Archive for Marzo, 2025

Fallece C. Brian Morris, hispanista y experto en la obra del poeta gomero Pedro García Cabrera

Viernes, Marzo 14th, 2025

Parecen que los Hados se han conjurado para que este marzo algo pluvioso esté marcado por el signo de las ausencias. A lo largo de este mes, se nos han ido poetas, escritores y periodistas que son un antes y un después en la vida cultural de estas islas. Vida cultural “canaria” con todos sus más y sus menos, pero vida al fin y al cabo que con la muerte de Luis Alemany, Antonio Arozena, Luis Alberto Anaya Hernándz, Magda LázaroAndrés Sánchez Robayna y hoy el hispanista de origen galés C. Brian Morris (1933-2025), deja un poco más huérfano si cabe ese territorio cultural tan acostumbrado a devorarse a sí mismo y que olvida a todos aquellos que sí son imprescindibles porque contribuyeron a que nos miráramos de verdad y, en algunos casos, nos invitaran a conocer otras fronteras más allá de las insulares.

Entrevista en varias ocasiones al profesor Morris y en todas estas conversaciones siempre estuvo presente Pedro García Cabrera y algo menos, pero también, la facción surrealista de Tenerife aunque era García Cabrera su caballo de batalla, el poeta del que cuando hablaba, se le iluminaban los ojos. Y es que lo conocía muy bien. Gran parte de su vida la dedicó al estudio de la obra de Pedro García Cabrera por lo que se podría decir que si el poeta fue a la mar en busca de naranjas, Morris vino a Tenerife en busca del autor de versos tan hermosos. Y lo encontró. En la entrevista lo deja claro… Y lo mejor del caso es que recuerdo perfectamente aquel encuentro como el primero. Y el lugar en el que se desarrollaron aquellas conversaciones con el señor Morris. Un hombre de apariencia frágil, que hablaba un castellano con ese deje anglosajón que desconoce la sonoridad de la doble r. Y de la r cuando es r también.

Brian C. Morris falleció en la madrugada del jueves pasado. Era catedrático emérito del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y especialista en las vanguardias artísticas del siglo XX. En reconocimiento a su trabajo, recibió la Medalla de Oro de Canarias en 2015. Ahora, tras su muerte, deja una bibliografía entre la que se encuentran títulos como Pedro García Cabrera. El poeta y su obra, García Cabrera: su poesía y su tiempo, Entre la guerra y tú y Pedro García Cabrera: guerra, prisión y poesía y su obra más reciente Los senos de tinta de Pedro García Cabrera, libro que fue la excusa para que tuviera la oportunidad de conversar con él.

C. BRIAN MORRIS: “Pedro García Cabrera fue un hombre íntegro”

La publicación de Los senos de tinta de Pedro García Cabrera con una amplía introducción del Distinguished Professor Emeritus de la Universidad de California (Los Ángeles), C. Brian Morris es el quinto estudio que el profesor inició hace varios años con el objetivo de estudiar la producción del escritor y poeta canario durante los años treinta. El volumen incluye además cinco ilustraciones de su hijo.

En estos momentos, C. Brian Morris se encuentra trabajando en un sexto, que dedica a Dársenas con despertadores, con el que cerrará un ciclo que revela las constantes literarias que marcaron la trayectoria de Pedro García Cabrera.

- El quinto libro que dedica a Pedro García Cabrera es sobre Los senos de tinta.

“Se trata de un cuento mecanografiado en 18 folios pero parece que falta la primera y última página aunque tiene un sentido totalmente comprensible y susceptible. A medida que trabajaba en Los senos de tinta la fascinación fue creciendo y el resultado ahora es el libro, que es una edición anotada con una amplia introducción. Cuando escribía sobre Los senos de tinta me asaltaron muchas imágenes y escenas porque se trata de un texto sumamente gráfico, que me sugirió las cincuenta imágenes que son un complemento de la conferencia El foco mágico de Pedro García Cabrera, El foco mágico pertenece al segundo párrafo de la narración en la que el autor habla de los recuerdo que tiene el protagonista de una mujer que supuestamente asesinó y que hace falta pasar todos esos recuerdos por una pantalla.”

- ¿Cuál es la historia de Los senos de tinta?

