El personal del área de Cultura del Cabildo de Tenerife conoce a su nuevo director insular, Conrado Álvarez Fariña

El nuevo director insular de Cultura, Conrado Álvarez Fariña, se presentó ayer, jueves, oficialmente al personal de este área del Cabildo acompañado del consejero, José Carlos Acha, que ha perdido el rumbo si alguna vez lo tuvo, y el jefe de servicio, ese escritor al que nadie lee y que va diciendo por ahí que es el asesor literario de Acha, lo que explica algunas de las metidas de pata del consejero las últimas semanas, y que redondeó con la propuesta de la Medalla de Oro a Alberto Vázquez Figueroa, un escritor que si puede decir que lo es aunque lo último que ha publicado no le haga justicia a una carrera dedicada a la literatura de evasión.

Uno que conozco me dice que la llegada de Conrado Álvarez Fariña completa el tridente diabólico que Acha ha diseñado (aunque la palabra diseñar le viene muy grande a alguien que si hace algo es a golpe de inspiración, equivocada pero inspiración) para dirigir lo que le queda a él –y a sus dos cuates– de estar al frente de la política cultural del Cabildo Insular, ya que como saben el próximo año se celebran elecciones locales, insulares y autonómicas, y el consejero anda como pollo sin cabeza, es probable que cansado de salir en tanta foto y buscando un nuevo echadero en el que colocarse tras una trístisima gestión al frente de la Cultura Insular. Y mira que algunos recibimos con expectativas la entrada de Acha, aunque los resultados después de estos años sean tan desalentadores. Y tan desalentadores no ya porque haya sido incapaz de haber diseñado (sí, esa misma palabra que le viene tan grande al consejero) una política cultural para la isla sino por una serie de decisiones que parecen que fueron tomadas por un indocumentado y no por un tipo que lleva dedicado a la política (y viviendo de la política, ciertamente), desde hace mucho, mucho tiempo. Primero militando en Coalición Canaria y ahora en el Partido Popular.

Sin que nadie haya sabido explicármelo, al parecer la razón del nombramiento del nuevo Director Insular de Cultura llega tan tarde, a un año escaso de los nuevos comicios, por un problema vamos a decir técnico. Una vez superado, lo que no entienden algunos es que los criterios que ha llevado a José Carlos Acha ha nombrarlo es que a Pepón (como empieza a ser conocido el consejero en los mentideros culturales) ha confundido el mérito artístico de Conrado con aptitud directiva pública, claro que ante la ausencia de profesionales del mundo de la cultura con valía dentro del Partido Popular de Tenerife (y en CC y el PSOE, ya que estamos, y no digamos en ese peligro con patas que es VOX) nadie espera grandes cosas del bueno del recién designado Directo Insular de Cultura y mucho menos de las miles de fotografía que deja Acha de su trayectoria, y que uno sospecha que se sacó con el fin de hacernos creer, y lo que es peor, para hacérselo creer él mismo, que trabajaba mientras cobra no un sueldo sino un sueldazo que le paga el sufrido contribuyente.

Respecto al Director Insular de Cultura habría que recomendarle que haga tabla rasa de la experiencia laboral de quien lo ha colocado a dedo, y que no está para interpretar, programar festivales ni ingresar en academias sino para dirigir técnicamente una unidad administrativa que canaliza fondos públicos con sujeción estricta al ordenamiento jurídico. Esa función, me recuerda alguien, “exige formación en gestión cultural pública, experiencia directiva real y dominio del marco normativo”, cualidades que mucho me temo no son las del bueno de Conrado aunque si uno repasa el pasado de los directores insulares de Cultura del Cabildo de Tenerife, se ha entendido casi siempre el cargo más como director artístico (sucedió con el anterior, Alejandro Krawietz) que como técnico, y así nos ha ido. De todas formas, Conrado Díaz ocupará esta responsabilidad lo que se dice en un suspiro.

El caso es que dirigir una unidad del Cabildo significa estar al frente de una estructura con funcionarios de carrera (personas humanas a las que hay que dar de comer aparte) y ser capaz de articularla con los servicios transversales: Intervención, Asesoría Jurídica, Secretaría General, Recursos Humanos, Contratación así como gestionar un ciclo presupuestario completo con modificaciones de crédito, plurianualidades, prórrogas y justificaciones y defender expedientes ante órganos colegiados. Y nada de esto guarda la menor semejanza con coordinar los ensayos de una orquesta barroca o programar un ciclo de conciertos. La escala, la responsabilidad y la estructura son radicalmente diferentes.

Pero si hay un culpable en esta decisión no es Conrado Álvarez Fariña, que habrá dicho que sí por el sueldo y por el prestigio (¿?), sino José Carlos Acha, que se lo habrá pedido. De hecho, quiso a Conrado desde que llegó al Cabildo, solo que entonces no pudo por ese tecnicismo que parece que se ha conseguido superar. Otro de los problemas ante los que se enfrenta el nuevo Director Insular de Cultura es que no domina el lenguaje de lo publico, que mira que es farragoso, aunque entiendo que para eso contará con la traducción del jefe del servicio, que dice que escribe ficción. Ficción farragosa que nadie, ni él mismo, entiende.

Me dicen unos que todo esto incapacita a Conrado Díaz para dirigir y que va a depender íntegramente del criterio de sus jefes políticos, lo que invertirá la relación jerárquica y convertirá el cargo en lo que siempre fue: figurativo y en el peor de los casos en un cuello de botella que paralizará expedientes porque quien debe firmar no entiende lo que firma.

Así que la consecuencias de lo que vendrá son predecibles y tiene un único responsable: José Carlos Acha, ese gran lector de novelas de Alberto Vázquez Figueroa y ese político de provincias más preocupado ahora por su futuro que por la Cultura en Tenerife, la que debe de emanar desde el Cabildo insular y en la que Pepón no ha hecho prácticamente nada, salvo inaugurar exposiciones en TEA (otro día hablaremos de TEA), lidiar con el responsable del Auditorio (una especie de república independiente), la anunciada apertura de la Biblioteca del Cabildo y que la institución se haya vuelto a implicar en la Feria del Libro (ideas estas dos últimas que no son suyas porque Acha no es un hombre con demasiada imaginación). Eso sí, mientras tanto invade sus redes sociales con fotos y más fotos que espero frene en lo que ya es la recta final de su mandato. Casi prefiero que se quede sentado en su poltrona rodeado de esos asesores que, como él, no se enteran de la misa la mitad. Yo los llamo los mindundis de nuestro aciagos tiempos.

Pero esto es lo que hay. No se puede sacar petróleo donde no existe. Acha y sus cuates son algo así como Los puercos de Circe, esa novela que como bien sabe Acha, escribió Alberto Vázquez Figueroa.

Vamos directos al infierno.

Pero esto es lo que pasa por reunir en un mismo sitio a tanto talibán de la cultura.

Saludos, que los dioses los perdonen porque yo soy incapaz, desde este lado del ordenador.

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