Regreso a Dunkerque, una novela de Pascual Buniet

Pascal Buniet nació en Francia aunque lleva mucho tiempo residiendo en el sur de Tenerife, donde ha construido una familia y continuado una carrera literaria que escoró primero a la novela negra y criminal a través de una serie de títulos que se desarrollan en su mayoría, precisamente, en el sur de Tenerife, y en concreto en los universos que han creado los residentes extranjeros que viven en las islas.

Estos pequeños universos, con sus grandezas y miserias, los conoce muy bien Pascal Buniet, quien los describe como si se trataran de pequeñas cápsulas, círculos que forman como pompas de jabón extranjeros según el país del que procedan. Es decir, que estos microcosmos que han terminado por reproducirse en toda Canarias, lo forman británicos, alemanes, franceses, italianos… Y cada uno de ellos ha reconstruido a una escala pequeña las constantes que los definen, sean ingleses, alemanes, franceses o italianos.

Dándose el caso que muchos de ellos viven e incluso mueren en las islas sin haber salido de esos ambientes, y sin haber aprendido, salvo las necesarias, una palabra de español ya que su vida (un retiro dorado a orillas del océano Atlántico) se ha circunscrito en Canarias a hablar y salir con compatriotas pero nunca con locales y muchísimo menos con otros extranjeros que no sean de su mismo país.

Si en la novela negra Pascal Buniet ha consolidado una bibliografía cuanto menos interesante e insisto que no tanto por el caso a resolver, aunque también y ahí está para demostrarlo La muerte sabía a chocolate, a mi juicio su mejor noir hasta la fecha, el escritor de origen francés sorprende ahora a propios y extraños con Regreso a Dunkerque, que no tiene nada que ver con el género que escribe sino más bien con la Historia, con H mayúscula, y una necesidad por descubrir de dónde viene y de cómo ese sentimiento ha ido mutando dentro de él. Ahora, el protagonista intenta reconciliarse con su pasado y la tierra donde nació.

No es el caso de Pascal Buniet, quien ha terminado por integrarse en la sociedad tinerfeña con relativa comodidad. Fue aquí, además, donde apostó por seguir una carrera literaria que tiene el osado atrevimiento y el riesgo de estar escrita en español que no es la lengua materna del escritor. De hecho, es el mismo escritor quien traduce al francés muchos de sus títulos, títulos entre los que se encuentra Regreso a Dunkerque, que publica M.A.R. Editor, que es el sello que, prácticamente, ha ido presentando sus novelas negras y, ahora, su último trabajo literario: Regreso a Dunkerque.

El ritmo de la novela es paciente, y más que en los escenarios se preocupa por hurgar en la mente del protagonista, un personaje estupefacto.

Regreso a Dunkerque comienza con la llegada de Jean Paul a la casa donde nació muchos años después de irse a vivir a Tenerife donde. como es el caso del mismo escritor, el protagonista ha terminado de integrarse en la isla.

El primer capítulo narra las sensaciones que asaltan al protagonista ante la casa de su padre. Parece que no queda nada que vincule a Jean Paul con su ciudad natal. Tampoco con su padre. Después de tantos años su relación sigue siendo igual de fría. Como fría y con cielos plomizos es Dunkerque. Nada que ver con la tierra de la que viene y a la que ya se ha hecho: Tenerife.

El escritor aprovecha este regreso para describir la vida de la familia de Jean Paul durante la ocupación alemana en la II Guerra Mundial, pero lo que hace más interesante esta mirada no es que esté teñida de nostalgia ni entusiasmo reivindicador sino que cuenta el día a día de una familia bajo la ocupación de un ejército extranjero.

De hecho, en estos capítulos, aunque la novela se centra más en la actualidad (2024), se describen las rutinas del día a día en 1942 y 1945, y la capacidad que tuvo la población civil de convivir en tiempos de guerra sin haber aprendido a reparar sus fracturas familiares.

Dunkerque ocupa un capítulo importante en la historia de la II Guerra Mundial por varias razones. La más conocida es que por sus playas se escaparon de los alemanes las fuerzas expedicionarias británicas y las francesas entre mayo y junio de 1940. Pero también fue la última ciudad de Francia en quedar liberada por los aliados el último año de aquella guerra que enfrentó a medio mundo.

La novela no insiste en estos hechos, pero están ahí porque son los responsables de muchos de los traumas de sus protagonistas. Ese miedo no superado que ha ido pasándose de generación a generación y ante el que Jean Paul queda estupefacto. Desconoce Dunkerque, y su padre, su padre es el de siempre y no lo es. Jean Paul descansará en su dormitorio de adolescente. La cama, los libros, algunos pósters.

Regreso a Dunkerque supone un interesante paso adelante en la carrera literaria de Pascal Buniet. No sé por donde lo llevarán los vientos del destino ni las negras tormentas que no nos dejan ver, pero la senda que ha iniciado con esta novela nos presenta a un autor al que merece, y mucho, la pena seguir el rastro.

Saludos, vive le fantastique, desde este lado del ordenador

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