“Es la historia de un hombre que parece que está encerrado en una habitación que no se sabe si es de una clínica, una casa o un hotel, aunque él dice que es una celda y casi toda la acción pasa por su mente. Recuperamos el pasado a través de sus recuerdos y esos recuerdos y todo lo que pasa está mediatizado por un narrador que, obviamente, toma el lugar del autor. Realmente hay tres personajes: un narrador, un autor y un protagonista y una narración elegante que tiene mucho de escritura como necesidad. El protagonista parece que está tratando de explicar por qué asesinó a esa mujer aunque  asoma la duda de si está soñando o está dentro de una pesadilla.”

- A Pedro García Cabrera se le recuerda más que por su prosa, por su poesía…

“También fue un ensayista consumado. Pedro García Cabrera me contó que Los senos de tinta era un texto surrealista porque quería experimentar. La evidencia es el original mecanografiado, que cuenta con muy pocas correcciones, y las que hizo, dos, las hizo a la manera de entonces, que era marcar la palabra con equis. Las demás correcciones son en tinta y de su puño y letra, lo que da la impresión de que tuvo una gran confianza en lo que quiso hacer y eso es surrealismo.”

- ¿Por qué?

“Porque se atiene a ciertas normas surrealistas como por ejemplo que el personaje esté acostado sobre una cama y deje que todo se le venga encima, eso se encuentra en el primer manifiesto de Breton, y la importancia de la  memoria aunque lo que más me impresiona en este libro es la lucha con la palabra, la búsqueda por una manera de articular lo que tenía dentro.”

- La publicación de Los senos de tinta coincide en el tiempo con el otro gran texto en prosa del surrealismo de Tenerife, Crimen, de Agustín Espinosa, ¿tienen algo en común?

“En el sentido temático sí y tienen en común la mutilación y la mujer como víctima. Crimen cuenta como con una estructura basada en las estaciones que no encontramos en Los senos de tinta, que a mi me parece más una aventura verbal y mental que hace pensar sobre la memoria y la vocación literaria. Al final, el protagonista tiene un sueño con un pulpo que para mi representa lo que no se puede entender, la mente humana, y termina con unas escenas de fondos marinos, los fondos abisales del océano, escribe, y no se aclara nada porque la mente es misteriosa. En este texto, que Pedro García Cabrera escribió en 1934 desterrado en Gran Canaria, descubre la vida interior, la importancia de mantener un recinto privado que hay que defender a toda costa, que es lo sagrado.”

- ¿Que otras constantes piensa que hay en su obra?

La vocación poética y mantenerse fiel a lo que uno es, la integridad. El hombre que no cede ante nada y que en su poesía traduce como la necesidad, el imperativo de escribir a sabiendas durante una época que no le iban a publicar. Hace muchos años, cuando conocí a Pedro García Cabrera, me enseñó sus manuscritos, libros que había ido escribiendo aunque no se los fueran a publicar.”

- ¿Cómo recuerda a Pedro García Cabrera?

“Lamento no haberlo conocido mejor pero cuando me lo presentaron tuvo mucha corrección y consideración conmigo. Él fue quien me dio las gracias antes que yo a él porque junto a Domingo Pérez Minik y Eduardo Westerdahl conocían que había escrito sobre ellos en mi libro sobre el surrealismo que circulaba en inglés. Y estaban encantados porque había dedicado una parte a los surrealistas canarios. Tuve la impresión que Pedro García Cabrera era un hombre modesto y muy amable. También recto y digno, una persona noble. Siento un gran cariño por él sin haberlo conocido íntimamente.”

- ¿Cómo llega usted a la facción surrealista de Tenerife?

“A finales de los sesenta estaba investigando y encontré una referencia a Gaceta de arte y empecé a buscar. Escribí a la Universidad de La Laguna y un ángel respondió fotocopiando la revista. Al revisar las focotocopias me di cuenta del tesoro que tenía entre las manos. Fue como una revelación y me interesé cada vez más en el grupo canario y el surrealismo en Canarias. Pasé muchas horas en la antigua Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, de la que saqué muchos datos que fueron creciendo hasta que encontré lo que se creía perdido: el Manifiesto Surrealista escrito en Tenerife.”

- ¿Cómo fue?

