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Adolfo Córdova: “El lenguaje puede reproducir una belleza que yo no tengo”

Martes, Junio 16th, 2026

“Yo soy el lobo. Humano lobo. Abuelo lobo. Lobopájaro, tlacuache, lobo lumbre, árbol lobo: hundo mis raíces, garras, hasta el principio y sujeto el corazón caliente de la tierra”, este es el comienzo de uno de los libros del año, una reedición que con el mismo título, Aullido, publica la editorial Diego Pun. Escrito por Adolfo Córdova (Veracruz, México, 1980) e ilustrado por Armando Fonseca, se trata de una obra delicada, de exquisita factura que trasciende la belleza del objeto para transformarse en una invocación que da voz como metáfora al lobo mexicano, una especie en extinción que ahora se intenta recuperar tras años de salvaje persecución y caza.

El contenido de la obra es de una belleza singular porque como pasa cuando un libro se crea en estado de gracia, texto e ilustración (grises, rojos, negros, blancos sucios) combinan muy bien, lo que hace que este trabajo trascienda y deje poso cuando se termina su lectura y el disfrute de las extraordinarias ilustraciones que lo acompañan. Se trata, en definitiva, de una invocación porque “lobos fuimos lumbre. Nombres somos sangre. Sombras todas que arden”.

- Diego Pun presenta una reedición de Aullido, que se publicó en 2019 en México ¿se trata del mismo libro o cuenta con novedades respecto a la anterior edición?

“Entiendo una reedición como una oportunidad de revisión y de reescritura. Así que desde la primera edición hubo cosas que quería diferentes, detalles, un epígrafe, algún verso que quería cambiar, porque considero el libro un poema en prosa, aunque es una mezcla porque siempre lo sentí como una invocación. Lo primero, entonces, fue la posibilidad de regresar al texto, de releerlo y ajustarlo. Y luego Armando Fonseca, el ilustrador, solo consideró que quería retrabajar las ilustraciones un poco siguiendo la misma lógica mía, como creadores que ven que su obra va a tener una nueva vida. Aullido es además el resultado de la confianza que Cayetano Cordovés, su editor, depositó en nosotros”.

- El libro que presenta entonces es distinto al que presentaron en México.

“Creo que a Cayetano, como editor le parecía interesante que hubiera cambios, porque eso ya lo iba a diferenciar, y ahora ves el original y realmente se diferencia mucho del libro anterior. Otra cosa que pasó fue que como Aullido ya tuvo una vida en México y circuló entre mediadores de lectura con muy buenos resultados –uno me dijo incluso que si se iba a reeditar que lo hiciéramos más grande– se lo comenté a Cayetano y ahí está el resultado final. Es más grande, lo que realmente le viene muy bien al libro. Con respecto a la impresión original, el papel terminó por absorber mucho la tinta y Armando Fonseca trabaja mucho los oscuros, así que era importante cuidar, como hace Cayetano, la edición, la impresión y el color. Es decir, que revisamos la edición original para estudiar tanto en el texto como la ilustración y ver qué cambios podíamos hacer, y creo que el mayor cambio es material. O sea, la materialidad del libro como objeto cambió bastante”.

- ¿En qué sentido?

“La portada, por supuesto, es fundamental, y el cierre. Uno ve ahora el original y siente, o sea, yo siento que la edición original es una maqueta, una maqueta final, si quieres, porque circuló. Pero, en todo caso, eso habla bien del trabajo, sobre todo de Armando, porque es sobre todo visual el cambio de diseño y el cuidado de la edición de Cayetano. También cómo fue impreso, cuidar las tapas, las texturas, porque en el original resultaba muy fácil que se dañara ya que la portada de antes no tenía laminado, y eso hizo que el libro también fuera un poco frágil. La edición de Diego Pun es muy especial y bonita y le da una nueva vida al libro. Y por otro lado, también queríamos que la obra se proyectara más, que pudiera tener más salidas”.

- ¿Cómo fue la relación con el ilustrador?

“Cuando Armando y yo hicimos este libro, ya habíamos hecho otro que es muy importante para mí y que quizá sea de mis libros el que más reconocimiento ha tenido, Jomshuk, niño y dios maíz. Y ahí nos conocimos Armando, su pareja que es Amanda Mijangos y yo, y ellos lo ilustraron a dos manos, y nos hicimos muy amigos. Jomshuk es un poema en verso largo, es una épica mesoamericana sobre el maíz, sobre el millo. Y desde ahí somos amigos, y cuando eres amigo del ilustrador puedes trabajar más íntimamente la relación texto-imagen. Si no es así, ese trabajo lo hace el editor, que hace de vínculo, de mediador”.

- ¿Cuál fue la inspiración de Aullido?

“El libro lo inspiró una obra de teatro que se llama Las Bestias Danzan, o El Sigiloso, pero no sabía cómo convertirlo en un libro y se lo propuse a una editora porque me había pedido manuscritos y le dije que tenía ganas de hacer algo con Armando, y aceptaron, y nos reunimos varias veces y apenas hubo mucha más interacción con él porque confío en su trabajo. Además, los ilustradores no se meten mucho con el texto, y no me dijo nada sino que esperó a ver hacia dónde lo llevaba, y solo hubo una idea que conversamos más, que fue la del lobo volcán, o como el aullido que está dicho en la invocación es como una llamarada, como una fumarola, pero el resto lo trabajó por su cuenta, o sea, toda esta idea que desarrolló como de pinturas rupestres fue de él, se dejó llevar por la invocación y lo propuso porque es un artista que tiene un recorrido plástico importante, y creo que conectó por ahí”.

- El protagonista del libro es el lobo mexicano, pero ¿existió realmente el lobo mexicano?

“Sí y no, porque se extinguió, lo extinguieron en los años 70 el gobierno de Estados Unidos y el mexicano a través de una campaña de envenenamiento porque cazaba ganado pero algunos sobrevivieron en zoológicos y reservas, y hace como veinte años un grupo de biólogos empezó a intentar reintroducirlo y si bien las primeras camadas no sobrevivieron ahora hay como medio centenar en libertad. Es una historia triste pero tiene un final esperanzador porque uno quiere que sobreviva el lobo y cualquier otra especie. El lobo mexicano fue un animal sagrado para los mexicas, los mexicas eran los habitantes de Tenochtitlán, del Valle de México y también para los aztecas, digamos, que es el grupo más amplio, el lobo fue sagrado, pero los mexicas, en particular, los criaban, tenían un parque donde criaban lobos, y hay enterramientos en el Templo Mayor del Zócalo de la Ciudad de México, donde se hizo un estudio de lobos enterrados con grandes guerreros. Lobas ataviadas con collares de caracoles, pendientes de jade, pecheras de obsidiana y de eso pasamos a extinguirlo. Y de ahí surgió la obra de teatro. Ellos querían hacer una especie de danza ritual con títeres tamaño real de lobo, y que iban como caminando en el aire, con unos arneses que se ponían en la cintura para manejarlos. El estreno fue en el Templo Mayor, o sea, en el Zócalo de la Ciudad de México”.

