Me piden que regrese, una novela de Andrés Trapiello

“- Anduvo un mes escondido, tratando de salir de Madrid –siguió diciendo Sol–. Una de las muchachas de la casa le pidió a su novio, que era de la Uhp, un sitio donde esconderlo. Le dijo: “De acuerdo, yo le escondo”. Lo llevó a una casa y a la media hora fueron por él y lo metieron en Bellas Artes, y en Fomento se le perdió la pista. No le valió ser republicano. Pedimos ayuda a amigos suyos, algunos del gobierno. Unos no quisieron hacer nada, y otros se desentendieron. Decían que lo habían visto en lo del Cuartel de la Montaña; lo decía uno. No sabemos donde lo mataron ni dónde tiraron su cuerpo ni dónde estará enterrado. No había hecho mal a nadie”.

“Dicen que Falange es el gobierno de los poetas; es el gobierno de los cursis”.

Me piden que regrese (Andrés Trapiello, Destino, 2025)

Tras Las armas y las letras, voluminoso ensayo sobre los escritores/as que convirtieron en trinchera su literatura durante la Guerra Civil fueran del bando que fueran, Andrés Trapiello se ha convertido en un escritor incómodo para los lectores de derechas como de izquierdas. En este aspecto, debe ser uno de los pocos españoles que nos quedan que intenta contemplar aquella guerra con perspectiva, sin caer en emociones y manteniendo una honestidad con estos temas que exige el paso del tiempo. Esto hace que su mirada a esa España que se reventó por dentro y que atravesó una infernal postguerra, resulte tan interesante en novelas como Ayer no más, una a ratos ácida reflexión sobre la memoria histórica y La noche de los Cuatro Caminos, libro del que bebe Me piden que regrese, porque, escribe Trapiello, fue mientras investigaba en ese libro donde encontró por primera vez el nombre de Smith.

Y Benjamín Smith, o Cortés, es un ciudadano norteamericano de origen español que sabe tratar a la gente. Este es el protagonista de Me piden que regrese, y como tal regresa a España para realizar una peligrosa misión en la que está implicado un importante militar del régimen franquista.

Suena en las páginas de la novela el eco del atentado comunista a un local de Falange en aquel Madrid de 1945, año que declina la balanza de otra guerra, la II, del lado de los aliados. El ambiente del Madrid al que llega Benjamin Smith está muy tenso. También radicalmente dividido entre quienes lo pasan mal, que es la mayoría, y los que lo pasan bien, algunos pocos multimillonarios y aristócratas que, en medio de toda aquella indigencia, no renuncian a pasarlo bien.

Por otro lado, la capital de España es un enjambre de espías, aunque en unos pocos días los miembros de la embajada alemana lo dejan todo para huir a Sudamérica. Pocos, muy pocos, son los que regresarán a una Alemania incapaz de detener por el este el avance del ejército soviético.

El escritor se ha servido de este personaje y de ese año para completar un fresco que desarrolló en La noche de los Cuatro Caminos o Madrid 1945. La fotografía de un tiempo extremadamente peligroso. Con un país que aún no se ha recuperado de la Guerra Civil y que sufre hambre y penuria mientras medio mundo se destroza en campos de batalla aunque esa guerra, la II Guerra Mundial, vive sus últimos pálpitos.

En la novela Benjamín Smith o Benjamín Cortés conoce y se enamora de Sol Neville, que pertenece a la buena sociedad aunque tiene un carácter adelantado a su tiempo. Debe ser porque es familia de Edgar Neville, un gigantesco cineasta que esos días vivía en pecado con la actriz Conchita Montes, la gran compañera de su vida.

Escrito con ritmo, un castellano que recuerda al que se hablaba en los años cuarenta, y un eficaz retrato casi al natural de aquel Madrid de la postguerra, Me piden que regrese se disfruta y hace creíble lo que en manos de otro escritor resultaría increíble. Al personaje de Benjamin Cortés le pasa de todo aunque tiene un amigo, Chito, de solo trece años que es capaz de poner su vida al borde la muerte por honor. No les cuento el final que tiene este chiquillo, ya que pone los pelos de punta. También como despacha Trapiello a todos sus protagonistas: casi a vuela pluma. Sin embargo, más que molestar lo que consigue es agradecer en silencio que les cuente cómo terminó su vida cada uno de los personajes. En unos renglones, todo eso después de haber estado con ellos recorriendo calles y plazas del viejo Madrid, visitando la embajada de los Estados Unido, yendo de caza con el mismísimo Francisco Franco o bailando en algunas de las fiestas que organizaba el Madrid bien como el Madrid al que le costaba sobrellevar el día a día.

En este aspecto, tomaría Me piden que regrese como un divertimento literario con aires a novela de Pío Baroja y dejaría de lado preguntas inevitables por saber si lo que cuenta es verdad o mentira. Mentira entendida como ficción, aunque no niego que merece la pena buscar algún nombre de los que menciona el escritor para comprobar si todo en esta novela está basado en rigurosos hechos reales. Nosotros tenemos nuestra opinión, ahora les toca a ustedes encontrarla. Porque Me piden que regrese es una novela de encuentros. El más afortunado, cuando Benjamín Cortés se encuentra con Sol Neville. Ambos personajes están descritos como si fueran los protagonistas de una película ambientada en aquellos años. Benjamín es un hombre íntegro, un soldado que viste de paisano aunque también vistió el uniforme del ejército norteamericano en la liberación de Francia; Sol es una mujer adelantada a su tiempo y en la novela no pierde su delicado sentido del humor, más próximo al de cualquiera de las protagonistas de una película de Howard Hawks que a las heroína del cine español de aquellos años. Así que, dicho esto, merece la pena Me piden que regrese. Y mucho.

Saludos, leamos, leamos, leamos, desde este lado del ordenador

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