Si veo la Luna ¿para qué coño quiero que me la señalen con el dedo?
Jueves, Febrero 4th, 2010¿POR QUÉ?
TEA acoge hasta el próximo domingo, 7 de febrero, las proyecciones del Festival del Sol Tenerife. Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico. Como ya dejé escrito en su momento, se me pone la piel de gallina cuando se estampa sobre el celuloide eso de cine gay y lésbico porque entiendo que el cine, como las artes en general, va un poco más lejos que del simple y afortunadamente hoy democrático acto de escoger entre ostras y caracoles.
Que me perdonen los radikales, pero sí que entiendo que existan festivales de cine de terror, policiaco o de ciencia ficción porque se tratan de géneros. Géneros donde muchas de esas mismas cintas están dirigidas por cineastas gays y heterosexuales pero no termino por ver un certamen exclusivo de filmes gays y lésbicos porque –pregunto- ¿qué hace que una película sea gay o lésbica?
¿Qué sus protagonistas lo sean y se trate el asunto con objeto a unos misteriosos y –¡¡no lo dudo!!– sensibles criterios que dicte el jurado?
Pregunto: ¿No es entonces La caída de los dioses una película gay? ¿Y Satiricón de Fellini?
¿Y las primeras y descacharrantes cintas de ese gamberro gay que se llama John Waters?
¿Qué demonio es el cine gay y lésbico?
¿Qué hace que una película sea gay o lésbica?
Que alguien me lo explique, por favor…
ALMAS LO QUE SE DICEN MUERTAS, TOVARICH
No sé, igual tengo que ir al psiquiatra para que me recomiende esas pastillas que tan feliz le hace la vida a muchos y muchas que conozco… Y digo lo de psiquiatra porque por mucho que me esfuerzo no termino por comprender mi fascinación por Rusia y todo lo ruso.
De un tiempo a esta parte intento consumir de hecho todo el cine ruso que no he podido disfrutar a lo largo de mi vida por haber nacido al otro lado del Telón de Acero, esa cortina de la que hoy sólo quedan piedritas que venden como souvenir en Berlín.
Escribo todo esto porque he vuelto a ver Siberiada de Andrei Konchalovsky y me tragué, como quien bebe agua en el desierto, sus cuatro horas como si nada.
Me supo a poco.
Mientras la contemplaba en estado de nirvana me preguntaba ¿se trata de una película comunista? ¿O de una película rodada por un cineasta que fue comunista? ¿Qué demonios fue el comunismo? ¿El paraíso de la clase trabajadora? ¿O la pesadilla de esa misma clase trabajadora?
Al final, y con ese final que me hizo saltar lágrimas y que intuyo inspiró a Allan Ball para cerrar su magnífica serie A dos metros bajo tierra, me quedo con que Siberiada es una película de cuatro horas donde se nos narra como ”la imparable ola de la Historia” arrasa también en la vida de los protagonistas que habitan esa pequeña y remota aldea de Siberia.
Si tienen oportunidad de verla o de volver a verla: Háganlo.
Es otro cine.
Otra forma de concebir este arte que cada día se nos vuelve más tonto.
Les escribo todo esto porque me llama la atención que una decena de productores rusos de cine, televisión y publicidad hayan estado en Tenerife con el fin de encontrar localizaciones para sus rodajes. No sé que saldrá de todo esto ni la calidad de esas producciones ya que visto lo último que se está rodando en la patria de Tolstói no hay mucho que destaque, precisamente, por excelente.
Si le confieso, señor juez, que se me alegra el día cuando escucho hablar en ruso ya que me pierdo en divagaciones tan absurdas como la de aspirar a comprender eso que llaman alma rusa…
…Será porque estoy necesitado de que me expliquen ¿qué coño es el alma española? Con perdón.
Pero no me hagan mucho caso, esta reflexión probablemente la genera mi idiotizada fascinación por recuperar Siberiada y la absorbente y mística lectura de esa obra maestra que es Almas muertas de Nikolái Gógol.
ALEA JACTA EST
No me pasa lo mismo con Memorias del subdesarrollo. Y mira que hubo un tiempo en estas islas alejada de la mano de los dioses en la que casi toda la progresía se ponía de rodillas ante todo lo que fuera cine cubano. Y si bien hay cine cubano que está bien, hay mucho cine cubano que no lo está.
¡Qué me perdonen los revolucionarios de salón! Pero si bien estas Memorias… tiene puntito también es verdad que no tiene tanto puntito…
Extraño caso el de Tomás Gutiérrez Alea, el cineasta que prácticamente hizo lo que quiso en esa isla con forma de lagarto que gobiernan desde hace 50 años los hermanos Castro.
Memorias del subdesarrollo, francamente, me aburrió. Y me aburrió pese a entender que en su momento pudiera asombrar a la progresía por su presunto carácter trangresor. Trangresión que, vista hoy, te hace encogerte de hombros.
Y te encoges de hombros ante esos trucos y sobre todo ante el delicado equilibrio que hace su director para criticar sin criticar ese monstruo que hoy conocemos como revolución cubana.
Alea fue de los intelectuales cubanos que se quedó en Cuba tras el triunfo de Fidel Castro y su gang.
Veo la película y ahora entiendo por qué.
Saludos, pasándome al vodka, desde este lado del ordenador.






