Miguel Velázquez, el catedrático del ring, un documental de David Cánovas
Miguel Velázquez, el catedrático del ring es un documental del cineasta David Cánovas que no solo es un retrato apasionado y apasionante del pugilista tinerfeño que llegó a ser campeón del mundo de peso ligero, sino también a toda esa generación de boxeadores y aficionados que hubo una vez en Tenerife, y en concreto en una capital tinerfeña que hoy no se parece en nada a la que fue.
La película abarca otros temas aunque el tronco, el eje a través del cual se articula, es Miguel Velázquze, quien nos cuenta de viva voz la historia de una vida repleta de sacrificios. Primero los de una infancia plagada de necesidades en el barrio del Toscal, donde en Reyes su único regalo eran dos naranjas y no juguetes como sí recibían los otros niños de la ciudadela, y una adolescencia y juventud donde se convierte en boxeador con la esperanza de mejorar su futuro. La carrera como pugilista de Miguel Velázquez ocupa el resto de un documental que sabe medir las emociones, y que no se lía la manta a la cabeza para acentuar una épica que se explica por sí sola a través de un boxeador que forma parte de la lista en la que se inscriben los mejores pugilistas de este país, y que debería ser un referente en su propia tierra aunque ya se sabe que nadie, absolutamente nadie, es profeta en su tierra.
El pasado sábado 5 de marzo fue el estreno del documental en una sala completamente llena de público con ganas de pasarlo bien y, de paso, entusiasmada por rendir homenaje a un boxeador que, probablemente muchos de los presentes desconocía hasta ese día. Y este, y no otro, es la grandeza de este trabajo: dar a conocer la carrera profesional de un chicharrero que fue campeón y que consagró su juventud a ser un campeón.
Miguel Velázquez, el catedrático del ring se convirtió en realidad cuando llegó a las manos del cineasta el libro que el periodista Noé Ramón escribió sobre el pugilista. A través de Raúl Jiménez, coguionista, conoció además lo popular que fue el boxeo en Santa Cruz de Tenerife, tierra de la que salieron grandes campeones y unos seguidores que contribuyeron a que se consolidara la afición. La antigua plaza de toros, ese monumento que un día de estos se nos cae encima, y los gimnasios donde entrenaron todos estos luchadores forman parte así de la cultura deportiva de una ciudad que debe mirar a su pasado y encontrar las señas de identidad que la definen.
Además de Miguel Velázquez, hablan de su técnica encima del cuadrilátero el director y guionista José Luis Garci, que lo hace fuera de cámara, y cronistas deportivos. También algunos de los amigos con los que entrenó; boxeadores para los que fue su maestro y contrincantes ante los que se midió. Estas entrevistas forman parte del hilo narrativo de un documental que incluye documentos de la época, fotografías y películas, y la vida que ahora lleva Velázquez.
La personalidad del boxeador tinerfeño, y su espontaneidad, se come una película que no puede sustraerse de la personalidad de un hombre que hizo carrera con los puños y que ahora, con una franqueza que desconcierta, no considera el boxeo como deporte. Un deporte, viene a decir, no hace que dos tíos se peleen encima de un ring, que se partan la cara para ganar y recoger un premio. De hecho, y pese a sus orígenes patricios, el boxeo fue una vía de escape para que muchos jóvenes humildes y hambrientos se convirtieran en boxeadores con el fin de escapar de la miseria.
Si que me desentona del documental la lectura de algunos fragmentos para justificar lo que uno ya está viendo, y que apenas contenga resorte dramático aunque seamos conscientes que el documental es un género igual de susceptible de ser manipulado como una película de ficción, solo que en este caso, da la sensación que le falta algo de sal.
Pero me emociono viendo la película. Y no solo por el ascenso de un hombre que salió prácticamente de la nada para alcanzar el éxito encima del ring, sino también porque hace recordar unos tiempos en los que en esta ciudad se vivió con tanta pasión el boxeo. Y la galería de boxeadores que se dieron en esta capital de provincias da fe de ello. Fueron tiempos en los que, como dice uno de los púgiles retirados en el documental, levantabas una piedra y salían cientos dispuestos a darse leña.
Miguel Velázquez, el catedrático del ring es un homenaje no solo a un hombre, que lo es, sino también a todos aquellos que se pusieron los guantes para convertirse en profesionales. El filme incluso se detiene, aunque rápidamente, en la generaciones de mujeres que ha terminado por cogerle el gusto a estar encima del cuadrilátero.
La película se centra en los dos grandes combates que marcaron la trayectoria pugilística de Miguel Velázquez, el que lo llevó a enfrentarse a Pedro Carrasco y el escocés Ken Buchanan por el título mundial de los pesos ligeros. El enfrentamiento y los dispares resultados, son responsables de algunas de las cicatrices que hoy definen la cara de un boxeador que fue técnico en su oficio y que tras retirarse, trabajó durante años como taxista en la capital de España, y en la que muchos de los pasajeros que recogió lo reconocían. Ricardo Melchior, ex presidente del Cabildo de Tenerife, recuerda una anécdota fruto de este encuentro mientras Velázquez conducía el taxi por las calles de la capital de España.
Y sí, costó que la isla y Canarias terminaran por reconocerlo con una serie de distinciones a las que se suma que hoy dé nombre a una plaza de la capital tinerfeña que se encuentra algo alejada de su barrio, el Toscal. El caso es que la película muestra a Miguel Velázquez más que una leyenda como un campeón con o sin guantes. Él, y toda aquella formidable generación de pugilistas chicharreros. Por eso, más que un campeón, todos ellos lo fueron, ganaran o no combates: campeones.
Saludos, así la vimos, desde este lado del ordenador

