El timple canario pierde una de sus cuerdas más creativas: José Antonio Ramos
Tuve la suerte de entrevistar en varias ocasiones a José Antonio Ramos y en todas ellas saqué siempre la sensación de que con jóvenes así era posible superar el maldito pleito insular que nos disuelve como sueño o pesadilla nacional. Para Ramos, maestro del timple, esa pequeña guitarra de cinco o cuatro cuerdas, no existían islas ni territorios sino la música, a la que le dedicó los mejores años de su vida que ayer quebró un infarto a la edad de 38 años.
José Antonio Ramos pertenece a esa generación de instrumentistas canarios que no le hicieron asco a los instrumentos de esta tierra. De hecho, se convirtió en un virtuoso del timple, guitarrita de la que hizo salir sonidos que todavía sorprenden a los que, como es mi caso, no somos muy receptivos a los cantos de mi tierra guanche.
Lo recuerdo vagamente, aunque el viernes pasado, Día de Canarias, lo volví a ver y tocar una vez más el timple en el programa que la TV Canaria dedicó a la inauguración de Canarias Radio, donde José Antonio Ramos y dos músicos más pusieron el acento musical al acto. La música, que no entiende de fronteras, fue a pesar de “canaria” universal, y una querida amiga que no es este país para viejos me dijo qué bien sonaba aquella guitarrita, cuyo sonido le resultaba parecido al del charango andino o al ukelele hawaiano.
Lo que me conmociona de la muerte es que cuando te toca de cerca y hace desaparecer a alguien al que quieres o sólo admiras me recuerda lo terriblemente vulnerable que somos. Y me hace pensar, además, porqué no somos mejores personas en vez de una pandilla de indeseables lo que nos queda de existencia. Por eso, creo que cuando muere alguien desaparece un buen pedazo del alma, pero que cuando el que fallece es un músico ese trozo es mucho mayor porque son los únicos capaces de amansar a la fiera que todos llevamos dentro.
Si el timple salió de sus circuitos tradicionales gracias a maestros como Totoyo Millares y Domingo Rodríguez Oramas El Colorao, y hoy se codea de tú a tú con arpas y violines gracias a otro timplista, Benito Cabrera, José Antonio Ramos se empapó de los mejor de sus maestros Millares y El Colorao para explotar las posibilidades mestizas de un instrumento al que sumergió en los complejos territorios de la improvisación.
Es una pena pensar lo que ya no podrá componer ni tocar este músico, aunque afortunadamente contamos con sus discos para disfrutar de su inimitable estilo. De todas formas, volver a tocar el timple no va resultar lo mismo porque ha perdido una de sus cuerdas más creativas e inquietas.
Descanse en paz.

Junio 4th, 2008 at 19:11
Perdemos a un artista que tenía aún mucho por hacer, un canario comprometido con su cultura, una magnífica persona. Tú música nos acompañará siempre.
Junio 5th, 2008 at 13:35
Tremenda mala noticia. Entro en este blog y me encuentro esto (a veces no vivo en este mundo). Conozco a un ramillete de amigos y músicos de su círculo, deben estar realmente destrozados, siempre me pareció que formaban una o varias familias musicales excepcionales.
Así es la vida…aprovechemos con buen corazón cada instante.