“Por causalidad. Estaba mirando los estantes de la biblioteca de la Universidad de Santa Bárbara cuando me encontré con el Manifiesto que se cría perdido. Me hicieron una copia y terminó publicándose en 1982 aunque hace dos años lo reedité para una colección de manifiestos surrealistas que coordinó Eduardo Becerra en Madrid.”

- No termina de conocerse que hubo una facción surrealista en Tenerife.

“Creo que por las razones de siempre, las provincias no cuenta tanto como el centro, y es una lástima porque Madrid no fue un gran foco de surrealismo, Barcelona lo fue mucho más. Hubo focos de surrealismo en España, se puede hablar de Málaga también pero en Tenerife hubo un grupo con un conocimiento íntimo del surrealismo que nunca se ha reconocido. No se piensa en la primera exposición surrealista de Tenerife, y la redacción de ese Manifiesto, que fue el primero que se publicó en español. He tenido que justificar ante colegas que tendrían que saber más porque estoy dedicando mis energías a Pedro García Cabrera. Ya he escrito cinco libros sobre él y ahora estoy con el sexto.”

- ¿Y sobre que tratará?

“Ahora mismo estoy luchando con el texto quizá más difícil que escribió Pedro García Cabrera en los años 30, Dársena con despertadores que escribió el mes que estalló la Guerra Civil y que se ha interpretado como un juego porque la concibió dando paseos por la vega lagunera mientras apuntaba palabras que le venían a la cabeza en dos listas para aparearlas después. En los ocho poemas del libro lleva la metáfora, la palabra, la imagen poética hasta el límite y todos están fechados en julio de 1936. Nada más terminar, le arrestaron. Ahora trato de desmontar la idea de que Dársena con despertadores es solo un juego poético de estilo surrealista porque creo que a través de ese mismo juego hay un lado muy serio.”

- ¿Ha logrado interpretarlos?

“No quiero decir que sí pero he encontrado varias maneras de entrar en esos ocho poemas.”

EL MEJOR LIBRO DE LA GUERRA CIVIL

Pedro García Cabrera escribió el mejor libro de poesía de la Guerra Civil”, dice el profesor Brian C. Morris, refiriéndose a Entre la guerra y tú. Un texto escrito por un poeta, “una persona sensible que analiza el efecto de la guerra en sí mismo y en el mundo que lo rodea.”

Brian C. Morris es un especialista en los movimientos de vanguardia de las décadas de los años 20 y 30, y se ha dedicado a estudiar la obra de Pedro García Cabrera en aquel período en cinco libros a los que ahora se suma un sexto con el que cerrará este ciclo. En esos años, dice, en los que el poeta y el escritor tenían premura de experimentar, de observar “hasta que punto la palabra le permitía cosas.”

Los seductores, una novela de James Ellroy

Miércoles, Marzo 12th, 2025

No es fácil aproximarse a la literatura de James Ellroy sin que el lector resulte quemado. Y no por la extensión de sus novelas, por norma general superan las cuatrocientas páginas; ni siquiera por el número de personajes que en ella intervienen y que obliga a que se añada en cada uno de los ejemplares el clásico y socorrido Dramatis Personae, sino porque ante tanto exceso, si el lector no está pendiente en lo que lee, es prácticamente seguro que se pierda en esta maraña de problemas que asaltan a los protagonistas. En Los seductores (Random House, 2025), ese canalla con buen corazón que es Freddy Otash, o Freddy O., ex policía y ahora detective privado, además de drogadicto y chantajista por cuenta propia.

Los seductores está narrada en primera persona, y quien nos habla es Otash, un indeseable, sí, pero como otros muchos personajes de James Ellroy, un tipo que esconde un corazón entregado al amor. En esta novela, corazón que se reparten dos mujeres fuertes, de esas que no necesitan caminar solas de noche en los barrios más salvajes y deprimidos de la ciudad de Los Ángeles.

Esta no es la primera novela en la que aparece Freddy Otash, un personaje que, según el mismo escritor, existió en la realidad aunque no tiene nada que ver con el que describe en Los seductores, que es un monumento a la ficción en toda el sentido de la palabra ya que además de los personajes de ficción intervienen otros que sí existieron en realidad como Marilyn Monroe y John y Robert Kennedy, entre otros.

