Javier Corcuera: “No tenemos en España un espacio para el cine documental de autor”
Hay películas que emocionan tanto que parece que cambian por dentro al espectador. Uyariy, de Javier Corcuera (Lima, Perú, 1967) es una de ellas. El documental muestra la cruenta masacre de Juliaca en enero de 2023, en el contexto del estallido social en el país andino entre 2022 y 2023 contra el gobierno de Dina Boluarte y recorre también la región de Puno a través de la música y los cantos de artistas del sur andino, un territorio marcado por la represión y las revueltas indígenas desde hace años, y cuyas impactantes imágenes registra este trabajo que se estrena el 8 de abril en cines.
Uyariy, escuchar en quechua, fue distinguido con el premio a la Mejor Película en la décimo séptima edición de los Premios de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI), que reconocen a los mejores estrenos del cine peruano de 2025 exhibidos en salas comerciales y festivales. Javier Corcuera trabajó en sus inicios bajo la tutela de Elías Querejeta, que produjo su primera película, La espalda del mundo, en la que cuenta en tres relatos las violaciones de los derechos humanos en Norteamérica, Turquía y Perú. Javier Corcuera vive en España.
- ¿Cuál ha sido la recepción de Uyariy en Perú?
“En Perú el público hizo posible que la película se estrenara en los cines de todo el país. La película ha sido muy bien recibida, y además la prensa nos ha tratado muy bien. Haber ganado el premio a mejor película peruana del año es muy importante porque es la primera vez que estos premios, que concede la crítica, se dan a una película documental. Es la primera vez que una película documental es la mejor película peruana del año”.
- Se trata de una muy buena noticia. Lo que quería preguntarle es si de alguna manera el hecho de exhibir el documental ha cambiado algo o, si por el contrario, todo sigue igual.
“Bueno, ha dado una visibilidad muy buena a este problema. Creo que la película ha servido de instrumento para dar una visibilidad a esta lucha y a la que viene porque hasta ahora la impunidad ha sido total. La película hace como un giro hacia atrás, retrocede cien año atrás, y compruebas que se han venido sufriendo acontecimientos muy similares o peores, porque estos han sido muchísimos a lo largo del tiempo. Es un tema que regresa. Que ya pasó sí, pero que pasa ahora mismo porque ha sucedido desde siempre. Hay algo quizás que resume muy bien la película y es las declaraciones del párroco de la comunidad”.
- Eso quería comentarle porque me llamó mucho la atención en el documental el activismo del sacerdote, que es el representante de la iglesia católica. En este caso, ¿se puede pensar que la iglesia de alguna manera se está implicando en este asunto o es solamente el activismo del párroco de esta comunidad?
“No, se trata solo del párroco que es un caso aislado. Se implicó en el problema y dio cobijo y espacio a los familiares cuando acabaron de suceder los acontecimientos que se cuentan en la película. Fue en esa iglesia donde los familiares se sintieron seguros para empezar a organizarse y crear finalmente una asociación. Al principio hubo mucho miedo porque las familias no se conocían pero a base de acudir, terminaron por organizarse y ahí fue donde también empezamos nosotros a rodar”.
- El título del documental es Uyariy, que significa Escuchar.
“Sí, el título es Uyariy en quechua, que significa escuchar. En la película está también en aymara, solo que al final porque en esa zona viven dos naciones que hablan sus respectiva lenguas, quechua y aymara. Algunas de las canciones que suenan en el documental están cantadas en estas dos lenguas y es muy importante destacar que la música, en este caso, entra en la película desde el principio porque las movilizaciones y los momentos íntimos que registramos, incluso en las escenas del cementerio, siempre hubo canto. Incluso las víctimas cantan en otros momentos porque la música popular es la historia y la memoria en esta región del mundo.”
- Durante el rodaje de la película ¿hubo algún momento que fuera especialmente difícil de filmar?
“Bueno, algunos momentos de las movilizaciones resultaron muy fuertes por la represión del ejército y de la policía. Hubo disparos, y mucha violencia que generó tensión durante el rodaje pero por fortuna no nos pasó nada”.
- Antes comentaba que Uyariy ha contribuido a visibilizar lo que está pasando en esta parte de Perú y ahora en el resto del mundo. Entiendo que está despertando conciencias.
“Creo que la película sí ha ayudado a visibilizar bastante esta situación y que, evidentemente la ha visibilizado ya que todo esto que pasa en la película ahora se sabe pero no aparecía en los medios de comunicación que han sido bastante pasivos, sobre todo las televisiones que más que informar, desiformaban con el fin de ocultar los hechos negativos que se están produciendo. Hasta el documental, nadie conocía directamente y a este nivel, lo que sucede gracias a los testimonios que incorporamos en el documental. Todo eso se hizo visible porque, como digo, la película sí ha tenido un impacto mediático muy fuerte no solo en Perú sino allí donde se ha estrenado”.
- Hay un aspecto que también me impresionó de Uyariy y es que además de la presencia muy activa del párroco, hay otros grupos, por ejemplo colectivos LGTBI, que también se han sumado a la lucha, a apoyar esta causa.
“Es que fue un estallido social, en realidad. Primero en ese lugar, donde hay que sumar un reclamación de justicia y de reparación de las víctimas, y eso ha animado a que diferentes colectivos se hayan unido porque, como dije, se trata de un estallido social donde todo el mundo participa, donde todo el mundo va a cumplir”.
- Esta claro que el documental ha contribuido a visibilizar esta situación pero entiendo que ahora se mantiene si no igual, más o menos igual.
“Sí, la situación se mantiene igual pero la lucha de los familiares sigue siendo muy grande, muy grande, no paran. Están activos todo el tiempo, buscan justicia y reparación para ellos y también para los cientos de víctimas que ha costado este proceso”.
