José Calvo Poyato: “España hizo la primera globalización”
Expolítico, historiador y novelista, José Carlos Poyato (Cabra, Córdoba, 1951) es uno de los autores de novela histórica que paso a paso, novela tras novela, se ha convertido en uno de los referentes del género en España. Ha escrito, de momento, más de una veintena de libros que se desarrollan en distintos periodos de la Historia de este sufrido país como son El rey hechizado, con la que debutó en el panorama nacional y en la que recreó la vida y obra de Carlos II, el último monarca de la dinastía de los Austrias; El gran capitán y metido ya de lleno en el agitado siglo XIX español, Sangre en la calle del Turco y El año de la República.
Su última novela lleva por título Dueños del mundo (HarperCollins, 2025) y se desarrolla en 1576 en Madrid, capital de un imperio colosal que dirige con mano de hierro Felipe II, quien además de administrar aquella monstruosa empresa, tiene a sus famosos Tercios en combate permanente mientras mantiene una paz relativa con el turco en el mar Mediterráneo. En este escenario, y por el que navegan los navíos de España por el Atlántico y el Pacífico, Diego de Paz investiga el brutal asesinato de un boticario experto en alquimia para proponer un recorrido por una época tan trascendental para la historia de España y tan intensa para sus protagonistas resulten estos ficticios como reales.
- ¿Cuáles son para usted los atractivos de la novela histórica?
“Soy historiador profesional así que entiendo la novela histórica como una forma de acercar y aprender Historia aunque el lector debe saber que lo que tiene entre manos es una novela que reúne elementos históricos y es respetuosa con los tiempos en los que sitúa el relato”.
- ¿Y qué fue lo que animó a un historiador profesional a dedicarse a la novela histórica?
“Me animó el poder hacer más atractivos momentos y personajes que aparecen en un ensayo histórico. En mi primera novela, El hechizo del rey, retrato a un personaje débil de la historia de España como fue Carlos II, y en donde como historiador no podía dibujar al personaje con sus debilidades, pensé que reunía muchos atractivos para mostrarlo así en una novela porque se trata de un monarca que tuvo muchas limitaciones para gobernar la monarquía más extensa y poderosa del mundo. Eso fue lo que me entusiasmó para escribir la novela, aproximar ese momento de la Historia y sus protagonistas de una forma que resultara más atractiva al lector”.
- Ha trabajado el tránsito de la dinastía de los Austria a la de los Borbones, ¿qué interés tiene para usted este periodo de la historia de España?
“Ya lo abordé en mi tesis doctoral El tránsito del siglo XVII al XVIII en los pueblos del sur de Córdoba, en el que estudio el tránsito de la monarquía austríaca a la borbónica, un periodo que me resulta interesante porque se produce un cambio de modelo de Estado que con los Austrias era muy descentralizado y permitía una propia legislación e instituciones jurídicas diferentes a las de Castilla y Aragón, casi como si de tratara de una especie de autonomía, valga la palabra. Mientras que con Felipe V se establece un estado centralizador y se emite un decreto que anula las diferencias jurídicas que tenían los reinos de la corona. Y en ese tránsito de modelo de a uno a otro de todos a una me parece que sigue siendo un debate que los españoles mantienen en la actualidad: o un estado descentralizado o uno centralizado en el que los diferentes territorios en función de la Autonomías puedan tomar decisiones”.
- Felipe II es uno de los grandes protagonistas de Dueños del mundo. ¿Fue un rey prudente?
“Fue un monarca esencialmente prudente, reflexionaba mucho y a veces demasiado en mi opinión. Felipe II quería abarcarlo todo, tener información y decidir sobre todo. No obstante, el perfil de Felipe II dista mucho del que quisieron crear sus enemigos, que le llamaban el demonio negro del Mediterráneo, y si bien no fue un santo, tampoco fue un demonio. En todo caso, un hombre que fue amante de su familia y que quiso tomar decisiones justas. Estuvo muy atraído por la cultura, en el Escorial creó una biblioteca que fue una de las más importantes de su tiempo y estuvo enamorado de la pintura de el Bosco. Y sí, lo acusaban de vestir de negro pero si vestía así era porque este color se consideraba elegante en su tiempo”.
- ¿Bajo su reinado comienza la leyenda negra?
“Vino de antes pero es bajo su reinado cuando toma cuerpo más intenso. Es decir, quieren convertirlo a él y al duque de Alba en pilares de la leyenda negra. Alba fue un militar duro, de su época. Tuvo un concepto de la justicia y el honor muy grande. Tanto, que cuando su hermanastro Felipe II lo destierra, lo llamará más tarde para que se ponga al frente del ejército y su respuesta es inmediatamente, ponerse en camino. Es un hombre que no tiene pelos en la lengua, y le escribe al Rey: sabed majestad que jamás nombré a nadie para desempeñar un puesto que no considerara que era la persona más preparada y adecuada para hacerlo, una opinión que creo que tiene mucho significado en nuestros días”.
