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Ciudad en ruinas, la última novela de Don Winslow

Lunes, Junio 24th, 2024

La literatura negra y criminal norteamericana pierde con Don Winslow a uno de sus escritores de cabecera pero la política de su país gana, al contrario, a un hombre de leyes que quizá pueda despertar a muchos de sus conciudadanos ante la amenaza que supone que Donald Trump repita como presidente de los Estados Unidos. Esa es la razón que ha hecho pública el autor de El poder del perro para explicar por qué abandona la literatura, un abandono que hace con “conciencia política”, lo que multiplica el valor de Ciudad en ruinas, su última novela y título que cierra la trilogía Danny Ryan tras Ciudad en llamas y Ciudad de sueños, tres volúmenes que están claramente inspirados en La Iliada, La Odisea y La Eneida, y que se desarrollan en tres grandes y conocídisimas ciudades estadounidenses como son Providence, Los Ángeles y ahora Las Vegas.

Es más que probable que iniciada la lectura de Ciudad en ruinas el lector iniciado, el conocedor de los dos títulos anteriores, se sienta desorientado ya que cuesta trabajo recordar a los vivos y a los muertos que aparecen y desaparecen en las dos novelas anteriores pero Winslow tiene el oficio suficiente para que esta anomalía se liquide a medida que se avanza en las páginas de la tercera y última entrega de la saga, un libro que como Ciudad en llamas y Ciudad de sueños sabe captar enseguida la atención del lector.

En Ciudad en ruinas hay violencia y también amor. Como descendiente de irlandeses, Danny Ryan siente especial apego por la familia aunque no tanto por la religión como nos dio a entender en Ciudad en llamas, el primer libro de una trilogía sobre la mafia y organizaciones dedicadas al crimen que pueden estar vagamente inspiradas en la vida real aunque en este caso las influencias se apegan más a los tres textos clásicos que mencionamos con anterioridad.

Ciudad en ruinas reúne, por otra parte, lo mejor y lo peor de este escritor que saltó a la fama tras la publicación de El poder del perro, y que amplió con dos volúmenes más: El cártel y La frontera que hoy se han convertido en novelas de referencia para hacerse una idea de lo que significa el negocio del narcotráfico visto a través de los ojos de un escritor estadounidense. Se tratan de libros que no se inclinan al patrioterismo acostumbrado sino que pretenden ser y lo consiguen a veces, un retrato lo más exacto posible del narco y sus nefastas consecuencias en las relaciones que mantienen dos países con una frontera tan caliente como son México y los Estados Unidos.

Si uno ha seguido con más o menos atención la carrera de Don Winslow descubrirá, entre otras cosas, que su visión se ha ido agriando con el paso de los años y, al mismo tiempo, cómo su estilo se condensaba y parte de la acción se desarrollaba a través de los diálogos. Se tratan estos libros, como Corrupción policial, de obras muy amargas y en las que apenas queda espacio para el optimismo. Es como si el escritor hubiera si no perdido la fe en el sistema, sí que erosionado su creencia de que cambiar las cosas puede ser posible. No sé si esto justifica su anunciada retirada de las letras y, por otro lado, su anunciado ingreso en la vida política norteamericana, pero Winslow insiste que si da este paso es porque hay que hacer algo para detener a ese fanfarrón llamado Donald Trump, que se convirtió en presidente de los Estados Unidos contra todo pronóstico (esa era la idea al menos en la vieja Europa) y convirtió el desprecio sobre todo a los periodistas en una de sus señas de identidad.

Es probable que harto de esta situación y de que su país dejara de ser el país en el que siempre confió, Don Winslow haya decidido dejar el teclado del ordenador por la tarima de los oradores públicos. Los que hemos crecido leyendo sus libros solo podemos desearle todo el éxito del mundo. En especial cuando viviendo tan lejos de los Estados Unidos a uno le da escalofrío pensar que ese gigante rubio con sobrepeso puede ser de nuevo presidente de la que sigue siendo la nación más poderosa de la Tierra. Poderosa en armas y poderosa en imponer su cultura.

