Alfonso García Ramos, ‘La Taaade’, ‘Guad’ y ‘Tristeza sobre un caballo blanco’

Febrero 27th, 2026

Lo hizo bien Clapso la tarde noche del jueves porque viendo su puesta en escena de la obra escasa, pero fundamental, del periodista y escritor Alfonso García Ramos, recordé la primera vez que leí Guad y cómo aquella lectura me sacudió por dentro. A mi me sigue pareciendo su mejor novela, aunque otros se decanten por Tristeza sobre un caballo blanco que regalé hace unos años a un político de cuyo nombre mejor es no acordarse, aunque me dijo que le había gustado…

¿De veras?, insistió que sí, con la cabeza y pronunciando la afirmación con vehemencia, casi como si quisiera convencerse a sí mismo que esa obra experimental, inquieta a ratos, conserva la frescura con la que nació en su momento. Y no, no he querido volver a Tristeza sobre un caballo blanco, ni siquiera a Teneyda, que es esa novelita que reeditó un amigo ahora huido porque hace tiempo se adentró en su corazón de las tinieblas.

Decía que la puesta en escena de Clapso, sencilla, sin alharacas, tuvo un carácter didáctico que al menos a mi, me estimuló a que repasara los libros de Alfonso que tengo en casa. El espectáculo de Clapso, porque no lo he dicho, formó parte del Acto Institucional por el Día de las Letras Canarias Canarias 2026, se desarrolló en el teatro La Granja, en la Casa de la Cultura de la capital tinerfeña. Antes de la representación de Clapso y del discurso del presidente del Gobierno regional, Fernando Clavijo, una voz resonó en la sala más que invitando, exigiendo a ponerse en pie para escuchar el himno de Canarias. No sé si alguno se sabe la letra, la misma se proyectaba en una pantalla imagino que para eso mismo, pero no me molestó ese momento vamos a decir que patriótico aunque mi himno de Canarias sea otro y no el oficial.

El caso es que decía que el acto dedicado al escritor y periodista mantuvo su curso y que lo que hizo Clapso se ajustó a lo que se pide, además, el hecho de que estimulara mi entusiasmo por volver a leer Guad, que considero si no la mejor, sí que una de las mejores novelas escritas en y sobre Canarias, me convence que su actuación convenció, al menos a quien ahora les escribe. Tanto, que volveré también a leer Tristeza sobre un caballo blanco con la esperanza de descubrir una novela que, probablemente, no supe descubrir en su día. En cuanto a Guad, sí que terminaré por repasarla en la estupenda edición que el Cabildo de Tenerife editó en su día. Una pena que el Cabildo Insular ya no haga cosas así, pero bueno, no se le puede pedir peras al olmo. Y mucho menos cuando en esa casa están tan obsesionados por salir tanto en la foto aunque trabajar, trabajar…

Hay un programa diseñado de actuaciones que se desarrollarán a lo largo de 2026 para vindicar al escritor y periodista tinerfeño, y uno espera que así sea. Sí, quizá suene a “Picasso es comunista, yo tampoco”, pero estoy tan quemado de anuncios que nunca se cumplen que la espalda la tengo repleta de cicatrices.

Se anuncia, dicen, la reedición de sus tres novelas, y unas jornadas sobre narrativa canaria de los 70, lo que explica que al finalizar el acto y durante el cóctel, que hubo aunque algo frugal, viera a antiguas glorias de nuestras letras picotear queso blanco y croquetas, más por dejarse ver que por otra cosa. Se anuncia, y es una buena noticia, la presentación y digitalización de La Tarde, que dirigió García Ramos, y en la que mantuvo la columna Pico de Águila que fue referente de aquellos años grises que, tras la muerte de Franco, recuperaron el color. Recuerdo cuando era niño y a propósito de La Tarde, a uno de sus vendedores que a mi me parecía un señor muy mayor pero que probablemente no lo fuera tanto, que iba por las calles voceando “La Taaade, La Taaade” con voz gangosa, lo que provocaba la burla inevitable de los niños que son muy crueles cuando van en manada.

Se habla también de conferencias y otras actividades que, a lo largo del año, recuperarán el nombre del escritor y, lo que es más importante, su trabajo. Si yo llegué relativamente tarde a Guad, por mi mismo, sin recomendaciones, creo que será bueno que esta novela la recojan nuevas generaciones de canarios y de no canarios para que se den cuenta de su grandeza, del extraordinario retrato que hace el escritor de un tiempo que mucho me temo no se ha ido aunque la isla ya no sea la misma de aquel entonces.

Y termino este texto abrumado de nostalgia con una frase de su novela capital, Guad, ese Agua tan necesaria para estas islas sedientas:

“Mira bien, viejo, y busca en el fondo de las cosas”.

Saludos, La Taaaade, La Taaaade, desde este lado del ordenador.