- La obra tiene muchas lecturas.

“Sí, puede tener una lectura muy documental, que es lo que estoy contando, y otra específica, pero yo quería que la metáfora pudiera abrirse a pensar que hay un lobo dentro de cada uno de nosotros que a veces se encuentra en el fondo de la cueva para esconderse por miedo a una emoción personal o a una persona. O por miedo a una ciudad, un país, y en ese sentido también el libro plantea un tránsito, un tránsito del miedo, de la persecución, de la desaparición al regreso. Por eso hay una segunda parte donde salimos al mundo, a ya estamos aquí, hemos vuelto, no volveremos a sumergirnos y que es importante celebrar porque se ha atravesado ese miedo y esa persecución y esa desaparición. Un poco ir como de la muerte a la vida”.

- Aullido es un poema en prosa pero ¿cómo se lo vende al público joven para que lo lea?

“La mejor manera de vender a Aullido es abrirlo y leerlo, porque conecta, yo confío en la poesía, incluso sin mediación, debo decir. Aunque hay una mediación que se puede hacer para sacarle más jugo a la experiencia, una mediación que no sea explicación de los versos, que sea contextualización, luego el poema hace su efecto y hay que confiar en esa música, como cuando le pones una canción a alguien, no se la estás explicando, ni detienes la canción para decir mira qué bonito suena. En La Gomera me puse a leer el poema y los niños se sintieron convocados porque por un lado tiene un protagonista de alto interés, que es el lobo, o sea, yo no estoy inaugurando una tradición, el lobo es, dice Marina Colasanti, el gran protagonista de Caperucita Roja, entonces el lobo les interesa y el lobo vinculado a lo musical y al canto ritual les resulta incluso novedoso”.

- ¿Y no les cuesta leer poesía?

“La poesía tiene muchos prejuicios ya que está muy asociada a la rima. Pregunto siempre en los grupos que visito qué es para ellos la poesía y la rima aparece en todas las definiciones, y eso ha desgastado al género, porque entonces parece que solo es una cosa, que es escolar, que hay que medirlo, que hay que aprendérselo, que siempre tiene que sonar y otra manera de acercarlos a Aullido es explicarles vamos a ver otro tipo de poema, que no está en verso, que es en prosa y que plantea una especie de canto ritual que conecta con el volcán interior y considerar sin son capaces de conectar con esos instintos más vinculados a lo animal, en el mejor sentido, a ese territorio común que compartimos porque antes de ser humanos fuimos lobos, o sea, literalmente antes de ser humanos fuimos musgo, fuimos lava, entonces yo creo que se puede tener esas conversaciones y confiar en ellos, yo siempre siento que la poesía es bien recibida por los niños, basta ponerse a leerla. Lo que nos preocupa a los adultos es si la van a entender, cuál es el cuento, el qué pasó, pero ellos llegaron al lenguaje como todos nosotros con los juegos verbales, con el arrullo, con muchas formas poéticas, las jítanjáforas famosas que tienen algo que ver con el conjuro, entonces para mí también esto es un conjuro de magia. Vamos a jugar a invocar el lobo aunque hay quien categoriza el libro como para cierta edad pero creo que es un libro para todas las edades”.

- ¿Ha escrito siempre poesía?, ¿no le tentó la narrativa?

“Empecé con lo fácil, empecé con novela. Lo primero que escribí fue una novela muy autobiográfica, por eso lo fácil, porque en la novela puedes escribir y escribir y escribir, y cuando es autobiográfico, pues es más fácil, entre comillas. Tuve un maestro que me dijo: escribe de lo que conozcas, lo que pasa es que uno descubre otras cosas en el camino. Mi primer libro sigue funcionando muy bien y se desarrolla en una escuela, y cuenta la historia de un niño de quinto de primaria que se enamora de una niña de sexto, entonces es el despertar del deseo y descubrir el amor. Tiene mucho humor y lo escribí para la que era mi novia, que hoy es mi esposa. Mi segundo libro es de cuentos, de cuentos de hadas, y el tercero fue Jomshuk, que es un poema narrativo que llamo novela en verso, y que cuenta una historia y una aventura donde Jomshuk se enfrenta a mil peligros, pero está escrito en verso no rimado, y después publiqué Aullido, que es mi primer poema en prosa. Desde muy pronto me volqué en lo poético pero empecé escribiendo narrativa”.

- Pero ¿no le parece algo tramposo que siendo adulto escriba historias para niños?

“Hay una paradoja y hay muchos autores que hacen trampa porque se hacen pasar por pares, por cómplices, yo soy como tú, mira, hablo así, pero en realidad quieren darles gato por liebre ya que lo que se quiere es que el niño se porte bien, básicamente, y que aprenda a hacer esto y lo otro. Me parece una pregunta muy interesante porque es paradójica de entrada ya que la literatura infantil la hacen adultos. Creo que esa paradoja o esa trampa se puede salvar, o intentar salvar, cuando uno respeta mucho esa paradoja y esa contradicción, cuando eres consciente de que si quieres escribir desde una perspectiva infantil, en mi caso, en mi opinión, tienes que entrevistar a muchos niños, tienes que conversar con ellos. Tengo cosas que he escrito como Aullido en la que me sentí poseído por el lobo milenario, me salió la invocación de una manera que no suelo escribir así, ni suelo ser una persona mística al pensar en términos de que uno sea médium de otras cosas, pero con la invocación fue un poco así, y lo escribí bastante rápido, luego corregí mucho, pero sí, creo que la manera de salvar esa trampa es tratando de conversar con los niños y las niñas y pensar en colaboraciones, como en integrar sus voces en presente. Tengo otros trabajos y otros poemas que he hecho en colaboración con niños, porque sí, y en todo caso también fomento la horizontalidad, y que haya muchos niños y niñas que publiquen, que hagan sus cosas. Animarlos a que escriban los libros que ellos quisieran leer”.

- ¿Qué fue lo que lo animó a dejar la narrativa y a escribir poesía en prosa?

“Fue como un regreso porque lo primero que escribí de adolescente fue poesía, y era lo que más leía, siempre escribí poesía, y creo que lo que me hizo regresar fue una transición suave, fui de lo más verborréico y autobiográfico, de rendir homenaje a los clásicos infantiles a un mito mexicano que reescribí primero en prosa como cuento y luego vi que necesitaba el verso, entonces es un poema, pero es narrativo. No fue una transición de la noche a la mañana pero cuando me di cuenta ya estaba en el terreno poético más que narrativo, pero ahora que me lo preguntas pensaría que a mí lo que más me gusta escribir es poesía narrativa. Me gusta mucho la novela en verso. Estoy trabajando en una trilogía de novelas en verso no rimado y me gusta ese punto medio porque siento que puedo tener lo mejor de ambos mundos”.

- ¿Y qué temas entiende que son importantes en su producción literaria?