Leo por eso Ciudad en ruinas con una vaga sensación de pesar. Pesar porque me cuesta reconocer que perdemos para siempre a Don Winslow como escritor. Pesar que se suma a la desconcertante y contradictoria sensación que me asalta cuando leo su última novela, tercer capítulo de ese gran y ambicioso fresco de clanes irlandeses e italianos que hicieron dinero explotando negocios sucios en el pequeño estado de Rhode Island para trasladarse en los libros siguientes a Los Ángeles y al almibarado pero también venenoso mundo del cine y Las Vegas, la ciudad del juego por excelencia, construida en el gran desierto del Mojave.

Al inicio de la lectura de Ciudad en ruinas el lector puede quedar desorientado, sobre todo para los que conocían las dos primeras entregas de la trilogía pero a medida que uno se adentra en esta historia cruzada de familias que se enfrentan por unos terrenos donde se va a construir un hotel que será el mejor hotel de la capital del juego, la novela toma camino y ya no deja en paz al lector hasta llegar a un final que no revelaremos pero que convencerá a los que conocen a Danny Ryan y el universo de personajes que gravita a su alrededor. No se trata, es cierto, de una de las mejores novelas de Winslow pero su galería de secundarios es convincente, dan color a un relato que finaliza la carrera literaria de uno de los grandes de la novela negra norteamericana.

Saludos, verano, desde este lado del ordenador

Hasta pronto, Donald Sutherland

Viernes, Junio 21st, 2024

“¿Qué me parece que mi hijo Kiefer y mi nieta Sarah se dediquen a hacer cine y televisión? Que son competencia. No tengo intención de retirarme en un futuro cercano”.

“Mis hijos tienen nombres tan raros porque corresponden a los apellidos de algunos de los directores con los que he trabajado. Kiefer, por Warren Kiefer; Roeg, por Nicolas Roeg; Rossif, por Frédéric Rossif; y Angus Redford, por Robert Redford. A Angus intenté llamarlo simplemente Redford, pero todo el mundo me decía que no podía ponerle a un bebé un nombre así. Lo intenté durante meses, pero al final le añadimos el Angus”.

Palabra de Donald McNichol Sutherland (Saint John, Nuevo Brunswick; 17 de julio de 1935-Miami, 20 de junio de 2024)

Ha muerto Donald, pero no el pato que habla de manera ininteligible sino el formidable actor que lo mismo hacía de bueno como de malo. En ocasiones rizando el rizo y sin caer en la parodia pero casi casi capaz de crear personajes tan en la frontera que separa lo serio de la caricatura como su Attila de Novecento, que es esa gran película sobre Italia y las luchas que mantuvieron fascistas y socialistas cuando el siglo XX todavía presumía de una lozanía que echarían a perder los dos conflictos mundiales que estallaron en su seno y se expandieron –por obra y gracia de la onda expansiva– al resto del planeta.

Si me preguntaras que no vas a hacerlo cuál es la película de la que guardo mejor recuerdo del actor te respondería sin dudarlo que La invasión de los ultracuerpos que recuerdo haber visto en el cine Víctor de la capital tinerfeña cuando los cines eran eso mismo: cines.

Conocía de antes a la estrella mediana porque brilló con luz propia pero sin la intensidad de otros compañeros de generación vaya uno a saber por qué. Igual fue porque su físico no le acompañaba. O sí porque no resultaba demasiado guapo pero le salía de dentro un atractivo animal que cuando se esforzaba pone los pelos de punta. Ahí está su versión de camisa negra desatado en esa especie de Lo que el viento se llevó que es Novecento, donde además de cantar canciones como Giovinezza, no se cansa de darle palos a los campesinos más que para imponer orden porque disfruta de la violencia desatada. A mi me gusta más como villano porque me resulta más creíble que su Attila el que interpreta en Revolución, esa olvidada película de Hugh Hudson (Carros de fuego) en la que Al Pacino busca desesperadamente a su hijo mientras las trece colonias se levantan contra el poder de la Gran Bretaña. En este largometraje de tonos grises, brumosos, Sutherland interpreta a un sargento con matices. Es malo porque es inglés pero también tiene algo de bueno cuando intenta proteger al hijo preso de Pacino del deseo libertino de los aristócratas oficiales a los que sirve.