Juicio a Satán

Febrero 26th, 2026

No conocía quién fue Ray Russell hasta ver un documental sobre la vida y la obra de Hugh Heffner, el magnate que fundó el imperio Playboy, y que se convirtió en multimillonario mezclando en una revista fotografías de mujeres atractivas sin ropa y artículos de interés. Con el fichaje de Russel como jefe de la sección de narrativa, se informa en este documental, Playboy comenzó a reproducir artículos y relatos de algunos grandes escritores/as norteamericanos de aquellos años, los 60 y 70, subiendo el listón intelectual de una publicación que nunca ejerció la pornografía aunque las autoridades intentaran cerrarla bajo esta acusación.

Ray Russell cultivó como narrador diversos géneros literarios aunque si hay una novela que destaca entre las que firmó es la que lleva por título Juicio a Satán, un relato a medio camino entre el terror y el suspense psicológico que se adelantó muchos años antes a otros éxitos con el diablo metido por medio como fueron La semilla del diablo y El exorcista, de Ira Levin y William Peter Blatty, respectivamente. Es la novela de Blatty sin embargo la que más recuerda cuando se lee el libro de Russell ya que cuenta con paralelismos que me hizo pensar en la extraordinaria novela de Blatty (que cuenta con una segunda parte, muy floja titulada Legión) que obliga a reflexionar hasta que punto pudo influenciarle Juicio a Satán para que escribiera su propia historia de niña poseída por un espíritu del mal. De hecho, cuando comienza al exorcismo de la protagonista de Juicio a Satán, es inevitable recordar algunos de los pasajes de El exorcista. Se apunta sobre todo por las reacciones de la joven poseída frente a los dos sacerdotes que intentan expulsar al demonio de su cuerpo adolescente.

Pero si hay algo que la distancia de la novela de William Peter Blatty es que Ray Russel hasta bien entrado el libro, de poco más de 200 páginas, siembra de dudas la historia con el objeto de que el lector piense si el exorcismo que hacen sacerdote y obispo con la pequeña no es más que una paranoia, una locura transitoria que domina a los representantes de Dios en la tierra, y que por lo tanto no responde a la realidad. Una realidad en la que la niña lo que sufre son problema psiquiátricos y no una posesión diabólica. En este aspecto, Russell juega con bastante inteligencia en esta primera parte con la ambigüedad, ya que no deja claro si efectivamente es el mismísimo Satán quien ha ocupado el cuerpo de la joven o solo se trata del confuso estado mental en el que se encuentran los dos sacerdotes que deciden practicar el exorcismo sin contar apenas con elementos que les convenza de que, efectivamente, el diablo está dentro del cuerpo de la niña. Y es aquí, en esta duda que riega las páginas de casi todo el libro, donde se encuentra el verdadero horror y el verdadero generador de miedo de una novela que salvo en sus páginas finales, no se decanta por una cosa u otra. Es decir, que no toma partido entre los que no creen y los que sí. Y es esa tercera vía la que da sustancia a un libro que se lee con interés, un interés que va más allá de la posesión diabólica.

Es la ambigüedad lo que sostiene la novela, una ambigüedad que si bien se diluye al final, alimenta el interés de un relato que como todo relato que se precie, va creciendo a medida que se lee y es que se aprecia que Ray Russell conocía la técnica para no aburrir a quien leyera cualquiera de sus trabajos, y en concreto esta novela que aborda la posesión diabólica mucho tiempo antes que se rodara El exorcista y otras producciones y libros que dedicaron sus contenidos a plantearse la delgada línea que divide el bien del mal. Y en este caso concreto, con el príncipe de los infiernos como protagonista que suscita un largo debate entre obispo y sacerdote acerca de la necesidad de creer para terminar con toda sombra de mal sobre la tierra.

Porque en Juicio a Satán nacen y se reproducen varias preguntas que van alimentando de contenidos la novela. Uno de ellos la discusión que mantiene el obispo con su público en torno a Dios. Si se cree en Dios, viene a decir el prelado, se tiene que creer en su opuesto que no es otro que Satanás. Y es que como recuerda la autoridad eclesiástica, la existencia del diablo radica precisamente en que nadie cree en su existencia. Una paradoja que la novela resuelve a su manera pero que propone también una solución que se queda como en el aire con la idea, entiendo, de que sea el mismo lector quien la responda de una u otra manera.

A modo de final, Juicio a Satán es una novela recomendable para quienes siguen con más o menos atención las ficciones que se han escrito y rodado sobre el diablo y sus seguidores pero es que también cuenta con ese añadido de ser la primera que apareció, a inicio de los años 60, para describirnos un exorcismo que una década más tarde nos contaría de otra manera pero no tan distinta William Peter Blatty aunque lo mejor, o al menos lo más inquietante de Juicio a Satán es la nota final en la que Ray Russell cuenta que cuando estaba en plena redacción le molestaron unas moscas de considerable tamaño a las que acabó matando en su estudio. Momento, escribe, en el que se acordó de algo que había leído hacía muchos años y olvidado por completo “Belcebú es el lugarteniente de Lucifer. Su nombre en hebreo significa señor de las moscas”.

