Archive for Febrero, 2026

Caballos lentos, una novela de Mick Herron

Miércoles, Febrero 4th, 2026

Si le gustan las novelas de espías Caballos lentos, de Mick Herron, es una buena opción pero si no le gustan, lo mejor es que deje el libro en la estantería. Caballos lentos reúne lo mejor y también lo peor, mucho me temo, en este tipo de novelas. Un universo en el que si no se está iniciado, costará mucho adentrarse aunque si conoce las reglas del juego, nunca mejor dicho, terminará por entrar en una historia que como toda buena novela de espionaje, cuenta con trampas y personajes en los que se pone en cuestión sus lealtades.

Las novelas de Herron ya cuentan con una adaptación televisiva, porque para el que no lo sepa (algo extraño a estas alturas), Caballos lentos significó el inicio de una saga que colocó a su creador en la cima de la literatura de espionaje del universo anglosajón ya que como debe de saber todo el mundo, si hay maestros en la novela de espionaje eso son los escritores británicos, comenzando por Graham Greene, que cultivó siempre con maestría otros géneros aunque se hizo famoso con libros ya de referencia dentro de la novela de espías como Nuestro hombre en La Habana, El americano tranquilo, El tercer hombre y El factor humano, entre otras; Eric Ambler y John LeCarré, que si bien no alcanza este último el tonelaje literario de Greene, casi lo araña en especial por el ciclo de novelas que protagoniza George Smiley, oficial que trabaja para el Circus (la agencia británica de inteligencia) y que tanto física como espiritualmente no tiene nada que ver con otro agente británico al servicio de su graciosa majestad como es James Bond, el ya legendario 007 nacido de la imaginación del hedonista escritor Ian Fleming.

Se cita a LeCarré y a su personaje más conocido (fue autor también de otras novelas de espionaje sin contar con él como protagonista) porque Caballos lentos –la novela con la que Mick Herron inicia su saga en torno a los trabajadores de la Casa de la Ciénaga– le debe mucho. Primero porque para lectores iniciados la Casa de la Ciénaga le recordara inevitablemente al Circus, que es donde opera Smiley, mientras que el jefe y protagonista de las historias de Herron, Jackson Lamb, casi parece una versión en negativo del personaje creado por John LeCarré. Físicamente tiene sobrepeso, como Smiley, y resulta bastante grosero, o un tipo sin ningún tipo de modales que ha terminado en ese espacio porque allí, en la Casa de la Ciénaga, acaban los espías que durante el desarrollo de sus operaciones secretas cometieron un error.

Acompañan a Jackson Lamb en esta especie de limbo para espías, otros espías que metieron la pata durante el desarrollo de sus investigaciones, como River Cartwright, cuyo abuelo, David Cartwright, es una leyenda en este universo de secretos revelados, al que rodea un grupo variopinto de agentes degradados a los que se conoce despectivamente en el oficio como “los caballos lentos”.

La primera novela de este singular grupo de agentes secretos, de espías frustrados que quieren volver a ser considerados dentro de su trabajo, le sirve a Herron para presentarnos a una atractiva galería de personajes como Diana Taverner, conocido con el alias de Lady Di, y subdirectora general y jefa de operaciones del MI5 y los caballos lentos Roddy Ho, Sidonie y Catherine Standish, entre otros, ya que como buena novela de espías que es, y sobre todo como buena novela de espías que sigue la estela dejada por LeCarré, le preocupa más indagar que abordar el caso o los casos que tendrán que resolver los protagonistas de esta primera historia.

De momento, de Jackson Lamb se sabe muy poco salvo que es un espía que viene de los viejos tiempos, de cuando la Guerra Fría. No se sabe la razón de por qué un hombre de su inteligencia acabó en la Casa de la Ciénaga, pero ahí está, maquinando. En la novela los de arriba requieren el servicio de su equipo para seguir a un periodista con contactos en la extrema derecha. Parece que los radicales han secuestrado a un joven británico de origen paquistaní, y amenazan con cortarle la cabeza. Como en toda buena historia de espías que se precie, la historia pronto tendrá otras capas, y esa capas más capas, liándolo todo un poco más. De hecho, resulta bastante fácil perderse en este juego de espejos, el gran juego como lo llamaba Kipling en esa monumental obra maestra de la novela de formación que es Kim de la India, y también de traiciones porque si hay un elemento que determina este tipo de literatura es la traición. A los tuyos, a tu país, a las personas que más confiaban en ti por convicciones ideológicas o ruin dinero.

