Más vale tarde que nunca

Nunca he sido lector de poesía. De hecho, y salvo las que me enseñaron en mi etapa escolar y de bachillerato, creo que los libros de poesía que habré leído no llegan al centenar. Admito así –y por principio– la laguna que me caracteriza en torno a la poesía pero es que nunca me llamó la atención como género literario.

Puedo hablar con cierta emoción y si quieren soltura de El cuervo de Poe y de Las flores del mal de Baudelaire pero es así porque estos dos libros marcaron una etapa de mi vida lectora que ahora mismo evoco en la noche de los tiempos. Desde ese entonces, he leído la verdad que muy poca poesía. Y la que he tenido la suerte de leer en los últimos años mucho me temo ha contribuido para que continúe mi feroz divorcio con ella.

No obstante, soy consciente que no se lo merece. La poesía, digo.

Intento limpiarme prejuicios de la cabeza mientras escribo estas líneas. El primero de ellos es que más que la poesía, los poetas que he tenido la suerte de conocer me suelen parecer por norma general una pandilla de cursis. También una pandilla de mamá yo quiero ser artista que al descubrir que no sabían construir un relato coherente se escabulleron por las ramas de la poesía que, en mi admito sospechoso imaginario, es como una especie de todo a cien en la que estos frustrados podían justificar su falta de talento refugiándose en eso que llaman metáfora y verso libre.

Estas semanas, sin embargo, me he sometido a un proceso de deconstrucción. En parte se debe a conversaciones con amigas y amigos a los que quiero y por lo tanto aprecio y respeto, que me han medio convencido que pensar así no estaba bien. Y como quiero, aprecio y respeto a estas voces me comprometo públicamente a mirar con otros ojos eso que llaman poesía ya que como me dijo en cierta ocasión un tontorrón profesor al que tuve la desgracia de soportar: más vale tarde que nunca.

Esta apretada introducción –escrita para drenar mis contradictorios sentimientos– viene a colación de la concesión del Premio Nacional de Poesía al poeta grancanario fallecido en 2009 José María Millares Sall por su libro Cuadernos 2000-2009.

Hablando con, pese a todos, amigos poetas, me confiesan que este galardón se le concede demasiado tarde al autor de Liverpool. Yo me limito a apuntar sin asomo de ironía que demasiado tarde aunque parafraseando al idiota profesor mencionado arriba: más vale tarde que nunca. Quién sabe, igual pone de moda durante unos días el nombre de Millares Sall. Más que  sea en el archipiélago que le vio nacer.

Leo por eso con mucha atención las declaraciones que el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, ha hecho al conocer tan meritoria noticia sin sorprenderme demasiado de su primera reacción.

Imagino la escena:

- Presidente, presidente, ¿sabe que José María Millares Sall ha obtenido el Premio Nacional de Poesía?

- Es que siempre ha sido un buen muchacho. Constante y trabajador. Un canario que sabe salir de la crisis porque cree en sí mismo y en Canarias.  Espero verlo muy pronto para darle un abrazo.

- Cof, cof, presidente, el señor Sall falleció el año pasado y era poeta.

- ¿Ah, qué era poeta y está muerto?.- pregunta Rivero ligeramente decepcionado.

- Mucho me temo que sí, señor presidente. En 2009 se le otorgó también el Premio Canarias de Literatura ¿no se acuerda?

- …

- ¿Señor presidente?

- ¡Qué tormo que tengo!… Tómenselo a broma aunque no sea ocasión. Baste decir que efectivamente hoy sus poemas siguen vivos y más cerca que nunca de todos los que admiramos a este canario ilustre cuya trayectoria vital fue la de un hombre del Renacimiento.

- ¡Qué bonitas palabras!.- exclama uno de los muchachos de prensa del presidente.

- No olviden ustedes anotar lo siguiente.- puntualiza Rivero mirando a los periodistas.- siempre admiré en Millares Sall su coherencia intelectual y política y la libertad que ejerció tanto en su escritura como en su vida y el compromiso inmenso que siempre demostró con Canarias.

- Bravo, bravo….- exclama la muchachada de prensa presidencial.

Ante tales palabras nosotros –desde aquí, desde el escobillón– sólo podemos sumarnos a la reivindicación de José María Millares Sall aunque a bastante distancia de alborozo institucional. Ese ejecutivo que en tiempo de crisis continúa recortando dinero a la niña más fea.

Ellos la llaman cultura.

Yo ya no sé que nombre darle.

Saludos, pensando otro que se nos va, desde este lado del ordenador.

3 Responses to “Más vale tarde que nunca”

  1. Nicolás Melini Says:

    Contra mi primera reacción de alegría ante la noticia del Premio Nacional de Poesía a José María Millares Sall, mi indignación al comprobar que el premio se le otorga por un libro publicado en Calambur.

    O sea, que ha tenido que publicar en un sello de los de Madrid para que se le considere merecedor de un premio como este, cuando lleva, no años, sino décadas, publicando un libro tras otro con una actividad poética envidiable y de extraordinaria calidad. Lo lamento, no soy de los que lloriquean por la falta de atención de la crítica y el establishment literario nacional hacia la literatura escrita y editada en Canarias, pero esto da mucho que pensar.

  2. Nicolás Melini Says:

    Cuesta mucho creer que si el poeta José María Millares Sall ha merecido el Premio Nacional de Poesía por un libro publicado recientemente en Calambur, no lo mereciera antes, por alguno de los libros que ha ido publicando en Canarias.

    Resulta indignante pensar que el poeta se ha ido sin seber que merecía un reconocimiento nacional como este, y que tal vez esto ha sido así por la ceguera del establishment literario nacional, o por prejuicios del tipo “está publicado en Canarias”, o “es una edición institucional”.

    Otros en Canarias también merecerían un reconocimiento nacional: Pienso en la poesía de Arturo Maccanti. Pienso en Isaac de Vega. Pienso en numerosas obras que han sido publicadas en Canarias y no han obtenido difusión ni atención nacional. Pienso en un buen puñado de poetas de los 80 y 90 con obras ya perseverantes y mucho más singulares que la de tantos poetas de los 80 y 90 que ocupan la poltrona de los suplementos culturales nacionales por publicar en determinados sellos editoriales de la península. Estaría bien que algunos críticos fuesen un poco más justos y fijaran su atención en la calidad literaria más que en el “pedigrí” de la editorial que los publica o en la “solera” del lugar de donde procede la edición.

    Habría que ver: si este mismo libro se hubiese publicado en la colección de poesía del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, o en La CajaLiteraria, o en cualquiera de las editoriales independientes de las islas, Baile del sol, por ejemplo, ¿hubiera obtenido el Premio Nacional de Poesía? No lo hubiese hecho. Así que, felicidades a Calambur, que ha conseguido lo que parecía un imposible. Es decir, ha hecho muy bien su trabajo. Pescozón al “sistema” editorial canario, inoperante, que no consigue que autores de indudable calidad traspasen las fronteras de las islas. Y pescozón a ese establishment literario nacional que no consideran a los autores y su calidad literaria hasta que no han publicado en determinados sellos.

  3. admin Says:

    Nicolás no puedo estar más de acuerdo contigo. Me sumo a ese “pescozón” al sistema editorial canario.

Escribe una respuesta