Archive for Julio, 2026

Ricardo Guerra Palmero: “La Edad de Plata de la cultura española fue liquidada y sus referentes, asesinados”

Jueves, Julio 23rd, 2026

El historiador Ricardo A. Guerra Palmero regresa es autor de numerosos libros y artículos relacionados con la Guerra Civil y la postguerra en Canarias. También de la II República y de los antecedentes que desembocaron en aquel conflicto que todavía sigue generando debates encendidos y en cierta manera apasionados en la sociedad canaria.

- ¿Cree que la sociedad canaria conoce lo que pasó antes, durante y después de la Guerra Civil?
 
“En términos generales se puede afirmar que el conocimiento es limitado y condicionado por visiones no basadas, o fundamentadas de forma muy parcial, en los estudios académicos sobre estos periodos, que en Canarias aún presentan importantes lagunas. Hay memorias diversas sobre estos periodos, según trayectorias familiares, sociales, culturales y de entornos de socialización. Además, las visiones autolegitimadoras de los vencedores en la guerra y sus modulaciones posteriores, así como las memorias dominantes del periodo de la dictadura muy difundidas en los medios locales desde la Transición, se han convertido en gran medida, y esto se ha reforzado en los últimos tiempos por una difusión mediática y en redes de tópicos franquistas, muy relacionados con intereses presentistas y muy alejada de la investigación académica.

Acerca de los discursos propagandísticos y memoriales de la dictadura franquista, estos fueron, son, una amplia construcción propagandística y discursiva basada en una amplia política de memoria e imposición ideológico-simbólica que mutó a lo largo del periodo para adaptarse a diferentes contextos nacionales e internacionales. Este proceso no fue estático, sino que se moduló desde la violencia explícita de la posguerra hacia formas más sutiles de justificación social y económica. En un primer momento, desde la finalización de la Guerra se desarrolló la “Cultura de la Victoria”, un ejercicio de violencia simbólica que buscaba la nacionalización de la sociedad bajo parámetros fascistas y nacionalcatólicos en la que primaban la criminalización de los vencidos, la legitimación del régimen por su victoria en la autodenominada “Cruzada”, en el control del espacio público y en una amplia panoplia de rituales, a lo que hay que añadir una constante en todo el periodo dictatorial: el culto a Franco.

A partir de finales de los años cincuenta y primeros sesenta se desarrollaron en algunos espacios de la dictadura modificaciones al discurso, que introdujeron una imagen más abstracta y despolitizada del conflicto, buscando generar un mayor consenso social, de ahí la idea de drama (la guerra como tragedia inevitable) y la noción de la culpabilidad colectiva, que diluía las responsabilidades sobre la ejecución de la rebelión que dio lugar a la guerra y que apelaba al “excepcionalismo español”, o que el carácter español era intrínsecamente violento y requería ser “embridado” por un poder autoritario para mantener la paz.

Desde el desarrollo de la gran campaña propagandística de los denominados “25 años de paz” las consignas de la dictadura se orientaron hacia el principio de “legitimidad de ejercicio”, basado en el mito del desarrollismo (se obviaban las contradicciones del proceso de crecimiento económico y se dejaban a un lado las durísimas dos décadas de la autarquía) y en el uso a posteriori de un discurso que presentaba a Franco poco menos que como el padre de la democracia.

Finalmente, durante la Transición y en la fase de consolidación del actual sistema parlamentario hubo lo que numerosos autores denominan un “pacto de olvido” político e institucional que no afrontó ese pasado incómodo, ya que el paso a la democracia estuvo condicionado por el miedo a una nueva guerra civil, que, en cierta medida, funcionó como recuerdo pantalla para evitar debates sobre la responsabilidad del golpe de estado, la guerra y la represión franquista y reforzaba la idea del “todos fuimos culpables” y la de “mejor no remover el pasado”.

- ¿Cómo cree que afectó a la educación en Canarias?, ¿qué protagonistas destacaría de aquellos años?

“La rebelión del 18 de julio tuvo un impacto inmediato sobre los docentes y la educación. Desde la proclamación del estado de guerra los empleados públicos empezaron a ser depurados y numerosos maestros detenidos. En lo relativo a la educación, las primeras medidas adoptadas por la Junta de Defensa Nacional datan de agosto de 1936 y sentaron las bases de lo que sería la actuación en la zona autoproclamada «nacional», primero, y en el conjunto del país, tras la Victoria.

Los sublevados demolieron las reformas y cambios operados a partir del establecimiento de la Segunda República, e incluso avances anteriores (pedagogías innovadoras, coeducación, laicidad, herencia de la Institución Libre de Enseñanza…), y dio comienzo la «renacionalización» de la enseñanza en sentido nacionalcatólico y fascistizante.

A lo largo de la guerra se produjo un proceso de movilización de los docentes adeptos y del alumnado en iniciativas de apoyo al esfuerzo militar, tanto en forma de aportaciones materiales como en el plano de la propaganda. Desde 1938, se encuadró obligatoriamente a los maestros en el SEM y a partir de la guerra se incrementó el absentismo escolar, se favoreció a los establecimientos privados y los avances en materia de escolarización fueron lentos y limitados, aunque se partía de una situación muy negativa. A modo de ejemplo, en 1960 el porcentaje de personas que tenían instrucción primaria o menos era del 96,3%, mientras con educación secundaria sólo había un 2,5% y un 0,1% contaba con educación superior. A principios de los años 70 las tasas de escolarización en la población de 6 a 13 años en Canarias eran las más bajas del país.

La represión marcó el devenir posterior y esta fue aplicada desde los primeros momentos y materializada en detenciones, condenas de cárcel e incluso asesinatos de docentes comprometidos con la República y el movimiento obrero. La purga desatada con la depuración general implicó distintos tipos de sanciones, la expulsión de la labor docente en muchos casos, correctivos y una secuela de amedrentamiento de buena parte del profesorado. Como ha explicado Manuel Ferraz, la depuración fue de tal intensidad que a finales de 1937 numerosas escuelas continuaban cerradas y no había personal para cubrir esas plazas, cuestión agravada por la movilización militar, y se recurrió a personal con menor cualificación. Según este autor, en torno a un 35% de los maestros fueron represaliados de una u otra forma en la provincia. En la enseñanza secundaria el porcentaje fue menor, pero el proceso depurador, como ha indicado Olegario Negrín Fajardo fue un «mecanismo amedrentador llegó a todos los profesores, especialmente a los que tenían un pensamiento moderno y liberal». En la Universidad, un 43% de los docentes fueron sancionados, sobre todo profesores jóvenes y con implicación política y social en la etapa democrática.

