Re-Reader, nueva librería de ocasión en Santa Cruz de Tenerife

Entienda usted que no es una noticia para abrir la primera página de un periódico ni los informativos de radio y televisión, que cosa rara sería, pero sí que se trata de un anuncio con cierta enjundia para los que no sé si leer, pero sí que disfrutan con un libro entre las manos.

Óigame usted bien, no hace falta leer un libro para sentir placer con uno entre las manos. Incluso olerlo si le apetece mientras pasa las páginas imaginando la de historias que guardan ahí dentro las palabras… Así que dicho esto, ya sabe usted, le digo que pronto, no sé bien cuándo, esta capital de provincias en la que vive, Santa Cruz de Tenerife, contará con una nueva librería. Solo que una librería de saldo, de libros de ocasión. También viejunos si alguno cae…

Me cuentan que quienes quieran desprenderse de sus libros podrá llevarlos allí, que se los compran al peso. Sí, eso mismo, al peso… No sé si se trata de un triste destino para ese ensayo, novela o libro de poemas que le cambió la vida pero el caso es que puede sacarse unas perras, pocas es verdad, si vende su biblioteca al peso.

Me informan que en la capital grancanaria ya existe una librería Re-Reader, luego la que llega a Santa Cruz de Tenerife forma parte de una franquicia que es una palabra que les encanta escribir a los que comentan películas. Re-Reader.

El establecimiento, aún vacío, se localiza en la calle de Imeldo Serís, y me pregunto si me dejarán entrar con la perra cuando abra sus puertas al público.

Esto me hace pensar, sabe usted, en la de librerías de ocasión que una vez y ahora existieron en esta capital de provincias. Al margen de las que existieron y existen en La Laguna.

En mi memoria, algo dificultosa por la edad, está grabada al fuego Sonora (ahora una tienda de discos), que llevaba un tipo que fumaba tras un mostrador atestado de libros. Fumaba tanto, que aquel antro mezclaba el olor de las páginas viejas con el del tabaco, tabaco que había manchado los dedos de aquel señor del que nunca supe su nombre con rastros grasos y amarillentos.

Allí fue feliz haciéndome con cómics para adultos que no me dejaban adquirir en librerías y kioscos, y libros muy raros a precios de risa que es la mejor manera de adquirir un libro, un disco, una película… La cultura de hecho debería de tener precio de risa para que todos tuvieran acceso a ella pero me voy por las ramas…

No era exactamente una librería pero vendían colorines y sellos y monedas entre otros cachivaches. Música y Labores, la otra tienda, se encontraba en la avenida de Ramón y Cajal, donde ahora se ubica una peluquería, y la llevaba un gallego bajito, bastante parecido al Elmer de los dibujos animados de la Warner Bros, que llevaba una bata de color azul marino y un lápiz en la oreja cuya punta chupaba antes de escribir alguna nota, alguna cifra en papel de embalar.

Me contó en una ocasión que había pasado los mejores años de su vida en Cuba, en la Cubra antes de que la fiesta la mandara a parar Fidel Castro y los suyos cuando tomaron el poder, y lo evoco mirando a la nada mientras me contaba cómo era aquella Habana que más tarde descubrí que había inmortalizado en novelas Guillermo Cabrera Infante.

Tras cerrar estos dos locales que se llevaron consigo ratos estupendos de mi infancia y adolescencia (solía ir en dos ruedas, las ruedas de una bicicleta Chopper made in Taiwan), el actual panorama de librerías de ocasión en la capital tinerfeña no está mal si tenemos en cuenta que siguen en activo Solican, en la calle del Padre Anchieta, un refugio para los que aman los libros usados, y que cuenta con un gemelo en La Laguna; El Libro en Blanco, donde además de novedades te encuentras en el piso de arriba con una amplia y atractiva selección de libros viejunos y te da la alternativa de tomar un café o una cerveza con un bocata o un dulce porque mezcla el concepto café con el de librería, como hizo antaño La librería de Franz que estaba ubicada en la Rambla de Pulido; un par de kioscos donde más que vender, liquidan libros a uno o dos euros así como una de las casetas azules de la rambla que está a un lado del mercado NJuestra Señora de África, solo que hace tiempo no paso por ahí porque quien la lleva no puede ser más tonto que el tonto que conoces y crees que es el rey de los tontos.

Y no, que tonto más tonto que éste no hay en el lugar en el que vivo.

Otros sitios en la capital donde puedes hacerte con libros que fueron de otros son las tiendas de objetos usados en las que encuentras algún volumen a precio de ganga (20 céntimos si procede) y esos establecimiento que ahora mismo no recuerdo porque, sabe usted, tengo la sensación de pertenecer a otro mundo, a otro espacio, a otra escuela… ¿Entiende? Y todo eso en unos tiempos en los que me cuesta cada día leer como leía antes aunque haya aprendido a coger rapidez cuando me enfrento a un texto. Cosas de la edad, imagino mientras algo o alguien me susurra al oído que siga soñando, que por nada del mundo se me ocurra abrir los ojos y enfrentarme a una realidad que, como dijo alguien o quizá lo vi en una película, resulta extremadamente amarga por mediocre.

Y eso era todo, ¿me invita a otro barraquito?

Saludos, próximamente, desde este lado del ordenador

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