Saludos, la existencia del diablo radica en que nadie cree en su existencia, desde este lado del ordenador

Don Winslow dispara seis veces

Febrero 25th, 2026

Hace unos años el escritor de novelas policíacas Don Winslow anunció que se retiraba del mundo de la literatura para centrar su esfuerzo y su talento en una cruzada contra Donald Trump. No sabemos todavía como ha terminado esa batalla, aunque Winslow ha regresado a la literatura con un libro, Resultado final, que recoge seis novelas cortas, una de las cuales es la que da título a este volumen que publica en español la editorial Harper Collins. Y en las que demuestra su temple como narrador, su músculo para contar historias.

No se encuentra sin embargo en Resultado final, que incorpora además los relatos La lista del domingo, El ala norte, El descanso para comer, Como te lo cuento y Colisión, de lo mejor del autor de El poder del perro, pero no sería justo afirmar que se trata de lo peor que ha publicado en su ya larga carrera literaria. De hecho hay historias como la que cierra el libro, Colisión, en la que se aprecia la fuerza y la convicción de un narrador que ha terminado por dominar muy bien las claves del género negro y criminal, actualizándolo sin dejar de lado ese clasicismo que siempre rodea a su obra. O a casi toda su obra. Si algo ha perdido, o no encuentro en este volumen, es su capacidad de liarla parda, la mala hostia que sí respiran algunos títulos anteriores, aunque es verdad que con el paso de los años se ha ido desprendiendo de influencias que, si se conoce su trabajo, resultan fácilmente detectables. Quizá eso explique la razón de que circulara por mi cabeza mientras leía Resultado final, algunas de las novelas de Dennis Lehane, para mi mucho más escritor que Winslow, aunque Winslow le gana y por goleada en frenesí porque cultiva un estilo casi telegráfico, sin caer, por fortuna, en el obsesivo punto y seguido, sin comas, en que ha terminado por transformarse la literatura de James Ellroy, uno de los grandes renovadores de la novela policíaca de los últimos años, aunque sus últimas novelas no tengan ni la altura ni el fondo de sus primeros libros hasta llegar a su celebrada y celebérrima tetralogía de Los Ángeles.

Miente quien diga que no puede terminar un libro de Don Winslow ya que pese a que se tratan de obras generosas en páginas, están escritas de una manera que anima a seguir leyéndolo. El secreto está en un estilo que le sale fluido, y que no pierde el tiempo en rocambolescas descripciones, yendo casi siempre al grano, evitando para ello dar rodeos. Uno que ya lleva tiempo en esto de la lectura, sea o no de género, le agradece a Winslow su manera de hacer las cosas aunque entiende que hayan voces molestas. Le respondo a éstas que aborden las novelas del autor de La frontera y Corrupción policial, como lo que son, entretenimientos en estado puro aunque es verdad que disfruta de una contundencia que hace difícil apartarse de sus páginas. Lo explica un estilo vamos a denominarlo adictivo, aunque no me entusiasme ningún tipo de adicciones.

La historias cortas que se incluyen en Resultado final son todas de carácter negro y criminal, territorio en los que Don Winslow ha aprendido a manejarse, y si sorprende es porque cada una de estas seis historias son diferentes. Muy diferentes entre sí.

Resultado final es un relato de redención al modo Winslow, es decir, presenta a un legendario inteligente y honesto ladrón de altos vuelos que está a punto de entrar en prisión para cumplir cadena perpetua y quiere antes de dar con sus huesos en la cárcel cometer un gran golpe. El gran golpe de su vida. No contaremos cómo le sale esta operación pero sí que insistiré en que los personajes de sus novelas, muchos de los cuales se encuentran en el lado oscuro de la ley, actúan casi siempre con un rígido sentido de la moral, tan fuerte, que son capaces de arriesgarlo todo, aunque ese todo vaya en su contra.

En La lista del domingo se aborda otra de las constantes en la novelística de Don Winslow, y es la de conseguir aquello que deseas si has invertido el esfuerzo que se merecía. En esta ocasión, la de un joven que hace repartos ilegales de alcohol con el fin de hacerse con el dinero suficiente para pagarse la universidad. Un policía corrupto, la mujer de uno de sus clientes que corta el hipo, unos padres hippies que están en otra galaxia y que mantienen a un gurú que más que gurú es un charlatán, son algunos de los ingredientes que se reparten en esta novela corta que tiene su mensaje, el de hazlo tú mismo, no dejes que te entretengan los demás.

La tercera historia que incluye el volumen se titula El ala norte, y tiene un eco a Corrupción policial por el tema que trata, la corrupción de un honrado policía cuando detienen a alguien de la familia, en este caso un primo que va entrar en la cárcel al matar a una mujer cuando conducía borracho, Con el fin de que no entre en la peor de las galerías de la prisión, el policía hará lo imposible, lo que incluye hacer negocios con la mafia local para que el familiar termine en el bloque donde están los peces gordos y que es, precisamente, el que da título a este relato.

Como te lo cuento es la cuarta historia que reúne el libro y en ella el escritor norteamericano, abogado de profesión, demuestra el gran dialoguista que es ya que se trata de una historia que se cuenta a partir de la conversación que mantienen dos mafiosos. Hay chascarrillos, algún chisme de la honorable familia y un eco, inevitable, que a veces suena a esas conversaciones taladradoras que el cineasta Quentin Tarantino incluye en sus películas.

