El género negro tiene nombres y apellidos latinos

Ya ven, el idiota que les escribe regresó a la isla de los imbéciles. Nada más bajar del avión le golpeó el calor africano y luego, mientras esperaba las maletas, cierta inquietud proque no salía la bolsa cargada de libros que se trajo de Gijón. Al final apareció, reventada por un lado. Lo que quiere decir que alguien sacó su navaja y abrió para ver qué diablos contenía. Como eran libros la dejó intacta, por lo que respiré tranquilo: No saben ustedes la necesidad de lectura que tengo para huir de estos tiempos de crisis y demás estupideces con las que nos aplastan un poco más la cabeza.

La nostalgia es un maldito error pero diablos que no saben ustedes lo bien que me encuentro tras pasar unos nueves días en la Semana Negra. Allí vi Dillinger, película de las que les hablaré un día de estos. Como avance sólo diré que me quedo con la versión de John Milius, con Warren Oates haciendo del forajido, y el fordiano Ben Johnson en el papel del agente Purvis.

El viaje se me hizo corto porque me dio tiempo de acabar la biografía de Ava Gardner, mujer que me ha acompañado como un ángel a lo largo de todo este viaje, lectura que simultaneó con la absorbente Grandes Miradas de Alonso Cueto. Novela que les recomiendo desde esta humilde atalaya. Es de esas que empiezas y no puedes dejar de leer. Está editada en España por Anagrama, así que no hagan el tonto y procurénsela, es de lo mejorcito que he leido este año.

Miro hacia el horizonte y tiemblo porque aún me queda Barcelona Negra, cita a la que espero acudir tras la gratísima experiencia en tierras asturianas. Atrás dejo buenas gentes del otro lado del mar, como el citado Cueto y el alegre y gongoriano Jorge Moch, entre otros. También al incombustible Paco Ignacio Taibo II, el alma de este encuentro con las letras que este año cumplió 22 años. Un privilegio el haber compartido mesa y mantel con todos ellos. También el de sumergime en sus historias. El género policiaco tiene hoy, más que nunca, nombre y apellidos latinos.

¡Vive Dios!

Saludos tarumbas a causas del para nada añorado calor africano desde este lado del ordenador.

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