Manuel Ferraz Lorenzo: “La dictadura fue la negación de la propia persona y de su decisión soberana para poder pensar y actuar libremente”

Manuel Ferraz Lorenzo es catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de La Laguna y autor y coautor de varios libros, monografías y artículos de investigación publicados en revistas españolas y extranjeras; sus temas de interés versan sobre aspectos de historiografía de la educación, la construcción social y educativa de la ciudadanía, y la historia de la educación contemporánea en España (especialmente en Canarias).

- Noventa años después ¿qué traumas cree que siguen pesando en la sociedad canaria de aquel periodo de nuestra historia?

“No sé si “traumas” sería la expresión más correcta, pero al menos, sí siguen existiendo “secuelas” de los acontecimientos posteriores al 18 de julio de 1936. Fundamentalmente dos: la secuela debido a la injusticia que se cometió, porque 90 años después sigue sin haber reparación real a la víctimas, pese a la ley de Memoria Histórica de 2007 y a la Ley de Memoria Democrática de 2022 (que, sin lugar a duda, han supuesto un paso importante en el reconocimiento de las atrocidades cometidas); y la secuela de la equidistancia, porque parece que todos tuvieron las mismas responsabilidades al cometer las atrocidades, tanto en el rol de victimas como de victimarios. Y nada más lejos de la realidad. Unos cumplían las leyes de las que se habían dotado democráticamente para salvaguardar el orden establecido y otros actuaban a través del “ordeno y mando” y del atropello otorgado por la fuerza de las armas y de las homilías vociferadas desde los púlpitos de la Iglesia (recuérdese la carta colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero firmada el 1 de julio de 1937). En Canarias estas secuelas se han podido palpar”.  

- ¿Hasta que punto piensa que la represión ha condicionado el carácter de los habitantes de las islas? Se pregunta por qué no nos explicamos como tanto tiempo después la polémica está presente cuando se habla de que el monumento a Franco desaparezca de la capital tinerfeña.

 “Lo ha condicionado tanto que, prácticamente, hasta bien entrados los años 80 no se hablaba de asesinados, desaparecidos, huidos, exiliados, marginados socialmente, etc. porque el control, la depuración y la represión ejercida por el ejército, por Falange, por la Iglesia y por las fuerzas ciudadanas paramilitares, fue durísima tras el golpe de Estado y la cruenta guerra civil. Por cierto, a estas alturas de la historia no se puede hablar del alzamiento nacional y, menos aún, de cruzada contra el comunismo. Fue todo mucho más complejo y estos términos surgieron como invención propagandística de los sublevados. Aquel terror del que hablaba el general Mola se fue transmitiendo generación tras generación hasta perdurar en la conciencia colectiva actual, azuzada por determinados partidos políticos y por evidentes intereses económicos y financieros”.   

- ¿Cuáles son los temas que más les cuesta superar a los canarios de su pasado guerracivilista?

“El aceptar que previamente al golpe de Estado se vivió una forma de gobierno democrática y constitucional, legítima y aceptada por la mayoría de la población en España y en las Islas, aunque conflictiva (fue la reacción de algunos grupos de poder ante la pérdida de sus privilegios históricos). La guerra civil acabó con los derechos civiles, políticos y sociales conquistados a partir de 1931. La mujer pasó a ser una figura decorativa en el hogar y una servidora de la Patria. No hubo libertad de pensamiento y menos de expresión. Canarias se convirtió en una cárcel para los que no se adhirieron al régimen desde los primeros momentos. La dictadura fue mucho más que la negación de los derechos conquistados unos años antes, fue la negación de la propia persona y de su decisión soberana para poder pensar y actuar libremente”. 

- ¿Cree que la sociedad canaria conoce lo que pasó antes, durante y después de la Guerra Civil?

