Luigi Cozzi: “No me arrepiento de lo que he rodado”

Luigi Cozzi (Busto Arsizio, Varese, Italia, 1947) tiene la apariencia de ser una persona incapaz de romper un plato. También, la de una persona a la que no le gustan los problemas y sí llevar una vida tranquila, sin altibajos ni movimientos extraños. Por eso mismo resulta sorprendente conocer que, detrás de toda esa serenidad, se encuentra un cineasta que ha hecho carrera con películas de segunda y tercera fila, filmes de explotación en la mayor parte de las ocasiones donde si brilla algo es el color de la sangre. Sangre falsa, por supuesto, pero sangre que forma parte indispensable del cine al que dedicó una carrera que mucho antes había consagrado al periodismo. Que uno de los padres fundadores del giallo italiano, Dario Argento, le incitara a trabajar con él terminó por cambiarle la vida.

Pero ¿qué es el giallo? Giallo es amarillo en italiano y dio nombre a las novelas policíacas en el país transalpino siempre y cuando éstas estuvieran relacionadas con el crimen y el misterio. Giallo identifica también un género cinematográfico que plantea historias de suspenso y horror, y que cosechó como el espagueti western gran notoriedad en las pantallas de cine de todo el planeta en los años 70.

El primer largometraje de Cozzi fue, precisamente, un giallo, y a tenor de lo que escribe el especialista Javier G. Romero en el libro El giallo italiano (Nuer Ediciones, 2001), una, si no la mejor, película de su irregular carrera tras las cámaras. A continuación vinieron filmes tan descacharrantes como Star Crash (1978); un intento por recuperar el peplum fantástico con El desafío de Hércules (1983) y Las aventuras de Hércules (1985), ambas con el actor y culturista norteamericano Lou Ferrigno como el poderoso Heracles y El gato negro, que fue la película que se exhibió en la décima edición de Tenerife Noir, festival al que acudió el cineasta italiano desplegando una amabilidad y un saber estar que conquistó a todos, incluso a sus detractores.

- ¿De dónde viene su afición por el cine fantástico?

“A la edad de siete u ocho años vi Veinte mil leguas de viaje submarino (1954) la versión que dirigió Richard Fleischer para Disney, y me quedé fascinando con la película. Tanto, que busqué el libro de Julio Verne para leerlo. Más tarde llegaron los cómics pero ya estaba por aquel entonces enganchado al género fantástico, era como una droga porque no paraba de buscar y buscar nuevas películas. A la edad de 16 años fundé un fanzine de cine fantástico, Futuria Fantasia, con el que quise seguir el modelo iniciado por Ray Bradbury que hizo lo mismo, poner en marcha una revista para aficionados con este mismo nombre”.

- Creo que su primera película, Il tunnel sotto ul mondo, la dirigió muy joven.

“La hice cuando aún vivía en Milán, entre 1968 y 1969, y se presentó en el Festival de Trieste en julio de aquel mismo año. No era un film comercial, lo que hizo que en su momento no se vendiera al extranjero y en Italia solo se pudiera ver dentro del circuito underground y en cineclubs”.

- Pero a raíz de esta película Dario Argento se fija en usted…

“No, no fue así exactamente. Por aquel entonces y como aficionado a la ciencia ficción envié mi fanzine, Futuria Fantasia, a una revista especializada que me contestó para decirme que mi revista estaba maquetada de forma bastante rudimentaria aunque me elogiaron por la calidad de los textos y la información que proporcionaba. Como aficionado, coleccionaba publicaciones de este tipo, sobre todo norteamericanas, que es lo que me permitía estar al día de todo lo que se estaba haciendo en el género, por lo que acabé trabajando en esa revista porque se dieron cuenta que sabía más de ciencia ficción que ellos”.

- Imagino que formar parte de esa revista le abriría muchas puertas.

“Todo esto que te contaba me pasó en Milán, donde trabajé primero en publicidad, lo de trabajar en la revista fue más tarde y claro, allí conocí a mucha gente, uno de ellos Ernesto Gastalde que había escrito muchos filmes en Italia para cineastas como Mario Bava, Antonio Margheriti, Riccardo Freda, y que me presentó a otros escritores del género. Más tarde colaboré como corresponsal en la revista Famous Monsters of Filmland, que dirigía Forrest J. Ackerman, así que entre una y otra cosa, fui conociendo a cineastas, cantautores y ensayistas como Umberto Eco. Compaginaba todo aquello con mi trabajo en publicidad pero a mi lo que me interesaba era el mundo del cine. Es decir, que yo lo que quería era ser director”.

-¿Y cómo consigue materializar su sueño de convertirse en director?