- ¿Y en la Cultura?
 
“La rebelión del 18 de julio de 1936 y la implantación de la dictadura supusieron una ruptura con el pasado inmediato, tanto en términos sociales como culturales y científicos. La Edad de Plata de la cultura española fue liquidada y sus referentes fueron asesinados o perecieron por las circunstancias, fueron represaliados, marcharon al exilio (también al “exilio interior”) y, en algunos casos, se acomodaron o apoyaron el estado de cosas y la cultura oficial que se impuso por la fuerza. En general, y en Canarias en particular, los valores herederos de la ilustración, la modernidad y las vanguardias fueron perseguidos y denostados, lo que no quita que algunos de sus representantes pudieran continuar con su labor pasados los primeros lustros del régimen, aunque en algunos casos sufrieran la censura u otras reconvenciones más graves. En este sentido, la larga posguerra supuso un retroceso generalizado”.


 
- ¿Cuál fue el papel de la mujer antes y después de la Guerra?, ¿qué mujeres destacaría de aquel entonces?
 
“El periodo anterior a la guerra registró avances en lo referido a la igualdad entre hombres y mujeres, al menos en el plano legal, y también conoció una importante movilización femenina, en todo el espectro político, que se intensificó durante la Guerra. 
La victoria de los sublevados contra la república supuso una ruptura en el lento camino hacia la igualdad entre hombre y mujeres, iniciado en los años anteriores, que tuvo en la legislación republicana sus principales realizaciones.

Desde el inicio de la Guerra Civil, los rebeldes iniciaron la demolición de los avances en materia de igualdad. La dictadura franquista constituyó una involución que, entre otras cosas, situó a las mujeres en una posición de subordinación e indefensión, privadas de la mayoría de los derechos adquiridos en periodos anteriores y consideradas como menores de edad.

La igualdad legal, promulgada por la Constitución republicana, así como los avances en derechos, promovidos durante el primer bienio republicano (entre mayo de 1931 y el verano de 1933) y el gobierno del Frente Popular, fueron suprimidos.

La supresión de las disposiciones republicanas sobre igualdad y derechos de las mujeres se enmarcó en la imposición de un modelo de mujer, y una atribución de roles de género, que respondía a los principios compartidos por nacionalcatólicos y fascistas.

La intención de las medidas y acciones aplicadas por la dictadura, desde la guerra y a lo largo del primer franquismo, era devolver a las mujeres al espacio de lo doméstico: madres, amas de casa, cuidadoras, educadoras en los valores del régimen, guardianas de la moral impuesta, sometidas al padre y al marido. Por ejemplo, La «licencia marital» estuvo vigente hasta la aprobación de la Ley 14/1975, de 2 de mayo y cualquier «desviación» del patrón moral impuesto era penalizado y condenado, tanto por las instituciones represivas del régimen como por la sociedad. Las mujeres que se salían del patrón impuesto eran demonizadas y consideradas enemigas de la moral católica y de la nación «España», como demuestra la actividad del del Patronato de Protección a la Mujer, creado en 1941 y que fue la principal institución represiva específica para las mujeres”.

- ¿Qué destacaría de la II República, la Guerra y la represión, y la postguerra en Canarias?

“La II República fue un régimen democrático que intentó llevar a cabo un programa de reformas y de modernización durante el primer bienio y en los meses del Frente Popular en un contexto adverso en lo económico, y con la oposición frontal de las élites, el aparato de Estado y las redes clientelares que monopolizaban el poder desde épocas pretéritas. En este sentido, el régimen democrático contó con la oposición frontal de gran parte los poderes tradicionales de este país. Además, esa República, pese a las afirmaciones de los panegiristas de la dictadura, era «de orden» y en numerosas ocasiones reprimió duramente a sectores de la clase trabajadora, además de tomar decisiones que dejaban reformas de calado en un estado incipiente En cuanto a la visión que se tiene del periodo hoy en día, se siguen dando por válidas afirmaciones que no tienen en cuenta el contexto general español e internacional. Por ejemplo, se afirma que fue un periodo de gran inestabilidad política, pero si se compara con los últimos años de la Restauración se constata que los gobiernos eran más estables. También se obvia que la República comparte el mismo marco que otros países europeos y que en estos (Francia, Austria, Alemania hasta 1933, etc.) hubo una intensa conflictividad política y social, que derivó en numerosos países con la instauración de regímenes fascistas, filofascistas o dictaduras más «tradicionales». Al final, lo que se ha transmitido desde numerosas tribunas, principalmente mediáticas, es la descalificación de todo el proyecto republicano empleando los mismos tópicos que en su día utilizaron los sectores golpistas y la dictadura posterior. Se ha atribuido a la II República ser un puente o la causa de la guerra, cuando esta fue provocada por una conspiración y un golpe de estado frustrado, que derivó en ese conflicto bélico y en una dictadura de casi cuatro décadas”.

- ¿Qué significó la Guerra Civil para el archipiélago?

“La Guerra Civil supuso una ruptura traumática en numerosos órdenes de la vida del Archipiélago. La primera consecuencia es la propia situación de conflicto y su secuela de pérdidas humanas y de vidas destruidas por heridas y afecciones propia de un conflicto armado de gran escala. La movilización en Canarias fue masiva en términos de recursos humanos, varias fuentes mencionan entre 40.000 y 60.000 combatientes enviados, en su mayoría forzosamente –también hubo numerosas bajas entre las unidades voluntarias–, que estuvieron en las principales batallas. A esas pérdidas se deben añadir las personas asesinadas, tanto por la represión institucionalizada de los consejos de guerra (la “justicia al revés”, como la calificaba el propio Serrano Suñer) como por las desapariciones. A la propia guerra y la violencia represiva se añade la destrucción de los avances sociales desarrollados desde finales del siglo XIX –el periodo de la Edad de plata de la cultura española–. Se implantó una dictadura fascistizada que rompió con la tradición liberal del archipiélago, se produjo un retroceso generalizado en todos los ámbitos, y el miedo y la violencia afectaron a buena parte de la población.

