Juan Carlos Domínguez: “La novela tiene sus cuatro jinetes del apocalipsis: la esclavitud, la prostitución, la Inquisición y la guerra”
Juan Carlos Domínguez (Las Palmas de Gran Canaria, 1951) regresa a los territorios de la novela histórica con Gesta (colección Narrativa, Baile del Sol, 2026), en la que recrea el antes, durante y el después del ataque de la escuadra holandesa al mando de Pieter van der Does a Las Palmas de Gran Canaria a finales del siglo XVI.
En esta historia de gestos y de gestas, aparecen personajes reales como el poeta Bartolomé Cairasco de Figueroa y el ingeniero Próspero Casola, entre otros, con ficticios, como es el mozo cristiano Andrés, a quien persigue la Inquisición mientras se aproximan lentamente y desde el mar navíos de guerra con intenciones nada buenas para las islas.
Juan Carlos Domínguez es autor de tres novelas anteriores: El dilema de Spasski, La dignidad de las amapolas y
Libro de los recuerdos de Idir el canario.
- El ataque frustrado de Nelson a Santa Cruz ha generado mucha literatura, no solo histórica sino también en los últimos tiempos ficcional. No tengo la misma percepción de los hechos que narra ahora en Gesta, el ataque holandés a Las Palmas de Gran Canaria en 1599. ¿Se hacen recreaciones en la actualidad para conmemorar aquellas fechas como las que se celebran en la capital tinerfeña?
“No he estado en Tenerife estos últimos años como para poder calibrarlo así que solo puedo decir que en Gran Canaria hay una cierta actividad con respecto a la batalla del Batán en Santa Brígida y me consta que en la capital grancanaria se celebra un acto al que asisten militares que hacen una ofrenda floral a los caídos de las milicias ante el monumento que está debajo del Castillo de Mata, en lo que hoy día es la calle Bravo Murillo que era donde se encontraba la muralla. Pero en Santa Brígida sí, en Santa Brígida hay más celebraciones. De hecho, hice allí una, entre comillas, presentación del libro porque lo financió parcialmente el ayuntamiento, que intervino sobre todo en la reproducción de los mapas, los planos que se reproducen al principio y al final de la novela. Es en Santa Brígida donde sí hay una cierta celebración e incluso gente que se viste con trajes de época y realiza unas recreaciones no de la batalla pero sí del ambiente de aquel tiempo que hacen un recorrido por las calles con una especie de dramatización a la que asistí una vez y no me gustó, entre otras cosas porque tiene mucho de fantasía y poco de rigor histórico”.
- ¿Cuál fue la razón que explica el ataque de los holandeses a Las Palmas de Gran Canaria?
“Gran Canaria desde el punto de vista político y no sé si económico tuvo gran importancia en los años en los que se desarrolla mi historia. Despegaban los vinos del norte de Tenerife y el azúcar, los intercambios con Flandes y con Inglaterra eran habituales. De hecho, el arte flamenco que tenemos en toda Canarias, particularmente en Tenerife, La Palma y Gran Canaria, se sufraga con el azúcar, que se sufraga a su vez con el trabajo de los esclavos. Gran Canaria en ese momento tiene una cosa que probablemente, y así lo insinúo porque no estoy muy seguro, es que la Inquisición tiene sus cárceles a reventar de presos. De hecho, dos años antes del ataque, en 1597,se celebró un auto de fe muy grande en el que participaron cerca de doscientos reos y todas estas circunstancias y otras colocaron a las islas en el punto de mira. O quizás la escuadra al mando de Pieter van der Does tras su paso por La Coruña, donde fue rechazado, se vino a Canarias para hacer lo mismo. No sé por qué eligieron primero Gran Canaria, probablemente pudo ser por la Inquisición aunque tras la derrota y salir de aquí escaldado, puso rumbo a La Gomera, donde hicieron otro destrozo, quemando medio San Sebastián, aunque sus fuerzas se vieron muy hostigadas por los gomeros en los montes de la isla, lo que decidió a van der Does a navegar al sur, para Santo Tomé, que fue donde puso fin a la expedición”.
- En Gesta aparecen personajes reales, como Cairasco de Figueroa, con ficticios, ¿cómo se pone en la piel de un personaje que realmente existió?
