Archive for the ‘Libros’ Category

El último vándalo (que yo sepa), una novela de Alicia Ramos

Miércoles, Agosto 25th, 2021

“Las mujeres transexuales, lo llevemos escrito en la frente o no, no tenemos útero. Ni ovarios. Ni canal de parto en algunos casos. Así que no solemos tener bebés. A lo mejor esta es la historia de por qué tengo un bebé.
POR QUÉ TENGO UN BEBÉ”.

(El último vándalo (que yo sepa), Alicia Ramos, Fundación CajaCanarias, 2020)

Si bien me preocupa el errático juicio que viene caracterizando al jurado del Premio Benito Pérez Armas, uno, sino el más longevo de Canarias, me ha resultado refrescante la obra ganado de la edición del 2019 (la del 2020 aún no se ha publicado) por su entusiasmo rupturista aunque le falte a la novela crítica y autocrítica también de una realidad como es la canaria tan necesitada de textos, películas, arte en general con espíritu revulsivo, agitador de conciencias y todas esas cosas urgentes y tan necesarias en estos tiempos dados al pensamiento único.

Canarias vuelve a contar con dos premios literarios (el Benito Pérez Armas y el Benito Pérez Galdós) que nacieron en la noche de los tiempos pero que por cuestiones varias terminaron uno desapareciendo de la memoria y el otro aguantando contra viento y marea el oleaje de los años. A veces tan ingrato con certámenes que, como viene al caso, ocupan por derecho propio un lugar importante no solo en la historia de los premios literarios a este lado del Atlántico sino también en la literatura que se escribe y publica en Canarias. En este aspecto, el Premio de Novela Benito Pérez Armas se ha convertido por su perdurabilidad en un referente para tomar el pulso de lo que se escribe no solo dentro sino fuera de las islas, aunque en las últimas ediciones (con ediciones en la que los premios se declararon desiertos) el nivel no haya estado acorde a las expectativas que, imagino que unos pocos, teníamos depositados en él.

El último vándalo (que yo sepa), novela ganadora en 2019 y que está escrita por Alicia Ramos, rompe esta tendencia y lo consigue por el tono con que la protagonista cuenta la historia. Una historia loca, y por loca muy divertida, en un archipiélago más bien caricaturesco dentro de una aventura, porque se trata de una aventura, que no se toma para nada en serio. Y a estas alturas que un libro me haga reír, y si no reír sí que sonreír vale su peso en oro.

No se trata El último vándalo (que yo sepa) de una mala novela si uno acepta las reglas que Ramos propone para adentrarnos en su relato. A admitir el planteamiento disparatado que anima sus páginas pero sí que carece si no relato más sustancia.

Incluso entendiendo que no fuera esa la intención de su autora, el exceso de páginas, casi cuatrocientas, tampoco ayuda al normal seguimiento de un libro que más meditado hubiera resultado otra cosa y sobre todo mucho mejor novela.

A medio camino entre el absurdo y la parodia, Alicia Ramos ha escrito una novela que a mi me ha hecho recordar el caótico disparate de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole que desde su publicación y éxito continúa influyendo porque fue capaz de actualizar una narrativa que nace en el Quijote y en la que el humor y la tragedia van cogidos de la mano.

La novela comienza con la búsqueda de Candelaria, una transexual con un bebé encima, que va tras la obra de un pintor canario. La investigación hará que la protagonista vaya tras las huellas del artista por varios países de Europa y, cómo no, Canarias. Concretamente la isla de Tenerife.

Las investigaciones que emprende Candelaria están salpicadas de misterio, suspense y acción. Una combinación que mantiene el tipo sin temblores en su primera parte, sobre todo cuando el lector toma conciencia que todo cuanto va a leer forma parte de una simpática y disparatada conjura. Disparate que va creciendo a medida que se avanza en las páginas, algunas de ellas muy emotivas como el reencuentro de Candelaria con su padre.

La mezcla de ingredientes de El último vándalo (que yo sepa) funciona, pero funciona más por el tono con el que está escrito, ese sentido del humor que observa a veces con refrenada ironía el arte, el amor y la Historia. Una Historia sobre el origen humano de las islas Canarias que, como construcción imaginaria, me sigue pareciendo el mejor hallazgo de un libro que no da marcha atrás. Camina siempre hacia adelante.