Como secundario es uno de los doce “voluntarios” de Doce del patíbulo y volvió a ponerse el uniforme en M*A*S*H que es una película que crece en vez de decrecer con el paso del tiempo. Repite como soldado en Los violentos de Kelly, donde comparte escenas con Clint Eastwood, que lo dirigiría muchos años después en esa comedia que es Cowboys del espacio, y en la que Sutherland explota su mejor perfil para el humor interpretando a un jubilado que no ha perdido su entusiasmo por rodearse de mujeres. Rodeado de mujeres esta en Casanova, a las órdenes de Federico Fellini, un filme que para mi ilustra muy bien cómo pudo ser ese maestro del amor. Ese tipo que compartía lechos mientras el cuerpo le aguantó.

De nacionalista irlandés lo pueden ver en Ha llegado al águila, un peliculón que dirige John Sturges y hace más o menos lo mismo en la fabulosa El ojo de la aguja (Richard Marquand, 1981), al lado de Kate Nelligan, actriz que fue uno de mis primeros amores cinéfilos…

Junto a Sean Connery protagoniza El primer gran robo al tren, que dirige el también escritor Michael Crichton, un largometraje que a mi me sigue pareciendo estupendo por ellos dos y… Leslie Ann Down (otra de esas actrices que me hizo suspirar en mis mocedades). Tras el drama familiar Ordinary People (Robert Redford, 1980) aparece ya como actor de reparto en la monumental JFK y Llamaradas, entre otras. Dejándose ver a partir de entonces en películas varias pero como estrella invitada porque Donald quedaba bien donde lo pusieran. Es de los que daba una nota de prestigio al filme. Aparecía, soltaba su diálogo y desaparecía y el espectador tan contento. Además, el espectador se quedaba con la conciencia tranquila porque Sutherland dejaba heredero, su hijo Kiefer y su nieta Sarah, aunque no tengan ni la altura ni el nivel del padre y del abuelo.

Además de La invasión de los ultracuerpos a mi Donald Sutherland me toca el alma como ese profesor progre que fuma porros con sus alumnos en Desmadre a la americana (John Landis, 1978) y ya de viejito en la miniserie de Salem’s Lot, en la que interpreta al mismo personaje que James Mason en la primera miniserie original, la que dirigió Tobe Hooper.

Bien entrado el siglo XXI digamos que su carrera dejó paso a trabajos como secundario de prestigio que a protagónicos.

Su última película fue Miranda’s Victim que no he tenido el gusto de ver y que no sé si veré. El mejor homenaje que le pudo hacer es contemplar algunas de sus películas como protagonista. Klute (Alan J. Pakula, 1971) estaría bien. Es un policíaco de su tiempo que es lo mismo que decir que se trata de un gran policíaco (atmósfera oscura, personajes equívocos, diálogos que suenan como navajazos), la ya mentada Revolución, M*A*S*H y Casanova porque me gusta verlo trajeado al incómodo estilo XVIII. El mismo actor revelaría en una entrevista que si Fellini lo fichó para el personaje fue porque vio en él “los ojos de un pajillero. No sé cómo se enteró… Tuvimos una maravillosa y honesta historia de amor platónico”.

Y amor platónico es el que mantuvimos la mayoría de los espectadores que lo vimos en pantalla grande como pequeña. Hiciera lo que hiciera, salvo al histrión de Attila en Novecento, lo hizo bien. Y eso que no tenía pintas de bueno pero tampoco de malo. Si hacía una y otra cosa fue siempre por exigencias del guión. De hecho, y lo cuenta él mismo, hubo un tiempo incluso en el que podía rechazar un papel porque le resultaba “violento”. Las películas a las que dijo no fueron Deliverance y Perro de paja y sí, me cuesta pensar verlo a él haciendo el trabajo que hicieron después Jon Voight y Dustin Hoffman.

