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Mónica Ojeda: “Tenemos miedo de no proteger lo que amamos”

Viernes, Agosto 13th, 2021

La escritora Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988) fue la encarga de iniciar junto al también escritor Jorge Carrión la primera de las sesiones del ciclo Puerto de Letras. Escritura en diálogo que comenzó el pasado julio en el Lago Martiánez, en Puerto de la Cruz.

En este encuentro, que acoge el 19 de agosto y en el mismo lugar una charla y recital poético con Katya Vázquez Schöder, Ricardo Hernández Bravo y Adalber Salas Hernández, la escritora ecuatoriana reflexionó sobre su escritura y las influencias que pesan en una obra preocupada por el miedo y el dolor en novelas como Mandíbula y Nefando.

- ¿Cuándo se plantea la idea de escribir?

“Viene de muy atrás, tendría doce o trece años, y la idea fue bien recibida porque mi madre es profesora de Literatura y me animó a escribir quizás porque vio en mi la posibilidad de ser la escritora que ella no fue- A mi padre, que es ingeniero, le encantó también tener una hija escritora”.

- Entiendo entonces que llega a la literatura porque nace en un ambiente familiar propicio pero… ¿asistió a talleres literarios?

“Eso fue más tarde, cuando fui a la Universidad. Tendría dieciocho años y me matriculé en uno muy famoso en Guayaquil, el que desarrollaba Miguel Donoso Pareja que es muy conocido en Ecuador. Para ingresar tenías que enviar un texto para que te escogiera porque había mucha demanda. Y me escogió para formar parte del selecto club de los martes. Estuve año y la experiencia me sirvió para que aprendiera mucho sobre técnicas narrativas”.

- En su caso ¿el escritor se hace más que nace?

“Para que uno tenga el interés anómalo de pasar muchas horas de la existencia ante un papel tiene que tener una sensibilidad muy específica y eso no tiene nada que ver con la educación aunque la sensibilidad se educa. Es decir, que un artista de cualquier tipo tiene ya algo de sensibilidad que luego educa o domestica. Igual que la empatía que la desarrollas con el tiempo. Creo que los talleres literarios no son necesarios pero sí que son una herramienta que te da la posibilidad de poner en práctica técnicas narrativas pero la escritura no solo es cocina sino también sensibilidad, una mirada sobre el mundo. La capacidad de aprehender el entorno de una manera muy específica y mantener una relación con el lenguaje muy personal. Eso no se aprende en un taller sino que lo desarrollas de una manera personal e íntima”.

- ¿Y cuál es la mirada personal e íntima de Mónica Ojeda?

“Creo que soy bastante sensible con los temas que me producen dolor y miedo. Mi escritura se vuelca plenamente sobre las cosas que me generan temor y deseo. Es una escritura que se sumerge y que solo sale a superficie para tomar aire. Trata de temas difíciles, un leiv motiv en mi literatura”.

- ¿Por qué temas difíciles?

“Quizá tenga que ver porque veo en la relación con el lenguaje una posibilidad de entender las emociones que me subyugan. La escritura es el único momento en el que la vida se paraliza y al paralizarse puedo detenerme y observar mi entorno. Es un poco como la pintura, que detiene un momento la vida para observarla. En la escritura lo haces pero con palabras. Se trata de una relación muy psicológica y emotiva que vinculo a esos territorios que son un poco oscuros y difíciles de mirar como la violencia y el miedo”.

- ¿Y cuáles son sus miedos?

“La violencia de la intimidad. Soy una mujer ecuatoriana que viene de una ciudad muy conflictiva y con mucha desigualdad social y violencia callejera e institucional. No concibo mi forma de estar en el mundo sin esas experiencias con las que crecí: miedo a salir a la calle, miedo de llevar mi cuerpo al escenario público porque me podían pasar cosas. La violencia contra las mujeres es muy intensa en Ecuador lo que me marcó. De hecho, esa fue una de las razones por las que emigré. Aquí, en España, estoy menos asustada”.

- ¿Y escribe sobre sus miedos para liberarse de ellos?