La novela se desarrolla en el año de 1962 y la acción se dispara cuando el líder de los sindicatos, Jimmy Hoffa, requiere los servicios de Otash para que husmee en la casa de la Monroe, fallecida recientemente. Hoffa quiere que Otash encuentre pruebas que incriminen en esa muerte a los hermanos Kennedy con la idea de poner freno a la investigación que Robert, como fiscal general de los Estados Unidos, ha emprendido contra Hoffa, pero esto es solo el punto de partida ya que la novela se complicará más adelante con la aparición de un asesino serial, robos y ejecuciones y una ciudad, Los Ángeles, en la que habita toda clase de fauna menos la de los ángeles, precisamente.

Como novela, Los seductores me parece mucho mejor que Pánico, el anterior en el que aparece también como protagonista Freddy O, aunque canse y en ocasiones incluso enoje la manía que tiene James Ellroy con algunas de las estrellas del Hollywood de aquellos años. Si en Los seductores arremete contra la “superficial” Marilyn Monroe; en Pánico hizo lo mismo con James Dean. Ambos actores son triturados por el escritor y no solo por el lenguaje salvaje que caracteriza el estilo de un narrador que a pesar de escribir novelas tan generosas en páginas, ha terminado por crear un universo literario retro y en el que básicamente no existen las comas.

La novela toda está escrita con frases cortas, hirientes, de las que emanan litros de sangre. Todo veloz, casi telegráfico. Puede hacer sospechar que está escrito con alma de improvisador nato pero no se dejaran engañar porque todo el universo de Ellroy está atado y bien atado, solo que a mi, que soy ellroniano tras descubrirlo por La dalia negra, comienza a cansarme por repetitivo. De hecho, a veces tengo la sensación durante la lectura de Los seductores que eso mismo lo leí en otra obra del escritor. En especial, porque hasta la fecha sus historias se mueven en marcos cronológicos muy concretos como son los años 40 y 60.

Si bien con Los seductores el escritor parece que recuperar el pulso que perdió en sus últimos trabajos, no termina esta novela sin embargo de tener el acabado que sí tuvo con su primera tetralogía (La dalia negra, L.A. Confidential, El gran desierto y Jazz Blanco) y la que desarrolla en los años 60 con América, Seis de los grandes y Sangre vagabunda, aunque el escritor tocó el cielo cuando todavía no era famoso con las tres historias que dedica al policía Lloyd Hopkins (Sangre en la luna, A causa de la noche y La colina de los suicidas) y Réquiem por Brown, su primera novela. En todas ellas, en las mejores como en las peores, supura las pesadillas del autor, un tipo al que le gusta rebuscar en las basuras del pasado reciente de la ciudad en la que nació y en la que asesinaron a sangre fría a su propia madre.

Los expertos no se cansan en resaltar de la novelística de Ellroy su afición por lo grotesco y su gusto por presentarnos personajes que no tienen moral. En este sentido, no existen los buenos ni los malos en su literatura, lo que quizá sea uno de los rasgos más destacable de lo que escribe aunque si bien en sus primeros títulos parecía que salían del corazón ahora da la sensación que salen de otro lado, y todo apunta al que extiende el cheque para cobrar a primero de mes. Así que lo que antes parecía auténtico, ahora parece impostado. Es decir, que las historias retorcidas y tremendamente complejas que narra, saben a falsas, carecen de la autenticidad con que las escribía en el pasado.

Con todo, Los seductores resulta por goleada de lo mejor que ha escrito recientemente. No hay sin embargo en esta novela como si lo hubo en otras, un gol, un capítulo, que me revolcara, que me arrastrara hasta la orilla hecho un guiñapo pero se agradece el intento. Casi parece como si James Ellroy pretendiera reconciliarse con sus primeros lectores, los que lo descubrimos cuando apenas era conocido en el género y terminamos por reivindicarlo porque contando historias noir con ambiente retro, proponía una nueva lectura, oscura, muy oscura, de su ciudad, Los Ángeles, en los 40 y 60.