Un tiempo de plomo, miedo y silencio que se prolongó por demasiado tiempo. Gran parte de la población fue sometida a encuadramiento obligatorio en las organizaciones de masas del partido único y al adoctrinamiento, en muchos casos culpabilización de su pasado y existencia. En términos económicos, la guerra significó la conversión de las islas en una retaguardia de la que extraer recursos por medios de todo tipo, entre ellos las denominadas “suscripciones populares”. Asimismo, el progresivo giro autárquico derivó en una de las mayores crisis económicas de la historia del archipiélago. Se quebró el modelo librecambista (puertofranquista) canario, lo que ahora llaman desde instancias políticas de distinto signo el fuero canario. Todos los indicadores económicos se hundieron. Canarias, desde la aprobación de la reforma fiscal del ministro Larraz en 1940, se homogeneizó a la España Peninsular y se frenó la tendencia de crecimiento e integración económica internacional de Canarias desarrollada desde la promulgación del decreto de Puerto Francos de 1852.

Los datos que proporcionan las fuentes indican que el periodo autárquico fue de extrema gravedad para las mayorías: subempleo, racionamiento escaso e irregular, ruralización, hundimiento de los salarios reales, inflación muy por encima de la media española, empobrecimiento generalizado, ruralización hasta los años cincuenta –pese a los desplazamientos de población internos–, agravamiento del problema de la vivienda, semiparálisis de actividades productivas y terciarias –se argumenta que fue por la Guerra Mundial, pero…, ¿quiénes eran los aliados del régimen?– y, como secuela, el recurso a la válvula de escape de las tensiones en el archipiélago, primero ilegal y luego como salvación masiva, que fue la emigración. El aumento de las ya amplísimas desigualdades sociales se mantuvo y agudizó en estas décadas, pese a las medidas paliativas y a la propaganda.

En términos sociales y culturales, en esas islas donde la supervivencia era la realidad de la inmensa mayoría de la población, según las fuentes del propio régimen, la corrupción campó a sus anchas y los problemas sociales eran, por decirlo de una manera contenida, graves. Las mujeres vieron mermados los magros avances logrados en épocas anteriores y la imposición del nacionalcatolicismo con ribetes fascistas afectó a la educación y a la cultura”.

- ¿Qué momentos destacaría del conflicto en el archipiélago?
No es una cuestión de momentos, es un proceso complejo con diversas fases. Desde la conspiración contra la democracia hasta el parte del 1.º de abril de 1939 todo es destacable. Queda mucho trabajo por hacer…”.

FOTOS:

1.- Manifestación celebrada el primero de mayo de 1936 en Tazacorte. (Archivo Municipal de Tazacorte).

2.- El historiador Ricardo A. Guerra Palmero.

3.- Militantes de la Sección Femenina desfilando ante el Gobierno Militar en Las Palmas de Gran Canaria. (Archivo de Fotografía Histórica de Canarias. Fedac).

Saludos, en este verano de 2026, desde este lado del ordenador

Fallece el historiador Ramiro Rivas García

Miércoles, Julio 22nd, 2026

Me entero hace unos minutos y por un compañero que ha fallecido el historiador Ramiro Rivas García, doctor en Historia por la Universidad de La Laguna (ULL) con la tesis doctoral titulada La Guerra civil en Tenerife 1936-1939. Ramiro Rivas fue además profesor de Geografía de la ULL y catedrático de Instituto de Geografía e Historia en Santa Cruz de Tenerife.

Es autor, entre otras obras, de Tenerife 1936. Sublevación militar: resistencia y represión (1999), La evolución de la propiedad de la tierra en el Noroeste de Tenerife (2006) y de …y Franco salió de Tenerife (2018).

Colaboró en trabajos colectivos como La Guerra Civil en Canarias (2000) y El final de la II República en Tenerife: El Frente Popular (16 de febrero-18 de julio de 1936), en la Segunda República en Canarias (2012). Publicó también artículos tanto de investigación como de divulgación: La FETE-UGT de Tenerife en 1936, Canarias: Memoria histórica, retales de memoria, desmemoria y amnesia, ¿Hubo Guerra Civil en Canarias? La resistencia de los tinerfeños contra Franco durante la Guerra Civil 1936-1939 e impartió conferencias, algunas de las cuales se pueden encontrar en la red.

El funeral de Ramiro Rivas García se celebra mañana, jueves, a las 16 horas en Los Bethletmitas, en la calle Bencomo, 8, de La Laguna, lugar en el que se está velando su cadáver esta noche. Dice quien me avisa de su fallecimiento que le gustaba despedirse ¡Salud y colectivismo agrario!, ojalá lo encuentre allí donde se ha ido.

Aarón León Álvarez: “El ‘contradiscurso’ a la investigación histórica ha llevado a la desinformación”

Miércoles, Julio 22nd, 2026

Aarón León Álvarez es doctor en Historia por la Universidad de La Laguna y autor de numerosos libros y artículos, varios escritos en colaboración con investigadores y otros en solitario. Desde hace años, su línea de trabajo se ocupa especialmente de la Guerra y la represión en Canarias.

- Noventa años después ¿qué traumas cree que siguen pesando en la sociedad canaria?

“Lo peor siempre recae sobre las familias que no han podido recuperar a sus familiares o simplemente saber dónde están, qué sucedió con ellos, etc. En general, la sociedad actual más que un trauma tiene un déficit de conocimiento, en muchos casos, y de aceptación de lo que sucedió y cómo se desarrolló, en otros. El contradiscurso a la investigación histórica ha llevado a la desinformación y en otros casos a tratar de contraponer los hechos frente a otros, tratando así de “equilibrar” ciertos hechos, es decir, si había represión franquista en un sitio, la republicana fue peor o de una dimensión que justifica la otra”.

- ¿Hasta que punto la represión ha condicionado el carácter de los habitantes de las islas?, ¿Cómo explicar la polémica que aún suscita en Tenerife el monumento a Franco?

