Un anarquista, una novela de Diego Ameixeiras
“En la pensión, incapaz de dormir, la amargura seguirá trabajando el corazón de Duarte con esa insistencia que emplean los gatos para arañar en las puertas cerradas, con el énfasis justo para impedir el sueño, y será más consciente que nunca de no entender el sentido último de las cosas; en la espesura del insomnio, mirándose al espejo, con un gesto en la cara sin expresión definida, pensará que vivir es un acto inabordable”.
Un anarquista, Diego Ameixeiras (Alrevés, 2024)
Diego Ameixeiras es uno de los contadísimos escritores que tenemos en este país que se ha consolidado con señas de identidad muy propias y huyendo de todo lo que huela a producto comercial, que es esa mancha de confusión que empaña el prestigio de un género como es el de la novela negra en este país.
El escritor, gallego, escribe en gallego aunque gran parte de su producción se ha traducido al castellano, por lo que no es difícil aproximarse a su peculiar universo que, en su último trabajo hasta la fecha, y que lleva por título Un anarquista (Alrevés, 2024), traslada la acción a la Barcelona de la segunda mitad de los años 70 del siglo XX, aunque su protagonista, el esquivo Miguel Duarte, proceda de las tierras donde habitan las meigas.
Apenas conocemos más del personaje central de esta crónica a ratos rabiosa de 1977, año en el que España todavía se estaba sacudiendo de la caspa franquista y, paralelamente, el anarquismo vivía un resurgir que no duró demasiado. El incendio de la sala Scala y otras acciones que alimentaron los libertarios de aquel entonces, visten y dan grosor a una trama no solo excelentemente documentada y, lo que es más importante, resumida con inteligencia, sino que muestra lo que significó ese año para una idea que tuvo especial arraigo en España hasta su total liquidación, precisamente, al concluir esa década tan turbulenta para la Transición como fueron los años 70.
Estructurada en tres grandes capítulos y sin puntos y aparte, se narra el proceso de descomposición de la CNT, que aún tenía voz suficiente para animar a su militancia a la revuelta social y de cómo el movimiento fue trufado de agentes de la policía para dinamitarla desde dentro.
Diego Ameixeiras nos sitúa en este contexto siguiendo los pasos de Miguel Duarte, 20 años de edad y camarero en el Nebraska. Un tipo tímido que cae rendido ante los encantos de Montse, estudiante acomodada pero de izquierdas. Será a través de ella como Miguel termine conociendo a los anarquistas para más tarde convertirse en uno de ellos. El resto, en los dos primeros capítulos, se irá conociendo a medida que nos adentramos en la vida de Duarte.
Un anarquista más que una novela de género, es la crónica negra e histórica de un momento decisivo en la historia de España.
La pregunta, sin embargo, que le asalta a uno durante la lectura es si Miguel Duarte que parece tan poquita cosa no es lo que aparenta. En la primera parte asesina a sangre fría y con un cuchillo a un tipo con las manos manchadas de sangre y en la segunda lo vemos convertido en anarquista al que no le tiemblan las manos atentado tras atentado.
La tercera parte, narrada por un testigo de aquellos hechos, acentúa el interés por descubrir si Duarte fue un anarquista o un infiltrado de la policía. El caso es que nuestro protagonista desaparece de la escena en 1978 sin que nadie sepa, escribe Ameixeiras, que fue de él.
En el bar en el que trabaja, a su jefe le importa poco lo que suceda fuera del bar. Solo sería capaz de salir si lo contrataran para protagonizar una película de vaqueros, que cumpla o no su sueño lo averiguarán si leen esta novela que apena llega a las 150 páginas pero en la que se narran tantas cosas como si tuviera 500. Esa es una de las virtudes que tiene Diego Ameixeiras como narrador, y que lleva a Un anarquista a convertirse en un título notable pero sobre todo convincente en la literatura que se ha escrito sobre la Transición española.
Historia a la que llegó, explica el escritor en una nota final: “tras la lectura de Los 70 a destajo, la excelente crónica con la que Pepe Ribas, director de Ajoblanco, recorrió los años de la eclosión libertaria en Barcelona durante la Transición”. Y la novela es resultado de esa lectura, de esa mirada a un tiempo olvidado pero tan trascendental para entender la historia reciente de este país llamado España.
Saludos, a las barricadas, desde este lado del ordenador