Al desarrollar su trabajo en L.Á. es inevitable que en la historia aparezcan actores y actrices, cineastas también, de aquel Hollywood que ya no volverá, y ante el que no cae cegado el escritor, quien se empeña en transformar aquel glamour en basura. A Ellroy no le tiembla la mano al hacer ficción con las estrellas de un cine que, en esta novela, además de quedar conmocionado con la desaparición de la Monroe, mira cómo se desmorona la Twenty Century Fox por el costosísimo rodaje de Cleopatra.

Y sí, son elementos que dan fondo a la novela, pero también están muy presentes en las diez partes en las que está estructurada y que se ocupan de un arco crononológico que comienza el 4 de agosto de 1962 y termina el 29 de septiembre del mismo año. Una carrera contra reloj en la que están si no todos, sí que muchos de los grandes protagonistas (reales y de ficción) de un tiempo que en manos de James Ellroy se drenan de todo esplendor y convierte al Hollywood, fábrica de sueños, en un Hollywood que es una fábrica de pesadillas.

Saludos, de visita por la ciudad del pecado y la corrupción, desde este lado del ordenador

Fallece el escritor, poeta, ensayista y traductor Andrés Sánchez Robayna

Martes, Marzo 11th, 2025

Fallece el escritor, poeta, ensayista y traductor, Andrés Sánchez Robayna (Santa Brígida, Gran Canaria, España, 17 de diciembre de 1952- La Laguna, Tenerife, 11 de marzo de 2025), una de las voces más destacadas en lo literario que se han dado en las islas y quizá por ello, silenciado en su propia tierra, donde en los últimos tiempos formaba parte de las quinielas al Premio Canarias de Literatura sin que se lo llevase aunque en los corrillos se comentaba que lo conseguiría este mismo año en el que descansa en paz tras una irreprochable trayectoria como escritor, poeta y traductor, sin olvidar la de maestro. Fue catedrático de Literatura Española en la Universidad de Las Laguna, donde supo rodearse de un grupo de alumnos que a partir de entonces lo reconocían como mentor.

De hecho, me entero de su fallecimiento esta misma mañana de boca de uno de sus pupilos más aventajados y la noticia corre como la pólvora, mientras anonadado me pregunto qué demonios está pasando porque en los últimos días nos han dejado una serie de escritores, historiadores y periodistas canarios (Luis Alemany, Luis Alberto Anaya Hernández, Antonio Arozena Concepción) que, a los que los seguimos con el respeto debido, sus ausencias suponen un golpe bajo y, al mismo tiempo, un luto gigantesco para las letras que se escriben desde este archipiélago.

Con Andrés Sánchez Robayna se va uno de los más grandes, Y por ser de los más grandes, un autor poco o nada reconocido en su propia tierra, lo que obliga a pensar en lo que está pasando en las letras que se escriben a este lado del Atlántico.

Mis recuerdos de Andrés son escasos, aunque fue siempre una persona respetuosa con quien ahora escribe estas líneas. Hace muchos años, me prestó un libro para poder ilustrar con la portada un artículo en una operación periodística de las que tendrían que hacer historia en la historia del periodismo cultural de estas tierras. Y viajamos juntos en un avión de Binter a la isla de La Palma para asistir a una edición (no recuerdo cual) del Festival Hispanoamericano de Escritores, momento en el que hablamos de lo difícil que fue dar clases virtuales durante lo que duró el confinamiento, Jorge Oramas, pintor que reivindicó siempre, y de otras historias que ahora no vienen al caso.

Supe de su reciente jubilación, y de que cedió su enorme biblioteca a la de la Universidad de La Laguna. También de una enfermedad que llevaba arrastrando y que se le complicó con el corazón que dejó de latirle dentro del pecho hace apenas unas pocas horas.

Da miedo enfrentarse a su currículo, gigantesco y en el que el poeta y escritor tocó casi todos los palos.

Cursó estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, en la que se doctoró en 1977 con una tesis sobre la poesía de Alonso Quesada, de quien se celebra este año el centenario de su muerte, y autor en el que estaba trabajando para una futura edición que ahora se quedará colgando en el aire… Fue también un conferenciante de prestigio y profesor en diversos centros y universidades de Europa y de América.