Pero en fin, el caso es que la vida de Donald Sutherland fundió a negro para convertirse no en leyenda pero sí en la estrella que fue, es y seguirá siendo por los siglos de los siglos. Y es que a veces, ahora que nadie nos lee, qué grande es el cine.

En las imágenes y comenzando por arriba, Donald Suherland en Desmadres a la americana, Casanova y La invasión de los ultracuerpos

Una relación con acento brasileño y canario

Jueves, Junio 20th, 2024

Thays Borges, de Brasil, y el canario Juanmi Mantero se conocieron en un Erasmus en Portugal, y fue allí donde se enamoraron y se comprometieron. Por desgarcia, su historia de amor se vio truncada por la enfermedad mortal que sufrió uno de ellos.

Esta conmovedora historias ha terminado por convertirse en un libro y un documental, Amor en paliativos (Canarias3puntocero) que se presenta este viernes, 21 de junio, a las 20 horas en Dharma Salud (Cabo Blanco, Arona). en un encuentro en el que se explicará el origen de la obra y la relación que unió a Thays Borges (Brasil, 1987) con el canario y farmacéutico de profesión Juanmi Mantero (1984). Por desgracia esta historia de amor tuvo un final amargo, cuando se le diagnosticó a Thais un cáncer colorrectal, que finalmente acabó con su vida de Thays.

Amor en paliativos (editado en Canarias3puntocero) narra esta historia real en una edición que incluye un álbum de fotos de la pareja y de la evolución y secuelas de la enfermedad.

La historia se completa con un documental que lleva la firma del realizador canario Carlos Calato.

Escrita en primera persona durante los últimos cuatro meses de vida de la científica, Amor en paliativos aspira a ser un manual para servir a otras personas que padezcan una enfermedad terminal, a sus parejas, familiares, amigos… Además, es un canto a la comprensión de todos los obstáculos que la sociedad y la administración pública ponen a estas personas, lo que dificulta mucho más sus últimos días de vida.

La idea de publicar la historia de esta pareja surgió del psicólogo clínico Rayco Suárez, que los acompañó en el último tramo de la vida de Thays. Como parte de la terapia individual y de pareja, los animó a escribir su historia y, para ello, se valió del periodista Juan Manuel Pardellas. Amor en paliativos es el resultado de sus respuestas a más de trescientas preguntas formuladas durante cuatro meses, un ejercicio de prospección en sus vidas, sus orígenes, sus pensamientos y su vida en común, muchos de cuyos aspectos ellos dos descubrieron durante este trabajo.

Amor en paliativos es una publicación y producción de Canarias3puntocero Ediciones (una división de la agencia Bara Bara Comunicación). Puede adquirirse en la página web www.barabaracomunicacion.com y físicamente, por el momento, en Dharma Salud (Cabo Blanco, Arona, Tenerife).

Saludos, no hay palabras, desde este lado del ordenador

La Hojarasca, de la cineasta canaria Macu Machín, se estrena en los cines de las islas el 5 de julio

Martes, Junio 18th, 2024

La Hojarasca se estrena el 5 de julio en las salas de exhibición cinematográfica que aún están abiertas en cinco de las islas Canarias, ese archipiélago abandonado de la mano de los dioses. Se trata de un largometraje que dirige Macu Machín y que produce El Viaje Films. Algunas de las proyecciones serán especiales porque contarán con la presencia de la directora, quien mantendrá un coloquio con los asistentes a estas sesiones. La información de los pases y encuentros puede consultarse en la web de la distribuidora Pleamar Films (www.pleamarfilms.com), a la que se irán sumando más cines y pases. El periplo comercial comienza el viernes 5 de julio de la mano de Charlas de cine en Multicines Tenerife.

La Hojarasca se exhibirá también en los Price Prime y TEA Tenerife Espacio de las Artes y en el Yelmo Las Arenas en Las Palmas de Gran Canaria, los Multicines Atlántida en Lanzarote, los Millenium en La Palma y los Cines Odeon en Fuerteventura.
 