He disfrutado mucho con Caballos lentos, y me he prometido no ver la serie de televisión hasta que haya leído toda la saga. Si que no me parece baladí que el actor que interpreta a Jackson Lamb sea Gary Oldman, ya que Oldman encarnó también a George Smiley en la película El topo, basada en la novela de John LeCarré y titulada originalmente Calderero, sastre, soldado, espía…

Me falta ahora conocer mejor al equipo y sorprenderme ante las situaciones a las que deben de enfrentarse en los libros siguientes. Solo deseo que el ritmo sea ascendente aunque la lectura en este tipo de género, sobre todo cuando es buena de verdad, obliga a sosegar la velocidad y a saber separar lo que realmente importa de lo que no a lo largo del relato. La novela de espías es un género que exige estar atento, aquí no son tan importantes los grandes gestos sino, precisamente, lo contrario.

Saludos, detrás de tu espalda, desde este lado del ordenador

Jorge Fonte: “Walt Disney fue un impulsor de sueños”

Martes, Febrero 3rd, 2026

Resulta difícil para alguien que nunca fue disneymaníaco conversar con alguien que lo es satisfactoriamente confeso. En mi imaginario infantil, las veces que me llevaron al cine a ver una de Disney era como meterme en una de terror, solo que con dibujos animados. La representación del diablo que aparece en el segmento Una noche en el Monte Pelado, de Músorgski, en la película Fantasía, sigue generándome muy malos rollos. Huelga decir lo que lloré con Bambi cuando los cazadores asesinan a la madre del desvalido cervatillo, entre otras tristezas que el visionado de sus películas me ha proporcionado a lo largo de una existencia en la que, ya digo, Walt Disney nunca fue uno de mis ídolos.

Como terapia de choque lo mejor era hablar con Jorge Fonte (Santa Cruz de Tenerife, 1967), porque si hay alguien en España que conoce de la a hasta la z la vida y la obra de Walt Disney ese es él. Antes de Eso no estaba en mi libro de historia de Disney (Almuzara, 2025) estudió en otros libros al personaje y antes de pasarse a la ficción, Jorge Fonte contaba con otros ensayos dedicados a cineastas norteamericanos como Woody Allen, al que ha diseccionados de arriba abajo en varios trabajos, Oliver Stone y Robert Zemezckis, entre otros. Eso no estaba en mi libro de historia de Disney es un libro de encargo, pero está muy cuidado y cuenta con reveladora información sobre Walt Disney.

Para los disneymaníacos se trata de una obra de referencia pero también de iniciación sobre un personaje que más que cineasta fue productor e impulsor de sueños, dice Fonte, muy celoso a la hora de defender el buen nombre de un hombre que si algo tuvo fue olfato para dar en el clavo y colocar el cine de animación en el lugar que hoy ocupa. Así que me guste o me disguste, si algo hay que reconocerle a Disney es que fue capaz de construir un imperio –con parques de atracciones incluidos– de la nada. Su sentido de la oportunidad y su manera de vaciar el espíritu de los cuentos infantiles en un cine para todos los públicos es, no tengo duda alguna, un toque que sus seguidores dicen fue mágico y de colores.

- El libro comienza con el capítulo El español que nunca fue, ¿por qué?

“Eso no estaba en mi libro de Historia de Disney es un encargo realizado por la editorial Almuzara, y una de las principales cuestiones que les propuse fue que me permitieran ahondar en la fake new que, desde 1941, afirma que Walt Disney había nacido en Mojácar, un pueblito de Almería, y que, por lo tanto era español. Sé que es una lucha contra dragones, pero mi intención es intentar desmentir por completo este bulo, contando toda la historia real que hay detrás de esta falsa noticia”.

 - Se conoce si Disney conocía este bulo.

“Sí, a lo largo de su vida, varios periodistas españoles se lo preguntaron. Él les dio una explicación bastante lógica: a finales de los años 20, en el Estudio Disney trabajaba un animador mejicano llamado Rudy Zamora. Bueno, pues se ve que alguien con demasiada imaginación relacionó la ciudad castellano-leonesa con Disney, y de ahí nació la idea de su españolización”.

– ¿Cuál fue la relación de Walt Disney con nuestro país?, ¿cómo lo veía, qué opinaba de sus gentes, su comida, sus tradiciones? Creo que estuvo unos días en España pero no se sabe nada de lo que hizo… ¿O sí?