“Este es el gran reto de la novela histórica, sobre todo cuando no tienes más datos de determinadas personas, de las que se saben muy pocas cosas. Por ejemplo, Alonso Alvarado, ¿cómo era Alonso Alvarado? ¿Era gordo? ¿Era alto? ¿Era feo? ¿Era colérico? No lo sabemos. El reto está en dotar a los personajes de cierta personalidad, de cierta textura. También procurar que los protagonistas resulten reales y por lo tanto que no hablen todos igual. He intentado diferenciar ya que ¿cómo sé cómo era Cairasco? Pero si lees lo que escribió, un autor que resulta muy complicado leer en la actualidad, uno observa que tiene un punto excesivo de elegancia, pero también, un puntito presumido, por así decirlo. Tuvo una tertulia, eso está documentado, una tertulia a la que asistía gente de fuera, como muchas veces sucedió también en Tenerife, así que fue un poco el cabeza cultural de la ciudad en aquellos años. Al mismo tiempo fue canónico, desde la edad de 13 años, y es quien se encarga del boato de la iglesia, el que hace las obras de teatro cuando reciben a los obispos y piensas ¿cómo podría ser la personalidad de Cairasco? Y lo retrato como un hombre muy activo y enérgico. Simpático y presumido, un tipo que en su juventud pasó por toda clase de aventuras amorosas, y me hice una idea. Después tenemos a Antonio Pamochamoso, que es uno los personajes más interesante de la novela, un tipo que no es ni militar ni abogado, era letrado y se ve obligado a dirigir la milicia encargada de la defensa de las playas y no hace mal su papel”.
- Y el ingeniero Casola.
“Próspero Casola fue un Ingeniero real, lo que hace que tenga la idea de que fue un hombre al que le gustaba la cartografía y las ciencias pero sobre todo le gustaban las fortificaciones, las murallas, los parapetos. Colaboró con Torriani cuando vino a las islas para hacer esos planos que son una maravilla por su precisión en cuanto a las distancias y eso le da una característica más de hombre de ciencia más que de letras. El hombre de letras es Bartolomé Cairasco de Figueroa, y uno va creando la personalidad de todos ellos porque los personajes tienen que tener su manera de ser. Como Fray Basilio, de quien sabemos poco, pero sí que tuvo una biblioteca muy interesante, que incluía libros de Euclides y voy uniendo esas piezas. Fray Basilio por la edad es un hombre mayor, y un canario que se fue para estudiar y regresó como un hombre sabio, pero ya anciano”.
- ¿La Inquisición era tan fuerte y brutal como la describe en la novela?
“La novela tiene cuatro lacras o cuatro jinetes del apocalipsis: la esclavitud, la prostitución, la Inquisición y la guerra. La Inquisición era lenta, parsimoniosa, muy burocrática. Sus archivos están llenos de actas y los juicios solían tardar años. A los acusados, mientras tanto, se les privaba de la libertad y se les confiscaban los bienes, que era de donde sacaban dinero para los gastos porque sufragar la Inquisición costaba muchísimo y por eso necesitaban buscar fuentes de financiación. Como institución ejerció un control por lo que reprimía cualquier cosa que pudiera poner en peligro la dogmática de la iglesia y no solo la dogmática sino también velar por la pureza de sangre, entre otras cosas. Tuvo que ser terrible, los vecinos vivían bajo el peso de una espada de Damocles permanente ya que cualquiera podía delatar a cualquiera. El hermano de Cairasco, Constantín Cairasco, se tuvo que ir a América… En la novela, sin embargo, en la parte de la tortura, es ilegal porque la legal tenía que pasar por un proceso burocrático largo y tedioso, que incluía la obligatoriedad de contar en cada sesión de tortura con un médico y un notario”.
- Es autor además de El dilema de Spasski y La dignidad de las amapolas y del Libro de los recuerdos de Idir el Canario, este último como ahora con Gesta, novelas históricas.
“El dilema de Spasski no es histórica en el sentido que no es una novela ambientada en siglos anteriores pero si es histórica porque trata de una excavación arqueológica donde explico el origen y todos los vericuetos de Betancuria porque en ese momento trabajaba en el plan especial de protección del conjunto histórico de Betancuria y tuve que estudiar sus pormenores que me resultaron muy interesantes, sobre todo el convento San Buenaventura y todo lo que había ahí dentro. En fin, que escribí la novela un poco para ilustrar todo aquello. La dignidad de las amapolas es otra cosa. Cuenta la historia de una profesora de Latín especializada en Horacio que encuentra en el poeta romano, en su sabiduría, un alivio para sus problema. En esta novela hago un recorrido por Italia”.
