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Brevísimos

Jueves, Abril 18th, 2024

UNICORNIO REABRE PARA LIQUIDAR EL MATERIAL DE LIBROS Y OBJETOS QUE AÚN CONSERVA

La librería Unicornio que cerró definitivamente sus puerta este año por la jubilación de Cristóbal Hernández Torres y María Dolores Lapuente Montoro, anuncia a través del primero que este viernes y sábado volverán a reabrirla para liquidar todo el material que aún les queda. Lo horarios serán de 10,30 a 13 y de 17 a 20 el viernes y de 10,30 a 13 el sábado. El establecimiento colgó hace unos meses el cartel de cerrado tras llevar 37 años abierta en la calle de Santa Rosalía, nº 24, en pleno barrio de El Toscal.



SOLO UNA VEZ, DE GUILLERMO RÍOS, UNA DE LAS PELÍCULAS MÁS VISTA EN NETFLIX ESPAÑA

La ópera prima de Guillermo Ríos, Solo Una Vez, tras su estreno en Tenerife en junio de 2021 y en 61 salas de toda España al mes siguiente llega ahora llega a Netflix, donde tras su estreno el pasado 14 de abril, ha conseguido situarse en el número dos de las películas más vistas en la plataforma en España. Solo una vez cuenta la historia de Eva y Pablo, una pareja de profesionales que tiene que acudir a la consulta de Laura, una psicóloga especialista en violencia machista, cuando él es denunciado por maltrato.

Saludos, jueves, desde este lado del ordenador

El sueño del ladrón, según Eduardo Díaz

Miércoles, Abril 17th, 2024

La película El sueño del ladrón (70’/2023/España), de Eduardo Díaz, se estrena mañana jueves, 18 de abril, a las 19.00 horas, en los Multicines Tenerife, sesión en la que se inicia la semana en la que la cinta se proyectará en la sala lagunera. Díaz llega a su encuentro con el público tras obtener con su propuesta el premio al mejor largometraje experimental en el Sevilla Indie FilmFeltival Seviff 24. Las entradas pueden encontrarse en taquilla o adquirirse por adelantado a través de Internet.

Con El sueño del ladrón, el cineasta revisita y reinterpreta el primer largometraje de ficción rodado en Canarias, El ladrón de los guantes blancos, de José González Rivero y Romualdo García de Paredes, una película muda de 1926 que se rescató en parte en los años 80 del siglo pasado tras haber desaparecido y haberse perdido parte del metraje. La película de Díaz se plantea superar esta y otras dificultades que obstaculizan el acceso a la historia para el público contemporáneo.

Díaz explica que su motivación con este su primer largometraje “ha sido poner en valor esta pieza fundacional, traerla al presente para ser vista de nuevo. Cuando ves El sueño del ladrón, estás viendo El ladrón de los guantes blancos con una nueva forma: cine expandido. Una película dentro de sí misma”, explica el cineasta.

Ese cine expandido al que se refiere el director consiste en una forma tan original como arriesgada de presentar al público el metraje conservado. Además de usar todo lo existente, Díaz edita con otros elementos lo rodado hace casi un siglo y presenta todo sobre una pantalla expandida en tres cuadros, en los que transcurre el metraje en paralelo, y que pueden funcionar como tríptico, díptico o como una sola imagen panorámica. Así, el cineasta propone al público el visionado simultáneo de las escenas, de forma que, mientras el espacio de proyección se expande, el tiempo se contrae, al reducirse a 70 minutos los 137 minutos correspondientes al tiempo fílmico del original.

El film de Díaz conserva su propiedad silente en los diálogos, que se siguen presentando con rótulos, mientras que los textos narrativos originales han sido sustituidos por la voz del director, lo que, junto con la música original, de Niki Weber, y los efectos, añade una dimensión sonora de la que carece la cinta de González Rivero y García de Paredes.

El equipo artístico de El sueño del ladrón está formado por Eduardo Díaz, que se encarga de la dirección y del guion adaptado, y Nike Weber, responsable de la banda sonora original. En el equipo técnico, Díaz asume las labores de montaje y producción; Pablo Bonet, las tareas de cámara, master y postproducción y Christian Buehner, el sonido.

“En el momento del estreno de El ladrón de los guantes blancos, las imágenes cinematográficas poseían para el espectador la magia y novedad de un espectáculo nuevo”, detalla Díaz. Con su propuesta de cine expandido, El sueño del ladrón facilita a un espectador contemporáneo el acercamiento “a su magia e interesarse por los inicios del mundo contemporáneo, en Canarias”, de forma que la obra pionera de González Rivero y García de Paredes se renueva para el presente “con el propósito de poner en valor esta pieza fundamental”.