“Creo que el vínculo con la tradición oral y con la memoria, con las historias que ya están ahí, o sea, a mí me gusta mucho pensar la literatura como una extensión, como literatura derivada siempre de algo, vinculada a otros textos, a un canto ritual, a un mito que se cuenta de manera oral, a cuentos de hadas que yo leí de niño y a mi propia vida o a las autobiografías que había leído. Y hay como un vínculo con otros textos, como si fuera una continuación de cosas que ya existen y también lo fantástico, lo fantástico vinculado a la naturaleza. Me gustan mucho las historias de regreso a la naturaleza y a ese otro mundo que nos inventamos cuando tratamos de explicar este mundo. Es algo que me llama mucho la atención y que resulta de mucho interés para los niños”.

- Habla de literatura de la memoria y el mito, pero ¿a qué se refiere exactamente?

“Al mito de Campbell, al mito del hombre de las mil caras. Como a todas esas historias que en muchos lugares del mundo nos fueron dando sentido y cuando digo memoria es justamente cómo nos hemos contado. Cómo nos hemos contado esta historia de estar aquí. Y me interesa revisar eso, como esas otras perspectivas incluso de infancia, cómo eran concebidos, qué papel tenían los niños en esas historias. Por ejemplo, en Jomshuk, el protagonista es un niño, es un niño y es Dios, pero nunca crece. Bueno, crece simbólicamente pero regresa con su mamá y le entrega el maíz, entonces me llama mucho la atención cómo la memoria, los mitos y los niños que vemos a nuestro alrededor son como la infancia nuestra, compartida, una infancia en la que yo siento que seguimos. Cuando pienso en memoria pienso de manera amplia qué historias nos han venido constituyendo en esta multiplicidad de mundos, porque es algo dinámico, líquido, y me gusta pensar que los mitos están todos muy mezclados, como que es un mestizaje el de las historias que hemos heredado y me interesa sumergirme en ese mestizaje”.

- ¿Qué lo encaminó a dedicarse este tipo de literatura?, ¿se siente cómodo si la denomino literatura infantil?

“No tengo problema con que digas infantil y sé que es polémico pero ¿sabes por qué defiendo el adjetivo? Porque quienes lo han defendido son los propios niños”.

- ¿Y qué fue lo que le decidió a escribirla?

“Mis primeras lecturas. Recuerdo con mucha claridad la primera vez que empecé a leer Platero y yo, era muy pequeño y apenas había empezado a leer, y es como el típico libro que te regalan, me lo regaló mi madre, y yo lo empecé a leer, y sentí que no entendía nada, pero que estaba accediendo a algo que no sabía que podía darme el lenguaje y la literatura. Una textura en emociones. El pelaje de Platero me abrió un mundo y me dije el lenguaje puede reproducir una belleza que yo no tengo. Yo nunca había tocado a un burrito. Es como que de pronto me dije, ¿cómo es que el lenguaje puede acercar a mis sentidos una textura desconocida y que además sea bello musicalmente? Fue muy importante descubrirlo apenas aprendí a leer. Después decidí dedicarme a la literatura infantil porque me interesan los niños y niñas como interlocutores. Me parecen más interesantes que los adultos. Y lo digo porque empecé a trabajar en un periódico cuando yo no sabía que iba a dedicarme a esto. De hecho, tenía una carrera de periodismo ambiental. Escribía pero no para niños, pero al entrar a trabajar en un suplemento infantil del periódico Reforma, en la Ciudad de México, que salía todos los sábados, se contaba con un consejo editorial infantil con el que nos reuníamos una vez al mes para que ellos criticaran los contenidos del semanario. Yo me ocupaba de las reseñas de libros y de hacer entrevistas y notas ecológicas mientras los niños nos pedían temas que teníamos que cubrir. Estábamos obligados si ellos querían hacer una nota de helados para perros, estábamos obligados a hacerla. Había una persona del periódico tomando nota de todos los temas y estábamos obligados a cumplir con el 80 por ciento de las ideas que los niños pidieran. Y esa relación para mí fue fantástica y quise seguir conversando a través de mis textos con niños y niñas. Hasta entonces, desconocía lo que se estaba haciendo en literatura infantil. El libro álbum y todo lo relacionado con este universo me parecía tremendamente arriesgado pero literariamente fantástico y revolucionario”.

UNA TRILOGÍA FANTÁSTICA

Adolfo Córdova se encuentra en estos momentos trabajando en una novela en verso que protagoniza Centella, la Encantadora del Relámpago, una niña que busca a sus padres desaparecidos y que descubre que tiene la capacidad de hacer llover. Se trata de una figura mítica del sur de Veracruz, la de los hombres y las mujeres rayos, explica el escritor, quien avanza que en la primera parte de la historia y apenas la protagonista ha descubierto que puede hacer llover, tiene la teoría de que sus padres no han desaparecidos “ni los machetearon sino que su mamá es una mujer rayo y su papá es un Nahual”. En la segunda parte, Centella emprende un viaje en búsqueda de sus padres. Primero encuentra al padre que, efectivamente, es un Nahual, que será quien le diga a la niña que su madre está en la isla de los rayos, donde fue a parar tras ser secuestrada. En la tercera entrega, emprende un viaje a la isla de los rayos. La isla de los rayos es un lugar mítico en esta cosmovisión que Adolfo Córdova ha finalizado gracias a una beca que hizo posible que trabajase en estas tres novelas, la primera de las cuales está en proceso de publicarse mientras sigue trabajando en la segunda y la tercera ya que “todavía me falta mucho para terminarlas”, explica.

Saludos, lo inesperado, desde este lado del ordenador

Perú, país invitado de la octava edición del Festival Hispanoamericano de Literatura

Lunes, Junio 15th, 2026

El presidente ejecutivo del festival, su director y los políticos responsables del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, el Cabildo Insular de La Palma y el Gobierno de Canarias han anunciado que el país invitado de la VIII edición del Festival Hispanoamericano de Literatura, que tendrá lugar en Los Llanos de Aridane entre los días 28 de septiembre y 3 de octubre, será Perú, con la participación de 23 autores y autoras peruanos. Asimismo, han resaltado el carácter excepcional del Festival Hispanoamericano de Literatura, que se encuentra por derecho propio entre las principales citas anuales de la literatura en lengua española y cuyo prestigio no deja de crecer. Este año, el Premio Miguel de Cervantes de Literatura ha recaído en el escritor mexicano Gonzalo Celorio, asiduo participante del festival que además conforma su consejo asesor, el premio Bienal Mario Vargas Llosa de novela ha sido Sergio Ramírez, presidente de honor del festival y también participante en varias ediciones, el premio Reina Sofía de poesía ha recaído en Jaime Siles, participante en la pasada edición, y el premio Alfaguara de novela lo ha obtenido el novelista mexicano David Toscana, que pertenece a la Orden Galdosiana de la isla de La Palma y es bien conocido por el público del festival.