El quinto relato, El descanso para comer, se ambienta en uno de los escenarios favoritos del escritor, como son las soleadas playas de San Diego, California, y está protagonizado por un colectivo por el que siente aprecio y cariño como son los surfistas. En este caso, el detective privado Boone Daniels, surfero e investigador, y a quien recordará el lector de las novelas de Don Winslow, de títulos anteriores como Pacific Private y Pacific Paradise. En esta ocasión, Daniels y su equipo deben de proteger a una caprichosa actriz de Hollywood que está siendo acosada por un pervertido.

Y cierra el volumen Colisión, que considero la mejor novela corta de las seis aunque el nivel sin ser el mejor Winslow, se mantiene hasta el final pero antes de ese final suceden muchas cosas. La primera es observar cómo se viene abajo la vida de un respetado y respetable director de hotel cuando asesina sin querer a una persona con la que mantiene una discusión. La segunda, se desarrolla en la prisión de Folsom, donde entra en un mundo que dirigen las distintas pandillas que viven hacinadas allí dentro. Por un lado los negros, los mexicanos y los blancos, estos últimos mucho menos y seguidores todos ellos de lo que llaman Hermandad Blanca que es cualquier cosa menos Hermandad. En este ambiente, el antaño hombre felizmente casado y padre de un hijo se endurece como el acero y comprobará, una vez esté en libertad, que el hedor de la prisión lo acompañará hasta que muera, en especial cuando recibe la visita de otro exconvicto que quiere que haga un trabajo para él. El mensaje que digiere el protagonista es que más allá de la familia y de un pequeño círculo de leales, no hay amigos solo intereses.

No sé si estos cuentos han sido escritos en los últimos años por el escritor o bien los tenía almacenados en alguna carpeta de su ordenador, pero sea lo que sea, es una lectura recomendada no solo para los iniciados en la literatura de Don Winslow sino también para los que quieren iniciarse en su universo ya que el volumen de páginas de la trilogía El poder del perro, El cártel y La frontera, le echa para atrás. El caso es que si se adentra en este mundo poblado de mujeres y hombre de una pieza, resultará muy difícil que se desligue de él aunque bendito sean, cuentan con una sólida bibliografía para convertirse en seguidores de Don Winslow, un escritor que escribe aparentemente ligero para contar cosas muy profundas.

Saludos, un año más viejo, desde este lado del ordenador

Elsa Díaz Castelo: “Mi idea de la literatura tiene que ver con la experimentación”

Febrero 24th, 2026

“La abuela tuvo el mal tino de morirse en el cumpleaños de su única hija. Era uno de esos días de calor inmundo justo antes de la temporada de lluvias, cuando la ciudad no se parece a sí misma: a los árboles se les nota menguados, en las jardineras brotan hierbas amarillentas y se mueren las plantas que crecen en las fisuras del asfalto”, este es el inicio de Malacría (Sexto Piso, 2026), la primera novela de la poeta Elsa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986), y que presentó a finales de enero en la Librería de Mujeres, en Santa Cruz de Tenerife, donde conversó con la también poeta Katia Vázquez Shröder.

Malacría es, entre otras muchas historias, la de la búsqueda que emprende Ele de Perla. En esta investigación tras sus huellas contará con la colaboración de Jeni, la pareja de Perla, y Valeriana, “una entrañable perra que se convierte en un personaje fundamental de la historia”, se lee en la contraportada.

- Dice que en sus textos convive la ciencia con la poesía, ¿cómo es posible cuándo se tratan de dos conceptos tan antagónicos?

“Siempre me ha parecido que el pensamiento científico, ciertas teorías y términos científicos guardan una relación muy prometedora para el pensamiento poético. Por ejemplo, cuando era niña estuve muy expuesta al lenguaje médico porque mis padres son médicos. Y esas palabras rimbombantes y vacías que escuchaba para mí estaban vacías porque no sabía lo que significaban, pero me pusieron en contacto con el lenguaje en sí mismo. Es decir, me empecé a fijar en el lenguaje como sonido, como música, como algo que no necesariamente tenía significado y entonces me hizo detenerme en el lenguaje por sí mismo. Y esa creo que es una experiencia aliada con el pensamiento poético y con el interés poético por la palabra. Luego hay teorías de la ciencia que también me parecen que participan sin duda de la metáfora y de la lógica poética y que son extremadamente fértiles para el pensamiento poético como por ejemplo la astrofísica como son el horizonte de sucesos, la materia oscura, la teoría de cuerdas, que son términos que se usan para describir fenómenos que no se conocen o que no se entienden del todo y por lo tanto participan sin saberlo de la lógica de la poesía y pueden ser explorados desde esa lógica”.

- ¿Desde cuándo mantiene esa relación? ¿Desde que empieza a escribir poesía?

“Cuando empecé a escribir poesía noté que tenía muchos poemas que estaban relacionados con la ciencia de uno u otro modo y comencé a escribir un libro, Principia, que fue mi primer libro de poesía y que gira en torno a temas científicos”.