Eduardo Díaz García (Santa Cruz de Tenerife, 1966) comenzó a trabajar con videos en los años 90 del siglo pasado en el ámbito de la videocreación o videoarte. El sueño del ladrón es su primer largometraje. Esta película, junto a la escritura del guion titulado Sangre en el río, que participó en el programa desarrollo Ibermedia y no llegó a realizarse, “son, dentro de mis experiencias, las que más se ajustan a lo que podría entenderse como producción cinematográfica”, explica el cineasta.

Su primera producción, Llum de nit (1990) fue finalista de premios nacionales de vídeo de Cataluña y participó en la feria ARCO. Desde entonces, ha producido una serie piezas, de forma discontinua e independiente. Entre ellas, destacan I ching (1999), pieza abstracta y musical, como la anterior; I cant get not satifaction (2002), una sátira sobre el turismo de masas, su trabajo con mayor difusión hasta ahora; Vip (2004) y 11 dólares (2004), producciones creadas con la apropiación no autorizada de materiales; al igual que El origen del mundo (2014), un ensayo que relaciona arte, historia, sexo, psicoanálisis y política con lo personal. Estos trabajos se han exhibido en diferentes espacios de arte –CCCB, La Casa Encendida, Fundación Tàpies– y también en la escena underground.

El guitarrista y compositor Niki Weber Collins (Santa Cruz de Tenerife, 1977). Estudió en el Conservatorio Superior de su ciudad natal y Taller de Músics de Barcelona. Ha participado como guitarrista en proyectos de música clásica y música antigua y en bandas de rock, blues y jazz, principalmente. Crea música para el sector audiovisual en productoras independientes y para programas de la televisión pública.

Saludos, tarde de estreno, desde este lado del ordenador

Cierra Unicornio, la primera librería de literaturas esotéricas que abrió en Canarias

Martes, Abril 16th, 2024

Una ciudad se queda huérfana cuando cierra una de sus librerías. La frase no es mía sino de un escritor de cuyo nombre no quiero acordarme pero creo que dice una gran verdad. Pese a que vivimos en unos tiempos que están demostrando a los apocalípticos que el impacto del libro electrónico no ha sido tan fatal para el de papel, el cambio de hábitos y costumbres sí que está afectando a estos establecimientos cuyos responsables no dejan de buscar fórmulas nuevas o al menos alternativas y mestizas para que los libros sigan ahí, tras un escaparate a la espera de que venga alguien y se los lleve a casa.

Santa Cruz de Tenerife disfrutó hace unos años además de cines (prácticamente habían salas de exhibición cinematográfica en casi todos los barrios de la ciudad, y en algunos más de uno) de librerías. Por edad, he ido asistiendo como si de un dinosaurio se tratase, al cierre no solo de los cines sino también de las librerías. De demasiadas librerías como de cines. También he asistido a alguna apertura, no ya de cines pero sí de alguna librería, pero no compite su puesta en marcha con las que existieron en el pasado y que, signo de los tiempos, sus responsables no tuvieran más remedio que tirar la toalla y colgar el cartel de “se vende” en los escaparates.

La última librería que abandona definitivamente Santa Cruz de Tenerife es Unicornio, una librería especializada en literaturas esotéricas, de autoayudas y naturistas que abrió sus puertas en 1987 de la mano de María Dolores Lapuente Montoro y Cristóbal Hernández Torres, ella hasta ese entonces ATS y él capitán de la marina mercante. Pero ¿qué fue lo que los motivó para dejar sus respectivos trabajos y dedicarse en cuerpo y alma a una librería, un negocio ahí donde lo ven, bastante sacrificado?
Cristóbal Hernández dice que tras dejar de navegar terminó en una empresa de exportación de madera pero que “no se sentía a gusto” y María Dolores Lapuente igual, ambos no estaban a gusto con sus respectivos trabajos. Se sentían “muy quemados” así que de mutuo acuerdo decidieron quemar las naves y decidir qué es lo que podían hacer.

“En aquellos años lo esotérico tomaba fuerza y se estaban abriendo muchas librerías sobre el asunto en la península y como en Canarias no había nada de esto pensamos que no era una mala idea inaugurar una librería especializada en Tenerife”.

Recuerda Cristóbal Hernández que antes de Unicornio estuvo Akenaton, al frente de Paco Padrón, pero que había cerrado hacía unos años así que la idea de montar una librería como Unicornio fue tomando fuerza hasta que se materializó a finales de los 80.