“No creo que la literatura sea terapéutica, ojalá, pero a mi no me ha pasado. Sí que me permite, sin embargo, entender esos miedos, hacer un ejercicio de comprensión para detectar cuáles son mis vulnerabilidades. Intentar averiguar por qué tengo esas pasiones tan intensas y entender cuál es mi relación sensible con el mundo. Es un ejercicio de entendimiento y de comprensión pero también un despliegue de imaginación e inventiva. No trabajo la literatura de no ficción sino de ficción porque, como dice Lacan, la ficción es una forma de verdad”.

– Interesante. La ficción es una forma de verdad.

“O la verdad tiene forma de ficción. Es un ejercicio de hacer pensamiento. Hay una frase que siempre repito y que viene a decir que las ideas son las emociones del pensamiento y me gusta porque ves a las ideas y el pensamiento como algo emotivo”.

– La sombra de H.P. Lovecraft es alargada en Mandíbula ¿Es Lovecraft uno de sus escritores de cabecera?

“Recurrí a él en la novela porque me interesaba pero no es uno de mis autores de cabecera. Tiene libros interesantes y me venía como anillo al dedo por los temas que trato en Mandíbula. Camila Sosa, que es una escritora que me gusta mucho, habla de su escritura como de una escritura travestida, algo que también hago porque me meto tanto en un tema, me obsesiono tanto con él que consumo canciones, veo películas, leo libros que en el caso Mandíbula hizo que Lovecraft fuera uno de los rostros de la telaraña de imágenes y sensaciones que es la novela”.

- ¿La literatura fantástica no es uno de sus géneros?

“Sí que me gusta pero no tengo grandes lecturas. He leído a muy pocos autores, Lovecraft, Shirley Jackson, Stephen King, Edgar Allan Poe, Mariana Enríquez pero siento que uno puede terminar escribiendo fantasía sin necesidad que sea su género”.

- ¿Cuáles son sus principales lecturas?

“Mis principales lecturas son de poesía. Me gustan también los libros híbridos más que la novela. Libros a medio camino entre el ensayo y la poesía. No veo que mi tradición proceda del género de terror pero es cosa de mi literatura, que explora mucho la violencia. La violencia siempre tiene un componente de temor y de miedo y estudio esas emociones en el cuerpo y la experiencia humana”.

- ¿La violencia y el miedo son constantes en su poesía?

“Sí, también. En Historia de la leche, mi último poemario, tomo el mito de Caín y Abel pero lo transformo en clave femenina. El asesinato que se produce es el asesinato de una hermana y la venganza posterior de la madre que persigue a la asesina. Este libro nace a raíz de mi interés por la poesía de Victoria Guerrero, en especial cuando leí unos versos en los que dice madre, hija, hermana es una trilogía no pensada por el psicoanálisis. En Historia de la leche se habla sobre la violencia y el asesinato. Por ahí está presente Thomas de Quincey y su El asesinato como una de las bellas artes. Hay un yo disgregado en tres personajes, la madre y dos hermanas, una de las cuales está muerta. El poemario reflexiona sobre el asesinato dentro de la familia, las ganas que tienes a veces de matar o hacer daño a la gente que amas. Todos esos elementos son los elementos que abundan en mi literatura de manera obsesiva”.

– Presentó el año pasado un libro de relatos, Las voladoras, que dice que está adscrito al gótico andino. ¿Qué es el gótico andino?

“Las voladoras se escribió como libro de gótico andino porque fue un ejercicio voluntario de ir a ese terreno. El gótico andino recién se está teorizando así que cuando escribí Las voladoras busqué artículos sobre este asunto pero no encontré ninguno lo que me animó a seguir adelante pese a que no existiera un abordaje crítico, eso hizo que me metiera libremente en ello. Personalmente, el gótico andino es la experiencia del miedo atravesada por el imaginario y la forma de vida de un paisaje determinado que en este caso es la cordillera y la zona de Los Andes, que cuenta con una serie de narrativas orales y formas de entender el mundo muy peculiares. Y todo eso fue una fuente para llevarlo a mis temas, la violencia en países como Ecuador, esa conciencia contra el cuerpo de las mujeres. En uno de los cuentos del libro narro cómo a un padre se le muere un hijo. Es violento cómo la gente que amas también se muere. La vida puede resultar hostil pero también está llena de ternura y ahí surge el miedo porque tienes miedo de que la ternura desaparezca. Todos tenemos miedo de no proteger lo que amamos”.