“El monumento no preocupa, creo yo. Preocupan los debates políticos de retirarlo, de ataques políticos de unos contra otros, entre instituciones, etc. Pero no hay un debate sosegado y claro de cuáles son los elementos que deben definir nuestro espacio público y si el monumento a un dictador debe estar en las calles. ¿Es un monumento que genera consenso o simplemente nadie sabe realmente cómo actuar ante un monumento de esas dimensiones? Es insultante para los investigadores que se diga que no se sabe si es Franco o cosas por el estilo: pueden visitar un archivo y consultar la documentación (documentos históricos, prensa, reportajes audiovisuales…)”.

- ¿Cree que la sociedad canaria conoce lo que pasó antes, durante y después de la Guerra Civil?
“Cada vez se conoce más, pero es cierto que en un marco de tensión política que ha condicionado los debates y consensos sociales en torno a este tema. Hay más acceso a información que nunca y se han multiplicado las posibilidades: investigación histórica, literatura, documentales, etc”.

- ¿Qué destacaría de la II República, la Guerra y la represión, y la postguerra en Canarias?

“Son tres periodos distintos, con sus desarrollos y fases pero que siempre se ven juntos. La primera democracia en la Historia de España, el recurso a la violencia y la intervención del ejército en la vida política y pública y la ausencia de libertad que se conecta con el hambre, la escasez y la emigración. Es el momento de resolución histórica de numerosas problemas que existen en el país y que tienen como punto final la depuración de la sociedad; el desequilibrio social y la ausencia de cultura democrática en España está en la raíz de ese problema”.

- ¿Qué significó la Guerra Civil para el archipiélago?

“Un momento de fractura y de depuración social que afectó a miles de familias. A unos por el asesinato de sus familiares (desapariciones, fusilamientos….), pérdida de propiedades, de trabajos, etc. Se unió a ello el temor y la desaparición de espacios de participación pública. Para otros supuso ir al frente de guerra peninsular; pérdida de familiares en la guerra, etc. Para una minoría supuso recuperar el control de las instituciones y, por supuesto, acabar con el movimiento obrero, para poner fin así a la etapa de mayor contestación social de la historia del archipiélago.”

- ¿Cómo cree que afectó a la cultura y la educación en Canarias?, ¿qué protagonistas e intelectuales destacaría de aquellos años?

“Puso fin a un periodo de auge cultural y de extensión de la educación como no se había producido antes y que estaba suponiendo que la cultura, en sentido amplio, llegara a sectores de la sociedad que habían estado alejadas de la misma. Supuso que todo el grupo de personas que participaron en Gaceta de Arte prácticamente desaparecieran de la vida pública, con casos como el de Domingo López Torres que fue desaparecido; maestros depurados, artistas que acabaron en prisión, etc”.

- ¿Cuál fue el papel de la mujer antes y después de la Guerra?, ¿qué mujeres destacaría?

“Es uno de los temas que resultan necesarios poder investigar para saber realmente hasta dónde llegaron las reformas republicanas, pero también la participación de las mujeres obreras, más allá de casos reconocidos como Isabel Hernández Marichal, Carmen Goya o Isabel González “Azucena Roja”. A su vez, durante la guerra, el papel de la mujer como sustento de la retaguardia para la guerra, o el impacto de su nula participación política”.

- ¿Por qué resulta tan difícil abordar con cierta objetividad la Guerra Civil en Canarias como en España?

“Creo que se aborda con objetividad, al menos desde la historiografía. Por mi experiencia la mayor dificultad la he encontrado a la hora de ver como el resto de la población, por sus tendencias políticas actuales, puede asumir la dimensión de la violencia en Canarias contra sectores sociales concretos y que su uso respondió a la necesidad de acabar con cualquier oposición a las élites tradicionales. Claro está, en otros ámbitos, puede haber esa falta de objetividad, pero la creatividad o la investigación siempre puede venir condicionada desde el mismo momento en que se elige el tema a trabajar”.

- ¿Qué es lo que cree que aún queda por investigar de la Guerra Civil en Canarias?

“Actualmente solo tenemos dos tesis doctorales sobre la Guerra en Canarias (Ramiro Rivas en Tenerife y Salvador González en La Palma). Nos hace falta una visión de conjunto que de verdad integre a todas las islas y en aspectos concretos, por ejemplo, de la represión sería necesario un estudio de las causas militares y sus múltiples efectos, incautación de bienes, la depuración de las mujeres, etc”.

- Como historiador ¿qué momentos considera que deben de destacarse del conflicto en el archipiélago?

“Todos los procesos van entrelazados, como el golpe y los posteriores actos de resistencia, destacando especialmente en las islas no capitalinas como La Palma o La Gomera. El proceso inicial de estancia de Dolla en Canarias y la brutalidad de la represión especialmente por la desaparición de personas. La partida hacia el frente de guerra peninsular de jóvenes sin militancia política y por obligación que quedarían marcados para el resto de sus vidas. La apertura de Fyffes y la colaboración del capital extranjero…”

Saludos, más nunca o nunca más, desde este lado del ordenador

Manuel Ferraz Lorenzo: “La dictadura fue la negación de la propia persona y de su decisión soberana para poder pensar y actuar libremente”

Martes, Julio 21st, 2026

Manuel Ferraz Lorenzo es catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de La Laguna y autor y coautor de varios libros, monografías y artículos de investigación publicados en revistas españolas y extranjeras; sus temas de interés versan sobre aspectos de historiografía de la educación, la construcción social y educativa de la ciudadanía, y la historia de la educación contemporánea en España (especialmente en Canarias).

- Noventa años después ¿qué traumas cree que siguen pesando en la sociedad canaria de aquel periodo de nuestra historia?

“No sé si “traumas” sería la expresión más correcta, pero al menos, sí siguen existiendo “secuelas” de los acontecimientos posteriores al 18 de julio de 1936. Fundamentalmente dos: la secuela debido a la injusticia que se cometió, porque 90 años después sigue sin haber reparación real a la víctimas, pese a la ley de Memoria Histórica de 2007 y a la Ley de Memoria Democrática de 2022 (que, sin lugar a duda, han supuesto un paso importante en el reconocimiento de las atrocidades cometidas); y la secuela de la equidistancia, porque parece que todos tuvieron las mismas responsabilidades al cometer las atrocidades, tanto en el rol de victimas como de victimarios. Y nada más lejos de la realidad. Unos cumplían las leyes de las que se habían dotado democráticamente para salvaguardar el orden establecido y otros actuaban a través del “ordeno y mando” y del atropello otorgado por la fuerza de las armas y de las homilías vociferadas desde los púlpitos de la Iglesia (recuérdese la carta colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero firmada el 1 de julio de 1937). En Canarias estas secuelas se han podido palpar”.  