- Uyariy se estrena en el Festival de Málaga y llega a los cines el 8 de abril. ¿Cuál cree que será la reacción del público español cuando la vea?
“Bueno, eso es difícil de saber. En todo caso, creo que la película cuenta una historia universal y si bien es evidente que sucede en un sitio muy concreto, en Juliaca, Puno, en el sur del Perú, eso en realidad tiene que ver con lo que está pasando en todo el mundo. Vivimos días de impunidad absoluta, donde los derechos humanos se han hecho añicos porque nadie respeta nada, no hay que explicar nada. Podemos ver un genocidio en directo y los países poderosos comparten esa confusión y miran hacia otro lado. No reaccionan, aunque por fortuna en algunos sí que lo hace la sociedad civil, pero hay como una especie de impunidad universal ante la violación de los derechos humanos. Yo creo que la película de alguna manera está dentro de este contexto y se posiciona ante lo que pasa. Que cuestiona el relato de que todo se puede hacer, que todas las leyes se pueden saltar, aunque todo esto vaya en aumento”.
- Es un documental que reúne momentos de mucha emoción. Imagino que la situación tuvo que ser realmente brutal en el buen sentido de la palabra. Porque hay escenas que realmente erizan la piel.
“Sí, la película es muy emotiva porque también lo que sucedió fue lo que fue. Pero tiene como mucha unidad, mucha fuerza. Porque muestra los vínculos que se han tejido entre las familias, porque se trata de un pueblo muy luchador. Y creo que la película retrata ese espíritu y la dignidad y la fuerza de la gente”.
- Me imagino que habrá tenido que desechar mucho material del que rodaron.
“Grabamos muchas horas de película, y se hace por partes, algunas de las cuales pueden ser maravillosas pero al no encajar con otras se tienen que desechar”.
- ¿Por qué se especializó en dirigir documentales?
“Empecé haciendo cine documental con mi primer largometraje, La espalda del mundo (2000) y me fui enamorando del género. Me gusta trabajar con la realidad y me gusta hacer cine porque lo real es apasionante y la realidad te regala cosas buenas”.
- Su primer productor fue Elías Querejeta.
“Sí”.
- ¿Y cómo fue la relación?
“Con Elías Querejeta hicimos La espalda del mundo y también dos documentales para televisión. Condenados al corredor (2003) y Doñana. Memoria de un desastre (1998). Trabajar con Elías fue una experiencia y un aprendizaje muy bueno. Era un enamorado del género documental. Le encantaban los procesos de las películas, que hacía con mucho rigor y paciencia a la hora de trabajar, respetando los tiempos que a veces requieren los documentales que son largos y no son fáciles de reproducir. Le debo mucho”.
- ¿Cuáles son los temas que le interesan a Javier Corcuera?
“Pues son un poco los temas de los que hablo con mis amigos, los temas de las cosas que suceden y en las que uno se siente un poco testigo de su tiempo y considera que hay que darles voz en una pantalla de cine. Ese es el cine que hago y sí, evidentemente, puede parecer un cine repetitivo pero tengo unas cuantas películas que, se puede decir, están más próximas al musical o son estrictamente cine musical, como No somos nada (2021). Es el cine que me interesa e intento hacer las películas que quiero”.
- Tengo la percepción, y si estoy equivocado me corrige, que el público quiere ver cada vez más documentales.
“Yo creo que el público que ve documentales existe. En esta película ha respondido. Lo complicado es que este tipo de películas lleguen y se vean en las salas o que las plataformas quieran exhibir un cine independiente porque salvo algunas excepciones como Firmin, tienen sus programaciones donde solo hay salida al documental comercial mientras que el independiente, el de autor, tiene pocos lugares de exhibición. En la televisión pública, por ejemplo, no tenemos en España un espacio para el cine documental de autor. Y eso que aquí se produce mucho documental de primerísima calidad que da la vuelta al mundo pero que no vemos en la televisión pública”.
- ¿Reconoce maestros, referentes que hayan influenciado en su manera de hacer cine documental?
“En el cine documental, por ejemplo, aunque mi cine es muy distinto sobre todo por la manera de contar historias que es diferente, me impresiona el de Patricio Guzmán. El cine documental de Patricio Guzmán ha sido, digamos, determinante en mi trayectoria. La profundidad de lo que cuenta en sus películas hace que no me haya olvidado de ninguna de ellas. Late en todas una pasión por el cine documental que me fascina”.
- El cine de Guzmán tiene vocación de denuncia política.
“En un tipo de cine que hace sí, pero también destaco el fondo de las historias, cómo las trabaja. La acción y la sencillez que tiene a la hora de contarnos eso. Hay otros cineastas a los que sigo con interés, algunos de ficción. De alguna manera uno se va nutriendo con muchas cosas y busca ahí la semilla”.
- ¿Qué le apetecería rodar si le dieran esa oportunidad?
“Muchas historias, aunque pienso que el compromiso del cineasta es con el tiempo que vive. Entiendo el cine documental como una mirada a la realidad”.
- Pero al ser un género cinematográfico es susceptible de manipular al espectador. No busca ni quiere ser objetivo.
“Es la mirada del autor, da igual que sea ficción, documental, animación, lo que quieras. Es la mirada de un autor, y esa mirada es la que marca cómo se cuenta una historia. Sigo a determinados autores porque me gusta su mirada y porque creo que hacen películas honestas desde la mirada”.
- ¿Reconoce constantes en su trabajo?
“Sí, creo que sí. Dicen que el estilo es plagiarse a sí mismo así que hay elementos que siempre están. A veces de manera inconsciente pero si las películas se parecen es porque tienen un estilo, un estilo que a veces conecta y otras no”.
Saludos, escuchad, desde este lado del ordenador