Según el horóscopo chino 1987 fue año del Conejo, también el del atentado terrorista de ETA en el Hipercor de Barcelona y de la concesión del premio Nobel de Literatura al escritor rusoestadounidense Joseph Brodsky. En la capital tinerfeña, 1987 fue el año en que abrió sus puertas la librería Unicornio, una librería esotérica que se planteó desde el inicio no ser como la mayoría de las que conocían en la península.

Y es que éstas resultaban demasiado “cerradas y bastante tétricas y oscuras”, dice Cristóbal Hernández. La idea con Unicornio fue entonces hacer justo lo contrario. Si allá eran sombras, aquí habría luz. Un “espacio abierto y con luz, mucha luz y un buen escaparate”.
Fueron meses de buscar por toda la ciudad hasta que al final encontraron su Shangri-La en el número 24 de la calle de Santa Rosalía, en pleno corazón del barrio de El Toscal en Santa Cruz de Tenerife.

Antes de abrir la librería, que se llamó Unicornio a raíz de un libro sobre unicornios que les regaló un amigo, María Dolores y Cristóbal ya conocían este tipo de literaturas. Cristóbal desde que era un adolescente. Este entusiasmo hizo que la librería con el paso de los años además de vender libros expandiera su oferta con la organización de presentaciones, cursos, encuentros, debates y conferencias que se desarrollaron episódicamente a lo largo de los 37 años que Unicornio mantuvo su luz encendida. Por ahí hablaron personajes de la importancia de Isabel Arranz, Enrique de Vicente, Mario Satz, Sondra Ray y Bob Mandel, entre otros.

En Unicornio no solo se vendían libros sino también discos de música alternativa y nueva era, así como oráculos, cuencos tibetanos, piedras escogidas y barajas de Tarot. Más tarde, y cuando la gente del barrio solicitaba novelas de entretenimiento “se la buscábamos. En general vendíamos de todo y si bien al principio no teníamos ni idea del negocio, lo fuimos aprendiendo sobre la marcha porque mi idea es que si iba a ser librero tenía que conseguir los libros que me solicitaban algunos clientes. Y así trajimos libros de Argentina, México, Panamá… De todos lados, incluso La India, que fue un libro de homeopatía en español”.

Pasados unos años, comenzaron a abrirse en las islas, y en especial en Tenerife, tiendas de santería que se vendían al público como “esotéricas”, algo que molestó a Cristóbal Hernández y que le animó a que hiciera desaparecer del cartel de la librería la palabra esotérico para quedarse a partir de entonces y hasta el final como Librería Unicornio a secas. Una librería generalista pero especializada, eso sí, en lo esotérico.

En los últimos tiempos, María Dolores y Cristóbal intentaron traspasar el negocio y hubo tres personas interesadas pero las negociaciones por una u otra razón no salieron adelante. Ahora, hay dos que valoran el local para otros usos ya que el espacio cuenta con un certificado del Ayuntamiento de la capital tinerfeña que da luz verde a que se convierta en vivienda.

El negocio de las librerías ha cambiado mucho desde que Unicornio abrió sus puertas. Traer hoy libros del extranjero es imposible. Y es imposible, explica Cristóbal Hernández, por los costes, las declaraciones de aduana que disparan el precio de los libros. Por otro lado, cualquier libro que se publica en la actualidad en España se encuentra en librerías o puede mandarse a pedir sin problemas. Además, el interés por lo esotérico ha ido disminuyendo en los últimos años aunque “nosotros nos mantuvimos abiertos de una manera u otra. La librería no funcionaba como al principio, pero funcionaba”, explica.

Ante la pregunta de si llegaron a vender un libro especialmente raro, Cristóbal Hernández recuerda que el Libro rojo de Jung, una edición especial y en facsímil editada en Argentina por los herederos del médico psiquiatra suizo, que llegó a costar 200 euros y que se vendía bajo pedido. Otro libro raro y que salió mucho fue el Necronomicón, atribuido al árabe loco Abdul Alhazared, que nunca existió salvo en la imaginación de H.P.Lovecraft y su constante círculo de seguidores. Unicornio nutría además sus estanterías con libros de “todas las escuelas esotéricas que hubo en Canarias: rosacruces, masones, sufismo…”

En cuanto a la temática de los libros que más se vendían, se vendían y más que los esotéricos y dedicados a las “ciencias ocultas” los de superación personal, psicología, de autoayuda y, últimamente, de naturismo y agricultura ecológica. Y sí, los libros esotéricos salían también pero en menor cantidad y según cual fuera su temática (ufología, espiritismo, cartomancia…).

