Jorge Fonte: “Walt Disney fue un impulsor de sueños”

Resulta difícil para alguien que nunca fue disneymaníaco conversar con alguien que lo es satisfactoriamente confeso. En mi imaginario infantil, las veces que me llevaron al cine a ver una de Disney era como meterme en una de terror, solo que con dibujos animados. La representación del diablo que aparece en el segmento Una noche en el Monte Pelado, de Músorgski, en la película Fantasía, sigue generándome muy malos rollos. Huelga decir lo que lloré con Bambi cuando los cazadores asesinan a la madre del desvalido cervatillo, entre otras tristezas que el visionado de sus películas me ha proporcionado a lo largo de una existencia en la que, ya digo, Walt Disney nunca fue uno de mis ídolos.

Como terapia de choque lo mejor era hablar con Jorge Fonte (Santa Cruz de Tenerife, 1967), porque si hay alguien en España que conoce de la a hasta la z la vida y la obra de Walt Disney ese es él. Antes de Eso no estaba en mi libro de historia de Disney (Almuzara, 2025) estudió en otros libros al personaje y antes de pasarse a la ficción, Jorge Fonte contaba con otros ensayos dedicados a cineastas norteamericanos como Woody Allen, al que ha diseccionados de arriba abajo en varios trabajos, Oliver Stone y Robert Zemezckis, entre otros. Eso no estaba en mi libro de historia de Disney es un libro de encargo, pero está muy cuidado y cuenta con reveladora información sobre Walt Disney.

Para los disneymaníacos se trata de una obra de referencia pero también de iniciación sobre un personaje que más que cineasta fue productor e impulsor de sueños, dice Fonte, muy celoso a la hora de defender el buen nombre de un hombre que si algo tuvo fue olfato para dar en el clavo y colocar el cine de animación en el lugar que hoy ocupa. Así que me guste o me disguste, si algo hay que reconocerle a Disney es que fue capaz de construir un imperio –con parques de atracciones incluidos– de la nada. Su sentido de la oportunidad y su manera de vaciar el espíritu de los cuentos infantiles en un cine para todos los públicos es, no tengo duda alguna, un toque que sus seguidores dicen fue mágico y de colores.

- El libro comienza con el capítulo El español que nunca fue, ¿por qué?

“Eso no estaba en mi libro de Historia de Disney es un encargo realizado por la editorial Almuzara, y una de las principales cuestiones que les propuse fue que me permitieran ahondar en la fake new que, desde 1941, afirma que Walt Disney había nacido en Mojácar, un pueblito de Almería, y que, por lo tanto era español. Sé que es una lucha contra dragones, pero mi intención es intentar desmentir por completo este bulo, contando toda la historia real que hay detrás de esta falsa noticia”.

 - Se conoce si Disney conocía este bulo.

“Sí, a lo largo de su vida, varios periodistas españoles se lo preguntaron. Él les dio una explicación bastante lógica: a finales de los años 20, en el Estudio Disney trabajaba un animador mejicano llamado Rudy Zamora. Bueno, pues se ve que alguien con demasiada imaginación relacionó la ciudad castellano-leonesa con Disney, y de ahí nació la idea de su españolización”.

– ¿Cuál fue la relación de Walt Disney con nuestro país?, ¿cómo lo veía, qué opinaba de sus gentes, su comida, sus tradiciones? Creo que estuvo unos días en España pero no se sabe nada de lo que hizo… ¿O sí?

“Walt Disney y su esposa Lillian estuvieron en España en octubre de 1957, porque vinieron a visitar a su amigo Salvador Dalí a Cadaqués. Estuvieron en Cataluña un par de días y después recorrieron toda la Península Ibérica de norte a sur hasta coger un barco en Algeciras diez días después. Realmente, poco se sabe de este viaje, pero es de suponer que pasarían por las principales ciudades españolas: Valencia, Toledo, Madrid, Sevilla, etc”.

– Un agujero negro en la historia de Walt Disney es la autoría del diseño y la animación de su criatura más famosa, Mickey Mouse, que se atribuye a Ub Iwerks… ¿Verdad o leyenda?