- Creo que comenzó a escribir poesía con 13 años.

“Bueno, sí, empecé a escribir en mi diario a los 13 años, pero escribía poemas que sin duda eran muy malos y que no publiqué afortunadamente. Mi primer libro apareció cuando tenía 29 o 30 años”.

- ¿Y cuál es la razón de esa demora? ¿No confiaba en lo que estaba escribiendo?

“Me sentía muy insegura. La figura del poeta para mi era la de un hombre mayor y no cabía dentro de mi la idea de lo que tenía que ser un poeta. Yo estudiaba en ese momento, cuando era adolescente, letras inglesas y estudiaba a los grandes poetas como T. S. Eliot, Pound, Tennynson, Browming… E imaginaba que esa era la figura del poeta y no sentía que mi vida pudiera dialogar con esas vidas”.

- Entiendo entonces que sus primeros pasos en la poesía fue a través de la poesía anglosajona, y no la española ni la mexicana.

“Primero me acerqué más a la poesía anglosajona y de hecho comencé escribiendo en inglés hasta que más tarde cambié y continué escribiendo en español”.

- ¿Pero ese cambio se produce porque se siente más cómoda escribiendo en español?

“Sentí que tenía una deuda con mi lengua materna, que es el español, y empecé a leer y a educarme mucho más de la tradición hispana, que es impresionante, y comencé a escribir en español”.

- Y de ahí a la publicación de su primera novela: Malacría. ¿No había ensayado antes con la prosa?

“Sí, a mí me gusta mucho la forma de la novela y durante muchos años quise escribir pero no lograba concretarla ya que se trata de un proceso de escritura muy distinto al de la poesía. Finalmente con Malacría logré darle la forma que quería y en parte atribuyo que haya podido terminarla el hecho de que me di la libertad de experimentar con el tono poético dentro de la novela”.

- Escribe una novela en la que no renuncia a su faceta de poeta.

“Sí, así es. Es una novela calidoscópica que participa de distintos tonos, con distintas voces y formas de narrar. Y permití que algunas de estas voces, en algunos de los tonos, lo tomara prestado del registro poético”.

- Ha definido Malacría como “un fresco íntimo de la experiencia femenina en la sociedad mexicana del siglo XX y los albores del XXI. ¿Que refleja la sociedad femenina en la sociedad del siglo XX y los albores del XXI?

“Pues creo que en la medida en la que cualquier historia ubicada en ese contexto lo haría. No creo que sea, no sé, como una alegoría de esa época de ese país necesariamente pero ya que sucede en México y en esa época sí hay una que refleja ciertos elementos básicos de la historia de México. Por ejemplo, de pronto aparece la Revolución”.

- ¿Y cómo era la condición de la mujer durante el periodo de la Revolución Mexicana?

“No es mi especialidad aunque aparece en la novela, pero la abordo desde una narración muy íntima que tiene que ver con mi propia historia, la historia de mi bisabuela, que fue raptada durante la Revolución Mexicana y la mantuvieron atrapada en una casa durante mucho tiempo. Y esa historia de mi bisabuela aparece en un pasaje de la novela”.

- ¿Y por qué el título, Malacría?

“Es un juego con la palabra malcriado y malcriada. En un momento dado, la protagonista, la madre de la protagonista y la abuela están teniendo una pelea y la abuela le dice a la madre que es una malcriada, y la madre le responde que ‘si soy una malcriada, pues por algo será, porque tú me criaste’. Y juego con la idea de ser malcriado, pero trato de darle la vuelta, no pensar en alguien que es malcriado necesariamente como alguien que está muy consentido, al que le dan todo lo que quiere, sino también está malcriada o malcriado aquella persona que no ha sido cuidada lo suficiente, que le falta cuidados desde que era pequeño. Juego con ese doble aspecto de la palabra malcriado y quise sustantivizarlo porque me pareció bonito lo que sucedía ahí con la palabra”.

- ¿Cómo termina Malcriada publicándose en Sexto Piso?

“Pues hace muchos años me escribió Ernesto Kavi de Sexto Piso preguntándome si quería publicar algo y le conté que estaba escribiendo una novela. Eso fue, creo, que en 2020 y tardé años en terminarla porque soy muy lenta para escribir. Entonces sí, tuvieron que esperar bastante, pero al final conseguimos publicar la novela”.

- Dice también que las heridas familiares se heredan. ¿Cree realmente que las heridas familiares se heredan?

“Sí, y esa es un poco la premisa de la novela que yo buscaba explorar dentro de la narración. Es una novela que tiene que ver con el trauma heredado y con cómo aquello que duele también puede transmitirse, especialmente si no se resuelve y especialmente si se mantiene en silencio. Esa es la consigna del vínculo de las mujeres de la familia en la novela. Tres generaciones que guardan muchos secretos a sus hijas aunque paradójicamente esa tendencia hacia el secretismo para protegerlas termina por dañarlas y de alguna forma perpetúa las heridas y perpetúa el trauma”.

- ¿Y qué heridas son las que arrastra la familia protagonista de la novela?