En palabras de Javier Llamas, alcalde de Los Llanos de Aridane, hay que “destacar que el Festival Hispanoamericano de Literatura consolida el papel de un municipio que ha sabido hacer del arte su identidad. Esta cita sitúa a Los Llanos de Aridane en el mapa cultural hispanoamericano y refuerza esa relación natural que mantenemos con la creación, la literatura y la cultura vivida en la calle”. El presidente del Cabildo de La Palma, Sergio Rodríguez, destacó que el festival “acercará a un país que ha dado a la literatura universal figuras como Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique, pero que también cuenta con nuevas generaciones de escritores que están renovando el panorama literario. En este sentido, señaló que el encuentro permitirá al público acercarse a una literatura distinta, más diversa y disfrutar de nuevas miradas y perspectivas sobre la creación contemporánea. El viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias, Horacio Umpiérrez, destacó que el FHL es un “ejemplo de la vocación atlántica de la literatura canaria. La Palma se convierte cada año, gracias a este festival, en capital canaria de la palabra, espacio de reflexión, creación y convivencia, un encuentro que proyecta la imagen de Canarias como un territorio abierto a la diversidad cultural y al entendimiento entre literaturas. El FHL ha demostrado acercar a la sociedad a algunos de los autores más significativos del panorama literario contemporáneo, fortaleciendo el propio tejido cultural de las islas, y situando a Canarias en el terrero de los grandes debates culturales”. Además de ofrecer el listado de los participantes peruanos de la próxima edición, el director del FHL, Nicolás Melini, quiso destacar que el festival “pone ante sus espectadores a los autores que significan”. En cuanto al presidente ejecutivo del FHL, J.J. Armas Marcelo, sentenció: “Somos lo que somos desde el principio, un festival de literatura de la lengua española hecho en Los Llanos de Aridane, isla de La Palma, para el resto del mundo. Y así seguiremos, como un foco de resistencia y testimonio de la libertad”.

LA LITERATURA DE PERÚ DESPUÉS DE MARIO VARGAS LLOSA

En la octava edición del Festival Hispanoamericano de Literatura, Perú será el país invitado y veintidós los escritores peruanos que participarán. La importante literatura peruana ha perdido recientemente a dos escritores irrepetibles, Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique, y, en semejante orfandad, resultará interesante conocer las letras de quienes aspiran a hacer la mejor literatura del Perú. Ya hay nuevos nombres con obras de gran altura, como Gustavo Faverón. También un buen número de jóvenes que publican sus libros en las mejores editoriales, y que estarán en el festival. Así, los novelistas Giacomo Roncagliolo, María José Caro, Luis Francisco Palomino, y los narradores Katya Adaui, Carlos Dávalos y Rocío Quillahuaman. Como es costumbre, en Los Llanos de Aridane se darán cita varias generaciones de la nación invitada. En el caso de Perú, también estarán presentes los autores más cercanos a la generación de Vargas Llosa. Es el caso de los novelistas Alonso Cueto, Fernando Ampuero, Marco Martos y Carmen Ollé y la autora multidisciplinar Giovanna Pollarollo. En cuanto a la generación intermedia, de autores y autoras consolidados, participarán los novelistas Jorge Eduardo Benavides, Santiago Roncagliolo, Iván Thays, Jeremías Gamboa, Karina Pacheco Medrano, el además podcaster Luis Hernán Castañeda, la novelista y también traductora Teresa Ruiz Rosas y el poeta y diplomático Alonso Ruiz Rosas. Finalmente, se completa el listado de participantes de Perú en el VIII FHL con perfiles de la investigación, la enseñanza universitaria o el periodismo, como Francesca Denegri, Agustín Prado Alvarado y Patricia del Río Labarthe. Una figura destacada que participará en esta edición es el británico Gerald Martin, biógrafo de Gabriel García Márquez que este año publica su biografía de Mario Vargas Llosa.

Sus semblanzas y las del resto de participantes de la VIII edición del FHL ya se encuentran disponibles en la web del festival (www.hispanoamericanodeliteratura.com), donde también se puede acceder a las informaciones que van saliendo, al dossier de prensa de los años anteriores, a las galerías de fotos de las siete ediciones celebradas, a los vídeos “resumen” realizados y se puede acceder al canal de YouTube, así como al Facebook, donde se pueden disfrutar los vídeos de los actos de las pasadas ediciones. El programa de la VIII edición se hará público a principios de septiembre, un mes antes del encuentro, que tendrá lugar los días 28 de septiembre al 4 de octubre, de lunes a sábado.

El Festival Hispanoamericano de Literatura se encuentra gestionado por la asociación sin ánimo de lucro Orden Galdosiana de la Isla de La Palma, y está impulsado institucionalmente por la concejalía de cultura del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, por la consejería de cultura del Cabildo Insular de La Palma, por la viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, por AECID y por el Instituto Cervantes. Entre las instituciones que lo respaldan se encuentran el Instituto de Astrofísica de Canarias, ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la Fundación Ortega y Gasset y Casa de América.

Saludos, érase una vez…, desde este lado del ordenador

El descanso, un corto de Iván López, es una durísima pero necesaria crítica al sistema laboral

Lunes, Junio 15th, 2026

Como otros cineastas en esta sufrida tierra, Iván López ha hecho del cine un acto de resistencia. Cuenta ya con una filmografía más que interesante, en la que se mezcla cine documental con el de ficción. Ha rodado además cortos y largometrajes aunque por desgracia y debido a circunstancias que están muy por encima de él, las películas que ha rodado no han tenido la suerte comercial que merecían. Por eso mismo me apena que su última experiencia cinematográfica , El descanso, pase desapercibida porque se trata además de un trabajo de madurez, de una película directa, que no tartamudea ante una realidad, la laboral, que marca profundas divisiones entre los que tienen y los que no tienen trabajo porque El descanso, pese a su título, va de eso, una mirada sin concesiones a un grupo de personas, todos ellos empleados, que caminan por el filo de la navaja.
Ellos son los protagonistas, quienes en primeros planos y planos medios nos cuentan y así lo refleja la gravedad de los rostros de los actores, las pequeñas miserias que tienen que aguantar para mantener su trabajo por muy precario que sea.

El cortometraje, de unos veintipocos minutos de duración, se ve así con una sensación de ahogo porque a más de uno le recordará lo que tiene que aguantar para mantener su empleo y a otros lo que significó cuando le comunicaron que estaba despedido. En El descanso por razones de la edad, 55 años, eso al menos dice la protagonista del fragmento, mostrando la profunda desolación y el vacío ante el que se enfrenta al conocer que la han puesto en la calle. “Y yo qué hago ahora con la edad que tengo” viene a decir. Es una frase desgarradora porque el sistema no absorbe a los que ya tienen una edad, hacerse viejo significa que no se tiene cabida ni futuro laboral en la empresa privada. En otra escena, y en el interrogatorio que el empleador le hace a una joven (los que preguntan están fuera de campo, son voces sin rostro que el espectador escucha en off, lo que acentúa el terror de ese momento), la candidata es capaz de prometer que hará todo lo posible para conseguir un trabajo que le servirá de promoción aunque no reciba remuneración económica a cambio… Ella acepta la explotación, como la aceptamos la mayoría para conservar un empleo que cada vez es más precario. Y el sistema contribuye a eso, a que sea cada vez más precario.