“Bueno, es verdad y es leyenda. Le explico: en 1927, el Estudio Disney se quedó sin los derechos sobre su mayor éxito hasta la fecha, el conejo Oswald. Así que, sobre la marcha, se vieron en la necesidad de crear un nuevo personaje. Walt Disney se reunió con el principal animador del Estudio (que además era su amigo personal) Ub Iwerks y entre los dos idearon un nuevo personaje. En realidad, se limitaron a rediseñar al conejo para convertirlo en un ratón: le redondearon las orejas, le acortaron el rabo, y poco más. Iwerks lo animó él solo durante los primeros cortometrajes, y Disney le confirió su carácter y personalidad, y le dio voz. Así que, en realidad, fue creado por ambos”.

- ¿Walt Disney fue antes cineasta o empresario?

“Pues yo más bien creo que ni una cosa ni la otra. Ante todo Walt Disney fue productor. Un creador de ideas, de proyectos; un impulsor de sueños. Todo partía de su iniciativa, de su inmensa creatividad, de su inacabable energía vital. Y fue un hombre que supo rodearse de artistas que hicieran realidad sus planes”. 

- Se critica mucho a Disney por manipular cuentos que más tarde llevaría al cine, entre otros Pinocho, Alicia en el país de las maravillas y Peter Pan, cuyas historias animadas apenas tienen nada que ver con las originales… ¿Cómo encajan estas críticas en ese supuesto mundo mágico y de colores?

“Manipular me parece una palabra demasiado dura. Yo más bien diría que adaptó los cuentos para hacerlos accesibles y entendibles por un público infantil actual. Los cuentos de los hermanos Grimm o los de Hans Christian Andersen o los de Charles Perrault, son, en realidad, mucho más crueles y duros, pues en su origen fueron concebidos para educar a los niños a través del ejemplo. Disney  y sus guionistas lo que hicieron fueron readaptarlos a los tiempos actuales. ¿Dulcificándolos?, sí, y ¿cambiando algunas cosas? sí. Porque, a ver, tú lees los originales y algunos son casi relatos de terror. Pero, en el fondo, todas las adaptaciones cinematográficas de libros, ¿no hacen lo mismo?” 

- No lo creo, de hecho pienso que la ideología de Disney es en parte responsable de todo esto ya que fue un hombre férreamente conservador. La pregunta es ¿cuál fue su comportamiento durante la caza de brujas?, ¿expulsó a guionistas y dibujantes que trabajaban para él por sus ideas?, ¿por qué ese odio/miedo hacia el comunismo?, ¿esa inquietud queda reflejada en algunas de sus películas?

“Ideológicamente sí, Walt Disney era de derechas. Pero, sinceramente, no creo que sus ideas políticas se reflejaran en sus películas, más allá de ser un hombre muy familiar y tradicional. En 1941, su Estudio sufrió una huelga de animadores bastante severa que duró varios meses. No se lo tomó muy bien, no entendió su comportamiento. A fin de cuenta, siempre había tratado a sus trabajadores como si fuera una gran familia (de hecho, por ejemplo, tras el éxito de Blancanieves, repartió acciones del Estudio entre sus empleados). Pero sí, es verdad, su postura política se radicalizó a raíz de aquello. Colaboró con el Comité de Actividades Antiamericanas y denunció a varios de sus empleados por ser comunistas. No estuvo bien. Ahí se equivocó, supongo que se dejó llevar por la pasión”. 

- ¿Y durante la II Guerra Mundial?, ¿Disney realizó cortos animados de propaganda antifascista?

“Sí, claro, muchos. Incluso uno de ellos, quizás el mejor y más famoso, Der Fuehrer’s Face, con Donald Duck como protagonista, ganó un Oscar de la Academia en 1943. Aparte, realizó numerosos cortos propagandísticos, como The Spirit of ’43, y Sky Trooper (1942), en el que Pato Donald quiere entrar en el ejército para ser paracaidista”. 

- Se conoce el caso de Los tres caballeros pero ¿cómo fue la representación de España y América en las películas y series que produjo?

