Lydia Cacho, una “pesimista bien informada”

Uno se pone firme cuando se encuentra a periodistas como la mexicana Lydia Cacho. Cacho, como otros tantos compañeros de oficio, vive de contar cosas a los demás lo que le ha pasado factura. Ha sufrido siete atentados y tuvo que venirse a vivir a España para informar y de paso denunciar el poder de las redes que explotan sexualmente a niños.

Lydia Cacho estuvo hace unas semanas en Tenerife para presentar su último libro Cartas de amor y rebeldía (Debate, 2022) en el marco de la undécima edición del Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras Periplo, donde fue entrevistada por el también periodista José Naranjo.

La periodista mexicana explicó que con este libro intenta contar la relación con sus padres así como con sus abuelos. Los maternos eran de procedencia lusa (él) y francesa (ella), un hombre y una mujer que buscaron refugio en México huyendo del fascismo que se adueñaba de Europa.

Con estos antecedentes corriendo por la sangre, Lydia Cacho dijo que además de recordar el activismo feminista de su madre, tiene grabado al rojo vivo en su memoria que fue ella, la madre, “una mujer tremendamente especial” que además de estar rendida a la literatura rusa, estudió psicología, saber al que recurrió para educarla a ella y a sus hermanos.

Gracias a su madre, dijo, aprendió a reflexionar y a contrastar los hechos. Su carrera resultaba así inevitable, la del periodismo. Y periodismo hizo y hace cuando se planteó publicar los nombres de los integrantes de una red de pederastia que operaban en su país, y que formaban hombres muy influyentes de la sociedad mexicana.

Tras sufrir siete atentados, siete, y decidir trasladarse a vivir a España en 2019, Cartas de amor y rebeldía sale a la luz por el empeño de su editor para que Cacho escribiera una autobiografía. Al final no la escribió, pero sí que reprodujo cachitos de una vida plena y al filo de la navaja gracias a la correspondencia y los diarios que conserva celosamente.

Páginas en la que se encuentra el nombre del amor de su vida, Salvador, un hombre mayor que ella que aportó a la relación cierta estabilidad aunque la inteligencia emocional la aportó ella, dijo.

La vida de Lydia Cacho es la vida de una superviviente que aprendió a no temerle a los poderosos. Funda en México un centro de atención a mujeres y niños que han sufrido violencia porque, resalta, si se dedicó al periodismo no fue para caer bien a nadie, y ese no fue para caer bien a nadie va dirigido especialmente a sus compañeros de oficio, “los periodistas”.

“Soy periodista de investigación y defiendo los derechos humanos y a las víctimas. Es nuestro deber como periodistas aportar perspectivas de género porque nadie escucha a las víctimas de explotación sexual infantil”, denuncia a lo largo de la entrevista.

Para denunciar estas tramas, llegó incluso a infiltrarse en una de estas redes para hacer su trabajo. Su trabajo se publicaría en 2005 con el nombre de Los demonios del Edén, una obra que da “voz a las víctimas y pone nombre y apellidos a los pederastas”.

Por su actividad en busca de la justicia, Lydia Cacho resultó ser ella misma víctima de un secuestro, secuestro del que fue liberada aunque lo importante, dijo quitándole hierro al asunto, es que las víctimas por fin podrían estar bien.

“No soy una mujer miedosa”, comentó con aplastante seguridad, y presume de contar con una mente estratégica que le lleva a citar a Isabel Allende cuando alguien le pregunta qué tal lleva ahora su vida en Málaga… “El emigrante es el que está dispuesto a iniciar una nueva vida en otro sitio mientras el exiliado es aquel que se lleva las llaves de su casa…” que imagine el lector cuál es su caso, el caso de una mujer que admite también ser “una pesimista bien informada”.

Saludos, llueve, desde este lado del ordenador

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