- En los último años las literaturas que vienen de América suena con fuerza, sobre todo la que escriben mujeres.

“Se está produciendo un cambio muy fuerte pero aún queda mucho camino por hacer. El cambio no es solo en su literatura sino también en otros ámbitos. Argentina ha legalizado el aborto después de una lucha muy ardua y en Ecuador se ha logrado despenalizarlo en caso de violación. Literariamente hay más espacio para las mujeres, también hay más lectores. Los cambios sociales no van separados de los literarios porque son la misma cosa, o creo que están unidos porque tienen que ver con el desarrollo y el despliegue de los feminismos y la pedagogía que se está ejerciendo para cambiar las cosas. Eso ha permitido que se mejoren las leyes, que se sea más sensible con determinados temas. Y no es porque se esté escribiendo mejor sino que ahora vivimos un momento de recepción privilegiado que espero que continúe. El momento de recepción ha cambiado porque la sociedad ha cambiado también”.

- Escribe cuentos, poesía y novela…

“Me siento cómoda con todos porque en el fondo los veo como uno solo. Los tres tienen formatos técnicos distintos pero es casi lo que menos me interesa de la escritura aunque sepa que tengo que manejarlos bien. Mi relación con el lenguaje es casi musical y lo llevo al cuento, la novela y la poesía. Me siento cómoda en cualquier género siempre que pueda llegar a sentir la plena sensorialidad del lenguaje. Lo que busco cuando escribo es una experiencia poética, la historia es el aparataje para lograrlo y eso subyace también en la novela”

- ¿Qué elementos considera como más importantes en su literatura?

“En la novela presto atención a todo. Me interesa trabajar la tensión narrativa y no de una manera clásica porque cuando escribo tomo ciertos riesgos como son saltos en el tiempo, elipsis, siempre pensando y colocando en el centro la tensión narrativa que no funciona si los personajes no están bien construidos. Todo está absolutamente ligado aunque cuando escribo una novela trato de no escribirla al uso, me divierte más y en el riesgo está el logro y también el fracaso. Intento cada vez que escribo retorcer lo que pueda el cuello del cisne para ver si me sale algo diferente”.

- ¿Cuándo escribe sabe cómo acabará la historia?

“No me funciona saber como termina la historia porque mi motor de escritura siempre es el deseo. El deseo de descubrir sensaciones, por ejemplo. Todo lo que me gusta de la escritura es que no sé que vendrá”.

– ¿Y de dónde vienen sus historias?

“Hay mucho de la vida real en mi escritura que es de donde uno se nutre. Es una mentira que los libros de ficción no sean autobiográficos porque lo son aunque no resulte evidente. En mi caso invento una historia y unos personajes para explorar. En Mandíbula, por ejemplo, quería explorar la pasión y la violencia atravesada por el miedo entre mujeres.

UNA NOVCELA QUE SE RESISTE

Una de las primeras novelas que impactó a Mónica Ojeda cuando tenía “doce o trece años” fue Muerte en Venecia, de Thomas Mann. No se trataba de una lectura para una niña de esa edad (“¿cómo puede entender una niña la vejez?”) pero el libro le pareció “misterioso”. Años después volvería a leer Muerte en Venecia y lo comprendió “un poco mejor” pero continuaba resistiéndosele. Desde entonces, dice, relee cada cierto tiempo Muerte en Venecia para entenderlo un poco más pero no es suficiente porque “hay una experiencia que se me escapa. Me pasó también con La noche, de Antonioni. No me había enamorado y no sabía que es el desamor. Hace dos años la volví a ver y lloré”

PRÓXIMAMENTE...