- ¿Hasta que punto piensa que la represión ha condicionado el carácter de los habitantes de las islas? Se pregunta por qué no nos explicamos como tanto tiempo después la polémica está presente cuando se habla de que el monumento a Franco desaparezca de la capital tinerfeña.

 “Lo ha condicionado tanto que, prácticamente, hasta bien entrados los años 80 no se hablaba de asesinados, desaparecidos, huidos, exiliados, marginados socialmente, etc. porque el control, la depuración y la represión ejercida por el ejército, por Falange, por la Iglesia y por las fuerzas ciudadanas paramilitares, fue durísima tras el golpe de Estado y la cruenta guerra civil. Por cierto, a estas alturas de la historia no se puede hablar del alzamiento nacional y, menos aún, de cruzada contra el comunismo. Fue todo mucho más complejo y estos términos surgieron como invención propagandística de los sublevados. Aquel terror del que hablaba el general Mola se fue transmitiendo generación tras generación hasta perdurar en la conciencia colectiva actual, azuzada por determinados partidos políticos y por evidentes intereses económicos y financieros”.   

- ¿Cuáles son los temas que más les cuesta superar a los canarios de su pasado guerracivilista?

“El aceptar que previamente al golpe de Estado se vivió una forma de gobierno democrática y constitucional, legítima y aceptada por la mayoría de la población en España y en las Islas, aunque conflictiva (fue la reacción de algunos grupos de poder ante la pérdida de sus privilegios históricos). La guerra civil acabó con los derechos civiles, políticos y sociales conquistados a partir de 1931. La mujer pasó a ser una figura decorativa en el hogar y una servidora de la Patria. No hubo libertad de pensamiento y menos de expresión. Canarias se convirtió en una cárcel para los que no se adhirieron al régimen desde los primeros momentos. La dictadura fue mucho más que la negación de los derechos conquistados unos años antes, fue la negación de la propia persona y de su decisión soberana para poder pensar y actuar libremente”. 

- ¿Cree que la sociedad canaria conoce lo que pasó antes, durante y después de la Guerra Civil?

“La historia de Canarias sigue sin conocerse a pesar del tiempo transcurrido. Nos basamos en tópicos y generalizaciones, pero no se ha estudiado y divulgado el pasado de las Islas como prioridad. Ni siquiera los libros de texto de nuestros niños y jóvenes abordan las temáticas canarias y, cuando lo hacen, se convierten en temas marginales, casi residuales. Las manipulaciones, tergiversaciones, visiones parciales y populistas han estado a la orden del día. De ahí, la aceptación “inocua” de las propuestas totalitarias defendidas actualmente por partidos políticos autoconsiderados patrióticos. Solo ha habido un momento histórico en Canarias en el que esto pareció superarse: durante el quinquenio 1978-1982 de la Transición a la democracia, cuando en las Islas resurgieron las propuestas nacionalistas de izquierdas y se intentó descorrer el velo del pasado más reciente. Ahora la polarización y el revisionismo lo inunda (casi) todo”.

 - ¿Qué destacaría de la II República, la Guerra y la represión, y la postguerra en Canarias?

“Es un período muy extenso, diverso e intenso. Se pasó de una democracia parlamentaria con una amplia pluralidad ideológica, a una etapa de fuertes enfrentamientos y de una cruel y ejemplarizante represión. La lucha de clases y la afinidad ideológica determinaban la posición de cada uno en la vertebración de la nueva sociedad. En este sentido, la miseria económica, la mediocridad intelectual y el fanatismo religioso reemplazaron, a partir del 18 de julio, a los derechos laborales, al fomento de la ciencia, la cultura y la educación, y a la libertad de expresión. En Canarias, por su configuración como sociedad isleña, estos contrastes fueron especialmente evidentes y calaron notablemente en la personalidad de su población”.  

- ¿Qué significó la Guerra Civil para el archipiélago?

“La Guerra Civil generó una crisis sin precedentes en las Islas Canarias. Y no me refiero solo a los aspectos más específicamente económicos, sino, sobre todo, a una profunda fractura social y personal (de identidad, si se quiere). La Islas se militarizaron desde sus inicios y hubo un colapso económico y social que se intentó mitigar con las cartillas de racionamiento (que no fueron ni justas, ni equitativas, ni distributivas), el estraperlo y el chantaje patronal. La represión, que ya he citado en apartados anteriores, se convirtió para los sublevados en la única medida viable de control social. Se prohibieron y persiguieron referentes intelectuales, señas culturales, tradiciones, avances científicos… la disidencia a estos retrocesos sociales, políticos y morales se intentó mitigar a través de los bandos militares, los dogmas de fe y las rejas carcelarias, aumentando su número ante la avalancha de detenidos a través de la creación de las temidas prisiones flotantes”.    

- ¿Cómo cree que afectó a la cultura y la educación en Canarias?, ¿qué protagonistas e intelectuales destacaría de aquellos años?