“Ah, pues… Mejor que las descubra el lector.. “

- Sí, será mejor que la descubra. ¿Le da más importancia a los personajes que a la trama en Malacría?

“Me interesaba mucho crear una novela que fuera fragmentaria pero que no solo girara en torno a una sola línea narrativa, sino que intercalara varias voces, varios tiempos y varias formas distintas de narrar. Por eso la novela contiene listas, contiene pequeños recuadros donde se narran instantáneas en la experiencia de una madre y una hija, contiene lecciones de alemán y bastantes tipos de textos. El experimento era tratar de narrar una historia coherente con todos estos textos diversos”.

- Reconoce la influencia de escritoras como Anne Carson y de Teddy Lopez-Mills.

“En general me interesa mucho la literatura híbrida, la que se permite ir más allá de los géneros literarios, que me parecen que son bastante artificiales y que no es necesario obedecerlos. Creo que para mí, mi idea de la literatura tiene que ver con la experimentación y con una forma de la libertad de la palabra. Pienso que si una historia te pide que visites otro género o que vayas hacia otra forma de narrar, es maravilloso y está permitido hacerlo. Y justamente Teddy López-Mills, autora mexicana, y Anne Carson son escritoras que se permiten visitar distintos géneros, establecer vasos comunicantes entre tonos diversos. También pienso en Miriam Moscona, otra autora mexicana que hace lo mismo. Y bueno, hay muchas… Fernanda García Lau, hay muchas personas que están experimentando con eso y ese es el tipo de literatura que más me interesa actualmente”.

- Pero me habla de escritoras, no de escritores. ¿No le han influenciado a lo largo de su carrera algún escritor?

“Muchísimo. Mi mayor influencia literaria, alguien a quien leo y releo todo el tiempo es a César Vallejo. Y también a Lorca. Sí, sin duda, muchísimos”.

- Reconoce constantes en su poesía.

“Pues creo que me interesa la desautomatización del lenguaje. Me interesa el lenguaje que no sólo está pensando en lo que significa o en señalar un mundo más allá, sino que se detiene en la palabra misma, en el sonido, en la función de la palabra. Por eso creo que me ha influido tanto César Vallejo, porque él justamente desautomatiza el lenguaje. Apuesto también por lo inesperado. Me interesa mucho lo impredecible porque el lenguaje suele ser muy predecible, tanto es así que las aplicaciones, por ejemplo, en WhatsApp, puede adivinar casi exactamente lo que vamos a decir. El lenguaje es muy predecible en general y a mí me interesa el lenguaje que es poco predecible y por eso me atrae la poesía, porque me parece que es una de las formas menos predecibles del lenguaje y que tiene unas libertades que no tiene el lenguaje en general”.

- ¿Y qué fue lo primero que escribió, poesía o prosa?

“Lo primero que escribí, era muy joven entonces, es mi diario, luego empecé a escribir poemas. Y más adelante unas viñetas que se convirtieron después en cuentos”.

- ¿Y poeta?

“Hay una propensión hacia ciertos tonos o cierta lógica. Y mis padres no eran lectores de poesía, pero tenían un libro de poesía que era de Javier Villa Urrutia, Nostalgia de la Muerte. Y como los libros de poesía suelen ser delgados, y este libro además tenía la letra grande y dibujos, pensé siendo niña que se trataba de un libro para niños y lo leí como tal. Mi primer acercamiento a un libro de poesía fue el de Javier Villa Urrutia. En mis primeros años me interesaba mucho más la musicalidad del lenguaje poético que me conmovía inmensamente. Recuerdo en mis primeras lecturas de poemas sentirme avasallada por el texto y por el tono. También recuerdo leer un poema de Edgar Allan Poe, Annabelle Lee, que me conmovió inmensamente y fue justamente por su musicalidad. No sé si mi poesía es críptica pero me interesa la que se plantea las grandes preguntas como la muerte, la naturaleza de la vida, el principio y el fin del mundo. Creo que la poesía para mí está vinculada íntimamente a esas preguntas que en sus inicios estaban muy aliada con lo mítico y por lo tanto esas cuestiones laten dentro de la poesía aunque tal vez pareciera que hoy en día no se contestan de forma literal. Creo que esas preguntas siempre están ahí, como en el fondo del poema”.

- ¿Y por qué la poesía frente a otros géneros literarios sigue siendo tan poco leída?

“Otros géneros literarios tienen elementos a los que es más fácil asirse, como la narración porque nos encanta que nos relaten historias y eso no pasa con cierta poesía, una poesía con la que el lector no está acostumbrado a acercarse al lenguaje de esa forma”.

- También es traductora.

“Me he especializado más en traducir poesía aunque ahora estoy traduciendo un ensayo de Annie Dillard, que es una ensayista fantástica y a la que admiro mucho”.

- ¿Es más difícil traducir poesía que prosa?

“Me parece que traducir poesía es más difícil porque el poeta presta una atención peculiar al lenguaje y se fija no solo en lo denotativo de la palabra, sino también en la palabra misma, en la función sonora que está cumpliendo dentro del texto. Entonces, sí tiene más dificultades la traducción de poesía, sin duda, pero también puede ser muy gozosa y creativa como ejercicio”.