Mónica Ojeda se encuentra en estos momentos trabajando en una nueva novela cuyo tema central será la danza y la música. Ahora está en la fase de buscar una historia y unos personajes mientras se empapa de filosofía de la música y teoría de la danza. Simultanea este libro con poesías que no forman un libro sino un “herbario sin serlo”, explica la autora de las novelas Mandíbula y Nefando y del poemario Historia de la leche.

FIRMA FOTO: NELA OCHOA

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La aventura tinerfeña de ‘El pirata negro’

Lunes, Agosto 9th, 2021

Pedro Víctor Debrigode Duggi (Barcelona, 1914 – La Orotava, 1982) está considerado uno de los grandes maestros de la literatura popular en España. Estas revistas se vendían en los estancos y estaban editadas en papel de poca calidad. Son obras que forman parte de la peculiar literatura pulp nacional, aquella que estaba destinada a grandes masas de lectores en unos años donde no existía la televisión.

Los escritores profesionales como Debrigode Duggi eran capaces de escribir varias novelas a la semana protagonizadas por un mismo personaje

De la imaginación del escritor salió una amplia galería de protagonistas que todavía viven en la memoria de quienes lo leyeron. Estos lectores son los que han recuperado en cuidadas ediciones la formidable producción de un narrador a destajo, de un obrero de la novela de aventuras de a tres pesetas.

Entre las criaturas más famosas de Pedro Víctor Debrigode se encuentra El pirata negro, personaje que camufla la identidad de Carlos Lezama, protagonista de 85 novelas, dos de las cuales se desarrollan en Tenerife, concretamente los números 46 y 47, que llevan por titulo Escala en Tenerife y Los negreros. Estas aventuras las firmó con el nombre de Arnaldo Visconti, pseudónimo que utilizaría también para otras series de su creación como El galante aventurero (para los especialistas en Debrigode su mejor serie); Diego Montes y El halcón, entre otras.

Pedro Víctor Debrigode Duggi cultivó géneros como la novela de aventuras, del oeste, ciencia ficción y el policíaco. No es nuestra intención centrarnos en el abundante trabajo literario de un narrador que tuvo que simultanear su labor como escritor con la de traductor sino la de comentar transcurridos más de sesenta años los dos cuadernos que dedicó a la isla en la que recaló en los años 30 y residió hasta su muerte en 1982.

El escritor nació en Barcelona en 1914 pero años más tarde se trasladaría a Tenerife para hacer el servicio militar que coincidió con el golpe de Estado de julio de 1936. Parte de aquella experiencia la narró en dos novelas claves de su ingente producción y que fue publicada hace unos años con el título de Luchar por algo digno en dos partes: El barco borracho, que se desarrolla en Tenerife los primeros días de la Guerra y en la que describe las condiciones de encierro de los reclusos en los barcos prisión y El espía inocente, en la que narra sus experiencias en el frente peninsular donde es acusado por los nacionales de espía. En este segundo volumen explica las razones, recién terminada la Guerra Civil, de que se dedicara profesionalmente a escribir este tipo de literatura.

Escala en Tenerife y Los Negreros siguen las pautas de otras novelas de la serie de El pirata negro solo que en esta ocasión el mar y las islas del Caribe son sustituidos por la playa de Las Teresitas y la ciudad de La Laguna, que son algunas de las localizaciones en la que se desarrolla la acción, entre el 16 y 17 de marzo de 1711.

Carlos Lezama llega a la isla haciéndose pasar por un pirata vasco, el capitán Ibarguenguoitia, al que tras hundir su navío en alta mar desembarca en Tenerife para asistir a una reunión a la que también están convocados otros tres piratas, uno siciliano, otro catalán y un británico. Los cuatro se reúnen en la casa “de la Guancha” en la que se le invita a que se conviertan en negreros aunque Carlos Lezama y, como descubriremos algunos de los piratas que asisten a esta reunión, rechazan porque desprecian dedicarse al negocio de la esclavitud.