A medida que fueron pasando los años muchas de estas literaturas cumplieron su ciclo. Además, la vida ha cambiado a pasos agigantados lo que ha modificado la curiosidad de la gente que ahora está más interesada por el futuro del planeta, la situación económica y se inquieta ante guerras de alcance internacional como son las que se libran en Europa, África, Asia y Oriente Medio.

Entre la espesa red de recuerdos, Cristóbal Hernández evoca como grandes amigos de Unicornio a Libertad Álvarez, una mujer a la que llegó a adorar y que era aficionada a la ópera y que por circunstancia de la vida acabó en la librería donde venía a tomar café todas las tardes.

“Libertad era una mujer autodidacta, que se metió a fondo con la metafísica”, dice el librero que recuerda también a Paco Padrón, una persona “cariñosa y amable, y a quien le compré en la librería Akenatón mi primer libro esotérico, El tercer ojo, de Lobsang Rampa”. Más tarde se sabría que Rampa no era otro que Cyril Henry Hoskin, un hecho que a Cristóbal Hernández le da igual porque “lo importante para mi son las cosas que dice en sus libros”. Otras literaturas primerizas fueron las de autores como Krishnamurti y Hermann Hesse, pero hay muchos más.

A modo de conclusión, Cristóbal Hernández resume aquellos 37 años intensos como “una etapa maravillosa en la que conocí a mucha buena gente” y es que Unicornio con sus más y con sus menos sentó plaza y, como dicen los sufíes, supo estar con los pies en la tierra y mantener la cabeza en el cielo.

OTRAS LIBRERÍAS ESOTÉRICAS EN CANARIAS

Antes de Unicornio estuvo Akenaton en la capital tinerfeña pero no puede entenderse esta última como una estricta librería de literaturas esotéricas porque libros haberlos había aunque se ocupaba de otras cosas. Al frente estaba Paco Padrón, incombustible reivindicador de lo oculto en Canarias y uno de los personajes más recordados por informar desde las páginas de Diario de Avisos sobre el fenómeno OVNI. El caso es que hasta que no llegó Unicornio, y tras convertirse en un espacio de referencia al invitar a escritores y especialistas para que impartieran charlas y talleres, fue cuando comenzaron a abrir en Tenerife y en otras islas librerías sobre estos temas como Grial y El Duende en la capital tinerfeña y Shotis y El Manantial en La Laguna. Cristóbal y María Dolores ayudaron a que Soluciones se abriera en el Puerto de la Cruz y Tao en Las Palmas de Gran Canaria. Es probable que hubieran más establecimientos con estas características y que nos perdonen los ausentes, pero con los que mencionamos el lector se puede hacer una idea del excelente estado de salud que llegaron a disfrutar estas literaturas en las islas. Unicornio fue además y durante muchos años una de las diez librerías esotéricas que más vendía en España, dice el especialista en estos temas David Suárez Dorta.

LECTURAS

Quisimos poner en un aprieto a Cristóbal Hernández cuando le pedimos que nos recomendara algunos de sus libros favoritos. Es una pregunta con trampa porque es prácticamente imposible recordar los libros que entiendes que te marcaron. Y como te marcaron, que recomendarías a la gente porque a ti te llegaron al corazón y a la cabeza. Entre los libros que menciona están El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, los libros de Krishnamurti y la poesía y los cuentos del escritor, poeta y pintor libanés Jalil Yibrán.

FOTOS:

1.- Fachada de la librería Unicornio en la actualidad

2.- En el centro de la imagen el psicólogo Joan Garriga flanqueado por Cristóbal Hernández y su hija Lara.

Saludos, en algún lugar del mundo, desde este lado del ordenador

Damsel, una película de Juan Carlos Fresnadillo

Lunes, Abril 15th, 2024

Dirección: Juan Carlos Fresnadillo / Producción: Jeff Kirschenbaum y Joe Roth / Guion: Dan Mazeau / Música: David Fleming / Fotografía: Larry Fong / Montaje: John Gilbert / Intérpretes: Millie Bobby Brown, Robin Wright, Angela Bassett, Ray Winstone

En el encuentro previo que por la mañana mantuvo con los periodistas antes del estreno en España de su último trabajo, Damsel, Juan Carlos Fresnadillo insistió en que su cine gira en torno a unas constantes que procuró mantener en su nueva película para Netflix.