- ¿Qué momentos destacaría del reinado de Felipe II?
“Un año: 1580. Se incorpora la corona de Portugal a la hispánica con todos sus territorios ultramarinos, lo que lleva a decir que en los dominios de la monarquía hispánica no se ponía el sol. Se acuña una moneda con un lema en latín, Non Sufficit Orbis, el mundo no es suficiente. Los españoles estaban convencidos que eran un pueblo elegido mientras sus enemigos creaban la leyenda negra ante su incapacidad política para enfrentarse a Felipe II y militarmente a los Tercios de infantería española, hasta ese momento considerados como invencibles. Y en ese entorno se construye el monasterio de El Escorial, que es más que un monasterio ya que fue un centro de estudio y de investigación y un panteón real y botica también. Felipe II estuvo muy interesado por las ciencias ocultas, el pintor que más le atrae es el Bosco, que es un pintor esotérico. El perfil de Felipe II es el de un monarca culto, prudente, mucho más complejo de lo que se nos ha dicho, no es un guerrero, eso lo heredó su hermanastro, don Juan de Austria, que sí es un militar y que combate al turco en Lepanto”.
- El protagonista de la novela es Diego de Paz, veterano de los Tercios, ¿existió Diego de Paz realmente?
“Diego de Paz es producto de mi imaginación. Es un personaje de ficción con el cual construyo una trama paralela en la novela, novela que comienza con la aparición del cadáver de un boticario con fama de alquimista que fue torturado antes de morir. Y Diego de Paz es el encargado de indagar por qué lo mataron. Eso nos sitúa en el mundo de la alquimia y con otras realidades de aquella época, como la cotidiana. El lector de la novela escuchará lo que hablaba la gente en las tabernas y en los mentideros del Madrid de ese tiempo”.
- ¿Por qué Dueños del mundo y no Dueño del mundo?
“Porque en realidad son los españoles y no tanto Felipe II, Felipe II es el rey que posee los títulos de esa monarquía que se extiende por los cuatro continentes que se conocían entonces pero son los españoles los ue manejan la flota que cruza el Mediterráneo y el Atlántico, y que navega también por el Pacífico porque conocen cuáles son los vientos dominantes y las corrientes marinas que hay en ese océano para conectar con las Filipinas y, a través de las corrientes marinas, conectar con Acapulco, y Acapulco con Veracruz y Veracruz con Sevilla. Los españoles están globalizando el mundo, cuentan con guarniciones que controlan los puntos estratégicos de las costas africanas, combaten en América y Flandes mientras frenan al turco en el Mediterráneo. Señalar el título de la novela en singular no iba a hacer justicia a tanta y tanta gente que participó en aquella aventura maravillosa”.
- En la novela mezcla personajes de ficción con otros que existieron realmente.
“Aparecen la princesa de Eboli, un personaje muy atractivo, y don Juan de Austria. También Antonio Pérez, que fue secretario del rey, y rey al que traicionó además de participar en la construcción de la leyenda negra con el libro Relaciones. Aparece también Escobedo, secretario de don Juan de Austria… Trato de buscar los perfiles que la Historia nos ha dado, siendo consciente que la Historia a veces nos da perfiles contradictorios de todos ellos. Lo que trato dentro de esos perfiles y los acontecimientos que protagonizaron es mostrarlos tal y como nos lo describen en sus biografías. Juan de Austria es un soldado, un guerrero pero no puedo presentar como un guerrero a Felipe II porque no lo fue. Antonio Pérez, por otro lado, es un personaje ladino, que destila información en el oído de su rey para malquistarlo con su hermanastro, don Juan de Austria. La princesa de Eboli es una mujer enormemente seductora que quiere participar en determinadas decisiones que quizás no le correspondían y no por ser mujer precisamente”.
- ¿Y por cuál de los personajes reales siente una especial predilección y por cual una especial inquina?
“De los que aparecen en Dueños del mundo, don Juan es muy atractivo. Lleva el lastre de ser un bastardo pero fue enormemente leal a su rey. Es un personaje extraordinariamente atractivo en sus valores. También Felipe II, sobre todo porque sus enemigos trataron de falsear cuál era su verdadero perfil, el problema es que gran parte de los españoles se lo creyó. Un personaje muy negativo en la novela es Antonio Pérez, una de las pocas personas en las que Felipe II depositó su confianza y al que traicionó de una manera vil y absoluta. Es un poco el prototipo de malvado”.
- ¿Volveremos a ver a Diego de Paz en una nueva novela?
“He creado algún personaje de ficción que ha participado en más de una novela, como Fernando Besora en las novelas que dediqué al siglo XIX como son Sangre en la calle del Turco y El año de la república. Ahora mismo no tengo previsto que Diego de Paz vuelva a aparecer pero no descarto la posibilidad de que siga empuñando la espada con la mano izquierda porque la derecha la tiene lesionada y no puede utilizarla”.