En 1976 fundó y dirigió la revista Literradura (Barcelona), de la que salieron doce números y en 1983, en Tenerife, de la revista Syntaxis que se publicará durante diez años. También desempeñó la dirección de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Tenerife cuando funcionaba como sede de verdad y dirigió el Departamento de Debate y Pensamiento del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), de Las Palmas de Gran Canaria y el Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna, andadura que este año debe celebrar su 30 aniversario.

Como escritor, ensayista y poeta deja una obra de alto calado intelectual y entre las que se encuentran títulos como Palmas sobre la losa fría (Cátedra, 1989); El libro, tras la duna (Pre-Texto, 2002), que fue reeditado en 2019 por Sexto Piso, con prólogo de Yves Bonnefoy; La sombra y la apariencia (Tusquets, 2010) y Por el gran mar (Galaxia Gutenberg, 2019), en poesía. En 2023 y también en Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, presentó En el cuerpo del mundo: obra poética (1970-2022) aunque su obra más reciente es el ensayo Las ruinas y la rosa (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2024).

Entre los premios que reconocieron su trabajo a lo largo de todos estos años contaba con el de la Crítica (1984) y el de Traducción entre Lenguas Españolas (1982). De Canarias, muchos eran los que se preguntaban y preguntan la razón de que no recibiera ninguno, pero ya se sabe que nadie es profeta en su tierra y en el caso de Andrés Sánchez Robayna el dicho se hace tan real como la vida misma.

Entre las ediciones de autores canarios que estuvieron a su cargo se encuentran títulos como Antología poética de Alonso Quesada (Plaza y Janés, 1981); Museo atlántico. Antología de la poesía canaria (Interinsular Canaria, 1983); Canarias: las vanguardias históricas (Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1992); Obras completas de Domingo López Torres, en colaboración con C. B. Morris (Cabildo Insular de Tenerife, 1993) y Las rosas de Hércules de Tomás Morales. (Mondadori, 2000), entre otras. Tradujo, además, a poetas como Wallace Stevens y Paul Valéry.

Despedimos esta necrológica con un poema escogida al azar entre los muchos que escribió. Se titula El nombre de Virgilio, donde propone una reflexión que a todos nos marca aunque no pensemos en ella hasta que aparece y nos lleva…

En los muros, las páginas del tiempo,
vuelve a escribir el nombre de Virgilio.
… … … … … … … … … … … … … …
El polvo llega hasta tus ojos ciegos.
Los latidos del mar son tus latidos.
En este mismo instante silencioso
las muchachas conversan en el atrio,
corren alegres entre las columnas.
Desaparecen en un parpadeo.
Viste alzarse el tobillo en la carrera,
desprenderse la túnica amarilla
en medio del calor (la tarde gira
sobre sí misma en aquel cuarto en sombras),
la mentira y la muerte en la sonrisa
del senador, la amarillez del cínico,
la hoja vibrátil en la luz de agosto,
las formas monstruosas de las nubes
antes de la traición, la garza, el chopo
ligero en la mañana de noviembre,
y otra vez aquel cuerpo que brillaba
entre las olas imperecederas,
el sol de nuevo sobre las colinas,
el tiempo del horror y de la sangre.
Dijiste: el polvo reina, el polvo sobre
el reino del amor y la ceniza.
Cruzan cigarras pero ya tus ojos
se van tras los racimos transparentes,
tras la viña tomada por el polvo,
el oro, el sol que brilla entre los siglos.
Todo tiempo es un tiempo de terror
y de esplendor. Los signos en el muro
dicen el nombre de Virgilio. El tiempo
se ha detenido para ver su obra.
… … … … … … … … … … … … … …
Abre los ojos. Ya no existe el nombre
que escribiste con mano temblorosa.
Sobre tu sueño nada sabes. Sólo
el sol, el tiempo, el nombre de Virgilio.
 
en Palmas sobre la rosa fría (1986-1988).

El bebedor de coñac, una novela de José Luis Correa

Martes, Marzo 11th, 2025

“El clima de Las Palmas tiene algo de niño caprichoso que se cansa enseguida de un juguete y va corriendo en busca de otro”.
El bebedor de coñac, José Luis Correa (Alba, 2025)

Ya se ha convertido en una costumbre que recién iniciado el año una de las primeras novelas que lea correspondan a la serie de Ricardo Blanco, del escritor grancanario José Luis Correa. Alba Editorial ha tomado la decisión de publicar una nueva entrega cada enero, y los lectores que ya conocemos al personaje pues nos congratulamos porque lo que ha logrado hacer Correa es milagroso. Se dice lo de milagroso porque ya lleva quince novelas dedicadas a su peculiar y algo pachorrón detective privado, lo que convierte la saga en una de las más longevas dentro del género en España.