Una de estas constantes es la familia, aunque no la familia tradicional que te toca en suerte o desgracia pero sí la que se construye a lo largo de una vida con la gente que te rodea. La otra seña de identidad de Fresnadillo, que no dijo pero que percibo en su filmografía, es la traición del padre más que la muerte del padre. Es decir, una desconfianza a la figura paterna y también a la cultura del patriarcado.

Me atrevería a añadir, incluso, que leo una tercera constante en su cine. Y esa constante es la mujer, aparece en Esposados y ya como madre en 28 semanas después, referencias que redondean, a mi juicio, una interesante e incluso desconcertante mirada que intenta que siga permaneciendo en sus películas, aunque el control de producción sea tan férreo como ha sido el caso de Netflix.

Damsel es la historia de una transformación. La de una inocente damisela (Millie Bobby Brown) en una guerrera capaz de derrotar a todos sus demonios y de paso superar a todos sus miedos. El miedo es un elemento que detecto en trabajos anteriores del cineasta como 28 semanas después e Intruders, donde se hereda de familia, ahí es nada.

En su primer trabajo profesional, Esposados, que a mi me sigue pareciendo uno de sus mejores películas hasta la fecha, la comedia negra roza pero no cae en el ridículo estrepitoso. Hay, en todo caso, una atractiva e irónica mirada en torno a la realidad que transforma a la aparentemente pareja feliz: el dinero.

Por todas estas cosas y alguna más no creo que a estas alturas haya alguien que ponga en duda que Juan Carlos Fresnadillo cuenta además de con talento con un universo propio. A veces muy oscuro, lástima que no pueda explorar con mayor intensidad esas sensaciones abisales y que de momento tenga que mostrar solo apuntes y señales en sus películas. Esto revela que se trata de un cineasta que intenta dejar huella y, se reitera, firma autoral en sus largometrajes por muy comerciales que resulten.

Damsel es una película muy luminosa con sus partes oscuras, que son aquellas que se desarrollan en una caverna profunda excavada en la roca donde habita el dragón. Dragón al que se ofrece en sacrificio jóvenes doncellas para aplacar su ira. Damsel es también una película de mujeres, de mujeres que se empoderan, que es lo que sucede con la protagonista cuando es arrojada al abismo, y de mujeres empoderadas que representa la reina malvada.

Me atrae el mundo subterráneo donde vive el dragón. Ese universo sin luz y poblado de tinieblas que se rasgan con la luz que emiten unas babosas de fosforecencia azul y unos pájaros que el espectador conoce porque vuelan convertidos en llamas para caer carbonizados al suelo.

El reino del dragón es un laberinto que conoceremos por el testimonio que otras sacrificadas han ido dibujado desde tiempos pretéritos en la pared de una de las cuevas. En ese reino oscuro, circulan ríos subterráneos y existen paredes de cristal. También estalactitas de hielo que, en otra de las escenas más potentes visualmente de la película, se convierten en agua cuando reciben el aliento del dragón.

En Damsel se produce una traición que es la del padre. También la de un novio, el príncipe, que resulta un pelele dominado por una reina madre que interpreta Robin Wright, la princesa prometida que deja de serlo en esta película.

Hay acción, que se desborda una vez superada la presentación de personajes, todos ellos venidos del cuento infantil como la princesa, la madrastra buena, que interpreta Angela Bassett; el rey e incluso el dragón, solo que vistos de otra manera, dándole la vuelta al calcetín para reinterpretar el relato clásico con una mirada respetuosa y sutil. El fin es narrar a todos los públicos, en especial el femenino, una historia de superación, de iniciación. A las mujeres casi parece que va dirigida esta producción de Netflix que como toda producción de Netflix tiene lo mejor pero también lo peor de este gigante de las plataformas.

La película gana al ser vista en pantalla grande y en un cine que ayudó a que me curtiera como espectador como es el Víctor, en Santa Cruz de Tenerife, ciudad que vive en una perezosa tranquilidad pero Damsel junto a Esposados me parecen los trabajos más redondos del cineasta tinerfeño, un cineasta del que espero otras historias que nos muestren su manera de ver la realidad en la que vivimos.

Mientras espero, salgo del estreno de Damsel con la sensación de haber visto una película que además de mucha acción y fantasía, invita a viajar por ella como si se estuviera sentado en la vagoneta de una montaña rusa. Quiero saber, mientras mi mirada va de arriba- abajo y viceversa, cómo se resolverá esa lucha de titanes: la de una virgen que se crece ante la adversidad y la de un dragón que no es tan diferente a la protagonista como nos quisieron hacer ver.

Damsel está en Netflix. Y es algo más que un cuento de hadas.