“La historia de Canarias sigue sin conocerse a pesar del tiempo transcurrido. Nos basamos en tópicos y generalizaciones, pero no se ha estudiado y divulgado el pasado de las Islas como prioridad. Ni siquiera los libros de texto de nuestros niños y jóvenes abordan las temáticas canarias y, cuando lo hacen, se convierten en temas marginales, casi residuales. Las manipulaciones, tergiversaciones, visiones parciales y populistas han estado a la orden del día. De ahí, la aceptación “inocua” de las propuestas totalitarias defendidas actualmente por partidos políticos autoconsiderados patrióticos. Solo ha habido un momento histórico en Canarias en el que esto pareció superarse: durante el quinquenio 1978-1982 de la Transición a la democracia, cuando en las Islas resurgieron las propuestas nacionalistas de izquierdas y se intentó descorrer el velo del pasado más reciente. Ahora la polarización y el revisionismo lo inunda (casi) todo”.

 - ¿Qué destacaría de la II República, la Guerra y la represión, y la postguerra en Canarias?

“Es un período muy extenso, diverso e intenso. Se pasó de una democracia parlamentaria con una amplia pluralidad ideológica, a una etapa de fuertes enfrentamientos y de una cruel y ejemplarizante represión. La lucha de clases y la afinidad ideológica determinaban la posición de cada uno en la vertebración de la nueva sociedad. En este sentido, la miseria económica, la mediocridad intelectual y el fanatismo religioso reemplazaron, a partir del 18 de julio, a los derechos laborales, al fomento de la ciencia, la cultura y la educación, y a la libertad de expresión. En Canarias, por su configuración como sociedad isleña, estos contrastes fueron especialmente evidentes y calaron notablemente en la personalidad de su población”.  

- ¿Qué significó la Guerra Civil para el archipiélago?

“La Guerra Civil generó una crisis sin precedentes en las Islas Canarias. Y no me refiero solo a los aspectos más específicamente económicos, sino, sobre todo, a una profunda fractura social y personal (de identidad, si se quiere). La Islas se militarizaron desde sus inicios y hubo un colapso económico y social que se intentó mitigar con las cartillas de racionamiento (que no fueron ni justas, ni equitativas, ni distributivas), el estraperlo y el chantaje patronal. La represión, que ya he citado en apartados anteriores, se convirtió para los sublevados en la única medida viable de control social. Se prohibieron y persiguieron referentes intelectuales, señas culturales, tradiciones, avances científicos… la disidencia a estos retrocesos sociales, políticos y morales se intentó mitigar a través de los bandos militares, los dogmas de fe y las rejas carcelarias, aumentando su número ante la avalancha de detenidos a través de la creación de las temidas prisiones flotantes”.    

- ¿Cómo cree que afectó a la cultura y la educación en Canarias?, ¿qué protagonistas e intelectuales destacaría de aquellos años?

“La cultura y la educación, además, de las personas que las encarnaron, junto a otros líderes obreros y sindicales, fueron los grandes damnificados de los acontecimientos bélicos. Canarios universales como Blas Cabrera Felipe o Agustín Millares Carlo, entre otros cientos más, tuvieron que salir al exilio. Otros optaron por el exilio interior. La cultura, el arte, la ciencia, la educación, etc. fueron literalmente cercenadas. Algunos maestros fueron fusilados por ocupar cargos políticos: Manuel Illada Quintero en Tenerife y Juan Santana Vega en Las Palmas. Otros, los más renovadores en cuanto a contenidos educativos y metodologías pedagógicas, fueron despojados de sus títulos y tuvieron que vivir en precario: Juan B. Caparrós Morata. Pongamos otro par de ejemplos más: en La Palma, la Agrupación Cultural Octubre que se había creado en 1934 y que llegó a congregar a medio millar de personas en sus excursiones y manifestaciones artísticas y literarias, fue literalmente decapitada y sus responsables, como ocurrió con el maestro y líder obrero José Miguel Pérez, fusilado. La misma isla contaba en 1930 con 107 escuelas, a comienzos de 1936 con 165 y en 1939 con 167 (de ellas, 70 permanecieron cerradas por la contundente represión ejercida sobre el magisterio). En resumen, que en 1939 había menos escuelas, menos niños escolarizados y más maestros adocenados y mediocres que en 1930. En el resto del Archipiélago ocurrió algo parecido al haber sido represaliados, según cifras oficiales de los sublevados, 1.566 maestros en las dos provincias canarias (decreto de cese colectivo fechado el 27 de setiembre de 1936. Unas cifras que tampoco se ajuntan a la realidad porque no había tantos maestros y maestras en activo)”.