Son nueve los momentos que recoge la película, cada uno de ellos rodados en interiores salvo el que muestra a un trabajador vestido de Minnie repartiendo folletos que invitan a una sonrisa (durísima y ácida crítica) en la calle y que aprovecha un rato para fumar un cigarrillo y que el espectador se percate sin que medie palabra que el protagonista se pregunte de qué le sirvió prepararse todo una vida, estudiar una carrera, matricularse en un máster para terminar disfrazado de la novia de Mickey Mouse, hacen que a uno, al menos fue nuestro caso, se ponga muy triste porque todo lo que nos enseña El descanso, esos pocos minutos que te deja la empresa para que “descanses”, es brutalmente real.

Es verdad que el cine de Iván López no se caracteriza precisamente por su sentido del humor, pero es que el tema que trata en este más que corto, mediometraje, no tiene puñetera gracia. Incluso en el segmento que podría presumirse más cómico, y que no lo es, ese en el que dos empleados aprovechan un descanso para tomarse un bocadillo, el que habla todo el rato (él) pone nervioso no solo al espectador sino también a quien lo escucha (ella) que da la sensación que le da exactamente igual lo que diga. El resto de El descanso está protagonizado por otros empleados que no saben que les depara el futuro. Uno da vueltas en la cama, otra se desahoga en la intimidad de un cuarto de baño. Se tratan de pequeñas historias, de pequeñas tragedias de la vida vulgar como diría Wenceslao Fernández Flores, que te hacen reflexionar sobre si merece la pena lo que estamos soportando. Si no es hora ya de hacer algo aunque el sistema se haya preocupado en ponerlo todo difícil al asalariado, capaz ahora de hacer cualquier cosa por ganarse la soldada.

El descanso casi parece la versión realista de Camera café, aquellos sketch que resumían historias cómicas que no tenían puñetera gracia en televisión. La mirada que transmite Iván López es la de las víctimas de todo ese proceso de desguace, y si no lo ha vivido (que seguro que sí), conoce a gente que seguro ha pasado por momentos como los que retrata esta película. Una película que ayuda a ser muy creíble el estupendo plantel de actores y actrices que la protagonizan. Tengo mis favoritos, claro, pero en general el nivel es altísimo y si pueden ver este mediometraje, se darán cuenta que no mentimos. No sé el trabajo que habrá hecho el director con todos ellos pero es que trascienden la pantalla y todos aguantan los planos como profesionales. Y no es fácil aguantar un plano, los gestos, el movimiento de los ojos, las expresiones faciales en general dicen mucho de lo que está pensando el personaje que en ese instante aparece en pantalla.

Se trata de una película oscura, que muestra lo que está ocurriendo a miles de trabajadores. Iván López nos enseña sus miserias, sus ansiedades ante lo que pueda pasar (dos compañeros hablan en la máquina de café, precisamente, de un rumor en la empresa sobre recorte de personal) y el futuro improbable que les espera si terminan en la calle. Entonces y con suerte, uno acabará humillándose disfrazado de Minnie para repartir folletos en la calle. U otra se despedirá porque se jubila aunque las condiciones sean penosas.
El caso es que tanto sacrificio a una empresa, tanto tiempo entregado a un trabajo al que le has regalado media vida por un sueldo que igual no alcanza a final de mes, y cuyos jefes no tiemblan para ponerte de patitas en la calle dice mucho de un sistema que la película denuncia. Denuncia una realidad que por aplastante emociona y hace llorar.

Da rabia vernos convertidos en corderos. Da rabia asumir que, como decía el doctor Lecter, vamos en silencio y en fila india al matadero.

* El descanso (2026) está producida por El nido en el ático films con la colaboración de Edgar Cerdeña. El cortometraje cuenta con un amplio elenco de actrices y actores canarios: Nayra Ortega, Adrián Rosales, Lioba Herrera, Alba Tonini, Pablo Montenegro, Elisa Cano, Nieves Ordóñez, Norberto Trujillo, Alicia Rodríguez, José Delgado, Nayra López, Beneharo Hernández. Y con las Voces en off de Júlia Estornell, Lamberto Guerra, David Ramos, e Iván López.

Saludos, bravo, desde este lado del ordenador

Leyendas guanches sobre montañas

Miércoles, Junio 10th, 2026

La editorial Diego Pun, especializada en libros para todas las edades, cuenta en la colección de Leyendas Canarias con seis volúmenes, el último de ellos titulado Secretos de la montaña, en el que se narra con lenguaje apto para todos los públicos, una serie de leyendas que, inspiradas o no en la literatura oral y escrita del archipiélago, relata bajo la forma del cuento tradicional el por qué de las cosas. En este caso, todo lo relacionados con los macizos que salpican la geografía de las siete islas aunque ahora se hayan empeñado en decir que son ocho.

Los anteriores títulos de la serie fueron A la sombra de las palabras. Leyendas canarias de árboles; Lo que cuentan los barrancos, Bailadero. Leyendas canarias de brujas, Bandera y garfio. Leyendas canarias de piratas, Misterio entre muros, Voces del malpaís y ahora estos Secretos de montaña, obra sin pretensiones que se ha publicado este año y en la que colaboran con cuatro historias (inspiradas o no en la tradición es algo que desconozco), Cecilia Domínguez Luis, Ernesto Rodríguez Abad y Pepa Aurora.

Lo más atractivo e interesante de esta sexta entrega para lectores que dejamos de ser niños hace mucho, mucho tiempo, es comprobar los distintos estilos y esfuerzos que emplea cada uno de los autores para contar sus leyendas. También si el orden de aparición de cada una de estas pequeñas narraciones fue consciente o se dejó al azar, lo que no creo porque Cecilia Domínguez es quien abre el volumen con cuatro cuentos en los que sus protagonistas son guanches, dos de ellos guanches que se conocieron como alzados ya que una vez sometida la isla por los europeos se refugiaron en las montañas para seguir combatiendo a los invasores y de paso mantener sus costumbres, que desaparecían a ritmo endiablado bajo la influencia de los castellanos. Continúa Ernesto Rodríguez Abad, que firma los relatos más oscuros del libro, los que están escritos con la intención de provocar un poquito de miedo entre sus lectores y que yo imagino que conseguirá su misión si se narran a la luz de las velas o de una buena hoguera si se permitiera encender hogueras en el monte durante noche cerrada; y Pepa Aurora, que cierra estas leyendas de montaña con historias que nos llevan también a los tiempos de la conquista.