- ¿Se ha traducido a usted misma?

“No, mis poemas en español los ha traducido al inglés Robin Mayers, que es una poeta fantástica y una traductora increíble. Al inicio, cuando empecé a escribir en español, traducía mis propios poemas y cuando leo los que traduce Mayer siento en buena medida como una sensación de extrañamiento y a veces también de sorpresa, de asombro porque hay cosas que en el original no estaban ahí pero en la traducción aparecen. Momentos sonoros o imágenes que funcionan incluso mejor en inglés. Es decir, mejor en la traducción que en el original. Y eso me encanta. Suele decirse que la traducción es pérdida, y en general se habla más de todo aquello que se pierde en la traducción, pero no pensamos que a veces se gana con la traducción. A mí me gusta pensar que el texto traducido es un nuevo texto en sí mismo, no es simplemente una copia del anterior, sino es algo por sí mismo distinto, y que tiene su propia vida. Es decir, pasa por el filtro de otra persona y es como si cambiase el poema”.

Saludos, ¿escuchan?, desde este lado del ordenador

Bacon, una novela de Anninka Brunke

Febrero 23rd, 2026

“Hay algo muy especial en el momento de crear un postre. Soy consciente de que muchos perciben el dulce como el hermano feo de una comida consistente, el pecado del que se puede prescindir, pero ¡cuánto se equivocan! Nadie mira con ojos tentadores a un plato de callos ni a un escalope de pollo. Sin embargo, una trufa perfecta de chocolate, eso sí que pone a prueba la convicción más férrea”.

Bacon (Annika Brunke, Alrevés, 2025)

No es nada fácil el camino que ha emprendido Annika Brunke en la literatura negra y criminal que se escribe a este lado del Atlántico. Y no es nada fácil porque además de encasillar su novela Bacon en una tendencia vamos a denominar gastronoir, se trata también de una historia con mucha miga, es decir, que cuenta cosas a través de una galería de personajes entre los que destacan la pareja protagonista, la jueza Mara Rodríguez y Beatriz Mantecas, pastelera de oficio y beneficio pero también sospechosa de un crimen que investiga uno de los personajes más singulares que han aparecido hasta la fecha en la historia de la literatura negra y criminal escrita en España: el inspector Aitor Ibarra.

En torno a este curioso triángulo se desarrolla un relato que se ambienta en la capital grancanaria y en el que deambulan unos secundarios que además de apoyar al trío protagonista, arrastran también una sensación de no encajar en el mundo que los une aunque ellos no lo sepan. Entre medio, reflexiones, algunas de ellas muy jugosas, y un caso a resolver que afecta a todo aquel que se ponga a investigarlo. Las herramientas que emplea Brunke para hacerlo es recurriendo a la primera y la tercera persona, pero sin descuidar un estilo que sin pasarse de la raya, le sirve de itinerario para contar, contarnos, lo que expone en un relato que supera las doscientas páginas, y que obtuvo el premio Alexis Ravelo de novela negra en su segunda edición, que se celebró el año pasado.

Publicada por la editorial barcelonesa Alrevés, Bacon es una atractiva aproximación a eso que hemos llamado gastronoir ya que incluye una detallada explicación de recetas de postres que hacen la boca agua. En ocasiones da la sensación que el relato encalla porque no termina de encontrar camino, pero recupera la dirección cuando lo encuentra, lo que hace que discurra con una comodidad que ayuda al lector al seguimiento de una historia escrita en clave criminal, aunque está más cerca al universo del thriller que de la denuncia social implícita en un género, como es el negro criminal, en el que no importan tanto los muertos sino lo que hacen los vivos para enriquecerse y de paso aplastar a los buenos, que suelen ser los que no nacieron con talento para robar al prójimo sin que éste se entere.

La lectura de Bacon es como montarse en una vagoneta de la montaña rusa y viajar por complicados circuitos que no dejan de ser círculos congelados en el espacio. La sensación de asombro y sorpresa no desaparece, y uno se deja llevar a medida que desciende a una velocidad increíble que suaviza cuando hay que subir las cuestas. Y en esta novela hay cuestas, algunas muy pronunciadas aunque al llegar a la cima lo demás no importe. .Y todo eso en una novela donde la violencia, muy dosificada, aparece pero de una forma grisácea, casi desdibujada, como si a la escritora no le interesara, ya que se ocupa más de las acción/reacción de sus personajes, en especial del trío protagonista que es bastante singular en las letras negras, negrísimas, que se escriben en este país.

Para el iniciado en los cuentos y novelas de Roald Dahl, el final de Bacon quizá le despierte el recuerdo de una de las historias cortas más conocidas del escritor británico, también un excelente narrador de literatura infantil, la titulada Cordero asado, pero nos reservamos contarles de qué va con la esperanza de que algún curioso/a se aproxime a este cuento y lo lea para que entienda la explicación de esta asociación. Contarlo, en todo, caso, sería revelar el final de una novela, Bacon, que está muy bien armada, al contar con un andamiaje que permite que todo el edificio de la historia se mantenga firme a medida que se avanza en sus páginas. Páginas que recomendaría a todos aquellos que ponen en duda la singularidad de un género tan negro como es el negro que se escribe en Canarias.

