Bradbury baja a la Tierra
Terminaron por encasillar la producción literaria de Ray Bradbury en la ciencia ficción pero casi nadie se dio cuenta en su momento que pese a que escribiera cuentos y novelas más o menos de ciencia ficción, el trabajo de Bradbury trascendía el género, iba más allá de las fronteras que no existen en el espacio exterior.
Es verdad, por otras parte, que el escritor se manejó siempre mucho mejor en las aguas del cuento que en las de la novela, y que todavía sigue siendo recordado entre los aficionados que lo descubrimos a cualquier edad sobre todo por sus relatos, fueran estos de ciencia ficción, fantasía e incluso terror. También aquellos en los que aparece lo surreal e imaginario, como son muchos de los cuentos que reúne en un libro a mi juicio clave en su bibliografía como es El país de octubre y que evoco durante la lectura de El signo del gato (Minotauro, 2023), colección de historias cortas en las que el autor de las Crónicas marcianas se aparta radicalmente del género en el que lo reconoce cualquiera.
Es decir, que los cuentos que integran El signo del gato no nos muestran a un Bradbury que escora sus creaciones hacia las aventuras espaciales o los viajes en el tiempo sino a hechos cotidianos en los que aparentemente no pasa nada aunque sí sucedan muchas cosas en el subtexto. Historias en las que se aprecia que hay algo que no marcha bien pese a que no se haga presente en ningún momento.
El volumen, traducido al español por Víctor Manuel García de Isusi, recoge historias que fueron escritas desde 1946 a 2005, el escritor falleció en junio de 2012 pero, y he aquí una de las notables ausencias que noto en esta edición, no se indica al lector el año en que fueron publicados estos relatos, ya que hubiera sido un reclamo interesante para los que, como quien ahora les escribe, le gusta apreciar cambios de humor y de estilo en la trayectoria cronológica de un escritor que, con la solidez que tiene Ray Bradbury, hubiera hecho más atractiva y didáctica la lectura de este libro. Un libro que, ojo, no es mayoritariamente de fantasía y ni siquiera de ciencia ficción sino todo lo contrario.
Con El signo del gato se pone de manifiesto que Bradbury fue un escritor con todas sus letras, un autor que lo mismo escribía sobre naves plateadas que viajan por el espacio exterior como viajes en el tiempo para conocer de cerca a los dinosaurios. También historias en las que una señora de raza negra ya anciana espera la visita de un escritor de raza blanca al que cuidó cuando éste era un niño o piezas tan inquietantes aunque “aparentemente” no pase nada como la que refleja siempre con sobresaliente pulso narrativo en cuentos como el mismo que da nombre a esta antología, El signo del gato o Muerte de un hombre precavido, entre otros.
El volumen incluye además una introducción donde el propio Bradbury explica el origen de algunas de estas historias y sirve para conocerlo un poco mejor no como persona sino como escritor y lo que significaba para él el proceso de la escritura. En alguno de los casos, muchos de los cuentos tienen cierto sabor costumbrista y en otros un eco lejano a un realismo sucio que en manos del escritor se transforma en realismo soñado.
No es sin embargo El signo del gato un libro que recomendaría a los iniciados en la literatura fantástica de su autor ya que como se ha dicho no se trata de una obra que reúna cuentos fantásticos y de ciencia ficción pero sí a los que sin conocerlo les gustaría aproximarse al fabuloso universo Bradbury. Un universo, en las historias que se recopila en este volumen, hasta cierto punto “realista”, aunque a Bradbury el “realismo” le trajera sin cuidado y quisiera centrarse más en las relaciones que atan y desatan los personajes que presenta. Y es que al escritor, al hombre que hizo posible libros señeros como El hombre ilustrado, si algo le importaba como autor de género (que lo fue pero tampoco tanto) era que sus personajes resultasen reales, creíbles pese a que lo que contara se resolviera en unas pocas páginas.
En este aspecto, las historias que presenta en El signo del gato son un buen escaparate para que uno se haga una idea de la dimensión que como escritor alcanzó este hombre al que le gustaban las películas de monstruos y que no dejó de ser un adolescente toda su vida. La adolescencia es un rasgo de hecho que asoma en muchos de los relatos que se reproducen en este libro, también cierta sensación que pivotea entre seguir creyendo o no en Peter Pan, que fue aquel niño que, en contra de lo que desean otros niños, se negó a crecer.
Volver a leer a Bradbury cuando Bradbury fue uno de los primeros escritores que descubrí cuando comencé mi senda como lector, ha sido como volver al pasado aunque no terminara de reconocerlo en algunas de las historias que reúne en un libro que me muestra, como me mostró en el pasado otras recopilaciones como Remedio para melancólicos, que el escritor tenía pasta precisamente de escritor por lo que encasillarlo no le hace justicia aunque creo que le daba igual que lo identificaran solo como maestro de la c/f, que lo fue, aunque su sentido de la anticipación resultara en ocasiones siniestro y amargo y no inundara sus textos de apoyos científicos porque dentro de su corazón latía el poeta y no el hombre de ciencia frustrado que suele llevar dentro todo aquel que se dedica a teorizar sobre alienígenas, viajes en el tiempo, distopías en las que se queman libros, entre otro temas porque si hay un mundo fascinante al que seguir explorando literariamente ese es el que llevamos dentro. Eso que unos y otros llaman alma. Y alma, mucha alma, es lo que tienen estas 21 historias que fueron escritas bajo El signo del gato.
LO MEJOR: El libro incluye una introducción del mismo Ray Bradbury en la que informa sobre el proceso creativo de algunos de los 21 cuentos que incluye la obra
LO PEOR: Que no se identifique el año en el que los cuentos fueron publicados, más en un libro que incluye historias que fueron escritas de 1946 a 2005
Saludos, viva la vida alegre y divertida, desde este lado del ordenador