Cada uno de los autores juega con resultados a veces muy acertados con la tradición de contar cuentos al amor de la lumbre y a mi me parecen que estos doce relatos estarían muy bien que se narraran bajo la intermitente luz del fuego. Si algo tengo que agradecerle a los autores es que leyendo algunas de las narraciones no dejaba de preguntarme qué efecto me hubieran provocado si los leo siendo un niño. Más un niño ahora adulto a su pesar, que comenzó a leer precisamente gracias a los cuentos. Los cuentos de los más grandes cuentistas de la historia de la literatura como los hermanos Grimm, el todopoderoso Andersen y mi amado y nunca desechado Oscar Wilde. También devoré los de Calleja y no hace mucho tiempo adquirí con la emoción de un niño precisamente esa formidable antología que es El círculo de los mentirosos, recopilación de cuentos de todo el mundo que asumió con ojo de lince Jean Claude Carriére, reconocido guionista de, entre otras, las películas de la etapa francesa de Luis Buñuel. Se escribe todo esto porque resultaría interesante escribir una versión canaria (ya que estamos) de El círculo de los mentirosos si no se ha hecho ya, y que como recoge esta afortunada iniciativa de Diego Pun, incluyera cuentos y leyendas (a veces se confunden unos con otros) de todas las islas del archipiélago, admitiendo en esta caso ocho y no siete como defiendo que son.

Las historias de Cecilia se desarrollan en la isla de Tenerife y la protagonizan pastores y cabreros de un mundo guanche no tan idealizado como sí retratan a otros autores que todavía fantasean con el mito del buen salvaje cuando cuentan historias de los primeros pobladores de Canarias. Cecilia Domínguez Luis se ajusta a lo que entiendo como leyenda, explicando en cada una de sus cuatro pequeñas historias el origen del nombre de las montañas que las protagonizan. Ernesto Rodríguez Abad se decanta más por el cuento tradicional de miedo con la intención, como se dijo, de meter viruje en los lectores porque, y es algo que no hay que olvidar, estas Leyendas están dirigidas a los lectores más jóvenes de la casa aunque los adultos disfrutarán mucho con ellas también, ese al menos ha sido mi caso. Pepa Aurora, como hace Domínguez Luis, se ajusta más a la leyenda tradicional y escribe sobre cosas insólitas en las islas de Fuerteventura, Lanzarote y Gran Canaria. Al final, los doce cuentos están llenos de una plasticidad sin impostar, e incluso están escritos con una seriedad que a veces se decanta por el humor socarrón. El caso es que no toma por idiotas a los lectores que, como se dijo, son potencialmente los más jóvenes de la casa.

Si me gustaría antes de la despedida resaltar la importancia que libros como estos tienen para una sociedad como la canaria tan necesitada de articular una cultura que se eleve desde sus cimientos. Reforzando las características de un territorio como el nuestro, tan fragmentado y disperso, tan ajeno a sus realidades por acostumbrarse a mirar afuera y no adentro. Sin excesos en eso de mirarnos hacia adentro también, la aparición de esta colección de Leyendas canarias aporta un elemento más para identificarnos y de paso identificar el origen de por qué llamamos así a las montañas, los riscos, los barrancos de estas tierras tan abandonadas de las manos de los dioses.
Y un apunte final, las ilustraciones de la obra que firma Nareme Melián, quien visualiza con creatividad estos érase una vez con acento de aquí.

Saludos, bailando bajo el sol, desde este lado del ordenador

Jonás Vega Morera: “El desarraigo no tiene que ver con un lugar físico sino emocional”

Martes, Junio 9th, 2026

Fran trabaja en una editorial que usa sus servicios para que escriba historias para los demás. Un día firma un contrato millonario para que cuente la vida de Marcelo Durán, un político que llegó a ministro de Hacienda pero que tuvo que abandonar su carrera cuando fue acusado de abuso de menores. De las conversaciones que mantiene Fran con Durán habla Nada reseñable (Ediciones Atlantis, 2026), aunque la novela abarca muchos más temas que la escritura mercenaria, el trabajo de un negro, o de los escritores fantasmas como se los conoce en el mundo anglosajón, y que hace el tercer título en la carrera literaria de Jonás Vega Morera (Santa María de Guía, Gran Canaria, 1976) que trabajó primero como negro y ahora como profesor y escritor en Madrid, donde firmará ejemplares de la novela en la Feria del Libro los próximos 14 y 15 de junio.

- Además de Nada reseñable es autor de otras dos novelas…

“Sí, escribí en el 2006, Los amigos circunstanciales y en el 2007, Estación en curva, y luego publiqué con otros autores un libro de relatos: El último baile, un homenaje a la Movida Madrileña, en el 2008”.

- ¿Y hasta qué punto encuentra constantes que le inquieten y que también refleja en Nada reseñable?

 “Creo que algunos temas sí que están no de forma consciente, pero echando un poco la vista atrás, en Los amigos circunstanciales sí que había también personajes como bastante solos y en entornos sociales complicados que se quejan de la situación actual. No fui consciente de ello cuando estaba escribiendo Nada reseñable, pero algunas personas me lo han comentado y al repasarlo sí que siento que hay algún tipo de constante, quizás en los temas y también en los personajes, en algunos de ellos al menos, sobre todo con el primero, con Los amigos circunstanciales”.

- ¿Y qué temas y personajes son los que se repiten?

“Por ejemplo, no había ningún escritor en Los amigos circunstanciales, pero sí personajes con carencias, con algún tipo de desarraigo. Personajes como desubicados en los entornos, como que no encajan con la situación actual. Recuerdo uno de los personajes de Los amigos circunstanciales que sí que estaba como en entornos donde no se sentía cómodo y que parecía que no había evolucionado, y creo que Fran, por ejemplo, el personaje de Nada reseñable, sí que me parece mirado con perspectiva de lector –seguramente cuando lo escribía no era tan consciente- que es un personaje que igual tuvo una infancia bastante feliz, creo que sí que la tuvo, pero ha envejecido como un poco entristecido, como que no encaja en el entorno, aunque sea una persona funcional, que tiene un trabajo, pareja, amigos, a mi me parece que no acaba de encajar y que tiene cierta tristeza o decepción con cómo su vida se ha desarrollado, y creo que por ejemplo ese personaje de Los amigos circunstanciales también tenía ese tipo de evolución, fue feliz en la infancia pero ahora no acababa de estar satisfecho con su entorno”.

- Habla del desarraigo, ¿quizás por qué nació en una isla y ahora reside en territorio continental? ¿Fue muy duro dar el salto? ¿Por qué el desarraigo?

“Diría que no porque llegué a Madrid hace 33 años, me vine con 17 años a punto de cumplir los 18 para hacer la carrera y no he vuelto, o sea, sí que vuelvo mucho a Gran Canaria pero para ver a los míos y no para vivir. Creo que el desarraigo no tiene que ver con el lugar, en este caso con que viva en Madrid, o que yo viva en Madrid, o que el personaje viva aquí en Madrid, o que el protagonista sea manchego. No tiene que ver con el lugar físico, sino con un lugar emocional o un lugar donde uno quiere estar bien y no acaba de estarlo”.

