El reino de Mataleón, una novela de Pascual Martínez

“La conciencia y la justicia. Curiosa dicotomía. La conciencia es una vía de dirección única. Atañe a su dueño y más vale que estés en paz con ella para dormir por las noches. La justicia, sin embargo, transita en doble sentido. Es relativa. ¿Matarías al hombre que violó y asesinó a tu hija? La justicia de las leyes no lo aprobaría. La justicia bíblica pondría la otra mejilla; también el ojo por ojo. ¿Y la justicia de un padre desesperado al que le han arrebatado lo que más quería? ¿Por cuál se inclinaría?”

El reino de Mataleón (Siruela Policíaca, 2025) pone fin a la trilogía que protagoniza el sargento de la Guardia Civil Ernesto Pitana (las dos anteriores fueron La patria de los suicidas y El santo de Villalobos), un tipo marcado por el Cuerpo que lo ha “exiliado” al pueblecito de Priego de Córdoba, en cuyo castillo aparece el cuerpo sin vida de un delincuente habitual.

Ernesto Pitana va a todas partes con una gabardina y uno puede pensar que hace un guiño a los detectives de la vieja escuela, el Spade de Hammett o el Marlowe de Chandler, pero otros también a la sucia y desarreglada que llevaba encima Colombo, que siempre tendrá la imagen de Peter Falk. Rodean a Pitana un reparto interesante de personajes, comenzando por sus compañeros de la comandancia, una “casa de Tócame Roque”, y la mayoría excelentes profesionales como la cabo Montero, que parece que es la única que le puede rechistar al jefe; la canaria Idaira Tabares, Lebrija, Palomeque y, sin ser del Cuerpo, un amplio y atractivo despliegue de secundarios que se dan a conocer tras el asesinato de Mario, un atractivo Guardia Civil. Ahí está su familia, que lleva con mano de hierro su esposa, Guadalupe Sarmiento, y el hijo de ambos, Adrián, que va en silla de ruedas. Hay otros personajes que intervienen en esta novela, como Eva, una artista que se llevó a Mario a vivir a su casa, responsabilidad que no le perdona Guadalupe y otros que aparecen y desaparecen, todos con un indiscutible papel protagónico en una novela donde tenían que aparecer. Es decir, que los actores secundarios no resultan forzados en esta historia tan negra y tan española, por otra parte.

En cuanto al estilo al que recurre Pascual Martínez para contarnos la novela está claro que le gustan las cosas claras por lo que evita párrafos almendrados de palabras que en un género como el negro y criminal exige, más que literatura, talento para narrar.

El estilo está construido con frases cortas y se apoya en el diálogo. Los personajes, de hecho, se dejan conocer más por lo que dicen que por lo que hacen. En cuanto a la contundencia de esta escritura, a mi me recordó a la del mejor James Ellroy cuando todavía no se creía un gran escritor. Por fortuna, esta más que evolución, involución en el estilo literario del autor de La dalia negra no se observa en la escritura de Pascual Martínez porque su manera de recrear situaciones y presentar personajes evoca al Ellroy de primera hora, aquel escritor bronco y gamberro. En el caso de Martínez, el estilo marca de hecho el seguimiento de un relato al que además de no faltarle violencia y corrupción (en este caso policial) tampoco renuncia al humor, que concentra en un chiguagua que llega a la comisaría.

El reino de Mataleón tiene también una atmósfera western que ahora llaman por estas tierras rural. Sea lo que sea, creo que este nuevo subgénero dentro del género negro y criminal, el del noir rural vamos a llamarlo, está igual de próximo al cine que a una posible novela policíaca con acento español. Estas historias se desarrollan no en grandes ciudades ni en pequeñas y modestas capitales de provincias, sino en pueblitos perdidos. El de la novela que abordamos, ubicado en la Andalucía profunda.

Para colmo, y con el ánimo quizá de subrayar que se trata de una novela negra española de ambiente campestre, los buenos (por llamarlos de alguna forma porque no todos los agentes son trigo limpio) sirven en la Guardia Civil y los malos, personajes que más que villanos son hombres y mujeres con grises, lo que los hace reales como la vida misma.

El reino de Mataleón es la primera novela que leo de Pascual Martínez pero ya estoy tardando en conseguir las dos primeras entregas de la trilogía. Sospecho y con fundamento que me voy a llevar una agradable sorpresa porque Ernesto Pitana está llamado a convertirse en uno de los grandes protagonistas que pueblan los territorios –a veces tan choteados y cansinos –de la novela negra y criminal en España.

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