Más que por sus desaciertos que por sus aciertos, con esta primeriza novela Alicia Ramos aparece como una escritora que cuando se cree escritora de verdad ofrece páginas muy bellas y con indiscutible instinto poético.

No obstante y tras la farsa que es El último vándalo (que yo sepa) me gustaría descubrir, precisamente, a la escritora que es Alicia Ramos y que se detecta en algunos de los capítulos más líricos de una novela que, se reitera, si uno no se implica, si uno no entra en el juego, no va a viajar a ninguna parte (que yo sepa).

Saludos, si le digo le miento, desde este lado del ordenaro

Palabra de Dios

Martes, Agosto 24th, 2021

“Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.”

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986)

El ferrocarril subterráneo, una novela de Colson Whitehead

Lunes, Agosto 23rd, 2021

“Los hombres nacen buenos y después el mundo los hace malos. El mundo es malo desde el principio y empeora día tras día. Te utiliza hasta hasta que ya solo sueñas con morir”.

(El ferrocarril subterráneo, Colson Whitehead. Traductor: Cruz Rodríguez Juiz. Literatura Random House, 2017)

La carrera literaria de Colson Whitehead dio un salto de gigante tras recibir el Premio Pulitztez en 2017 y 2020 por El ferrocarril subterráneo y Los chicos de la Nickel, algo inusual. Inusual que un mismo escritor recibiera dos Pulitzer, también que se convirtiese en el segundo escritor de raza negra en obtener el Pulitzer y el National Book Award por una misma novela.

La crítica y los lectores han coincidido por una vez en el éxito que acompaña a Whitehead sobre todo por sus últimos trabajos literarios, dos obras extremadamente sensibilizadas por la vida de los afroamericanos en los Estados Unidos de Norteamérica la tercera década de 1800 y en los años 70 del pasado siglo XX. En este aspecto y aunque no lo parezca, las dos novelas que han consagrado a Colson Whitehead, El ferrocarril subterráneo y Los chicos de la Nickel, se tratan de obras coincidentes pese a que sus argumentos se desarrollen en siglos diferentes.

En ambas novelas el autor trata de profundizar en el orgullo herido de una raza a la que le ha costado sangre, sudor y lágrimas ocupar el lugar que hoy ocupa en la sociedad norteamericana.

Este camino hacia la igualdad necesitaba de obras de calado potente como son la del ganador del Pulitzer en 2017 y 2020, en especial porque el autor más que recrear un momento fundamental en la historia de Norteamérica lo que hace es explorar con las herramientas de la imaginación y la fantasía –sobre todo en El ferrocarril subterráneo– el largo y arduo proceso de liberación de los negros. El momento en el que algunos tomaron conciencia y decidieron romper con las cadenas de una esclavitud que les había sido impuesta. El fin era volver a ser personas libres en los estados del norte.

El movimiento en favor de la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos de Norteamérica cuenta con una larga y afortunada bibliografía. Capítulo al que ahora Whitehead aporta su grano de arena con una historia en la que la red de ayuda que se construyó para liberar a los esclavos en su huida hacia el norte (el ferrocarril subterráneo) adquiere dimensión real. Es decir, que el escritor plantea en la novela la existencia de un tren subterráneo al que se suben los esclavos que buscan libertad. También lo que pasa en las distintas estaciones donde se detiene la máquina para repostar.

El ferrocarril subterráneo, no así Los chicos de la Nickel, apuesta por la alegoría para mostrar un mapa detallado de la esclavitud en su país durante el siglo XIX. El libro inserta anuncios antes de cada capítulo en el que se reproducen carteles que llaman a la detención de esclavos fugitivos y describe cómo eran las relaciones entre blancos y negros en aquellos años.

En la novela de Colson, novela que debe mucho al realismo mágico sudamericano, no todos los blancos son racistas ni todos los negros, hermanitas de la caridad. El escritor intenta mantener cierta distancia sobre los lúgubres hechos de los que se hace eco, por lo que no se trata de un texto maniqueo, en el que buenos y malos están claramente definidos sino de una novela cuyos protagonistas son seres humanos con independencia del color de su piel.