- Busca su espacio.

“El espacio puede influir pero es algo más interior, ese algo que uno no encuentra, que no acaba de encontrar para estar bien consigo mismo”.

- Fran, el protagonista, es manchego pero es un hombre de mediana edad, con pareja aunque no viva con ella, tiene un perro y trabaja como negro aunque imparte también clases. Hay muchas coincidencias con Jonás Vega Morera pero ¿por qué le dio carta de naturaleza manchega y no canaria como usted?

“Un poco fue por quitarle, y no sé si lo he conseguido, toda vinculación, aunque siempre hay vinculación porque es imposible escribir sin poner algo, aunque sea algo muy relativo, de ti mismo. Las tres únicas cosas que puedo decir que comparte conmigo es el perro, porque es un perro que tuve; que trabaje como negro, porque yo trabajé como negro literario también, y que es muy maniático con el orden y las rutinas. Fue hecho a posta, el resto tiene muy poco que ver conmigo y ese fue uno de los motivos que me llevó a situar su infancia en La Mancha y no en Agaete, aunque la idea primera fue situarlo en Agaete”.

- Ha ejercido como escritor fantasma ¿cómo recuerda aquella etapa?

“No la recuerdo mal, tampoco siento que mi novela sea una crítica al sistema editorial español. Empecé a trabajar en una editorial leyendo primero manuscritos y dando algún tipo de ideas y es una etapa que evoco con cierto cariño porque disfrutaba mucho con ella. Tenía contactos en la editorial y pensaba que estos me iban a ayudar mucho a crecer y a publicar aunque, evidentemente, la cosa no fue por ahí, pero reitero que no tengo un mal recuerdo ni tuve una mala relación con nadie para escribir sus historias. Es verdad que tienes que lidiar con los egos de personas y es complicado negociar, llegar a acuerdos, pero quizás por mi carácter, que soy bastante poco dado a estar en la primera línea, me fue bastante sencillo. Lo que pasó al final es que no me llenaba escribir para otros aunque es un sector donde se pagaba bastante bien, nada que ver con lo que uno puede ganar publicando novelas con su nombre. El recuerdo que tengo no es negativo, pero sí es cierto que para ser un negro aparte de saber más o menos escribir hay que saber conciliarlo con quien te dicta, te cuenta su historia, porque al final no tienes que olvidar que tú ahí no eres el autor, estás cediendo la autoría a otra persona que es la que te da las directrices y las pautas por eso si tienes ideas muy claras y quieres imponerlas, pues puede resultar frustrante. Con todo, fue un momento no voy a decir feliz, pero que no me supuso un grave problema”.

- Entiendo que no pueda decir nombres para los que trabajó como escritor fantasma pero ¿tendría problemas en decirnos a qué se dedicaban?

“Pues eran políticos, presentadores, cocineros, mucho coaching, que me aburrían soberanamente. También personas particulares que querían contar su vida para dejárselas a sus familias, y que resultaron ser las que más me interesaban porque en general se trataban de vidas de lo más peregrinas”.

- ¿Peregrinas?

“Peregrinas me refiero porque no tenían la intención de alcanzar a una audiencia grande pero sí la de intentar resolver problemas familiares y eso me parecía bastante interesante porque había más que contar. Lo aburrido era cuando escribía para presentadores, varios políticos, cocineros bastantes y lo peor los coaching porque son casi una religión”.

- Entiendo que para todos estos libros la escritura sería la misma, muy mecánica y sin sello de autor.  

“Depende. Hacía muchas entrevistas, conocía a la persona y en algunos trataba de marcar cierta autoría sin dar un nombre. Recuerdo una persona, bastante conocida a nivel mediático, que me contó una historia tan potente que me puse en su lugar y así lo intenté reflejar pero al final no deja de ser una historia así que por mucho que empatices o que tengas algún tipo de sintonía, la escritura tiene que ser fría. Seguramente, de los treinta y pocos trabajos que escribí y que recuerdo haber leído posteriormente hubo uno que tras unas 40-50 páginas me dije a mi mismo que no estaba tan mal”.

- ¿Y que pensaba cuando entraba en una librería y veía en la mesa de novedades ese libro escrito por usted pero firmado por otra persona?

“Cuando lo veo en librerías y algunos colocados en lugares donde jamás van a estar mis novelas, me parece, bueno, me genera simpatía y también un poco de rabia. Aquí, en la Casa del Libro, en Gran Vía, sucede. Los ves en lugares destacados en la mesa de novedades y el mío ocupando otro espacio y no en la mesa de novedades pero al menos hay tres en la letra V”.

- Por cierto, qué prefiere ¿escritor negro o fantasma?

“A mí me gusta más escritor fantasma. Lo de escritor negro no me acababa de gustar aunque confieso que durante toda la escritura de este libro, que creo que empecé a escribirlo en el 2020 y a ratos hasta terminarlo en el 2025, la novela se titulaba El negro, porque esa era un poco la idea, lo de Nada reseñable vino mucho más tarde, cuando estaba en el gimnasio, escuchado un podcast sobre historia y ahí tuve un fogonazo y le di la vuelta al título, pero durante mucho tiempo reconozco que el libro se llamaba El negro pero sabía que no era el nombre definitivo y sí una forma de ir escribiendo sobre algo que iba en alguna dirección”.

- ¿Cómo observa el mundo editorial español?

“El mercado editorial, aparte de que está saturado, valora cuestiones que no tienen nada que ver con la literatura o con lo que yo entiendo por literatura. No hay más que pasarse por la librería, una gran librería al menos, para ver un poco cuáles son los títulos que más se venden, cuáles son los que tienen cuatro, diez, veinte ediciones pero que al leer cuatro páginas se te cae de las manos. Sí, el mundo editorial no deja de ser un negocio y esa parte la comprendo y sé que al final hay que vender libros, pero tengo la impresión de que los que se venden no siempre son los que, bueno, no son los que a mí me gustan. Y no pasa nada, pero creo que muchas veces lo que se está vendiendo en el mundo editorial hoy es como de consumo rápido, son libros de consumo rápido que están escritos, me temo que la mayoría con Inteligencia Artificial por lo que el papel del escritor fantasma va a tender a desaparecer. La situación es bastante triste no porque haya libros de todo tipo y para todo tipo de lectores porque da igual lo que leas, si lees está bien, da igual el texto por el que comiences siempre y cuando te descubra cosas interesantes, pero me temo que tanta exposición de autores mediáticos o autores que escriben una literatura de consumo fácil y rápido no sé si al final el lector que lee eso acabará llegando a Thomas Mann”.

- Uno de los capítulos más hermoso de la novela son los recuerdos de Fran sobre la muerte de su abuela. El libro está salpicado de literatura, literatura que fusila el protagonista para escribir las memorias de Durán cuando la relación entre los dos se deteriora. Me hizo recordar las acusaciones de plagio de algunos famosos en España.

