El destino de las momias guanches
En febrero del año pasado el Cabildo de Tenerife “exigía” el regreso de una momia guanche al Museo Arqueológico Nacional tras conocerse que había sido trasladada a un almacén. Otras instalaciones museísticas de España y el extranjero albergan también momias guanches que por una u otra razón salieron de su tierra para yacer en una que no era la de ellas, su devolución se ha convertido desde entonces en un caballo de batalla de las políticas arqueológicas de los distintos gobiernos de Canarias pero sin grandes resultados de momento.
Tiene mucho de simbólico conseguir que una de estas momias regresaran a casa y que la población valorase lo que significa para un patrimonio histórico que debe ser común. Estas reflexiones me las suscita El viaje de las momias canarias, un libro que bajo la coordinación de Antonio Tejera Gaspar, reúne el trabajo de los investigadores Ángel I. Eff-Darwich Peña, Dolores Delgado Miranda, Nathalie Le Brun, Pedro L. Pérez de Paz, Manuel A. Fariña González, Daniel García Pulido, Daniel M. Méndez Rodríguez y Pedro Fernández Goicoechea.
La editorial está dirigida por Juan Francisco Delgado Gómez, que es el verdadero artífice de poner está empresa en pie, y que ya cuenta con una colección de libros en los que se cuentan historias del archipiélago canario poco o nada conocidas.
La obra está estructurada en dos partes, la primera incluye media docena de artículos que estudian las técnicas de embalsamar las momias de Tenerife y Gran Canaria y los restos momificados de La Palma así como el expolio al que fueron sometidas a lo largo de la historia, con una especial incidencia en los siglos XVIII y XIX. La segunda parte explora donde fueron a parar las momias que se llevaron, entre otras, la existencia de una de origen guanche que se encuentra en el Weltmuseum (Museo Etnográfico) de Viena, Austria.
Como otros libros anteriores de Herques, El viaje de las momias canarias se trata de una cuidada edición que nace con la vocación de llegar a todo tipos de lectores. Cuenta para ello con un interesante grupo de investigadores que escriben sus artículos más o menos con espíritu divulgador. Lástima que a veces el academicismo despiste en ocasiones al no iniciado, pero en general sus textos son bastante reveladores y consignan una realidad a reivindicar y de la que tomar conciencia. Pero es que al margen de su lectura más que política social, El viaje de las momias canarias es un libro que ya es un referente para conocer en qué lugar del mundo se encuentran, y en qué condiciones.
A través de las páginas se viaja en la segunda parte, Las momias que salieron de Canarias, a Alemania, Argentina (La Plata y Necochea), Francia, Austria (Viena); Canadá (Montreal); Cuba (La Habana); Dinamarca, España, Países Bajos, Gran Bretaña, Rusia (San Petersburgo), Suiza (Ginebra) y Sabin Berthelot y la momia del barranco de Valleseco, un interesante itinerario que cada uno de los investigadores plantea, y que en ocasiones provoca asombro tras conocerse la historia que tiene cualquiera de estas momias en el extranjero. El estudio en conocer cómo llegaron allí mientras se esquivan las piedras que aparecen en tan pedregoso camino.
En este periplo mundial conocía el destino de algunas de ellas, como las de Necochea y vagamente la de Berlín, pero no sabía nada de muchas otras que me revela este volumen que tiene un precedente –escribe Manuel A. Fariña González en la Introducción– en la monografía La memoria recuperada, escrita por Antonio Tejera Gaspar y el mismo Fariña, y publicada por CajaCanarias en 1998, y en la que destaca que “se hace aún necesaria una revisión crítica del legado cultural de los aborígenes canarios repartidos por el mundo y cómo sus restos humanos, momificados o no, han despertado el interés científico y cultural de los museos europeos y americanos”.
Es verdad que la sustancia que mueve este libro es “el viaje” que realizaron las momias a otros lugares del planeta, también conocer en qué estado se encuentran y si allí reciben el cuidado que merecen, pero no habría por ello que desmerecer la primera parte, ya que lo que hace es poner en antecedentes al lector, y acercarlo a un trabajo como es el del mirlado, que tuvo sus diferencias según las islas en la que se encontraban. La variedad de articulistas permite, además, tener una idea clara de los métodos de trabajo y de los lugares de ubicación desde múltiples miradas aunque el lenguaje académico sea el que se respira en cada uno de estos textos.
El viaje de las momias canarias es uno de esos libros que vale la pena recomendar al curioso por adentrarse en el pasado de los antiguos canarios como de aquel que ya cuenta con ciertos conocimientos de aquellos pueblos. El asombro vendrá cuando descubra cuántas momias canarias hay repartidas por distintos puntos del planeta, y considere una reclamación justificada que los distintos ejecutivos autonómicos han hecho para que muchas de ellas sean devueltas. Como se dijo, la momia está revestida de un elemento simbólico muy importante para las islas, y sobre todo, como recuerda el director general de Cultura y Patrimonio Histórico del Gobierno regional, Miguel Clavijo en la presentación de este libro, por su “carga identitaria y emocional”, tan necesaria para construir un discurso (aún no escrito) sobre lo que significa ser canario. Y como canario, mirar a su pasado para tener conciencia de su presente.
Saludos, hubo viento y lluvia, desde este lado del ordenador