“La cultura y la educación, además, de las personas que las encarnaron, junto a otros líderes obreros y sindicales, fueron los grandes damnificados de los acontecimientos bélicos. Canarios universales como Blas Cabrera Felipe o Agustín Millares Carlo, entre otros cientos más, tuvieron que salir al exilio. Otros optaron por el exilio interior. La cultura, el arte, la ciencia, la educación, etc. fueron literalmente cercenadas. Algunos maestros fueron fusilados por ocupar cargos políticos: Manuel Illada Quintero en Tenerife y Juan Santana Vega en Las Palmas. Otros, los más renovadores en cuanto a contenidos educativos y metodologías pedagógicas, fueron despojados de sus títulos y tuvieron que vivir en precario: Juan B. Caparrós Morata. Pongamos otro par de ejemplos más: en La Palma, la Agrupación Cultural Octubre que se había creado en 1934 y que llegó a congregar a medio millar de personas en sus excursiones y manifestaciones artísticas y literarias, fue literalmente decapitada y sus responsables, como ocurrió con el maestro y líder obrero José Miguel Pérez, fusilado. La misma isla contaba en 1930 con 107 escuelas, a comienzos de 1936 con 165 y en 1939 con 167 (de ellas, 70 permanecieron cerradas por la contundente represión ejercida sobre el magisterio). En resumen, que en 1939 había menos escuelas, menos niños escolarizados y más maestros adocenados y mediocres que en 1930. En el resto del Archipiélago ocurrió algo parecido al haber sido represaliados, según cifras oficiales de los sublevados, 1.566 maestros en las dos provincias canarias (decreto de cese colectivo fechado el 27 de setiembre de 1936. Unas cifras que tampoco se ajuntan a la realidad porque no había tantos maestros y maestras en activo)”.

 - ¿Cuál fue el papel de la mujer antes y después de la Guerra?, ¿qué mujeres destacaría de aquel entonces?

“La mujer antes de la guerra civil había conquistado el derecho al voto (recordemos el debate parlamentario entre Clara Campoamor y Victoria Kent, el 1 de octubre de 1931), el derecho al divorcio, la despenalización del aborto en territorio republicano no ocupado en 1937, la igualdad social y jurídica con los hombres, etc. Tras el golpe de estado se recluyó en el hogar para pasar a ser hija, esposa y madre ejemplar (siguiendo los cánones establecidos por el nacionalcatolicismo de la época). Su dependencia de una figura referencial masculina fue total y la que lo incumpliera era señalada, reprendida, recluida en reformatorios, prisiones especiales o en el Patronato de Protección a la Mujer, gestionado por las órdenes religiosas al servicio del régimen. Siempre padeció una doble marginación: de clase y de género, se convirtió en un ser dependiente, maltratado y cosificado. Ejemplos de mujeres que lucharon por defender sus derechos podemos citar en Canarias, entre otras muchas, a Isabel González (Azucena Roja) o Sara Pérez”. 

-  ¿Por qué resulta tan difícil abordar con objetividad la Guerra en Canarias?

“Por la enorme propaganda y manipulación de los hechos que se ha realizado y que todavía continúa haciéndose por parte de ideologías y los estómagos agradecidos con el régimen anterior. También hay que comentar la enorme dificultad que hemos tenidos los investigadores para entrar en determinados archivos y consultar su información. Hay tesis doctorales que se han abandonado porque resultaba más cómodo y ventajoso investigar temas de carácter general que aspectos concretos de los años 30, 40 o 50. La historia de Canarias ha estado cargada de glorificaciones o de satanizaciones y, como consecuencia, exenta de la comprensión necesaria para interpretarla adecuadamente. Por suerte, hace algunas décadas que esto ha comenzado a cambiar. Algo que habría que seguir potenciando desde las instituciones públicas y académicas”. 

- ¿Qué es lo que queda por investigar de la Guerra Civil en Canarias?

“Todo. Bueno, maticemos. Si bien es cierto que hay aspectos que han sido abordados por destacados especialistas en la materia y que han arrojado mucha luz sobre las sombras de la guerra (represión, delaciones, enfrentamientos, militarización, Falange, retaguardia, cultura, educación, etc.), todo es susceptible de someterse a nuevos análisis y a complejas interpretaciones para hacerlas más inteligibles. Como diría el historiador británico Peter Burke, “aunque el pasado no cambie, la historia debe escribirse de nuevo en cada generación para que el pasado siga siendo inteligible en un presente cambiante” (2000: 239). Por eso debemos animar a nuevos investigadores a que sigan indagando en temáticas de referencia histórica como la república, la guerra civil, el franquismo, la Transición democrática, el respeto a los derechos humanos, etc. En resumen, buscar respuestas para crear mundos y sociedad más habitables, potenciando la conciencia colectiva y la acción humana para desactivar el artificio que pone en cuestión las sanas relaciones personales”.  

- ¿Qué momentos destacaría del conflicto en el archipiélago?

“Hay momentos muy especiales, como los posteriores a la insurrección golpista por la terrible represión, los encarcelamientos con torturas, las famosas sacas, las fosas clandestinas (los asesinados en la Sima de Jinámar), los juicios sin garantías procesales (sumarísimos), las violaciones físicas y la conculcación de todo tipo de derechos humanos, los sometimientos a los que pensaban distinto, los métodos perversos de sufrimiento (incrustación de lascas de tea en las uñas de los presos para que delataran a compañeros…), etc. Sin duda, el momento más valiente y arriesgado para detener estas atrocidades tuvo lugar en La Palma durante la denominada Semana Roja (del 18 al 25 de julio de 1936) donde la Isla se mantuvo fiel a la legalidad republicana vigente. La represión sufrida por sus promotores fue pagada con sus vidas, con el exilio, con el encarcelamiento y con el escarnio permanente a sus familiares y descendientes”.

Saludos, contra viento y marea, desde este lado del ordenador

A sangre y fuego

Lunes, Julio 20th, 2026

Noventa años después del estallido de la Guerra Civil, aquel sábado 18 de julio de 1936, los historiadores Ricardo Guerra Palmero, Aarón León Álvarez y Manuel Ferraz Lorenzo responden a una serie de preguntas en la primera entrega de una serie que finaliza el domingo próximo, con la que los encuestados dan a conocer sus opiniones en torno a lo que significó aquella catástrofe para el archipiélago canario. Esperamos que sus respuestas y reflexiones contribuyan a serenar un debate que sigue ahí, provocando discusiones encendidas que no llegan a ningún lado.

A partir de este martes y hasta el jueves, iremos subido a este su blog El Escobillón las tres primeras entrevistas de un total de seis que hemos realizado para recordar lo que significó esta fecha para el archipiélago.

Manuel Ferraz Lorenzo es catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de La Laguna, departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia, la Educación y el Lenguaje y es autor y coautor de varios libros, monografías y artículos de investigación.

Ricardo Guerra Palmero y Aarón León Álvarez son doctores en Historia de la ULL, e investigadores que han dedicado gran parte de su trabajo a publicar libros y artículos especializados en los antecedentes, la guerra y la postguerra en el archipiélago. Ricardo Guerra es autor de La Falange en Canarias (1936-1950) y Guerra y economía en Canarias (1936-1945), entre otros.