- Pero tanto Idir como Gesta sí que son estrictamente históricas, ¿qué atractivos tiene para usted el género de la novela histórica?
“Aprendes muchas cosas y me interesa explicarlo bien para que la gente sepa lo que pasó y lo que no pasó. Y una vez comencé a investigar Gesta, apareció la esclavitud, porque la economía en Canarias estaba basada en la esclavitud muy vinculada a las explotaciones del azúcar lo que dio lugar a un problema ecológico porque se talaron los bosques de Gran Canaria porque se necesitaba su madera, y sigues investigando y te tropiezas con la Inquisición, y todos estos temas te dan el contexto en el que se produjo el ataque holandés pero lo más interesante no es explicar la batalla y qué es lo que pasó después, creo que lo interesante es el contexto, cómo estaba configurada la sociedad grancanaria de aquel tiempo. Intento en la novela no solamente distraer al lector sino también ilustrarlo, dar a conocer esa parte de la historia canaria que me parece que tiene cierto interés”.
- Es un periodo muy interesante porque hablamos de una Canarias de la que venimos todos. Una sociedad en la que todavía quedan rastros de la antigua cultura de los primeros pobladores del archipiélago.
“Es una Canarias muy interesante porque a fin de cuentas es la Canarias de la que venimos, que no es la de los primeros pobladores de las islas sino que es resultado del mestizaje que vino después. Un periodo que a mí me parece apasionante y que no ha sido utilizado demasiado literariamente en forma de ficción. Desde el punto de vista económico se produce la transformación de la isla en una colonia de monocultivos con las implicaciones ecológicas que supuso para el paisaje y para los bosques, sobre todo los bosques termófilos, que se los cargaron prácticamente. De hecho, yo creo que el azúcar acabó porque en cien años, zonas que destruían, buscaban otra y otra cada vez más lejos mientras el agua paralelamente iba desapareciendo. Y desde el punto de vista económico una de las reflexiones que planteo es ¿qué papel cumple Canarias en esa historia de la guerra de Flandes? Sobre todo porque las islas vendían y compraban con Flandes, con quien mantenían muchísimos lazos comerciales. Las noticias llegaban antes por los comerciantes que por la vía oficial, y nos vimos involucrado en una guerra que terminó por quemar media ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y de San Sebastián de La Gomera, y conflicto que cuenta con implicaciones religiosas, pero sobre todo económicas porque las islas eran una fuente de ingresos importante para la corona”.
- El ataque holandés es un ataque de castigo.
“Sí, la expedición de Pieter van der Does es de castigo. Y se trata de una armada importante, de 74 buques con todos sus cañones y soldados que llevaba además abundantes provisiones. La idea es que los españoles se lo pensasen dos veces antes de seguir castigándolos en Flandes como estaban haciendo. Hay un momento, de hecho, y se conservan las cartas que van der Does dirige a la audiencia y al gobernador, cuando ya han ocupado Las Palmas de Gran Canaria, en la que exige a sus habitantes una gran cantidad de dinero a modo de indemnización pero la ciudad responde que no, lo que hace que van der Does la queme y se vaya por donde vino”.
- ¿Qué otro periodo histórico de Canarias le gustaría ambientar en una novela?
“Hay uno en especial, que es justamente el fin del siglo XIX, al menos en Gran Canarias, y que coincide con el desastre de Cuba y Filipinas, la pérdida de las últimas colonias y todo el tema de los quintos, de los soldados que enviaron por otro a esa tierra y los canarios que emigraron. Son los años de la La construcción del Puerto de la Luz, es decir, entre 1898 y 1910. Esos años son cruciales para Las Palmas de Gran Canaria y creo que para Santa Cruz de Tenerife. Me refiero al momento en que se construye el Puerto y se transforma La Isleta, que entonces era un arenal y en la que empieza a vivir gente. Son los años en los que se establecen las compañías inglesas, una de las cuales controla el Puerto de la Luz, ya que los ingleses necesitaban de un puerto para poder aprovisionar a los barcos no solo los de guerra, sino también los comerciales y eso genera la creación de una clase obrera y que aparezcan los primeros sindicatos y se celebren huelgas. También surgen organizaciones portuarias delictivas como suele ser habitual en los puertos y son los años también del nacimiento de los cambulloneros. En ese tiempo se produce una transformación radical, a la que contribuye también el tendido del cable telegráfico que sirve para que la isla pueda comunicarse con el mundo”.
Saludos, se acabó, finito, the end, ende, fine, desde este lado del ordenador