En las novelas de Blanco además de Blanco intervienen una serie de personajes que forman la segunda familia del personaje, ahí está su novia Beatriz (¿suenan campanas de boda?); Gervasio Álvarez, en su pasado inspector jefe hasta su jubilación y ahora un estrecho colaborador de Blanco e Inés, la eficiente secretaria de este detective que parece de pacotilla pero solo lo parece.

La capital grancanaria vuelve a ser protagonista una vez más de El bebedor de coñac, pero no iba a ser menos porque es aquí donde reside Ricardo y sus amigos. También donde trabaja mayoritariamente aunque a veces, gajes del oficio, tenga que viajar a otro punto de Gran Canaria o se traslade de isla, como es la de Tenerife en Muerte de un violinista.

En cuanto a las novelas, todas las que forman la serie siguen un orden cronológico, la última de hecho transcurre tras la pandemia que nos obligó a estar tres meses encerrados y a vivir con mascarilla cuando nos dejaron salir a la calle. En este sentido, el detective ha ido envejeciendo como el escritor que lo ha creado, lo que une un poco más a José Luis Correa con Ricardo Blanco. Blanco, de hecho, toma la forma de Correa en mis lecturas, pero es que hay mucho del escritor en el personaje. Y entre ese mucho, la afición que tiene el investigador por un buen tenderete. También la de contar en primera persona el clásico relato detectivesco (buscar la solución a ¿quien fue el culpable?) solo que salpicado de canarismos. Canarismos que él que no sea de estas tierras, no les costará entender gracia al contexto en el que se dicen estas palabras.

Alguien ha comparado las novelas de Ricardo Blanco con las de la serie Maigret, pero si tienen algo en común es la capacidad que tanto José Luis Correa como el escritor belga Georges Simenon tuvieron y tienen en retratar la vida cotidiana en una capital de provincias aunque en el caso del primero no pueda extasiarse cómo sí lo hacía el creador de Maigret, en los detalles. Sí que hay una circunstancia que los une, y es que en sus libros lo que importa es lo que sucede a cada rato, aunque ese rato resulte intrascendente para el caso. Caso que al final viene a ser el mismo de otras ocasiones solo que cambiando de escenario y de protagonistas.

En El bebedor de coñac las cosas se disparan un día de Reyes cuando se descubre en un solar de una calle de la capital grancanaria el cadáver de un hombre, Amado Martel, del que se conoce que era “amante del coñac y las vidrieras”. Será el hijo del muerto quien acuda al detective privado para que inicie la investigación. La trama se complica con la desaparición de los dueños de una gestoría y con otro muerto, un profesor de dibujo con apellido extranjero.

Las serie Blanco están formadas por novelas cortas, El bebedor de coñac apenas supera las doscientas páginas y son muy cómodas de leer. Si uno es seguidor de la serie, la lectura se convierte en algo así como volver a encontrarte con unos amigos que ya son casi de la familia. Y en eso tiene mucho la culpa la voz del narrador, que envuelve y permite que uno confíe en ellos. Se tratan además de historias muy blancas, en donde apenas hay violencia. Y si aparece, a veces se despacha al fondo, lo que no irrita el pacifismo que caracteriza el espíritu de la saga.

Una reflexión a modo de final es la de pensar si José Correa está barajando la posibilidad de contarnos en algún nuevo libro la infancia y la juventud de Ricardo Blanco porque nos consta que a su creador no le devora el síndrome de Conan Doyle, que es la de poner fin a su creación. De paso, animo a que el grupo de los investigadores privados de la novela negra y criminal en grancanaria siga ampliándose aunque el actual trío de caballeros sin espadas sigue estando muy bien representado por el Eladio Monroy, de Alexis Ravelo; el José García Gago, de Antonio Lozano y el Ricardo Blanco de José Luis Correa.