“Era consciente que para hacerlo tenía que encontrar un medio para irme a Roma, ciudad a la que terminé yendo pero no para dirigir películas sino porque me tocó cumplir allí el servicio militar. Fueron años en los que conocí a gente muy interesante, como Alfredo Castelli, autor del cómic Martin Mystère, y como tenía mucho tiempo libre pero no una casa donde vivir, conseguí irme a vivir a la casa de la abuela de un amigo pagándole el alquiler de una habitación mientras continuaban abriéndose otras puertas laborales. La casa donde me quedaba estaba situada en la Vía Veneto y más o menos delante de la embajada de los Estados Unidos, donde existía un kiosco en el que se vendían revistas norteamericanas, sobre todo para el personal de la embajada, aunque yo compraba allí revistas de música, de pop y de rock, géneros musicales que me han interesado siempre. Y muchos de los artículos los traducía para publicaciones italianas, solo que una vez traduje dos entrevistas, una a John Lennon y otra a Paul McCartney que se publicaron juntas aunque el título que escribí ¿Se separan The Beatles? el editor se olvidó de los poner los interrogantes y quedó Se separan The Beatles aunque una semana después vino una noticia de Londres en la que se anunciaba que, efectivamente, The Beatles se separaban. Gracias a aquel titular el director decidió contratarme y como me encontraba a un mes de que finalizara el servicio militar, y contando ya con un sueldo fijo, cuando terminé mi servicio militar, decidí quedarme a vivir en Roma ”.

- ¿Cuándo se produce su primer encuentro con Dario Argento?

“Mi primer encuentro con Argento fue cuando vi su primera película, El pájaro de las plumas de cristal (1970), un filme que hizo que me clavara en la butaca. Se trataba de una película muy moderna así que con la excusa de una entrevista, quedé con él en su casa y allí comenzamos a hablar sobre todo de cine y cuando terminamos me pidió que lo llamara. Tras terminar El gato de las 9 colas (1971), me propuso escribir el guion de su tercera película, Cuatro moscas sobre terciopelo gris (1971) y me animó a que lo visitara en el set para que lo ayudara durante el rodaje y fue estando allí cuando decidí dejar mi trabajo como periodista para ponerme a trabajar con él”.

- ¿Y qué aprendió de Argento?

“Aunque no le gustaba la ciencia ficción, aprendí muchas cosas pero sobre todo que con dinero es mucho más fácil rodar”.

- El cine italiano se convirtió en los años 60 y 70 es una potencia cinematográfica del cine de explotación, ¿por qué?

“Porque en aquellos años en Italia se rodaban muchas películas de bajo presupuesto ya que el mercado italiano en número de espectadores era el segundo del mundo. La televisión no podía emitir películas recientes, ni de veinte años atrás, así que el ambiente era propicio para rodar de todo y de todos los géneros: comedia, terror, aventuras… Además, se hacían versiones de taquillazos del cine norteamericano, versiones que no eran para el mercado italiano sino el exterior pero esta situación llegó a su final en 1976, cuando el gobierno liberalizó la televisión que, hasta ese momento, era de un solo canal y en blanco y negro, y eso hizo que los rodajes para cine se resintieran”.

- Ha trabajado con grandes estrellas, como Klaus Kinski.

“Klaus Kinski era una cosa aparte. No le dirigí pero sí supervisé los efectos especiales de la película, Nosferatu, príncipe de las tinieblas (Augusto Caminito y Cozzi como director asistente, 1988). Lo primero que hizo Kinski al llegar al set fue tirar al suelo un espejo y largarse, así que me dijeron que lo acompañara y rodara lo que me decía. Y a Kinski se le ocurrió rodar todas sus intervenciones al amanecer, así que cada día rodábamos planos de él caminando al amanecer por las calles de Venecia. Y así estuvimos durante más de un mes, rodando escenas sin ningún tipo de sentido aunque muy bonitas porque la luz del alba de Venecia es muy especial. Los productores sin embargo no aprovecharon nada de aquel material”.

- ¿Se arrepiente de alguna de las películas que ha dirigido?

“No, he procurado hacerlo siempre lo mejor que he podido, así que en líneas generales estoy bastante satisfecho. Mis películas se siguen viendo y se exhiben en festivales, y eso me hace entender que están vivas. De todas formas, me siento sobre todo escritor más que cineasta”.

- ¿Tengo entendido que El gato negro se iba a llamar primero De Profundis?

“De profundis está basado en el título del poema de Thomas de Quincey, Suspiria de Profundis e iba a convertirse en la tercera parte de la trilogía de Las tres madres, de Dario Argento, pero cambié el título por respeto a él y me inspiré en otro poema y en El poder, que es una novela del escritor norteamericano Frank Robinson, el autor de El coloso en llamas, y no tanto en la película que produjo George Pal sobre la novela de Robinson”.

DE LA MANO DE DARIO ARGENTO

La filmografía de Luigi Cozzi está plagada de películas que no pasarán a la historia pero que sí forman parte de la trayectoria del cine italiano en unas décadas, los 60 y 70, en la que rodaban todo tipo de películas. Atreviéndose incluso a reinventar géneros como el western, el terror, el fantástico, el policíaco, el peplum y la aventura en una serie de filmes –la mayor parte de ellos olvidables– que han terminado en algunos casos a ser reivindicadas por un puñado de seguidores aficionados al cine estrafalario por barato. Luigi Cozzi ocupa un lugar secundario en la lista de realizadores italianos que se liaron la manta a la cabeza para rodar con muy poco dinero largometrajes descacharrantes aunque entró en el cine de la mano de un cineasta polémico pero también poeta del horror: Dario Argento. Luigi Cozzi fue uno de los invitados de la décima edición de Tenerife Noir, donde mantuvo un encuentro con el público que asistió a la proyección del largometraje El gato negro.

Saludos, santa semana santa, desde este lado del ordenador

Escribe una respuesta