LO MEJOR: mantiene el ritmo, cuenta con escenas muy poderosas (los pájaros envueltos en llamas, las estalactitas de hielo que se derriten con el aliento del dragón) y te hace sentir como un niño.

LO PEOR: Poca cosa, se trata de una película para toda la familia y cumple las expectativas. Ofrece buen espectáculo y se aprecia la firma de su director, el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo

Saludos, funde a negro, desde este lado del ordenador

Una ciudad sin memoria

Viernes, Abril 12th, 2024

La capital tinerfeña es una ciudad sin memoria, casi parece como si quisiera borrar de su recuerdo sus humildísimos orígenes: pueblo de pescadores pobre pobrísimo que se ganó a pulso que los naturales de la que fue villa resultaran conocidos como chicharreros por aquello del chicharro.

Sin embargo, y en su largo y complejo proceso para convertirse en capital de la isla y del archipiélago, hay una serie de acontecimientos y sobre todo de personajes públicos que contra viento y marea elevaron su categoría tras dejar de ser lo que fue, el puerto de La Laguna, para transformarse en lo que es, una ciudad, una capital a la que no le gusta y por eso prefiere desconocer su pasado.

Entiendo ese vacío si se trata de evocar que fue aquí y más tarde en Gran Canaria, de donde salió el general Francisco Franco para desarreglar aquella desarreglada España republicana pero no cuando se trata de enaltecer a algunos de sus ciudadanos como es el caso de José Murphy, a quien se le recuerda en la calle donde nació, de San Francisco esquina con San Martín, con una placa que el paso de los años ha ido decolorando lo que hace prácticamente imposible leer lo que allí se dice.

A mi José Murphy siempre me cayó bien, incluso cuando era un pibe y de su nombre solo me sonaba el apellido por irlandés. Además, y con justicia, se le conoce como “el padre de Santa Cruz de Tenerife” ya que gracias a sus gestiones logró que aquel pueblo de pescadores se convirtiera en capital de la isla y del archipiélago aunque como suele pasar tanto en las buenas como en las malas familias, nuestro personaje murió en el exilio completamente arruinado.

Murphy, que nació el mismo día que quien ahora les escribe, cuenta con una excelente biografía escrita por Marcos Guimerá Peraza, a quien conocí y quien se merece otra placa en la fachada de su casa para recordar que allí nació uno de los grandes cronistas de Santa Cruz de Tenerife.

Soy consciente que todas estas palabras, que la redacción de este artículo, caerá en saco roto porque como ya dije al inicio vivo en una ciudad que no quiere tener memoria, pero que no se da cuenta que sin memoria es imposible mirar hacia adelante… Ello explica que salvo recordatorios escritos en piedra o mármol y colocados en las fachadas de muy pocos edificios se recuerde a “nuestros ilustres”.

No sé como será en otras islas y en otras ciudades y pueblos de Tenerife, pero creo sinceramente que la cosa mejora porque salvo mi ciudad, al resto de las poblaciones canarias sí que le importa convivir con su pasado.

Nunca, que sepa, salvo recibir el nombre de alguna de las calles de la capital, se informa al paseante –al ciudadano de dentro como de fuera– no donde nacieron sino donde residieron algunos de los miembros de, vamos a poner un ejemplo, Gaceta de Arte, como Eduardo Westerdhal y Domingo Pérez Minik. Hay otros personajes, alguno de ellos por los que confieso particular querencia como Sabino Berthelot que tampoco consta en placa alguna y así otros y otros tantos y tantos protagonistas de la vida política, social y cultural de una ciudad que con el paso de los años fue convirtiéndose en algo más que aquel originario poblacho de pescadores cuyo aire afortunadamente aún se puede respirar en San Andrés. Es decir, su marcada herencia marinera de la que ya no queda nada, por desgracia, en el caso urbano, salvo esa atractiva escultura obra de Javier Murcia Trujillo que está situada frente al mercado de Nuestra Señora de África y en la que se reivindica con cierta heroicidad el sacrificado trabajo de aquellos pescadores que fueron los primeros chicharreros de lo que deberíamos todos, con independencia del sitio o isla que sea, sentirnos orgullosos.

En los últimos tiempos es verdad que hubo intentos para que la ciudad tomara conciencia que tiene un pasado aunque por desgracia se abusa en demasía de la derrota que sufrió Horacio Nelson siendo contralmirante frente a las costas santacruceras en aquel verano de 1797 y también que aquí nació Gaceta de Arte, revista que nos trajo a André Breton y unos amigos para respaldar lo que Pérez Minik llamó la facción surrealista de Tenerife, pero la capital carece de muchos más recordatorios, placas en las que se recuerden a sus ciudadanos más ilustres para que uno (el chicharrero y el que nos visita) sepa que esas calles y plazas que recorre fueron posibles gracias a gente como ellos y que como tal, están fundidas al fuego lento de esa memoria que se quiere olvidar.

