El puma, una novela de Alberto Val

Alberto Val publicó hace dos años La perra, una novela que se desarrollaba en la isla de Tenerife y que protagonizaba una aguerrida inspectora de la Policía Nacional llamada Guiomar Aguilera que trabaja en la comisaría del Puerto de la Cruz. La perra estaba vagamente inspirada en hechos reales, las peleas de perros que se descubrieron que se organizaban hace años en Güímar, y en las que estaban envueltos toda clase de personajes, con independencia de su nivel social, ya que pagaban altas sumas de dinero para ver a dos animales destrozarse en un ring como de un combate de boxeo se tratara… Aquel título le sirvió a Val para presentarnos a Guiomar Aguilera pero también a los compañeros con los que comparte oficinas y a su familia, subrayando la relación que mantiene la protagonista con su único hijo, enfermo, y con su esposo, unión esta última que parece que está a punto de desmoronarse.

Como sucedió con La perra, en El puma el villano oculta su rostro bajo una máscara que representa al animal que da nombre a la novela. Es decir, que si en la primera se trataba de un perro ahora se trata de este hermoso felino americano, un recurso que emplea Alberto Val no sabe uno exactamente con que intenciones aunque está claro que tiene una funcionalidad más estética que otra cosa en el mecanismo que anima las páginas del libro. Una obra que se adscribe al género negro aunque yo la ubicaría más en el thriller, un thriller con acento de giallo, un subgénero de películas de suspense sangriento del cine italiano, a través del trabajo que realiza un equipo de agentes de la Policía Nacional con otro de la Guardia Civil siguiendo las huellas de un frío asesino que oculta el rostro tras la máscara de un puma.

Como sucedió también con La perra, la nueva novela que protagoniza Guiomar Aguilera está basada en un suceso real que ocurrió hace unos años en España, y que por sus características pedía a gritos que se convirtiera en material literario porque todo en este caso apesta. Por un lado, el asesinato de una mujer inocente que se casó por amor con un malvado, y por otro, que en esta sórdida historia se descubriera la colaboración que algunos guardias civiles prestaban al asesino a cambio de dinero.

Alberto Val conoce los mecanismos de la novela de entretenimiento lo que hace que el lector prácticamente se coma las páginas de un libro que no tiene otra función que la de entretener. ¿Qué los personajes resultan algo planos? No es una circunstancia que haga que el escritor desfallezca en su intento por continuar las aventuras de su personaje protagonista, mucho mejor definido en esta segunda entrega aunque el caso a resolver no termine de convencer por lo extravagante que resulta aunque tiene ideas buenas que dan una cobertura ciertamente pulp a este . Libro que solo busca el esparcimiento, que quien la lea no se distraiga porque cada página, cada capítulo, está perfectamente diseñado para darle un único sentido al relato y a la investigación que se emprende para localizar al asesino.

Como en todo policial que se precie, las pistas que va dejando por el camino el escritor son muchas y variadas, herramientas con las que el lector puede hacerse una idea de quién está detrás de la máscara. En El puma, además, se cuenta las relaciones tensas que existen entre la Policía Nacional y la Guardia Civil cuando mezclan sus caminos al trabajar en estrecha colaboración pero destacaría más allá de estos resortes, la relación que mantiene la inspectora con su hijo, páginas en las que se deja ver el escritor que lleva dentro Val. Se tratan de momentos en los que se crece, consciente del potencial de recursos psicológicos que tiene Guiomar Aguilera, y que espero siga explotando en una nueva entrega porque pese a resolverse el caso en El puma, al final sabremos que la historia tiene un continuará. De hecho, creo que entra en los planes de este escritor que comenzó su carrera como periodista deportivo, un tercer libro en el que resolver algunas de las preguntas que deja en el aire en esta novela.

La perra y El puma son las dos primeras entregas de una trilogía que se desarrolla en Tenerife: en El puma, entre Puerto de la Cruz, Garachico y Los Cristianos, y títulos que está unidos además de contar con el mismo protagonista con las máscaras de animales que llevan los villanos. Esto da un agradecido toque de serie B, de película de bajo presupuesto en la que brilla más que los escenarios, los personajes.

De momento y a pesar de que se tratan de dos novelas que tampoco le piden demasiado esfuerzo al lector salvo la de estar atentos para descubrir quién es el asesino o asesina, derramando por el camino pistas falsas para liar un poco más el rompecabezas, Alberto Val cumple con las expectativas y se saca de la manga una novela que cubre el cupo de entretenimiento que demanda el lector que solo quiere pasar el rato con un libro en las manos. Ahora bien, que se desarrolle en el norte de Tenerife no dice mucho, ya que además de alguna aclaración para públicos peninsular de palabras que decimos por estas tierras y el paisaje de la isla, El puma podría haberse desarrollado en otro lugar de la geografía española aunque el hecho de que pase en Tenerife sí que condiciona una novela que no renuncia a teñirse de rojo cuando la historia así lo exige. Quién busque en El puma una crítica velada a las realidades insulares y a la forma de ser de los canarios visto por un narrador peninsular, por un hombre de tierra adentro, este no va a ser su libro. No plantea estas reflexiones, se preocupa más por la caza que emprende la policía y describir el trabajo de unos policías que paso a paso, investigación tras investigación, se acerca cada vez más al asesino que esconde su rostro tras la máscara de un puma.

Saaludos, conocimos al autor de la novela y nos cayó muy bien, desde este lado del ordenador

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