“Walt Disney y su esposa Lillian estuvieron en España en octubre de 1957, porque vinieron a visitar a su amigo Salvador Dalí a Cadaqués. Estuvieron en Cataluña un par de días y después recorrieron toda la Península Ibérica de norte a sur hasta coger un barco en Algeciras diez días después. Realmente, poco se sabe de este viaje, pero es de suponer que pasarían por las principales ciudades españolas: Valencia, Toledo, Madrid, Sevilla, etc”.

– Un agujero negro en la historia de Walt Disney es la autoría del diseño y la animación de su criatura más famosa, Mickey Mouse, que se atribuye a Ub Iwerks… ¿Verdad o leyenda?

“Bueno, es verdad y es leyenda. Le explico: en 1927, el Estudio Disney se quedó sin los derechos sobre su mayor éxito hasta la fecha, el conejo Oswald. Así que, sobre la marcha, se vieron en la necesidad de crear un nuevo personaje. Walt Disney se reunió con el principal animador del Estudio (que además era su amigo personal) Ub Iwerks y entre los dos idearon un nuevo personaje. En realidad, se limitaron a rediseñar al conejo para convertirlo en un ratón: le redondearon las orejas, le acortaron el rabo, y poco más. Iwerks lo animó él solo durante los primeros cortometrajes, y Disney le confirió su carácter y personalidad, y le dio voz. Así que, en realidad, fue creado por ambos”.

- ¿Walt Disney fue antes cineasta o empresario?

“Pues yo más bien creo que ni una cosa ni la otra. Ante todo Walt Disney fue productor. Un creador de ideas, de proyectos; un impulsor de sueños. Todo partía de su iniciativa, de su inmensa creatividad, de su inacabable energía vital. Y fue un hombre que supo rodearse de artistas que hicieran realidad sus planes”. 

- Se critica mucho a Disney por manipular cuentos que más tarde llevaría al cine, entre otros Pinocho, Alicia en el país de las maravillas y Peter Pan, cuyas historias animadas apenas tienen nada que ver con las originales… ¿Cómo encajan estas críticas en ese supuesto mundo mágico y de colores?

“Manipular me parece una palabra demasiado dura. Yo más bien diría que adaptó los cuentos para hacerlos accesibles y entendibles por un público infantil actual. Los cuentos de los hermanos Grimm o los de Hans Christian Andersen o los de Charles Perrault, son, en realidad, mucho más crueles y duros, pues en su origen fueron concebidos para educar a los niños a través del ejemplo. Disney  y sus guionistas lo que hicieron fueron readaptarlos a los tiempos actuales. ¿Dulcificándolos?, sí, y ¿cambiando algunas cosas? sí. Porque, a ver, tú lees los originales y algunos son casi relatos de terror. Pero, en el fondo, todas las adaptaciones cinematográficas de libros, ¿no hacen lo mismo?” 

- No lo creo, de hecho pienso que la ideología de Disney es en parte responsable de todo esto ya que fue un hombre férreamente conservador. La pregunta es ¿cuál fue su comportamiento durante la caza de brujas?, ¿expulsó a guionistas y dibujantes que trabajaban para él por sus ideas?, ¿por qué ese odio/miedo hacia el comunismo?, ¿esa inquietud queda reflejada en algunas de sus películas?

“Ideológicamente sí, Walt Disney era de derechas. Pero, sinceramente, no creo que sus ideas políticas se reflejaran en sus películas, más allá de ser un hombre muy familiar y tradicional. En 1941, su Estudio sufrió una huelga de animadores bastante severa que duró varios meses. No se lo tomó muy bien, no entendió su comportamiento. A fin de cuenta, siempre había tratado a sus trabajadores como si fuera una gran familia (de hecho, por ejemplo, tras el éxito de Blancanieves, repartió acciones del Estudio entre sus empleados). Pero sí, es verdad, su postura política se radicalizó a raíz de aquello. Colaboró con el Comité de Actividades Antiamericanas y denunció a varios de sus empleados por ser comunistas. No estuvo bien. Ahí se equivocó, supongo que se dejó llevar por la pasión”. 

- ¿Y durante la II Guerra Mundial?, ¿Disney realizó cortos animados de propaganda antifascista?