Saludos, al borde del abismo, desde este lado del ordenador

Fallece el periodista Antonio Arozena

Lunes, Marzo 10th, 2025

Antonio Arozena Concepción pertenecía a una generación de periodistas que, por desgracia, ya no volverán. Lo conocí a través de un amigo común y con él pasé unos cuantos días en Madrid en una pensión próxima a la plaza de Santa Ana que no tenía aires, la pensión, de novela de Galdós, afortunadamente.

Antonio fue una especie de embajador en Madrid y abrió, con otros socios, un pub que no sé si estaba en la calle de Hortaleza o de Fuencarral… O quizá fuera otra que ahora no recuerdo, pero que bajo el nombre de Guatatiboa reunió a la colonia de estudiantes canarios que hacían que estudiaban en la capital de España. Conocí el pub ya cerrado a cal y canto aunque mantenía el nombre.

Mucho tiempo después, pero ya en Tenerife, me enteré por el mismo Antonio que se había enfrascado en aquel proyecto como en otros tantos. Uno de ellos fue organizar recitales en un pub que ya no existe en Santa Cruz de Tenerife, el Delfos se llamaba, y en el que hice mis primeros pinitos para presentar a un amigo poeta. El pub Delfos editaba una plaquette de las lecturas y debo de conservarlo por algún lado. También se metió en otros proyectos editoriales y daba gusto hablar con él de literatura canaria, porque conocía a todo el mundo.

Hacía mucho tiempo que no lo veía aunque a raíz del fallecimiento hace unos días de Luis Alemany, con el que llegó a compartir piso por Tomé Cano, en la capital tinerfeña, quise llamarlo para contrastar la noticia pero me di cuenta que no tenía su número de teléfono. Me lo proporcionó un amigo común, que me advirtió que era muy difícil que lo cogiera (casi nunca lo hacía) no porque no quisiera hablar con nadie sino por una enfermedad que lo había desmoralizado tanto en lo físico como en lo espiritual. Y si algo tuvo el Antonio Arozena que conocí fue espíritu.

Periodista en Diario de Avisos, donde desempeñó muchas funciones, entre otras las de Jefe de Cierre y Jefe de Edición, Antonio era de los que salía siempre a última hora, a altas horas de la noche, momento en el que se reunía con todas aquella fauna de plumillas que le robaban horas al sueño en los bares que no cerraban hasta bien entrada la madrugada en una hoy irreconocible capital tinerfeña.

Me entero de su fallecimiento por una entrada de su compañero y amigo Erinque Getino subida en su cuenta de Instagram y me llena la congoja, porque con él se va un tipo generoso, que siempre estuvo ahí cuando necesité de su ayuda. Estos y no otros son los compañeros de verdad, es una lección que te enseña la vida mientras avanzas por ese sendero cada vez más pedregoso que es el que marca el puñetero paso del tiempo.

Así que se trata de una pena grande no solo la que ahora llevo dentro sino también la que tendría que sentir un oficio en el que tipos como Antonio siempre fueron esenciales y quizá por ello, qué ironía, los primeros de los que se tenía que prescindir.

En fin, quiero imaginármelo ahora compartiendo un whisky con Luis Alemany en un bar llamado Edén mientras se ríen de los que estamos aún aquí sin darnos cuenta que la vida además de ser un carnaval es un mal chiste creado por un pésimo humorista que se llama Dios.

Hasta la próxima, Antonio.

La Biblioteca Insular acoge la primera presentación en Canarias del libro Paisajes del alma. Canarias, cine e identidad

Viernes, Marzo 7th, 2025

Para quien les escribe es un motivo de gran orgullo y satisfacción anunciar que la primera presentación del libro Paisajes del alma. Canarias, cine e identidad, se producirá esta tarde, a partir de las 18,30, en la Biblioteca Insular, en Las Palmas de Gran Canaria. Estaré muy bien acompañado por los cineastas Elio Quiroga y Sergio Morales y el periodista y escritor Francisco Pomares, editor también de esta obra que reúne un total de 23 entrevistas con directores de las islas.

Mi más profundo agradecimiento al Cabildo de Gran Canaria, ya que por su desinteresada y generosa labor, este acto ha sido posible.

Saludos, nos vemos a las 18,30 horas, desde este lado del ordenador