. Como escritor sentí empatía por el personaje. Y de ahí salió el tema del exilio y la identidad que nos toca a los cubanos y aproveché para dar mis impresiones sin restricciones”.

- ¿El precio de un ideal puede leerse en Cuba?

“Se va a poder leer pero de forma clandestina, el gobierno cubano no va a distribuir el libro porque sabe el tema que trata. Tema que encima permanece oculto”.

- Tengo la sensación, sin embargo, que en Cuba está comenzando a perderse el miedo a la protesta.

“Empieza a perderse el miedo. Ahí están las Damas de blanco, que existen desde hace muchos años y abogan por los presos políticos. El movimiento San Isidro fue duramente reprimido y el 11 de julio, en 2021, Yunior García funda la plataforma cívica Archipiélago, pero su fundador desapareció cuando quiso hacer una marcha en honor de José Martí que no pudo celebrarse porque la policía rodeó su domicilio y lo acusó de trabajar para los norteamericanos, lo que le obligó a exiliarse. Desde entonces no hemos vuelto a saber nada de él”.

NUEVA NOVELA

Ganar la XVIII edición del premio Málaga de Novela ha estimulado a Kevin Legrá, que asegura que su próxima historia será también sobre Cuba. “Es el tipo de literatura que quiero hacer”, dice. “Hay muchas novelas que hablan de Cuba y yo quiero dar mi voz e impresiones sobre la historia de mi país”. Avanza que en esta novela habrá un espacio para Canarias en agradecimiento por acogerlo con los brazos abiertos, brindarle su cultura y un nuevo hogar. “Pienso en una novela en la que hablaré también de Canarias y de las mujeres canarias y cubanas. Y del exilio y la emigración, de la que también hablo en El precio de un ideal pero ahora de una manera más profunda”. Entre sus referentes literarios cita a Leonardo Padura, Eduardo del Chano, Raúl Aguiar, Pedro Juan Gutiérrez, aunque menos pese a reconocer que se trata de un escritor magnífico; Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Dulce María Loynaz, esta última porque, revela, lleva “su poesía en el corazón”.

Saludos, olor a mar, desde este lado del ordenador

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