Romain Slocombe: “No me gustan los héroes, los héroes me ponen nervioso”
El caso Léon Sadorski, una novela de Romain Slocombe (París, 1953) que publica en España la editorial Malpaso con traducción de Julia Escobar, es la primera novela de una trilogía que protagoniza un policía que trabaja en París durante la ocupación alemana. La particularidad es que Léon Sadorski es un tipo repugnante pero para nada servil en unos tiempos de pesadilla.
No es la primera novela negra que se escribe en Europa con la idea de intentar explicar qué sucedió de 1939 a 1945, ecos que hoy ya no suenan tan lejanos con la batalla que se está librando en Ucrania. Escritores como el británico Philip Kerr y la italo-estadounidense Ben Pastor, se adentraron en las entrañas de la Alemania nazi a través de Bernie Gunther y Martin Bora, respectivamente. Ignacio del Valle, aquí en España, llevó a su personaje Arturo Andrade a Rusia con la División Azul y en otra novela a las ruinas de Berlín rodeado por las tropas soviéticas… Y ahora Léon Sadorski que no es un héroe, sino un funcionario que hace bien su trabajo: detener a judíos y comunistas y entregárselos a los alemanes.
El escritor lleva hasta el momento dos trilogías que protagoniza Léon Sadorski y ya trabaja en una tercera con la que pondrá el punto y final a un personaje con el que desmitifica bastante esa Francia que después de la guerra explotó la imagen de haber resistido en la clandestinidad al ejército invasor nazi.
- El personaje de su novela, Léon Sadorski, ¿está inspirado en la realidad?
“Existió un policía francés con un nombre un poco diferente, André Sadorski, así que cuando me enteré que existía pensé que era la ocasión perfecta para contar la ocupación desde su perspectiva. El personaje real tuvo un peso representativo en su momento. Dirigía entonces la Brigada Antijudía en la Prefectura de Policía de París pero no era un personaje muy importante sino un pequeño funcionario y eso fue lo que me resultó interesante porque no me gustan las novelas con héroes, los héroes me ponen nervioso. Además, la Resistencia se ha contado desde el punto de vista de la misma Resistencia así que pensé que para adentrarme en el origen del mal debía de contarlo desde la perspectiva de un personaje como Léon Sadorski, un funcionario. Recogí más información de André y la fui adaptando a la novela y cambiándole el nombre por el de Léon. De pronto, se me abrió un amplio abanico de posibilidades”.
- Pero ¿cuál fue el germen que le animó a ambientar estas historias en Francia durante la ocupación?
“Mis padres vivieron este periodo y me hablaron mucho de él. Mis padres estaban en el lado de los buenos, de los gaullista, y tuvieron mucha suerte porque no hubo víctimas en mi familia. Mi madre tuvo que pasar de una parte del país a otra para encontrarse con mi padre en el verano de 1940. Iba sin el documento acreditativo para atravesar la línea de demarcación con la Francia de Vichy, y cuando se detuvo el tren, un soldado alemán le pidió la documentación, lo que hizo que se pusiera muy nerviosa. No sabía qué hacer. Normalmente la habrían detenido, pero el soldado la dejó pasar. Si no hubiera sido así, yo no estaría aquí. Más tarde descubrí que mi abuela materna era judía y que mis padres me lo habían ocultado”.
- ¿Por qué?
“Esto tiene relación con la novela porque mi interés en saber por qué no me lo contaron me dio ganas de hablar sobre aquella época y de por qué la vida en aquel momento fue tan diferente a la anterior. Me considero un escritor perfeccionista, no me gusta escribir de cosas que no son posibles. Algo que no se sabe de aquellos años es que en París los semáforos no funcionaban, y si en una película o en una novela la heroína baja de un taxi cuando el semáforo está en rojo se cometen dos errores porque los semáforos no funcionaban y no habían taxis”.
– Cuando inició este trabajo ¿calculaba que iba a crecer tanto?
“Pensamos al principio hacer una trilogía, como ya lo había hecho antes un escritor que me gusta mucho, Philip Kerr, que escribió bastantes libros sobre este periodo y que inició con su Trilogía Berlinesa, que en Francia tuvo mucho éxito. Con Léon Sadorski quise seguir su vida hasta la Liberación y la purga que hubo después con los que colaboraron. Tenía, además, que solucionar qué iba a pasar con el personaje”.
– ¿Por qué sigue siendo la ocupación un periodo tan incómodo en su país?