- ¿Siente debilidad por este momento de la historia de España?
“Soy un modernista, que haya hecho alguna incursión en la España del siglo XIX es porque me han atraído determinados personajes y acontecimientos pero donde me siento más cómodo es en el siglo XVI y XVII. El XVI porque fue particularmente brillante, y eso me ha llevado a novelar la primera vuelta al mundo que la hizo Elcano porque Magallanes muere a mitad de camino, así que quien culmina la obra es Elcano. O Dueños del mundo porque se trata de un momento brillantísimo de nuestra historia, por eso no entiendo que tengamos que ir por ahí pidiendo perdón como alguno pretende. El imperio español se salva mucho mejor que cualquier otro imperio como el británico, el belga, el holandés y el francés. España construyó virreinatos y no colonias. Uno que vivía en Cuzco tenía los mismos derechos que el que vivía en Tenerife, Albacete o Madrid, otra cosa es que la ley luego se cumpliera”.
- ¿A qué cree que se debe el éxito que está teniendo en España la novela histórica escrita por españoles?
“Hay un gran escritor alemán de novela histórica, Gisbert Haefs, autor de Aníbal, para mi un modelo de novela histórica en el mundo antiguo, que me comentó en cierta ocasión que el grupo de escritores de novela histórica española era el más importante de Europa en aquel momento. El apoyo que los lectores dan a este tipo de novelas ha llevado sin embargo a mucha gente a escribir este tipo de literatura y éste puede ser uno de sus peligros más importantes porque hoy se publica mucha novela con el rótulo de histórica que no lo es. La novela histórica debe de tener una serie de características que estas novelas no tienen. El lector quiere conocer el pasado y hacerlo de una manera más amena que lo que puede resultar un ensayo que, claro está, son imprescindibles para que la ciencia histórica avance”.
- ¿No cree que ese momento tan dulce que vive la novela histórica en España quizá se deba a que a los españoles se les contó muy mal su Historia?
“Y se sigue explicando mal porque tenemos una especie de complejo bastante grande que caló en el subconsciente colectivo con la idea general de que fuimos el país de la Inquisición y el genocidio evitando los elementos brillantes de nuestra Historia porque no interesaban. Se logró que los españoles asumieran lo que propagaron los enemigos de España. El término de Armada invencible lo usaron los ingleses con sorna para referirse a la Gran Armada de Felipe II, encuentro en el que los ingleses apenas lograron hundir barcos españoles. Los que se hundieron fueron por causas de tormentas aunque gran parte de la flota pudo regresar a los puertos del norte de España. No se dice que al año siguiente del intento español, hubo el intento de la gran armada inglesa que fracasó totalmente en La Coruña y Lisboa, cosa que han silenciado los ingleses. O que Blas de Lezo les infligió una de las mayores derrotas de su historia en Cartagena de Indias en 1741. O el general Gutiérrez en Tenerife en verano de 1797. Una cosa es el poder de las élites y las condiciones de vida de las clases populares, que por otra parte se ha sobredimensionado como una singularidad española al afirmar que lo que pasaba aquí no sucedía en otros sitios y eso no es verdad. En aquel entonces, la renta estaba muy mal distribuida: La iglesia y la nobleza no pagaban impuestos, los impuestos recaían en las clases populares aunque en los españoles anidó siempre el orgullo de sentirse que eran los dueños del mundo”.
¿NOVELA HISTÓRICA?
Para el escritor e historiador José Calvo Poyato una de las características de la novela histórica es la que dicta George Lukacs: entre el momento en que se escribe y el acontecimiento en el que se desarrolla el relato, debe existir una distancia temporal. En este sentido, no es novela histórica la que se desarrolla en el presente. La gran pregunta es ¿cuánta distancia debe de haber? ¿Treinta, cuarenta, cincuenta, cien años? “En mi opinión la distancia temporal debe ser aquella en que los acontecimientos históricos hayan sedimentado y ya no levanten pasiones”, opina.
“Tengo la sensación que el Desastre del 98 ya no despierta polémicas pero hace casi 90 años que concluyó la Guerra Civil española y sigue encendiendo pasiones y que continuemos hablando de buenos y malos”. Estos razonamientos le hacen concluir al escritor andaluz que, en su caso, no escribirá “una novela histórica ambientada en ese tiempo “. Un tiempo, recuerda, que en los años de la Transición pareció que estaba cerrado aunque alguien ahora lo ha vuelto a reabrir. “Parece que todavía influye mucho la ideología, el posicionamiento para tratar este asunto y eso me hace alejarme de un tiempo que todavía levanta tantas pasiones”.
Saludos, un rato muy bien invertido, desde este lado del ordenador