La presencia de un capitán pirata catalán en la banda sirve al autor para describir las diferencias que existían ya en aquel entonces entre los hijos de Cataluña con los del resto del país, sobre todo cuando descubre que más allá de trabajar como negrero lo que en verdad se prepara es un diabólico plan para invadir la isla por tropas extranjeras.

Escribe de Arnau Montané, el capitán pirata de origen catalán: “Varias veces en sus estancias en Cataluña, soldados de Madrid habían impuesto el orden en revueltas suscitadas por catalanes y el ambiente nunca tenía la sincera confraternización que ahí se respiraba.

Empezó a meditar si una invasión a la isla contaría con el apoyo de los isleños. Palideció intensamente, dejando el libro sobre la mesa y llevando con rapidez la diestra al cinto, bajo la casaca…

- No sois catalán si persistís en la idea de imponer por la fuerza un dominio que no ha sido pedido”.

Al desarrollarse la acción en Tenerife, Pedro Víctor Debrigode ofrece un resumen sobre quiénes fueron los primeros pobladores de l m>Usos y costumbres del pueblo guanche y su conquista por los españoles que, sin estar demasiado ajustado a la verdad, confiere de atractivo misterio el pasado de Tenerife.

En estas dos novelas de El pirata negro destaca que Carlos Lezama permanezca en un segundo plano dejando que sean otros sus protagonistas.

Las novelas de El pirata negras están más cerca de Emilio Salgari que de de Robert L. Stevenson. De hecho, El pirata negro le debe más al Corsario negro que a otro personaje literarios que hayan navegado viento en popa, a toda vela bajo la bandera pirata.

Saludos, reedición ya, desde este lado del ordenador

Homenaje a José Carlos Cataño

Viernes, Agosto 6th, 2021

Hace unas semanas el Cabildo de Tenerife aprobó realizar un homenaje al escritor José Carlos Cataño (1954-2019) que consistiría en unas jornadas literarias y la publicación de una edición crítica de su obra.

La iniciativa fue impulsada por Sí Podemos Canarias pero según Alejandro Krawietz Rodríguez, aún no se ha recibido el proyecto. Las partes, al parecer, estudiarán en septiembre esta propuesta aunque la idea es que no sea Cultura sino quienes propusieron este homenaje los que presenten un programa de consenso.

(*) En la imagen José Carlos Cataño

Saludos, a ver si…, desde este lado del ordenadior

La Librería del Cabildo de Tenerife no tiene quien le quiera

Jueves, Agosto 5th, 2021

La Librería del Cabildo de Tenerife (*) continuará cerrada hasta nuevo aviso. Según el director Insular de Cultura, Alejandro Krawietz Rodríguez, se está apuntalando el interior del establecimiento y trabajando en la selección de los fondos que reunía.

Krawietz Rodríguez espera que estos trabajos finalicen en otoño y que será entonces cuando se tomen decisiones “porque el espacio del Baudet no va a poder utilizarse de momento”.

Por último, informó que junto al Instituto de Estudios Canarios se preparan varios libros que recogerán las últimas tres o cuatro décadas de Historia Cultural de las Islas con el fin de contar con un relato histórico que, resultado de “más o menos consenso”, llene el vacío “actual”.

(*) La Librería del Cabildo de Tenerife estaba situado en uno de los extremos del antiguo cine Teatro Baudet, en la avenida de las Islas Canarias (antes del general Mola) en Santa Cruz de Tenerife.

Saludos, puntos suspensivos, desde este lado del ordenador

Más vale un gesto que nada

Miércoles, Agosto 4th, 2021

El director insular de Cultura del Cabildo de Tenerife, Alejandro Krawietz Rodríguez, aseguró que en unas semanas se harán públicas las ayuda a la edición de libros que, desde hace unos años, no otorgaba la institución insular. Según Krawietz, la iniciativa se trata de un proyecto piloto que nace con la finalidad de “echar una mano al espacio literario de la isla”.

La primera fase de esta “experiencia piloto” contará con 60.000 euros para respaldar la literatura, el ensayo y la investigación. De esa cantidad, 50.000 se dedicará específicamente a las editoriales y los 10.000 restantes a las asociaciones culturales que tienen como objetivo la publicación de determinados libros, sobre todos circunscritos al área de la investigación.