“Cuando terminó la guerra los dos grandes ganadores, los gaullistas y los comunistas, tenían un gran interés en que la historia se contara de la manera más bonita posible. La razón es que por un lado De Gaulle quería que Francia se recuperara lo más rápidamente posible de la guerra y los comunista deseaban olvidar esta parte de la historia, cuando mi país fue aliado de los alemanes. Así que ambos bandos tenían sus razones para difundir que la colaboración había sido un movimiento minoritario, en el que participaron pocos franceses ya que la mayoría estaba en la Resistencia, lo que no es verdad. La leyenda ha durado mucho tiempo pero poco a poco se ha ido descubriendo la verdad, se ha ido mostrando el retrato real de la colaboración en Francia. Más tarde salió una película, Lacombe Lucien, de Louis Malle y con guión de Patrick Modiano, en la que se retrata a un joven que en principio no es malo y que termina colaborando con el enemigo cuando parecía que iba a formar parte de la Resistencia. Otro problema son los judíos y el plan para su erradicación y en el que jugó un papel fundamental el gobierno títere de Vichy y la policía francesa pero en Francia se sigue hablando poco al respecto cuando se conoce ahora la realidad de los campos de la muerte y los jóvenes en las escuelas hablan sobre esto aunque a día de hoy los historiadores franceses sigan intentando contar cómo fue el gobierno de Vichy pero es más difícil de lo que parece porque era un gobierno extremadamente xenófobo. Cuando los alemanes quisieron acabar con los judíos no les importaba su nacionalidad sino exterminarlos pero para los franceses sí que había una diferencia entre los judíos que sí eran franceses con los que no lo eran. El caso también es que para un policía francés de la época, aunque fuera antijudío, era todo un problema expatriarlos porque implicaba quitarle su nacionalidad y eso era un proceso muy complejo. A Pierre Laval, ministro de la Francia de Vichy, sin embargo, un judío fuera francés o no le daba igual. Para él solo eran escoria, prácticamente la misma visión que tienen ahora algunas personas con los inmigrantes árabes y africanos, así que hicieron una propuesta a los alemanes, solo expulsarían a judíos no franceses aunque los judíos franceses serían enviados más tarde”.
– Muchos españoles no olvidan todavía que al finalizar la Guerra Civil, los derrotados republicanos que cruzaron la frontera a Francia fueron internados en campos de concentración custodiados por soldados de la colonia francesa de Senegal.
“Sí, es cierto, tras la guerra en España, los republicanos españoles que se fueron a Francia estuvieron detenidos en campos de concentración pero lo mismo ocurrió con todos los antifascistas que permanecían en Francia y fueron detenidos. Se les internó en campos de concentración. Fue una medida extrema del gobierno de Daladier. Lo que nadie se imaginaba es que cuando los alemanes ocuparon Francia, exigieron la puesta en libertad de todos estos detenidos y que fueron entregados a la Gestapo. Lo exigieron incluso en las zonas libres del sur pero se trata de una realidad que no gusta descubrir a los franceses, que sienten por otro lado que se les ha ocultado algo. Por eso les gusta leer este tipo de libros, lo hacen para descubrir qué se les ha ocultado”.
– Gran parte de El caso de Léon Sadorski se desarrolla en Francia. En las otras novelas ¿hace viajar a su personaje por otros países de aquella Europa en guerra?
“Conozco muy bien París y quise contar cómo fue la ocupación en todos los barrios de las ciudad. El personaje principal es deportado en la primera novela a Alemania, donde permanece prisionero unas cinco semanas, y lo escribí así porque sentí la necesidad de hacerlo. Admito que como escritor esta parte me resultó muy difícil ya que un tercio de la novela está basado en un informe muy limitado pero quise trabajar con esa realidad siendo consciente en todo momento que debía mezclarlo con ficción y que el lector no terminara por conocer qué era verdad y qué era ficción en lo que estaban leyendo. Trabajé mucho un informe de la Jefatura de Policía de París de aquellos años y consulté otros archivos de la policía para hacerme una idea de cómo trabajaban. En este aspecto, la lectura de estos archivos me hizo comprender la manera de actuar de la policía francesa de aquella época y conocer como a las brigadas especiales les encantaba conducir coches grandes con los que perseguir a los comunistas y a quienes consideraban terroristas. Estas brigadas llevaban a cabo también actos de tortura y si bien es verdad que practicaban torturas de una manera menos científica que los alemanes, eran muy violentos con los prisioneros”.
- Durante la ocupación hay dos Francia claramente diferenciadas, la que resiste a los alemanes y la que colabora con ellos. ¿Hubo una guerra civil?
“Los franceses han sido a veces de izquierdas y otra de derechas, como en todas partes solo que en los años 30 la pasión política estaba muy viva. Aparecen las primeras dictaduras en Europa y surgen dos grandes ideologías: la comunista y la nazi-fascista. En Francia en los años 40 todo el mundo quedó tan sorprendido por lo que ocurrió, la invasión alemana y su rápida victoria, que la moral de los franceses quedó minada. Eso hizo que aceptaran a Pétain y a la República de Vichy así que no hubo guerra civil al principio de la ocupación, entre 1940-1942 porque la mayoría de los franceses eran pro Pétain pero a medida que pasaban los años esta posición fue cambiado por lo que guerra civil en Francia en un sentido exacto diría que fue a partir de 1943”.
- En España se ha publicado el primer volumen de la primera trilogía Léon Sadorski, pero hay otra más y planea una tercera. ¿No está cansado del personaje?
“No estoy cansado del personaje solo que ahora la editorial que publica la serie en Francia ha sido comprada por un hombre de extrema derecha lo que me ha hecho pensar si cambio de editorial. De todas formas estoy en un momento en el que debo tomar un descanso del personaje porque estoy escribiendo una nueva novela que no tiene nada que ver con él y su época. Y sí, como escritor admito que estoy un poco cansado de Léon Sadorski porque cuando escribes una serie no debes de escribir las novelas que vendrán a continuación de forma automática ni caer en la autoparodia. Al mismo tiempo, me he dado cuenta que la Francia posterior a la liberación es, si me apuras, mucho más apasionante que la de la ocupación alemana por todo lo que desata, así que me veo capaz de escribir otras dos o tres novelas más protagonizadas por Léon Sadorski”.
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