La película de Macu Machín cuenta la historia de tres hermanas que se reúnen en La Palma para repartir una herencia familiar. Allí comparten recuerdos y también discuten, haciendo aflorar los viejos conflictos familiares. Pero todo cambia cuando el volcán Tajogaite entra en erupción.

Para la directora, “ha sido una alegría constatar que una historia tan íntima y personal puede tocar la fibra de espectadores de cualquier país y condición. Llevo imaginando en todos estos encuentros cómo sería el recibimiento del público canario en su estreno en salas comerciales, así que estoy muy contenta de que, por fin, ‘La Hojarasca’ se proyecte en tantas islas del Archipiélago. Espero que el público pueda ver en mis protagonistas un trocito de sus vidas y de sus familias, que rían y se emocionen con las heroínas de esta historia, que son las heroínas de mi propia vida, mi madre y mis tías”.
 
La película está protagonizada por la familia de la propia directora, en concreto, por su madre Elsa Machín, y sus tías Carmen Machín y Maura Pérez.
 
En su itinerario por festivales, La Hojarasca, que celebró su estreno mundial en la pasada edición del Festival de Cine de Berlín, recibió en el de Málaga la biznaga de plata a la Mejor Película española y también a la Mejor Dirección en la sección ZonaZine. Obtuvo el premio a la Mejor película española de Documenta Madrid, el premio Richard Leacock al Mejor largometraje del Festival de Las Palmas de Gran Canaria y el Premio a Mejor película canaria de MiradasDoc. Este fin de semana se hizo con el galardón a la mejor dirección en la sección iberoamericana de documentales del Festival de cine de Guadalajara, en México.
 
La película se estrenará en salas de la península el 13 de septiembre, informa la productora en una nota informativa.

La Hojarasca es una producción de El Viaje Films y contó con el apoyo del ICAA, el Gobierno de Canarias, los cabildos de Tenerife y de Gran Canaria, así como con la participación de Televisión Canaria. En el equipo técnico destacan, entre otros, la labor de José Alayón y Zhana Yornadova en la dirección de fotografía, así como del compositor canario Jonay Armas como autor de la música, la directora de arte Silvia Navarro o la montadora Emma Tusell, afincada en La Palma, que finalizó el trabajo de edición que habían iniciado Manuel Muñoz Rivas y Ariadna Ribas.

Saludos, muchas ganas de verla, desde este lado del ordenador

Ángel Guerra, Azcona y Juan Manuel de Prada

Miércoles, Junio 12th, 2024

Me encuentro de momento simultaneando varias lecturas que me entran como si fuera una papilla espiritual que llena mi corazón y mi cabeza de cierta tranquilidad. Eso me pasa cuando los libros ante los que me enfrento (porque leer significa un enfrentamiento) resultan gozosos, entretenidos e intelectualmente trabajos que enriquecen un alma que cada día que pasa se siente un poco más vieja.

Releo La lapa, de Ángel Guerra, y sí pero también no… Ya sacaré mis conclusiones cuando cierre esta novela.

Leo con alborozo Los europeos, de Rafael Azcona, que además de ser un excelente guionista (el cine de Luis García Berlanga sería otro si él no hubiera estado detrás) fue también un notable escritor. Había leído de Azcona en el pasado El repelente niño Vicente pero con esta novela que encuentro casualmente en el Rastro de la capital tinerfeña, Rastro que ya no es el que una vez fue, me entran ganas constantes de leer sus páginas para olvidarme de la realidad que me envuelve. Esa realidad pegajosa, como de grasa reseca, que parece que lo impregna todo.

Leyendo Los europeos y lo que significaba el viejo continente para un español con luces y terrible capacidad para reírse de todo y de todos en la España de inicios de los años sesenta del pasado siglo XX, me doy cuenta de una verdad aplastante que solía repetir mi padre no una sino muchas veces. “El problema de este país es que ha pasado mucha hambre”. No acepto, por otra parte, la conclusión a la que llegó Arturo Pérez Reverte a partir de una de sus novelas, y es que el problema de España fue y es (aunque ya no tan monopolizador) el poder que tuvo y tiene vamos a decir la Iglesia católica. No haber dejado entrar las ideas luteranas, pensamiento que mueve ese magnífico libro que es El hereje, de mis siempre admirado Miguel Delibes, y escritor al que descubrí hace apenas unos años y que había detestado cordialmente en mis tiempos de estudiante porque me obligaron a leer Cinco horas con Mario y ya se sabe que para leer cualquier cosa menos que te obliguen.

