La conjura de los necios: Canarias olvida celebrar el centenario de El ladrón de los guantes blancos
El pasado domingo, 6 de septiembre, se cumplió el centenario del estreno simultáneo de El ladrón de los guantes blancos (José González Rivero y Romualdo García de Paredes, 1926) en el Teatro Leal y el Parque Recreativo en la ciudad de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, respectivamente. Cien años después, una onomástica que debería de permanecer al rojo en el calendario de las efemérides artísticas y culturales de Canarias, pasa con más pena que gloria. Pena, porque en esta tierra abandonada de la mano de los dioses no se ha enterado nadie de este cumpleaño infeliz salvo esos pocos cabralocas que están empeñados en defender una tradición cinematográfica en el archipiélago que, con un filme silente como es El ladrón de los guantes blancos, no es que sentara las bases, pero si la posibilidad de que el sueño de hacer nuestras películas se convirtiera –ya ven que cien años después– en una realidad aunque no fuera exactamente la que soñó González Rivero. El caso es que de un tiempo hasta parte se estrenan todos los años películas con denominación de origen canario.
El ninguneo al centenario de la primera película de ficción cien por cien de aquí y rodada en las Islas no debería sin embargo de sorprenderme, conociendo como conozco el estéril paronama de ideas e iniciativas culturales que emanan de las distintas administraciones públicas canarias, pero sí hace que la rabia me haga subir por las paredes como a una torpe cucaracha volona ya que aquí si cambia algo es para que todo siga igual. Claro que ese igual tiende siempre a peor año tras año.
El valor de El ladrón de los guantes blancos va mucho más allá de lo cinematográfico. Es la primera, y como tal, ha llegado hasta nosotros. Y eso sin ser una gran película. De hecho, es muy significativo que el filme pese a que se rodó en Tenerife se haga pasar por Inglaterra. Una Inglaterra tropical con aire bananero. Pero conserva en sus imágenes el pasado de una isla que uno ve desde la distancia con numerosos paisajes extensos y desolados, sin apenas estar salpicados de casas…
El hecho de haber olvidado su centenario me parece entonces obsceno aunque me consta la falta de malicia en esta actitud porque la mayoría de los trabajadores de la cultura oficial canaria desconocen y siguen desconociendo esta efeméride. Puestas así las cosas, lo más probable es que nadie se enterara en los despachos oficiales del llámenlo concejal, consejero o director general, lo que me parece gravísimo si de lo que se trata es de recuperar nuestra memoria. Se apunta porque co-gobierna esta pequeña y provinciana comunidad autónoma una fiormación presuntamente nacionalista. Aunque olvide con tanta facilidad los hitos que salpican su cultura, que no todo va a ser el Manifiesto de El Hierro, el que se suscribió hace 50 años y que si se lee hoy parece un chiste. Chiste porque nadie ha respetado el espíritu que lo que animó en su día.
Resulta indignante que ni el Ayuntamiento de La Laguna, que es quien tuvo que haber llevado la antorcha de este centenario ya que José González Rivero además de co-director de la película lo fue también del Teatro Leal, ni el Cabildo de Tenerife, ya en estado terminal, hicieran nada para apoyar este reestreno centenario, pero la gota que colma el vaso es la acción que ha emprendido el Gobierno de Canarias para rendir honores al filme silente y pionero cuando a algún idiota que trabaja en esa casa y cuyo sueldo pagamos todos se le ocurrió la estúpida idea de incluir el clásico de Rivero/Paredes en un ciclo que lleva por título El cuerpo del delito, y en el que comparte programa con largometrajes como ¿Quién puede matar a un niño?, El crimen de Cuenca y La caja 507. Lo que no explica que por mucho que vea la bizarría de este encuentro, me parezca idóneo haber incorporado a última hora El ladrón de los guantes blancos ya que no es otra cosa que una delicada pieza de museo. Pieza de museo a la que no le veo ningún sentido que hayan incorporado junto a películas para nada galantes ni blancas sino todo lo contrario. Es decir: incursiones violentas que ejercen desde niñatos que han perdido la cabeza, guardias civiles que con tortura sacan la verdad a cuerada limpia o policías y ladrones que ya no distinguen la frontera entre el bien y el mal.
Para colmo de disparate, en el programa de mano del ciclo de la Filmoteca Canaria se comete un error que podría discupar en otro lado pero no en éste, y es acreditar solo como director de El ladrón de los guantes blancos a Romualdo García de Paredes y olvidarse de José González Rivero, a quien consideran solo como el director de fotografía de la película. Y no, no tiene puñetera gracia porque la cinta es resultado de un trabajo de dos. En la dirección técnica Rivero y en la de los actores García de Paredes, que además es el protagonista principal de la película.
Como insulto final, se anuncia que el largometraje se exhibirá en el teatro La Granja, en Santa Cruz de Tenerife, en octubre próximo, lo que materializa una vez más el desprecio de los necios, que es aquel que hacen lo que no saben lo que hacen, que es lo que hace la mayoría de los que trabajan en las distintas dependencias de cultura sean ayuntamientos, cabildos y un Gobierno regional que ahora solo piensa en la cuenta atrás ante lo que se avecina para mayo del próximo año.
De momento los veo a todos mirando al techo, asumiendo esa expresión de lo siento pero no lo sabía que a mi me parece venenosa porque no es la primera vez ni la última (mucho me temo) que pasará en esta comunidad autónoma tan caprichosa y amiga de conjuras siempre y cuando sea la de los necios.
Saludos, desde la isla en la que me tocó vagar, desde este lado del ordenador