Aarón León colaboró con Luana Studer Villazán y Victorio Heredero Gascueña en La recuperación de la memoria histórica en Tenerife: un estudio multidisciplinar sobre los desaparecidos durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y es autor por citar un título de Consenso y resistencia en Canarias durante el primer franquismo.

La semana próxima participarán en este especial las escritoras Cecilia Domínguez Luis y María del Mar Rodríguez y el cineasta Miguel A. Morales. Los tres cuentan en su trabajo con títulos que se desarrollan en este periodo trágico para las islas.

FOTO: El 17 de junio de 1936, el general Francisco Franco se reunió en Las Raíces, en el monte de la Esperanza (Tenerife) de forma semisecreta con los principales mandos militares de la isla para planificar el golpe de estado que desencadenó la Guerra Civil. La imagen que reproducimos fue tomada por el fotógrafo tinerfeño Adalberto Benítez.

Saludos, y hasta mañana, desde este lado del ordenador

Israel Díaz Reinado: “Me evado gracias a los libros que escribo”

Martes, Julio 14th, 2026

La almadraba, esa red que tiene forma de laberinto, es una excelente metáfora para revelar la historia que cuenta El fin de ninguna parte (HarperCollins, 2026), una novela en la que su autor, Israel Díaz Reinado (Cádiz, 1973), mezcla, y con habilidad, thriller y método procesal en el escenario de una ciudad y de una provincia como es Cádiz. Los protagonistas de la historia son el inspector de origen asturiano Hugo Monforte y su compañera Candela Martín. Él representa el frío del norte y ella el calor del sur, dos personajes muy diferentes que tienen que trabajar juntos para resolver un caso en el que se ve envuelto un ambicioso empresario de la industria conservera.

- Esta es su primera novela.

“Efectivamente se trata de mi primera novela, novela que he escrito con 53 años aunque lo de escribir me viene de pequeño pero por causas del destino, entre el trabajo y los estudios, nunca tuve la oportunidad de lanzarme en serio a publicar. Tampoco es fácil penetrar en el mundo editorial. Ya había escrito varios borradores que había enviado a editoriales y a agentes literarios pero sin mucho éxito y casi me había rendido pero con el paso de los años y la irrupción de las redes sociales, se me abrieron un poco las puertas. Cuento con varios perfiles en redes sociales y en ellos cuelgo relatos, algunos de los cuales se han vuelto virales y esa comunidad es la que ahora, digamos, me respalda de cara a publicar en editoriales grandes”.

- ¿Y su afición al género policíaco?

“Está unida al amor que siento por mi propia tierra y al género literario policíaco, que más que policíaco diría que es thriller de suspense. Lo que hice fue unir estos dos cauces para dar pie a la obra. Me gusta Cádiz, me gusta hablar sobre Cádiz, de sus tradiciones y costumbres. También de su gastronomía y de sus playas paradisíacas. Era natural que todo eso se convirtiera en el escenario de este libro que, al fin y al cabo, es un thriller de suspense, un thriller policíaco tradicional ambientado en un sitio totalmente diferente, con un escenario completamente diferente al que estamos habituados en este tipo de literatura o de películas”.

- ¿En la novela se preocupó por respetar el acento gaditano?

“No, pero sí las peculiaridades propias del lugar y el tipo de personajes que te puedes encontrar en Cádiz, una capital que tiene bastante personalidad, además de ser un sitio muy pintoresco. Cádiz es un crisol de muchas culturas al que avala tres milenios de historia. Es decir, que por esta tierra pasaron muchos pueblos (fenicios, cartagineses, romanos, árabes) y mantuvo comercio con las Américas. En Cádiz te encuentras una mezcla de costumbrismo y de cosas que no encuentras en otros sitios. Es caldo de cultivo para buscar una historia original, divertida y con pasión”.  

- ¿Qué importancia tiene Cádiz en la novela?

“Pues es fundamental, porque el protagonista es un chico del norte, de Asturias, que tras pasar una etapa de formación en Madrid lo destinan a Cádiz y allí se encuentra en un sitio completamente diferente al que él había conocido de pequeño. El mar de Cádiz es muy diferente al de su Asturias natal, que es un mar agitado y de aguas frías y con días de cielos plomizos pero en Cádiz se encuentra con todo lo contrario: clima cálido, viento de levante y aguas azules. Y ese contraste de escenarios acompaña a nuestro personaje que necesita dejar atrás su lastre emocional ya que aparte del caso que está investigando, en el libro mostramos su vida personal y que atraviesa un mal trago, y esa diferencia, esos contrastes, pues benefician al conjunto de la novela. Trabaja en Cádiz junto a su compañera Candela, que es una chica del sur, divertida, sin ningún tipo de lastre emocional. Así que tanto el escenario de aquí, de las playas, y la gastronomía, las costumbres son los que obligan a Hugo Monforte a salir de su agujero”.

- Hugo Monforte y Candela Martín parecen muy reales, ¿están inspirados en personas que conoce?

“El personaje de Hugo Monforte no es una invención al cien por cien mía porque uno se inspira en lo que ha vivido, amado o experimentado. En mi caso, soy muy fan de Pepe Carvalho, y de Pepe Carvalho hay mucho en Hugo Monforte. El personaje de Manuel Vázquez Montalbán es un solitario, alguien que no tiene ataduras sentimentales aunque hay por ahí un romance con una mujer que no termina en nada serio. Carvalho ama mucho el vino y la comida e incluso es cocinero, y mi Hugo Monforte también es un gran amante de la gastronomía. En el libro se describen los platos que le gustan, y de una manera muy minuciosa porque Hugo también es cocinero. Soy un gran admirador también de las novelas de Domingo Villar y admito que en cierto modo también me he inspirado en sus personajes, que allí donde los sitúa en Galicia tienen una relación muy fuerte con los vinos y con la gastronomía de la zona, y con el mar. En lo que respecta a Candela no me he inspirado exactamente en ningún personaje sino más bien todo lo contrario, porque hasta ahora en las novelas negras, o de ficción policíaca, todos los personajes que me había encontrado, tanto masculinos como femeninos, cuentan con un pasado tumultuoso y casi siempre con divorcios o salen de un trauma familiar grave, y con Candela quise hacer todo lo contrario. Es decir, crear un personaje positivo, que todo en ella sean ganas de tirar para adelante. El enemigo, el villano de esta novela se conoce desde el principio. Es el empresario Parraverde.”