“En cuanto a la escena de la muerte de la abuela es completamente ficción, inventada pero siento que algunas de las ideas tienen que ver con algunos de los momentos de muertes cercanas que uno ha vivido. Siempre introduces algún recuerdo personal o ideas que tienes de momentos que has vivido, tristes o no. En cuanto a lo de salpicar la novela con autores son homenajes a escritores que me gustan y cuando Fran los plagia escoge los que le gustan, como Agustín Gómez Arcos, el autor de El cordero carnívoro, aunque no le pega nada para las memorias que está escribiendo de Marcelo Durán, pero se empeña en meter un cachito porque le parece un libro maravilloso, que le reventó la cabeza. Coge cosas de autores que le parecen que son los que tienen que estar y es un homenaje a la gente que me gusta y que el protagonista copia para simplificar su trabajo y, claro, cuando lo hace copia a la gente que le gusta”.

- Y en su caso, ¿cuándo fue negro fusiló otros textos?

“No se me ocurrió”.

- ¿El personaje de Marcelo Durán está inspirado en alguien que conoció?

“No está pensado en nadie aunque una vez recibí un encargo que no acepté de un crítico musical al que habían acusado de lo mismo que acusan a Durán, que es un personaje inventado y original”.

Saludos, difuminado, desde este lado del ordenador

La hijuela, una novela de Marcos Hormiga

Lunes, Junio 8th, 2026

“Tristeza despierta buenas intenciones, se traspasa y se contagia; sin embargo, con tristeza no se hace negocio. Miseria te arrincona y por pobreza no hay quien dé un céntimo. Caridad, como su hermana compasión, resultan voluntariosas; ni una ni otra son de fiar. En cambio, solidaridad no tiene precio: un acto humanitario tendría que devolverse de la misma forma que una deuda. De todos los sentimientos, en esta cárcel, al final, lo que importa es el sentimiento que nace desde dentro. Altruismo tiene que ver mucho con eso porque hay desinterés”.

La hijuela, Marcos Hormiga, Mercurio editorial, 2021

La crónica de sucesos de Canarias cuenta también con casos sin resolver que forman parte del imaginario misterioso de cada una de las siete islas. El escritor Marcos Hormiga se inspira en La hijuela en un oscuro asesinato real relacionado con una herencia, de ahí el título, que tuvo lugar en Fuerteventura en plena postguerra. El estilo al que recurre el escritor para dar su versión de lo que pasó –y se supone que muy fiel a lo que se conoce en torno al caso– es lo primero que llama la atención de una novela que parece incluso escrita en aquella época por el lenguaje que se emplea para reconstruir y para ambientar unos años muy difíciles, no ya solo por la situación de aislamiento que sufrían las islas en aquel entonces (pese a que los ecos de la II Guerra Mundial llegasen a Canarias atenuados porque España fue un país no beligerante en la contienda) sino también por la represión y el miedo que caló hondamente en la población.

La hijuela recrea en este sentido muy bien aquellos tiempos aciagos y se agradece la voz con la que se cuentan unos hechos que conmovieron a un pequeño pueblo majorero y que puso en marcha toda una operación de represión en busca de un probable asesino. Asesino que pudo ser más de uno. Al margen de cómo se desarrolla la trama, que tiene notable interés, sobre todo porque hace planear en la cabeza del lector quién o quiénes fueron los autores que perpetraron el crimen, lo que más sorprende de este relato triste y reflejo de miserias, miserias humanas, es la manera en cómo Marcos Hormiga apostó por contar la historia. Una apuesta por un lenguaje cortante, que casi reproduce a dentelladas una realidad asfixiante que transmite a través de varias voces que dan sus versiones de un mismo hecho, aunque estas maneras de observar lo que pudo pasar siembra más dudas que certezas en quien lee con asombro (ese al menos fue nuestro caso), un libro que merecía haber tenido otra trayectoria que la que tuvo aunque el ejemplar que llega a mis manos es una segunda edición. No obstante, y que conozca, La hijuela no llegó a promocionarse en la provincia occidental del archipiélago, y si se hizo, que me perdone el autor porque no me enteré. Y en mala hora no me enteré de la publicación de una novela que además de bucear en las siempre cenagosas aguas de la novela negra, quiere hacer literatura. Y literatura hace, a fe mía. Buena literatura, sobre todo acostumbrado a literaturas que si son algo son enjuagues, libros de usar y tirar porque carecen de cualquier tipo de interés.

El libro está estructurado en tres partes, y en cada una de ellas se cuenta un pedazo del caso que anima la historia. Una historia que más allá del asesinato de un hombre “respetable” en la España de aquel entonces, y cuya visita a la capital grancanaria merece una nota en el periódico Falange el martes 24 de noviembre de 1940, salta a otros de los personajes que interviene en este fresco de época, en esta historia de muertes y repartos de tierra una vez ausente el mentado, que sirve también al escritor para hacer una radiografía de una sociedad demasiado encerrada en sí mismo, y en las que los posibles sospechosos no van a ser las personas que rodean al finado sino los miserables, los humildes, todos aquellos que apenas alcanzan para llevarse algo a la boca y dormir con el estómago lleno.

Otra característica de esta novela asombrosa por hacer, precisamente, literatura en unos días donde esa palabra parece algo desmemoriada en las letras recientes que se escriben en el archipiélago, es el uso que hace el escritor de la manera de hablar en Canarias, en especial de la majorera, y de la destreza que tiene en el empleo de los diálogos. Fluidos pero sobre todo tremendamente reales. Es esta capacidad en los diálogos otra de las características que tiene La hijuela como novela y que la distingue de otras tantas que se escriben en las islas. Además, Marcos Hormiga tiene talento para describir ambientes y crear atmósferas, algunas de ellas muy oscuras, y de expresar una violencia que sobrepasa lo verbal con una autenticidad que me hace descubrir a un escritor que desconocía y al que llego precisamente por un afortunado encuentro que ahora no viene al caso mencionar.

En esta historia se mezcla además de la narración en tercera persona, avisos de periódicos, cartas que modifican la grafía del texto y encomiendas cuya letra reproduce las de las máquinas de escribir de aquel entonces.

Se aprecia además el dominio que tiene Marcos Hormiga de la narración al narrar una historia hecha a retazos, coral, repleta de interrogantes también, en tan pocas páginas, ya que el libro no llega a las doscientas, algo que resulta insólito en unos tiempos donde lo habitual es sobrepasar las trescientas aunque no se diga absolutamente nada.

Solo lamento lo tarde que llego a una novela de aquí y que me ha conmovido tanto aunque como me comentó en cierta ocasión un profesor de cuyo nombre no quiero acordarme: más vale tarde que nunca. Y por una vez lo que me sonó como amenaza me suena hoy a dichosa oportunidad, y a reivindicar un título, La hijuela, con el entusiasmo que entiendo que se merece.

Saludos, un grato descubrimiento, desde este lado del ordenador