Bacon cuenta también con una particularidad que la hace diferente a otras novelas canarias –o no– que cultivan el género, y es un notable y dosificado sentido del humor que hace que la sonrisa no desaparezca de la boca mientras se lee. Ya es hora de que alguien más imite lo que ha logrado Annika Brunke con esta incursión en lo negro y criminal, un género que no le es nuevo ya que viene cultivándolo desde hace años en otros libros que no trascendieron con el impacto con el que lo ha hecho la que recibió el premio Alexis Ravelo.

A la espera de nuevas obras y con el entusiasmo de leer las historias que tiene publicadas antes de Bacon, Annika Brunke tiene mimbres de autora. El mundo que propone es muy personal ya que conoce, como la Beatriz Manteca de la novela los ingredientes del dulce, las claves a seguir, sobre todo porque en esa mirada irónica y perturbadora a lo Patricia Highsmith que impregna la novela, mezcla y muy bien lo dulce con lo salado.

Saludos, ñam, ñam, desde este lado del ordenador

El mapa para tocarte, dirigida por la cineasta canaria Mercedes Afonso, compite en la Sección Oficial de Documentales Largometrajes del Festival de Málaga

Febrero 11th, 2026

El mapa para tocarte (2026), dirigida por Mercedes Afonso y producida por Lunática Producciones Audiovisuales, en coproducción con Bocacha Films (Uruguay), competirá en la Sección Oficial de Documentales Largometrajes de la 29º edición del Festival de Málaga. El film propone un acercamiento íntimo a la experiencia de la maternidad atravesada por la enfermedad, a partir de doce años de registro audiovisual de la vida de Airam, el hijo de la directora, diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista) y PANDAS (Trastornos Neuropsiquiátricos Autoinmunes Pediátricos Asociados a Estreptococo).

La película convierte el gesto de filmar en una herramienta de supervivencia emocional y en un acto de amor. En diálogo constante con el paisaje de la isla de La Palma -territorio volcánico y cambiante-, el relato traza un paralelismo entre los brotes imprevisibles de la enfermedad de su hijo y la fuerza latente de la naturaleza.

El proyecto ha participado en reconocidos laboratorios de desarrollo y work in progress como CREADOC, MECAS, MIRADASDOC (obteniendo premios en estas dos últimas citas), FICX Plus Gijón y Cinema Pendent del Festival l’Alternativa 2025. El mapa para tocarte cuenta con el apoyo del Gobierno de Canarias, la participación de Televisión Canaria y la colaboración del Cabildo de La Palma y el Ayuntamiento de El Paso.

NOTAS DEL DIRECTORA:

“En las crisis, comencé a grabar a mi hijo, para que me creyeran, y para mostrarle a los médicos cómo estaba y cómo iba evolucionando. Cuando cogí el móvil en aquellos momentos, me di cuenta, que hacía un efecto de filtro, por mi mirada como cineasta, y ese filtro, atenuaba el dolor momentáneamente. Cuando mejoró, después de la época más dura, pensé que si contábamos nuestra historia, podíamos ayudar a otras familias y se lo propuse a mi hijo. El tenía en ese momento 13 años, mi sorpresa fue, que él me dijo que sí, un sí rotundo. Ahí nació la idea de esta película.

Yo necesitaba mucha fuerza en aquellos momentos tan difíciles, de cuidados continuos, día y noche. Fueron muchos años en el que mi profesión tuvo que parar, y con la idea de esta película, me di cuenta, que el cine me estaba salvando a mí, para darme la fuerza que necesitaba para sostener a mi hijo y a mi hija, y comencé a documentar con mi móvil nuestra vida, pasaron muchas cosas más durante todos estos años. Mi deseo es que esta película pueda servir, quizás, para dar fuerza y esperanza a otras personas.”

LA DIRECTORA, MERCEDES AFONSO:

Nacida en de El Paso, isla de La Palma, guionista, directora y productora de cine. Licenciada en Geografía e Historia en la especialidad de Historia del Arte por la Universidad de La Laguna en 1996 y Diplomada en Dirección cinematográfica y Guion de cine y televisión en la Escuela de Cine y Televisión Séptima Ars de Madrid.

En el año 2004 crea su propia productora Lunática producciones audiovisuales. Combina su faceta creativa con la dirección y realización de numerosos talleres de cine para escuelas privadas y para instituciones canarias. En 2008 se materializa otro de sus proyectos educativos, siendo una de las creadoras de La escuela encantada: escuela canaria de cine, arte y creación.

Dentro de su filmografía destacan, diversas obras que han recorrido festivales nacionales e internacionales, obteniendo varios premios: La tierra desde la luna (2001), El amor se mueve (2008), Madres bajo la piel (2012), La vida en las manos (2012), Autobiografía (2014), Iyena (2015), Tanat (2019), etc.

Actualmente trabaja en el desarrollo del largometraje de ficción Adalid.

Saludos, muchas ganas de verla, desde este lado del ordenador