El rebelde Josie Wales, una novela de Forrest Carter, miembro del temido y temibe Ku Klux Klan

Antes de llegar a las páginas de El rebelde Josey Wales vi la película El fuera de la ley, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, un actor que se especializó en papeles de justiciero de pocas palabras y en el hombre perfecto para convertirse en la encarnación cinematográfica del héroe solitario de Forrest Carter, su creador literario. Si leen estas dos novelas y ven la película estarán de acuerdo en que solo Clint Eastwood podía interpretar a Josey Wales. Parece, de hecho, que estaba destinado a interpretarlo en el cine.

Josey Wales es un héroe atípico en la literatura del lejano oeste. Atípico porque es un guerrillero, uno de aquellos hombres que hizo la guerra a los ejércitos nordistas montado a caballo. A los nordistas lo llamaban despectivamente yanquis, hombres a los que Josey Wales no tiene ningún tipo de afecto y sí un bronco desprecio cuando un grupo de guerrilleros de casacas azules y polainas rojas asesinan a su joven esposa e hijos, quemando también lo que fue su hogar. Hasta aquí, la película sigue más o menos el mismo sendero que propone la novela solo que poco a poco el filme se va desprendiendo de la carga sentimental y la sed de venganza del protagonista. En El rebelde Josey Wales, el personaje si vive es para hacer pagar a los otros lo que le hicieron a él.

Durante el camino, se tropezará con un guerrero y una guerrera cheroqui, y con una anciana y su hija de raza blanca que recorren las planicies del salvaje oeste que retrata Forrest Carter con frases muy cortas y una acción que acelera la potencia de diálogos que se cruzan unos y otros a lo largo de un texto que corta la respiración y que incluye en su versión español, publicada en la colección Fronteras, de Valdemar, otra novela, La ruta de la venganza de Josey Wales, que sin ser tan buena como la primera, se lee con agrado aunque la acción se desarrolla en el México de Benito Juárez, gobierno que ha podido expulsar a los franceses del territorio mexicano aunque su ejército y esa especie de policía armada que fueron los rurales hacen lo que les place.

Estas dos novelas, sobre todo la primera, es un canto a la rebelión y una defensa ardiente al corazón confederado. Wales es un rebelde aunque si bien no combatió junto a los grises en los campos de batalla, sí que hizo la guerra a los federales montado a caballo con los guerrilleros que actuaban y desaparecían de territorio en territorio. Es allí, cuando formó parte de estas partidas que se rindieron cuando el sur perdió la guerra de secesión, en las que Wales aprende las artes de la guerra. La guerra de actuar como un mosquito contra los gigantes. El odio que incuba a los que ganaron sigue ahí, aunque es verdad que más atenuado a medida que se dirige junto a sus nuevos amigos en busca de la tierra prometida, que no es otra que aquella en la que puedan explotar sus recursos, siempre y cuando haya un río de agua fresca en las cercanías.

Novela de viaje pero no de iniciación, si hay algo de esto último en La ruta de la venganza de…, El rebelde Josey Wales es la historia de un hombre curtido que desde que comenzó la guerra hasta que terminó hizo y hace mella en el protagonista. De hecho, para él la guerra no terminará nunca, la lleva demasiado metida en el alma.

Llama la atención en este díptico Josey Wales el profundo desprecio con el que Carter describe a los yanquis y la admiración casi sagrada que siente hacia los indios. La primera novela, El rebelde Josey Wales está dedicada a Diez Osos, jefe comanche que existió realmente y que en la novela es el indio que acompaña a Wales en su busca de la tierra prometida. En La ruta de la venganza de Josey Wales, el libro se lo dedica Forrest Carter a los apaches y en la novela aparece el mismísimo Jerónimo aunque no tiene el protagonismo que Diez Osos en la primera. Escribo que me llama la atención que el escritor respetara tanto a los pieles rojas porque en la vida real Forrest Carter perteneció al Ku Klux Klan, y redactó discursos a varios líderes racistas de su tiempo, aunque si se lee la vida del escritor, es para rodar una película o contarla en una novela ya que todo en ella suena a contradicción pura.

Forrest Carter cuenta con una novela juvenil que fue todo un éxito de ventas en su país como libro de iniciación, algo así como Juan Salvador Gaviota pero realista. Este ya clásico de la literatura de autoayuda es Montañas como islas, y está traducido al español. Es autor además de La estrella de los cheroquis, pueblo por el que sintió una especial querencia. Hubo de hecho un general de división confederado cheroqui, Stand Watie, que tuvo bajo sus órdenes a trescientos guerreros no sé si vestidos de gris. El escritor informa de todo esto en la novela, donde asegura que el último general confederado que firmó la paz con los ejércitos del norte fue, precisamente, el general de división al que me refería hace un momento. Carter presumía además en su autobiografía de que uno de sus abuelos era, precisamente, cheroqui aunque era mentira. De hecho, como padre en la vida real no fue lo que se dice ejemplar, pero al margen de estos hechos que ensombrecen su vida pero no su trabajo, las dos novelas que reúne en un solo volumen Valdemar son relatos atractivos y eficazmente narrados. Historias que van en un solo destino y que cuesta dejarlas porque es tanto el disfrute que se pasa leyéndolas que da hasta pena concluirlas.

Es casi seguro que no se trata de una de las mejores novelas que he leído hasta la fecha en la colección que dedica al lejano oeste Valdemar pero tiene algo dentro, además de su desconcertante amor por los pieles rojas. Se anota desconcertante por el rumbo ideológico que marcó la trayectoria política de un narrador cien por cien sureño, un hombre que detestaba sin cordialidad alguna a los yanquis y amó a los indios, fueran de las praderas como de las montañas o el desierto. El desierto es el escenario de la segunda entrega de las aventuras de Wales, y en ella aparecen como aliados en la distancia los apaches, esos hombres y mujeres que fueron en palabras del novelista “los mejores combatientes del mundo”.

Saludos, grito de guerra, desde este lado del ordenador

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