De momento, y hasta que no se adecente la placa que indica que en esta casa nació José Murphy, me duele pensar que mi ciudad siga siendo indiferente con su memoria. Está bien trufar el parque García Sanabria con bustos dedicados a doña Leonor, madre de José Martí, como de Nijota, entre otros, aunque la tendencia es que sean más los militares a los que se recuerde no solo con estatuas sino también con el nombre de las calles… Lo que si uno se detiene y se pone a pensar, delata el espíritu de una capital de provincias que como dijo Ignacio Aldecoa, es “la más peninsular de España”. Ojo al dato, y a la tremenda ironía con la que el escritor vasco reflejó sus impresiones de una ciudad que como se dijo al inicio de estas letras algo improvisadas no tiene memoria pero sí un pasado que unos pocos no nos cansamos por reivindicar.

Saludos, de espaldas al mar, desde este lado del ordenador

Por aquel entonces todos querían ser Stanley Kubrick y no, gracias a Dios, Christopher Nolan

Miércoles, Abril 10th, 2024

La primera vez que escuché la palabra ordenador no fue como ordenador sino computadora. Me pasó en el teatro San Martín, en Santa Cruz de Tenerife, mientras veía Scanners (David Cronemberg, 1981) en la que uno de los personajes decía algo así como ‘voy a consultarlo con la computadora’. Recuerdo que me quedé un buen rato fuera de onda, ¿cómo que computador?, ¿qué demonios era una computadora?

Les cuento todo esto para que se hagan una idea de aquellos tiempos donde computadores había aún pocos en el territorio en el que nací y ya no digo teléfonos móviles y toda esa batalla. Entiendan que para quien ahora les escribe el sumum de la anticipación era ver en una película cómo charlaban dos tipos viéndose las caras a kilómetros de distancia a través de la pantallita de unos extraños dispositivos telefónicos que poco o nada tienen que ver con los que actualmente nos han esclavizado la vida…

Pero les decía que les hablaba de todo esto porque en aquellos tiempos pese a que no existían aún las comodidades que presta la tecnología, sí que se hablaba más que ahora. Al menos de una manera que no resultara virtual. Los fanzines, revistas artesanales, nos servían además para reunirnos los aficionados en torno a unas publicaciones que en el mejor de los casos no se trataban de unas revistas a fotocopias cosidas con grapas. En torno a estas revistas se generaban grupos de fanes fatales que defendían como si del orgullo de la patria se tratara la obra de un escritor o un cineasta determinado. Por aquellos años, bajo el cuño de culto. Es decir, que esa película que no había visto nadie pero sí unos pocos escogidos era de culto. Igual que la obra de un cineasta al que conocían en su casa y la tribu de aficionados que lo veneraba como el santo Grial era un hombre (pocas eran las mujeres) cuya obra era de culto también.

En aquellos tiempos todos los que querían dedicarse a ser directores de cine tenían un director de cabecera, uno que estaba muy por encima del bien y del mal.

En aquellos tiempos, los ochenta del siglo pasado, uno de esos directores que marcaron escuela pero no tendencia fue Stanley Kubrick. Creo, pasado los años y convertido ya en dinosaurio, que las películas de Kubrick calaron en la muchachada sobre todo cuando se estrenó y reestrenó (que fue cuando la pude ver) La naranja mecánica, que influyó mucho más en una generación de espectadores que 2001, una odisea en el espacio y El resplandor, que son otras de las películas del cineasta que entusiasmaron a su legión de seguidores.

Más tarde descubriría su producción en blanco y negro, y desde ese entonces mis películas de Kubrick favoritas son Senderos de gloria y Lolita aunque guardo buen recuerdo de la primera vez que vi La naranja mecánica en un cine que hoy está, por desgracia, cerrado como fue el Coliseum en la húmeda y fría La Laguna.