El caso es que, al margen de Delibes, recuerdo mientras paso las páginas de la novela de Azcona que hace un tiempo llegué no a conocerlo pero sí a compartir mesa y mantel con él. Fue un almuerzo con otros periodistas locales y en el que se encontraban además como invitados Manuel Vicent y Luis Ángel Harguindey aunque de los tres la tropa prestó más atención a las palabras de Rafael Azcona que el resto. Y es que, joder, se trataba de aquel guionista y escritor del que no se conocía nada, se trataba de aquel tipo que había escrito con Luis García Berlanga y Marco Ferreri un puñado de historias que desde el día de su estreno se han convertido en indiscutibles obras maestras de ese cine español que ha ido poco a poco dejando de serlo tras convertirse a un protestantismo que no es de su naturaleza.

Les dejo la frase y ya les comentaré lo que me parece esta novela que imagino que protagonizan españoles parecidos a José Luis López Vázquez, Pepe Isbert y Manuel Alexandre, entre otros grandes comediantes:

“- Escrúpulos de pobre, porque a los pobres lo que más les gusta es pagar; debe ser porque pagando se sienten ricos. Pero, hombre, ¡si por miedo a dejar a deber el propio entierro lo pagan por adelantado en El Ocaso! En cambio los ricos no pagan nunca nada”.

Por último, leo y disfruto también con Mil ojos esconde la noche. La ciudad sin luz, de Juan Manuel de Prada, un libro que es un tocho pero que leo como en un suspiro. Ya contaré algo cuando lo termine porque como me pasó con su primera entrega, Las máscaras del héroe, me enseña cosas de las gentes, los intelectuales, escritores, artistas y demás ralea de esta España a la que le falta un no sé qué para dejar de serlo.

Y en esas estamos…

De todas formas, queridos/as, recordad que mañana será otro día.

Los periodistas no tienen sentido del humor

Martes, Junio 11th, 2024

Uno de los problemas que repercute en los periodistas es su escaso, por no decir nulo, sentido del humor. Es verdad que manejan materiales que en muchas ocasiones poca gracia tienen pero también hay otros en los que unas cuantas gotas de humor podían y pueden elevar un texto hasta hacerlo planear con destino a los lectores.

A nadie se le escapa que vivimos malos tiempos no solo para la lírica sino también para el oficio de contar hechos. Que la prensa tradicional, la de papel, desaparece porque ya no hay lectores que compren ejemplares y la publicidad busca otros medios para vender sus productos, pero éste y no otro es el signo de unos tiempos en los que casi parece que el periodista es una especie en extinción, aunque siguen habiendo en las redacciones hombres y mujeres que continúan desempeñando su trabajo contra vientos y mareas.

Se escribe todo esto porque me entero de la existencia de una página creado por dos periodistas argentinos dedicado al cine y a los periodistas. Los informadores argentinos con la complicidad de otros compañeros de oficio, actores y cineastas han elaborado una lista para escoger la que, según ellos, es la mejor película que se ha dedicado al oficio de noticiar y encabeza el listado de más de doscientos largometrajes nada más y nada menos que El ciudadano, que así se conoce en la Argentina Ciudadano Kane y en segundo puesto Todos los hombres del presidente. Le siguen otras producciones norteamericanas como Spotlight: en primera plana y The Post y cerca La dolce vita que es la primera producción no norteamericana que aparece la lista.

El caso es que hasta el filme número 18 no se revela en la nómina ninguna comedia aunque la comedia que ocupa el puesto 18 sea una obra maestra sí o sí como es Primera Plana (Billy Wilder, 1974) que, personalmente, considero la mejor adaptación al cine de la pieza teatral escrita por Ben Hetch y CharlesMacArthur y que descubrí hace ya muchos años en un cine de reestreno de Madrid, sesión en la que no dejé de reír.