 - ¿Cuál fue el papel de la mujer antes y después de la Guerra?, ¿qué mujeres destacaría de aquel entonces?

“La mujer antes de la guerra civil había conquistado el derecho al voto (recordemos el debate parlamentario entre Clara Campoamor y Victoria Kent, el 1 de octubre de 1931), el derecho al divorcio, la despenalización del aborto en territorio republicano no ocupado en 1937, la igualdad social y jurídica con los hombres, etc. Tras el golpe de estado se recluyó en el hogar para pasar a ser hija, esposa y madre ejemplar (siguiendo los cánones establecidos por el nacionalcatolicismo de la época). Su dependencia de una figura referencial masculina fue total y la que lo incumpliera era señalada, reprendida, recluida en reformatorios, prisiones especiales o en el Patronato de Protección a la Mujer, gestionado por las órdenes religiosas al servicio del régimen. Siempre padeció una doble marginación: de clase y de género, se convirtió en un ser dependiente, maltratado y cosificado. Ejemplos de mujeres que lucharon por defender sus derechos podemos citar en Canarias, entre otras muchas, a Isabel González (Azucena Roja) o Sara Pérez”. 

-  ¿Por qué resulta tan difícil abordar con objetividad la Guerra en Canarias?

“Por la enorme propaganda y manipulación de los hechos que se ha realizado y que todavía continúa haciéndose por parte de ideologías y los estómagos agradecidos con el régimen anterior. También hay que comentar la enorme dificultad que hemos tenidos los investigadores para entrar en determinados archivos y consultar su información. Hay tesis doctorales que se han abandonado porque resultaba más cómodo y ventajoso investigar temas de carácter general que aspectos concretos de los años 30, 40 o 50. La historia de Canarias ha estado cargada de glorificaciones o de satanizaciones y, como consecuencia, exenta de la comprensión necesaria para interpretarla adecuadamente. Por suerte, hace algunas décadas que esto ha comenzado a cambiar. Algo que habría que seguir potenciando desde las instituciones públicas y académicas”. 

- ¿Qué es lo que queda por investigar de la Guerra Civil en Canarias?

“Todo. Bueno, maticemos. Si bien es cierto que hay aspectos que han sido abordados por destacados especialistas en la materia y que han arrojado mucha luz sobre las sombras de la guerra (represión, delaciones, enfrentamientos, militarización, Falange, retaguardia, cultura, educación, etc.), todo es susceptible de someterse a nuevos análisis y a complejas interpretaciones para hacerlas más inteligibles. Como diría el historiador británico Peter Burke, “aunque el pasado no cambie, la historia debe escribirse de nuevo en cada generación para que el pasado siga siendo inteligible en un presente cambiante” (2000: 239). Por eso debemos animar a nuevos investigadores a que sigan indagando en temáticas de referencia histórica como la república, la guerra civil, el franquismo, la Transición democrática, el respeto a los derechos humanos, etc. En resumen, buscar respuestas para crear mundos y sociedad más habitables, potenciando la conciencia colectiva y la acción humana para desactivar el artificio que pone en cuestión las sanas relaciones personales”.  

- ¿Qué momentos destacaría del conflicto en el archipiélago?

“Hay momentos muy especiales, como los posteriores a la insurrección golpista por la terrible represión, los encarcelamientos con torturas, las famosas sacas, las fosas clandestinas (los asesinados en la Sima de Jinámar), los juicios sin garantías procesales (sumarísimos), las violaciones físicas y la conculcación de todo tipo de derechos humanos, los sometimientos a los que pensaban distinto, los métodos perversos de sufrimiento (incrustación de lascas de tea en las uñas de los presos para que delataran a compañeros…), etc. Sin duda, el momento más valiente y arriesgado para detener estas atrocidades tuvo lugar en La Palma durante la denominada Semana Roja (del 18 al 25 de julio de 1936) donde la Isla se mantuvo fiel a la legalidad republicana vigente. La represión sufrida por sus promotores fue pagada con sus vidas, con el exilio, con el encarcelamiento y con el escarnio permanente a sus familiares y descendientes”.

Saludos, contra viento y marea, desde este lado del ordenador

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