Las cantidades que pueden percibir las editoriales y asociaciones que se presenten serán como máximo de 4.000 (editoriales) y 2.000 euros (asociaciones culturales).

Entre los objetivos de esta “experiencia piloto” está conocer el volumen de la edición en Canarias para estudiar “en el futuro” qué ayudas requiere, siempre según Alejandro Krawietz Rodríguez.

Los criterios de selección de las obras estarán fijados en principio por el volumen de libros con que cuenta la editorial en catálogo, lo que facilitará su admisión a estas subvenciones pero si por el contrario no es el caso, “los libros deberán contar con al menos tres avales” que pueden ser emitidos desde la Universidad de La Laguna así como la Academias Canaria de la Lengua y el Instituto de Estudios Canarios, entre otras entidades.

Este aval se hace con la idea de fundamentar la publicación del libro con las ayudas del dinero público que reparta el Cabildo. Se quiere, dijo, que estos avales respalden el interés de la publicación en Canarias. Se trata de un “mecanismo que manejaremos de momento”, dijo Alejandro Krawietz, quien añadió que hasta que no se tengan datos “es una cuestión muy difícil de arbitrar”. No se descarta, sin embargo, la creación de comités de lectura si continúa en marcha la voluntad del Cabildo de Tenerife en apoyar a las editoriales pero en esta ocasión “se consideró mejor establecer avales que buscarán las editoriales y asociaciones culturales que muestren su interés en obtener estas ayudas al libro”.
“Esto nos permitirá construir unas ayudas que a partir de este año permitirán que sigamos el desarrollo de la actividad literaria en Tenerife”, apuntó.

A estas subvenciones podrán presentarse editoriales canarias y libros de autores canarios sin que la editorial lo sea. Los libros de investigación tendrán que ser de temática canaria.

El director insular de Cultura indicó que su deseo era presentar a finales de julio esta iniciativa pero no nos consta que haya sido así. En este caso, anunció que la convocatoria se cerraría a finales de septiembre. Respecto a éstas y otras demoras dijo que el servicio ha tenido que trabajar con intensidad porque no existía una convocatoria actualizada, lo que obligó a “mirar hacia el Ministerio y otras comunidades autónomas” para estudiar cómo ejercían sus políticas editoriales con el objetivo de “desarrollar nuestras ayudas”.

“Mi idea es que fuera una convocatoria abierta y permanente pero ahora mismo lo que nos interesa es el sistema de concurrencia. Esperamos que con este sistema de avales, y cuando más tarde se creen los comités de lecturas, nos permitan desplegar las ayudas al libro durante seis meses al año”, concluyó.

FOTO: Fran Pallero

Saludos, ay que no sé, no sé, no sé, desde este lado del ordenador

Después, una novela de Stephen King

Martes, Agosto 3rd, 2021

La portada norteamericana de Después rinde homenaje a las novelas baratas de bolsillo pero promete algo que no está en la novela. Tampoco es que diga mucho la portada de su versión española pero a los lectores de Stephen King les tiene sin cuidado ya que lo que buscan es un libro del escritor nacido en Maine.

Stephen King es uno de esos escritores que vende por su nombre y apellido. Es decir, que no se pregunta al librero por El resplandor o It, se pregunta directamente algo así como “¿tiene la última novela de Stephen King?

La obra del escritor ha creado un estante aparte en la biblioteca de la literatura norteamericana de nuestro tiempo. Un lugar privilegiado, me atrevería a decir, que ha conseguido que novelas y relatos tan tremendamente estadounidenses resulten universales para los lectores que cosecha alrededor del mundo. E insiste casi siempre en los mismos temas, también con los mismos personajes solo que estos con otros nombres y apellidos, también oficios.

A King le debemos que sacara a la luz los miedos de los jóvenes con una novela, Carrie, que ha desarrollado después y por caminos insospechados en el resto de su obra. Un personaje, casi siempre un adolescente, tiene un poder especial que solo le traerá desgracias.