Curiosamente, y en el 20, aparece como entre las más votadas Luna nueva (Howard Hawks, 1940), que es un antecedente de Primera plana solo que la pareja de periodistas la forman Cary Granty y Rosalind Russell y no hombres como hace Wilder con sus cómplices Jack Lemmon y Walter Matthaw.

Un poquito más abajo, los votantes escogieron Atrapado en el tiempo como un título de periodistas a tener en cuenta aunque en este filme el oficio más que estudiarlo es el trabajo que realizan día a día los protagonistas.

En el puesto 27 aparece Broadcast News y en el 29 Sucedió una noche, un clásico de Frank Capra en la que Claudette Colbert enseña al mismísimo Clark Gable a hacer auto stop. Le siguen en el 28 y 29 Aprile y Casi famosos, que no son exactamente comedias, aunque algo de risa sí que dan en el mejor sentido de la palabra y en el 34 Anchorman: The Legend of Ron Burgundy, una comedia más al servicio de Will Farrell que otra cosa.

En los puestos 37 y 38 aparecen El diablo se viste de Prada y Borat y en el 40 una curiosidad: The French Dispatch. Ya en el 43, una comedia silente a la que el paso del tiempo ni se atreve a arañar como es The Cameraman (Edward Sedgwick, 1928), con Buster Keaton haciendo de las suyas y así sigue este muestrario donde se habla más que de películas que traten sobre el periodismo, de películas donde los periodistas son protagonistas.

Hay otro Capra, Caballero sin espada (1939), se cuela Kika de Pedro Almodóvar porque los designios de los dioses son inescrutables y regresa Primera plana, solo que en la versión de 1931 que dirigió Lewis Milestone con Adolphe Menjou y Pat O’Brien que se coloca en el puesto 66.

Historias de periodistas y romances son Historias de Filadelfia y Vacasiones en Roma, 72 y 73 de la lista, y películas que llevan nombre de ciudad en sus correspondientes títulos y Philomena (76) que a mi como que sí y como que no y otro Capra, y van, en el puesto 80, Juan Nadie. En el 96, La mujer del año, filme de George Stevens que une a Katharina Hepburn con Spencer Tracy y en el 98 y 99 la mejicana La dictadura perfecta y la norteamericana Chicago. Otros títulos son 13 Going on 30, Making a Living, comedia silente del año 1914 que protagoniza Charles Chaplin; Funny Face, Marley & Me, Morning Glory, Nothing Sacred, Camarada X, Los dos rivales, El gran salto y La rubia platino, que es otra de Frank Capra, entre otras aunque no crean que demasiadas sino las justas. Y entre esas justas, un clásico del cine español como es El crimen de la calle de Bordadores, del inmenso Edgar Neville con Manuel de Luna y Mary Delgado. Se añade aunque en un injusto puesto 192, En bandeja de plata, de Billy Wilder. La lista continúa hasta llegar a los 244 títulos. Les animo a que la consulten porque en ella se encuentran películas de las que no tenía ni idea y eso siempre es un aliciente.

Como pasa siempre con este tipo de listado, algunos, probablemente los más cinéfilos, descubrirán títulos que no aparecen y otros que considera menores pero que sin embargo sí que están. Con todo, volvemos al planteamiento inicial y es que comparativamente con otros géneros como el drama, la comedia se hace hueco pero con doloroso empeño en las películas de y sobre periodista. Y ya puestos, y observando películas que se citan pero donde el periodista y el periodismo es secundario, ¿por qué no haber escogido una cinta como Spacehip Troopers? Imagino que fue cosa de ese casi medio millar de elegidos que votaron pero no deja de sorprenderme que no figure en esta curiosidad que sí que pone de manifiesto que en esta cosa del periodismo si algo destaca, ese algo sea precisamente su falta de humor para hablar no del oficio más viejo del mundo pero casi, casi…

Saludos, Kane anda por ahí, desde este lado del ordenador