“El Estudio Disney realizó dos largometrajes ambientados en Latinoamérica: Saludos amigos (1942) y Los tres caballeros (1943), donde Donald y Goofy (sobre todo el primero) visitaban países como Argentina, Brasil, Perú o Méjico. Así que estas películas son más turísticas que otra cosa, aún así le aportaron al Estudio dos personajes tan emblemáticos como el papagayo José Carioca y el gallo Pancho Pistolas. Por su parte, España sale representada en varias producciones del Estudio Disney, como en el corto Ferdinand the Bull (1938), que se desarrolla durante una corrida de toros en Madrid. También hay una referencia directa a Canarias en el largometraje de acción real 20.000 leguas de viaje submarino (Richard Fleischer, 1654), donde las islas aparecen en un mapa cartográfico que está dentro del Nautilus”.  

- ¿Por qué no se concluyó la película que preparaba con Salvador Dalí?

“Disney contrató a Dalí en 1946 para que realizara un cortometraje de animación basándose en la canción Destino, de Armando Domínguez. El pintor catalán estuvo dos meses trabajando en el Estudio con varios animadores (como John Hench) y llegaron a producir unos veinte segundos de película, pero el estilo visual de Dalí (con una bailarina desnuda que se transformaba en una campana) poco tenía que ver con el de Disney. Además, el presupuesto del film pronto se disparó hasta un punto inasumible por un Estudio que, en aquella época, pasaba por algunos apuros económicos, por lo que finalmente, y de mutuo acuerdo, ambos artistas decidieron cancelar el proyecto. Sin embargo, en 2003 el Estudio Disney rescató aquella secuencia y finalizó un corto dirigido por Dominique Monfery, realizado íntegramente en Francia”. 

- ¿Algún día escribirá un libro sobre las producciones Disney con personajes reales como La bruja novata, Herbie, Mary Poppins, Un gato del FBI…?

“No creo. Mi campo de interés dentro del amplio universo creativo del Estudio Disney se centra en las películas de animación”.

 - ¿Cómo llega usted al universo Disney?, ¿cuál fue la primera película que vio de la compañía?, ¿dónde?

“La verdad, es que no lo recuerdo. Por mi edad, supongo que sería Los aristogatos (1972) o Robin Hood (1973), tendría yo cinco o seis años (soy de la quinta del 67). Mis padres me llevarían a alguno de los muchos cines que había en el Santa Cruz de aquella época. Después, en los años ochenta, Televisión Española comenzó a emitir los cortos de Mickey y Donald, y ya ahí me enganché de por vida”.

 - ¿Y con qué películas se quedaría de su ya larga filmografía?

“Con dos (bueno, con tres): Pinocho (1940), que considero que fue la mejor película de animación creada por el Estudio Disney durante su primera etapa (mientras vivía Walt). El rey león (1994), que creo que es la mejor después de la muerte del creador del Estudio (además, musicalmente insuperable). Y Tarzán (1999), la última gran producción Disney hasta la fecha”.

- ¿Cuánto ha cambiado el Disney clásico del actual?

“Oh, muchísimo. Piensa que el Estudio Disney comenzó siendo una empresa familiar, que fue creciendo paulatinamente acorde al éxito de sus películas. Ahora es una multinacional con negocios en todo el mundo, casi un imperio que ha absorbido (léase, comprado) a todo aquel que le hacía sombra o fuera su competencia directa (como LucasFilms, Marvel, Pixar, etc.), cosa que Walt Disney nunca hubiera hecho”.  

 - ¿Y existe un toque Disney?

“Creo que sí, claro. La calidad, la enorme calidad de sus producciones. Esa siempre fue una de las constantes preocupaciones de Walt Disney, pues reinvertía todos las ganancias que obtenía de sus películas en el siguiente proyecto, con la intención de hacer que su siguiente filme fuera mejor que el anterior. La calidad artística de sus películas, es, sin duda, su marca de la casa”.

Saludos, hijos e hijas míos, desde este lado del ordenador

Escribe una respuesta