Las segundas partes casi nunca fueron buenas

Chacal, Los perros de la guerra y Odessa son, a mi juicio, las mejores novelas del escritor y periodista británico Frederick Forsyth, quien a raíz del éxito de estos tres título abandonó la carrera del periodismo por la literaria aunque cuenta con un excelente trabajo periodístico, Génesis de una leyenda africana: la historia de Biafra, de obligada lectura para los que miran al continente vecino e intentan comprender la articulación de tamaño rompecabezas.

Frederick Forsyth falleció el año pasado y dejó al parecer una novela a medio acabar que terminó Tony Kent, un abogado reconvertido en escritor, y que lleva el título de La venganza de Odessa. Por el título, el lector avisado entenderá que se trata de una segunda parte de Odessa, éxito de venta en los años 70, y en la que se contaba la historia de un periodista alemán que investigaba esta organización secreta de nazis que tras la II Guerra Mundial se dedicaron a trasladar a camaradas de las SS a Sudamérica e incluso España, países en los que pudieron vivir relativamente en paz aunque Israel nunca olvidó lo que le hicieron al pueblo judío.

Sobre los nazis que escaparon de la justicia se han escrito muchas novelas, algunas de ellas tan interesantes como Una pequeña ciudad alemana, de John le Carré, Armagedón y QB7, de Leon Uris y Odessa, aunque quien haya leído la novela o visto la excelente película que se inspira en ella, descubrirá que al periodista Peter Miller le movía más la venganza que llevar a la cárcel al nazi que persigue por una Alemania que no termina de condenar su pasado.

La venganza de Odessa era una buena oportunidad para reflexionar sobre los brotes de la ultra derecha que están apareciendo a lo largo y ancho de Europa pero por desgracia y a medida que se avanza en el libro no resulta así. Es inevitable preguntarse además qué partes son las que dejó escritas Forsyth y las que llevan la firma de Tony Kent, aunque no creo que esto salve el espíritu de un libro que termina por convertirse en una excentricidad. Es verdad que aparece Peter Miller, ahora nonagenario porque la acción se desarrolla en 2025, pero está ahí porque es el abuelo del verdadero protagonista, Georg, su nieto, periodista como él. Por una serie de azares, Georg descubrirá que Odessa sigue viva, solo que más en la sombra que nunca.

La novela se desarrolla en Alemania y en Washington, Norteamérica, escenario que, algo me hace sospechar, está escrito por Kent y no por Forsyth. En ella vemos a una chica de raza negra que trabaja en la oficina de un político que aspira a la Casa Blanca. Por casualidad, en esta novela las cosas se descubren siempre por casualidad, terminará por enterarse que la gente para la que trabaja ha hecho un complot para asesinar al vicepresidente de los Estados Unidos con el fin de poner a un hombre de los suyos.

Lo mejor de la novela se encuentra al principio, cuando se recrea la investigación que emprende Georg para desenmascarar a los nazis que, en la sombra, trabajan por instaurar un IV Reich en Alemania. La cosa se pone francamente increíble cuando nos enteramos que cuentan con un líder, aunque el plan que pergeña para que todo le salga redondo no deja de provocar cierta inquietud: usar a las cédulas terroristas islamistas que operan en Europa como cabezas de turco de sus planes perversos de dominación mundial.

Por desgracia, todo resulta demasiado plano. Comenzando por los personajes y terminando por una trama que cuenta con un potentísimo inicio, el atentado terrorista que se produce en un campo de fútbol, aunque lo que viene a continuación resulta muy poco creíble.

Con La venganza de Odessa se constata una vez más que nunca segundas partes fueron buenas aunque la actualidad de la historia podría haber dado un libro con características muy distintas. No sé, se reitera, si la mediocridad que alcanza se debe a que Forsyth no llegó a terminarlo, pero leído lo que leímos, no mereció la pena el esfuerzo. Además, si en Odessa uno de sus atractivos era situar al protagonista en un país que de pronto descubre no es como parece, y en el que cada uno de sus ciudadanos puede ser un nazi, La venganza… No insiste en ese fantasma. Ese en el que uno de tus conocidos es un enemigo sin que lo sepas, hecho que sí confería a la novela original de cierto aire de están aquí y se encuentran entre nosotros.

En La venganza de Odessa cuando se abusa del nada es lo que parece, suena más a chiste que a otra cosa. Y mira que en la novela a los nazis les sigue costando un riñón salir del armario, casi como si prefirieran permanecer en las sombras y que sean otros los que se encarguen de alentar el mensaje de odio que caracteriza a los partidos de extrema derecha que, ojo, no son nazis, dice la novela, sino un grupo de pequeños burgueses resentidos, esos que todos conocemos y a puñados.

Saludos, ¿calima otra vez?, desde este lado del ordenador

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