“Sí, claro, muchos. Incluso uno de ellos, quizás el mejor y más famoso, Der Fuehrer’s Face, con Donald Duck como protagonista, ganó un Oscar de la Academia en 1943. Aparte, realizó numerosos cortos propagandísticos, como The Spirit of ’43, y Sky Trooper (1942), en el que Pato Donald quiere entrar en el ejército para ser paracaidista”. 

- Se conoce el caso de Los tres caballeros pero ¿cómo fue la representación de España y América en las películas y series que produjo?

“El Estudio Disney realizó dos largometrajes ambientados en Latinoamérica: Saludos amigos (1942) y Los tres caballeros (1943), donde Donald y Goofy (sobre todo el primero) visitaban países como Argentina, Brasil, Perú o Méjico. Así que estas películas son más turísticas que otra cosa, aún así le aportaron al Estudio dos personajes tan emblemáticos como el papagayo José Carioca y el gallo Pancho Pistolas. Por su parte, España sale representada en varias producciones del Estudio Disney, como en el corto Ferdinand the Bull (1938), que se desarrolla durante una corrida de toros en Madrid. También hay una referencia directa a Canarias en el largometraje de acción real 20.000 leguas de viaje submarino (Richard Fleischer, 1654), donde las islas aparecen en un mapa cartográfico que está dentro del Nautilus”.  

- ¿Por qué no se concluyó la película que preparaba con Salvador Dalí?

“Disney contrató a Dalí en 1946 para que realizara un cortometraje de animación basándose en la canción Destino, de Armando Domínguez. El pintor catalán estuvo dos meses trabajando en el Estudio con varios animadores (como John Hench) y llegaron a producir unos veinte segundos de película, pero el estilo visual de Dalí (con una bailarina desnuda que se transformaba en una campana) poco tenía que ver con el de Disney. Además, el presupuesto del film pronto se disparó hasta un punto inasumible por un Estudio que, en aquella época, pasaba por algunos apuros económicos, por lo que finalmente, y de mutuo acuerdo, ambos artistas decidieron cancelar el proyecto. Sin embargo, en 2003 el Estudio Disney rescató aquella secuencia y finalizó un corto dirigido por Dominique Monfery, realizado íntegramente en Francia”. 

- ¿Algún día escribirá un libro sobre las producciones Disney con personajes reales como La bruja novata, Herbie, Mary Poppins, Un gato del FBI…?

“No creo. Mi campo de interés dentro del amplio universo creativo del Estudio Disney se centra en las películas de animación”.

 - ¿Cómo llega usted al universo Disney?, ¿cuál fue la primera película que vio de la compañía?, ¿dónde?

“La verdad, es que no lo recuerdo. Por mi edad, supongo que sería Los aristogatos (1972) o Robin Hood (1973), tendría yo cinco o seis años (soy de la quinta del 67). Mis padres me llevarían a alguno de los muchos cines que había en el Santa Cruz de aquella época. Después, en los años ochenta, Televisión Española comenzó a emitir los cortos de Mickey y Donald, y ya ahí me enganché de por vida”.

 - ¿Y con qué películas se quedaría de su ya larga filmografía?

“Con dos (bueno, con tres): Pinocho (1940), que considero que fue la mejor película de animación creada por el Estudio Disney durante su primera etapa (mientras vivía Walt). El rey león (1994), que creo que es la mejor después de la muerte del creador del Estudio (además, musicalmente insuperable). Y Tarzán (1999), la última gran producción Disney hasta la fecha”.

- ¿Cuánto ha cambiado el Disney clásico del actual?

“Oh, muchísimo. Piensa que el Estudio Disney comenzó siendo una empresa familiar, que fue creciendo paulatinamente acorde al éxito de sus películas. Ahora es una multinacional con negocios en todo el mundo, casi un imperio que ha absorbido (léase, comprado) a todo aquel que le hacía sombra o fuera su competencia directa (como LucasFilms, Marvel, Pixar, etc.), cosa que Walt Disney nunca hubiera hecho”.  

 - ¿Y existe un toque Disney?

“Creo que sí, claro. La calidad, la enorme calidad de sus producciones. Esa siempre fue una de las constantes preocupaciones de Walt Disney, pues reinvertía todos las ganancias que obtenía de sus películas en el siguiente proyecto, con la intención de hacer que su siguiente filme fuera mejor que el anterior. La calidad artística de sus películas, es, sin duda, su marca de la casa”.

Saludos, hijos e hijas míos, desde este lado del ordenador