Antes de que mi generación apareciera para dar el coñazo, que es lo mejor que ha sabido hacer a lo largo de estos años, mucho antes estaban los que habían descubierto el cine francés gracias a la nueva ola aunque hubo otra facción que reivindicaba el cine norteamericano a pesar de que los otros los llamaran fascistas. Pero en mis tiempos si le preguntabas a cualquier pibe qué director te gustaría ser te iba a responder en el 90 por ciento de los casos que Stanley Kubrick, que tenía a la mayoría mesmerizado. Más adelante, finales de los ochenta e inicios de los noventa, comenzaron a sonar otros nombres pero sin la fuerza del director de Barry Lyndon (otras de mis preferidas pero en su etapa de a todo color), como David Lynch e incluso Tim Burton. Francis Ford Coppola era demasiado setenta aunque rodó y estrenó una película aquellos años que secuestró el corazón de una generación de cinéfilos: Rumble Fish (1983), que a mi me sigue pareciendo de los mejor de su filmografía, no tan alejada de sus últimos anhelos experimentales.

Si se hablaba de cine español, el nombre que unos soltaban a la primera era el de Pedro Almodóvar (Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón fue, pese a que no valga ná de ná, un bombazo en taquilla) y mucho menos el de Agustí Villaronga (si no habías visto Tras el cristal no habías visto nada) aunque si hubo un cineasta español de culto en aquellos tiempos ese fue Iván Zulueta. Arrebato era otra cosa. Una película de vampiros y de cine, que es otro vampiro. Se decía que el mismísimo Akira Kurosawa la había bendecido con un lacónico y muy japonés movimiento de cabeza cuando la vio no sé dónde…

Después se puso la moda de ver películas de otras cinematografías, y aparecieron los expertos en cine iraní y de otros países de los que apenas conocíamos nada salvo que resultaban muy exóticos para un occidental que había mamado desde pequeño de la teta de la cultura estadounidense.

A mi el cine iraní me parecía un coñazo, vamos a decirlo con todas sus letras, aunque el paso de los años me ha ido reconciliando con esa cinematografía que no me entusiasma demasiado pero a la que le reconozco el mérito de contarme historias con otra mirada y con otro acento. Luego vendrían los aficionados al cine oriental. Digamos el chino y sobre todo el japonés y el surcoreano. Algo parecido pasó en el terreno de los dibujos animados que en el país del sol naciente se conocen como anime y que con Akira (cómic y película) sentó las bases de un fenómeno que hasta ese momento conocíamos solo a través de las extenuantes por larguísimas series animadas de Heidi y Marco aunque al principio estuvo Mazinger Z, que iba acompañada de un robot femenino que se llamaba Afrodita. Aún me descojono recordando cómo nos partíamos de la risa en los recreos gritando “tetas fuera” y otras molicies hoy tan políticamente incorrectas.

Han pasado los años y el tiempo que es implacable además de hacer que envejezcamos hace que a veces nos desorientemos y nos hagamos preguntas del tipo ¿dónde demonios estamos? ¿Que a dónde se ha ido tu vida si ayer me acosté con 30 años y hoy me levanto con 60?, pero es ley de vida, me temo, y hay que acatarla porque no queda otra. El caso es que la pibada, o los que son más jóvenes que uno en cuerpo pero no en alma, si tienen ahora un cineasta de referencia ese es Christopher Nolan, uno que en mis tiempos formaría parte del montón claro que para gustos se inventaron los colores.

A mi el tal Nolan no termina de convencerme pese a que le guste tanto a gente a la que respeto, es verdad que hoy un poco menos que ayer. Hay otros que se me escapan, como se me escapan otros cineastas con los que crecí viendo sus películas y que en la actualidad continúan felizmente en activo como Steven Spielberg y Martin Scorsese, que son dos de los que todavía veo sus últimas películas y pese a que no y terminen de convencerme les salvo la vida porque tras Tiburón o Munich, La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan o Uno de los nuestros, Toro salvaje, Taxi Driver y Casino, quién es el guapo que dice que su obra no vale nada. Si estás tú entre los que piensa eso y me está leyendo ahorita mismo, abandona esta página, no me interesas para nada.

En fin, que en esas estaba pensando, en los caprichosos paladares de la muchachada y en cómo ese mismo paladar va envejeciendo y transformándose con el paso de los años…

Mañana será otro el nombre del cineasta que suene entre los chicos y las chicas que quieran dedicarse al cine, y serán ellos mismos los que reconozcan en un cineasta (con independencia de su sexo, sexos hoy tan variados y fluidos) el ejemplo a seguir e imitar.

Mucho me temo que de Kubrick solo quedará el nombre y algunas de sus películas a color. Las de blanco y negro no, demasiado viejunas para unos tiempos donde lo que pasó hace media hora forma parte ya de la Tercera Edad.

Saludos, ¿acaso sueñan los soñadores con que están soñando?, desde este lado del ordenador