Vuelve a insistir en estas claves en Después, la novela que Stephen King presenta este tórrido verano. Un King muy recomendable para los que quieran iniciarse en la obra del autor pero no demasiado para los lectores que conocen su trabajo.

Afortunadamente, no se trata de un tocho, una de esas novelas que sobrepasan las 400 páginas (y King tiene muchas, y muchas no son demasiado buenas) sino un curioso experimento que no alcanza las 250 y en el que concentra las constantes que forman parte de su universo literario. Por eso para iniciados resulta un texto recomendable pero no para los curtidos, los que llevan siguiendo al escritor desde sus comienzos. Que puede ser mi caso.

Recuerdo que la primera novela de Stephen King que leí fue La hora del vampiro, Salem Lot. Conservo aún el ejemplar de ediciones Pomaire, que hay que coger con sumo cuidado porque las páginas se despegan con facilidad. Guardo mucho cariño a este libro porque fue la novela que me convirtió en adicto del escritor. Después llegaron Carrie e Insólito esplendor, publicadas también en Pomaire. La segunda se conocería más tarde como El resplandor a secas.

Cuento todo esto porque leyendo Después se despertó la nostalgia de la primera vez. También la sorpresa que se despertara en mi este tipo de recuerdos.

Después está narrada en primera persona por Jamie Conklin, el único hijo de una madre soltera que ve a los muertos. Y sí pero no porque esta facultad no tienen mucho que ver con la del niño de El sexto sentido. Jamie Colklin puede hacerles preguntas para averiguar cosas. Los muertos, explica, solo responden con la verdad.

La historia se complica con la novia de su madre, que trabaja de policía, cuando requiere los servicios de Jamie para descubrir a un asesino serial. Pero la historia no se queda ahí, continúa por otros derroteros manteniendo en todo momento la calma. Y eso que la acción empieza a hacerse trepidante.

Cuentan que Después es deudora de It, un novelón de casi mil páginas que no es santo de mi devoción, pero sí que presenta a una entidad curiosa y lógica dentro del universo de Stephen King, una criatura que puede poseer a los muertos. Jamie conocerá por eso a su contrario, una entidad demoníaca a la que puede mantener a raya con un ritual.

Con estos ingredientes, el escritor cocina una de esas novelas que digo que escribe con el piloto automático seguro de que no va a decepcionar ni a iniciados como a profanos. Puede que a los primeros no le sorprenda pero sí que lo hará con los segundos. De todas formas, conocer el universo de este escritor lleva su trabajo porque King intentó hace ya años reproducir un cosmos literario que suele ser referencial en sus libros. Es decir, que en varias novelas aparecen como secundarios personajes que conocimos como principales en otras. Su Maine imaginario cuenta con poblaciones que no existen en la vida real y sus criaturas maléficas también suelen aparecer en muchas de sus historias. Todo esto sin contar el ciclo de novelas que protagoniza El pistolero, saga que abandoné en sus primeros libros porque a King se le puede perdonar muchas cosas pero no que narre milongas. Y El pistolero es eso, milongas.

En Después desliza algunas pullas acerca del sector editorial estadounidense, que conoce bien y que le ha servido de escenario en Misery o La mitad oscura, ya que la madre del protagonista trabaja de agente literaria. Un retrato por cierto bastante agradecido con el trabajo que hace esta gente. También describe la quiebra de la relación de dos mujeres enamoradas y, llegando al final, ofrece una vuelta de tuerca efectista pero que a muchos dejará confundido.

Después no es un libro redondo como otras novelas del escritor pero dentro de ella late el corazón de un escritor de éxito que ha demostrado con su obra (sobre todo con las serias, Eclipse total, por ejemplo) que vender libros no tiene siempre que estar asociado a literatura fácil. Esta novela, siendo menor en su producción, contiene a flashes esa luz. Y solo por quedar deslumbrado ante ella merece la pena descubrirlo o seguirlo en Después como fue nuestro caso.

Saludos, otra vez… el Rey, desde este lado del ordenador