La Galletas, un libro de Óscar Liam
“Cuando llegó el hotel sí me acuerdo yo. Empezó de a poquito, al principio eran solo cuatro o cinco extranjeros los que venían pa aquí pal Sur. Había dos cuartitos, uno pa hacer la comida y otro donde se quedaban los turistas. Y a poquito empezaron a hacer todo eso”.
(Las que trabajan en los hoteles son putas, historia incluida en Las Galletas, de Óscar Liam, Plasson & Bartlebcom, 2026)
La literatura canaria está viviendo un buen momento, en especial la que escriben nuevos autores, que son todos aquellos que por su juventud permanecían en tierra de nadie hasta que Andrea Abreu destapó la caja de Pandora con la publicación de Panza de burro, libro al que siguieron una serie de títulos que han colocado las letras que se escriben aquí y que tienen acento de aquí en otros territorios, como es el Peninsular.
Hasta hace no muy poco, se creía que la literatura con marcado acento canario no tenía futuro en otros lugares donde se desconoce la belleza de convertir la c y la z en s, pero poco a poco parece que las cosas están cambiando y junto a esa particularidad del español que se habla en Canarias, comienzan también a sonar y con fuerza una serie de obras que no le hacen ascos al canario hablado, canario que reproducen en sus trabajos literarios sin que resulte impostado.
Claro está que no es nueva esta posición, que no pretende defender nada, en todo caso la de reivindicar unas expresiones que forman parte de una identidad vamos a llamar canaria, pero si algo está claro es que por fin se escribe con soltura en canario, lo que no quiere decir que se defiendan unos postulados vamos a decir nacionalistas, ya que estos no conducen nunca a buen puerto, pero sí a posicionar este habla que se reproduce en sus textos en una seña que lo diferencia de lo que se escribe en otros territorios.
Descubro así con una gozosa sorpresa un libro Las Galletas (Plasson & Bartlebcom, 2026), que firma Óscar Liam, un volumen que reúne cuentos o una novela construida a través de cuentos, en los que Elva, una abuela, nos narra historias de su infancia, adolescencia y juventud, como si cada lector fuera uno de sus nietos. El resultado además de desconcertante tiene un valor que refuerza sus contenidos, anécdotas, también la construcción de una tierra, Las Galletas, que es el lugar de origen del escritor pero también, como se advierte en la contraportada de la obra: “el retrato de un pueblo que ya no existe, y no sabemos si existió más que por una voz que habla de sus muertos, de las supersticiones, de los asesinatos en el campo o los naufragios en la mar, del amor y la esclavitud en las tomateras canarias a mediados del siglo XX”.
Lo más llamativo de esta propuesta es lo real que parece, y no ya tanto por las historias que se cuentan sino por la forma en cómo están contadas esas mismas historias.
El caso es que en este libro se recorre la vida de Las Galletas, una población que en la actualidad no tiene nada que ver con la de un remoto pasado que es el que nos cuenta Óscar Liam a través de estas páginas que uno no termina de saber muy bien si realmente recoge los recuerdos dispersos de su abuela o son resultado de la imaginación de un escritor al que hay que tomar muy en serio. Primero porque queda demostrado en esta obra que se trata de un escritor con todas sus letras y segundo porque tiene una facilidad para moverse en ese estilo que a mi me parece una de las señas más características de un trabajo que no solo retrata el nacimiento y el desarrollo de una población del sur de Tenerife, sino también la fuerza de una forma de hablar que ya no provoca recelos ni disgustos sino más bien al contrario, orgullo y satisfacción al ser conscientes que esta variedad del español es un mestizaje entre los que nos vino de las Américas pero también de las Españas.
Las Galletas propone así un paseo por la historia de, precisamente, Las Galletas a través de la voz de una mujer que lo recuerdo casi todo. Desde la violencia desatada tras la Guerra Civil por un grupo de falangistas que buscan rojos en esa población que vino del norte al cambio radical que sufre su geografía cuando la avalancha del turismo, que transforma con cemento lo que antes era desierto pero también conciencia de luchar por la vida, de cambiar un paisaje para hacerlo habitable antes de que llegaran los grandes rascacielos para que funcionaran como colmenas para turistas, los que visitan ese sur a lo largo del año.
Es un libro, Las Galletas, que debería de leerse. Informa sobre el pasado y presente, aunque la clave es la manera en cómo nos lo cuenta la voz de una mujer de edad avanzada. A través de sus palabras se conoce el antes de un espacio que pese a que hoy no tenga demasiado que ver con el de ayer, es un lugar que tiene su historia, y hombres y mujeres que contribuyeron a forjarla.
Dicen que se trata de una literatura de memoria la que cultiva Óscar Liam en este libro, pero más allá de etiquetas, de contextualizar un libro que respira más sentimiento que otra cosa, Las Galletas conmueve, hace que se encienda la curiosidad por seguir aprendiendo cosas de esta población y que evoque, entiendo que voluntariamente, a todas aquellas abuelas canarias que en un momento dado de sus vidas se encontraron con sus nietos para contarles que ellas también tuvieron pasado, y que es obligación la de transmitir ese pasado para que no se pierda. En el caso de este libro, a través de la oralidad, de los recuerdos que va desgranando a su nieto para que éste termine por convertirlos en palabras escritas con el fin de que no se pierdan con el paso implacable de los años, que todo lo borra, o que desdibuja el antes porque el ahora, la entrega sin concesiones al turismo, ha terminado por hacer desaparecer el núcleo poblacional que fue.