- Llama la atención que de a conocer tan pronto quién es el villano de la historia.

“Parraverde aporta al libro mucha riqueza y si bien al principio parece el malo, luego en ciertos momentos es muy humano. En la novela le dice a Monforte que quien actúa mal es Hugo y no él. Parraverde es un hombre que defiende a su familia y a sus trabajadores hasta la muerte mientras el policía tiene una hija a la que apenas conoce. Me gusta jugar con esa dualidad y con esas luces y sombras donde los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos”.

 - Antes comentaba que a Hugo Monforte le gusta cocinar, la pregunta es ¿qué piensa Hugo Monforte de la cocina gaditana?

“Hugo se refugia en la comida, y para él es como una especie de parque temático ya que lo que descubre aquí no tiene nada que ver con lo que él conocía hasta ahora. Es decir, en Cádiz es muy típico el pescado frito pero tiene otros productos vinculados a la vid y al vino de aquí, y está el ajo caliente o el mosto, además de los platos típicos de fritura marinera, como la tortillita de camarones, que desconoce y descubre. He intentado que Cádiz sea como una especie de refugio para Monforte, aunque el paisaje esconde muchas cosas malas. La cocina es como su pequeño refugio, el lugar donde olvida los problemas”. 

- ¿Y para usted?

“No soy en absoluto gastrónomo ni cocino, pero me gusta mucho comer. Me gusta mucho comer bien y para llevar a cabo esta novela y las que vendrán me gustaría que mantuvieran el mismo tono. En cuanto a cocinar, no, no suelo cocinar, o no suelo cocinar de una manera elaborada, es decir, que no soy una persona que me dedique a pasar horas en la cocina realizando platos elaborados porque yo cocino sobre la marcha”.

- Es ingeniero de datos y ha dedicado su vida profesional al análisis financiero. ¿Escribir le sirve para olvidar su trabajo?

“Sí, la verdad es que sí. Son cosas totalmente opuestas. Escribir me sirve de alivio, de descanso, porque toda la labor que conlleva escribir, no solo escribir, sino investigar, buscar escenarios, estar horas imaginando personajes y apuntarlos en una libreta, todo lo que conlleva la creación de una obra literaria, me relaja y me aleja de lo que es mi trabajo habitual. Yo me evado gracias a los libros que escribo pero hay otros que dedican sus ratos libres a tocar la guitarra o a recitar poemas”.

- ¿Cómo se asesoró para escribir la novela?

“Tengo algunos amigos, casualmente, que trabajan en el ámbito de la justicia, o son funcionarios de prisiones, o bien trabajan de secretario judicial o bien son de la guardia civil, es decir, que tengo varios amigos a los que les pregunto este tipo de tecnicismos cuando tengo algún tipo de duda. En la página final del libro les muestro mi agradecimiento a todos ellos”.

- Una vez comentó que si Vázquez Montalbán hubiera cambiado Barcelona por Cádiz, sus libros habrían sido aún más universales, ¿por qué?

“Por el carácter universal de Cádiz. Cádiz y San Fernando fueron hace dos siglos el punto neurálgico de la política en España. En 1812 nace la primera constitución española que fue promulgada en Cádiz. Cádiz es una ciudad abierta y multicultural que actúa como un resorte e impulsa cualquier tipo de obra, no solo la de Pepe Carvalho”.

- Y al escribir la novela ¿qué ha descubierto de Cádiz que no sabía?

“Nunca se termina de conocer Cádiz. Sus calles son estrechas y sus locales tienen alma y personalidad. Hay ultramarinos centenarios, negocios que han ido pasado de padres a hijos desde los tiempos en que las mercancías venían de América. He disfrutado mucho buscando información para este libro, y no solo de Cádiz capital. También investigué la cultura del atún del almadraba que se describe en la novela, y que desconocía o conocía de una manera muy tímida. He visto el ronqueo, que es el acto de despiezar el atún para cocinarlo”.

- ¿Y de usted?

“Bueno, lo primero que he descubierto es que nada es imposible y que con el esfuerzo y con el tesón se llega a todos sitios. Jamás pensé que publicaría una novela en el grupo editorial más grande del mundo, como es HarperCollins, así que encontrar mi libro en todas las librerías y en todos los centros comerciales de España es un sueño cumplido”.

- ¿Esta novela inicia una saga?

“Ahora mismo tengo en mente otra, una segunda novela con los mismos personajes, y que transcurre en la provincia de Cádiz, pero en un escenario completamente diferente, que ya conoceréis, porque lo que quiero es mostrar la provincia en todas sus facetas, y quién sabe si Hugo y Candela también llevan a cabo algún tipo de investigación en la tercera o en la cuarta fuera de Andalucía. Podría ser perfectamente factible. Hay rincones de España que me enamoran y me gustaría que algunos de ellos fueran escenarios de estas historias”.

- Comentaba antes que en esta novela escribe sobre la cultura de la almadraba, de la que se ha empapado a fondo.

“Hablamos de una cultura que procede de los fenicios y que potenciaron los romanos. Se aprovechan de la corriente del trasiego del atún que cruza el estrecho de Gibraltar para reproducirse y en ese camino se encuentran con la almadraba que es un laberinto de redes que están ahí de tres a cuatro meses y en ese laberinto quedan atrapados los atunes hasta que los pescadores levantan las redes. Se pasa de padres a hijos y tiene su propio vocabulario e idiosincrasia. Es una cultura muy aferrada a la tierra porque nos encontramos en una zona donde apenas hay tejido empresarial y muy poca infraestructura económica. Hablamos de la zona de Barbate, de Los Caños de Meca, de Trafalgar, de Zahara de los Atunes, zonas donde solo hay pesca y turismo, no cuenta con ninguna infraestructura económica que haga que los jóvenes se quieran quedar”.

Saludos, viva Cádiz, desde este lado del ordenador