Como todo viaje que se precie, y El ferrocarril subterráneo es un gran viaje por algunos de los estados más racistas de ese gigantesco país, los protagonistas de la novela, Cora y Caesar, los esclavos que huyen hacia el norte y tras el mito de ese tren que viaja bajo tierra rumbo a la libertad, irán transformándose a medida que se avanza en la acción.

Al final, ni Cora ni Caesar serán los mimos personajes que conocimos al inicio de la historia. Ya no serán ellos mismos, algo dentro ha hecho click y los ha convertido en otros muy distintos a los inocentes que conocimos en las primeras páginas de la novela.

El ferrocarril subterráneo no desdeña la poesía para retratar la valentía pero también el miedo que alimenta a sus protagonistas. Sugiere además preguntas con sus respectivas respuestas en torno al racismo y la esclavitud. Se hace preguntas sobre unos hechos que forman parte del negro pasado de un país que reitera a a través de sus altavoces propagandísticos tanto dentro como fuera de sus fronteras que es la nación de la democracia y la libertad. Por desgracia, momentos como los que refleja este libro de forma alegórica, y es ahí donde radica una de sus peculiaridades, demuestra todo lo contrario.

Se trata de una novela que propone un interesante estudio sobre el alma humana más que de un hecho histórico que ennegrece el pasado estadounidense. Una exploración que apenas cae en el radicalismo feroz, para recordar unos días donde los hombres negros no eran libres “en el país de la libertad”. Una acertada e inteligente parábola que sirve para recordar que todos, con independencia de razas y credos, nacemos y debemos morir libres, sin cadenas ni miedos.

Saludos, verano, desde este lado del ordenador

H.P. Lovecraft, la soledad del corredor de fondo

Viernes, Agosto 20th, 2021

No quiso pertenecer a su tiempo. Su tiempo, decía, se se remontaba al XVIII. Se imaginaba, mientras recorría solitarios cementerios, como un caballero de aquel siglo mientras no dejaba de pensar historias macabras, la mayoría de ellas protagonizadas por una galería de criaturas que, tras descansar el sueño de la inmortalidad durante eones, abrían los ojos y despertaban para castigar la cordura de hombres igual de solitarios que, por estudio o aburrimiento, habían convocado a esos titanes leyendo en voz alta las páginas del libro maldito, del Necronomicon, escrito por el árabe loco Abdul Alhazred.

El creador de esa nueva mitología poblada por deidades con nombres impronunciables como Cthulhu y Jog Sothoth, entre otros, fue Howard Phillips Lovecraft (Providence, Rhode Island, 20 de agosto de 1890-Providence, 15 de marzo de 1937), escritor norteamericano que publicó cuentos en revistas editadas con papel de mala calidad en la década de los 20 y 30 del pasado siglo XX y que se convirtió ya en vida en el centro (¿sumo sacerdote?) de un círculo de jóvenes escritores de fantasía que como el mismo Lovecraft, Robert E. Howard y Clark Asthom Smith, entre otros, cambiaron la faz del género.

Llegué a los relatos de Lovecraft y los suyos cuando hay que llegar a sus cuentos, siendo un adolescente. La lectura de aquellas historias me cambió la vida y a mi manera intenté si no convertirme en él, sí en seguir sus pasos creando un fanzine con el que pretendí rendirle tributo y al que se sumó, ya en el segundo número, un amiguito al que conseguí inyectarle el veneno Lovecraft. Un veneno realmente activo a una edad en la que comienzas a vislumbrar lo solo que permanecerás toda tu existencia.

Luego te haces mayor y dejas abandonado al bueno de Ech-Pi-El en cualquier rincón aunque de tanto en tanto ojeo sus libros intentando encontrar sin resultado el adolescente que una vez fui.

El caso es que hace unos meses intenté volver a sus historias y tuve que dejarlas a la mitad. De pronto me parecían pesadas y hasta pretenciosas. Me asqueaba la cobardía que define a todos sus personajes que suelen ser los mismos, estudiantes o investigadores que llegan a Ismouth o Arkham buscando respuestas y que terminan por abrir puertas a otros mundos que, aquí y entre nosotros, mejor era no haber abierto.

En aquella edad que llaman del pavo me leí prácticamente todo Lovecraft publicado en español. Aún conservo esos libros, en editoriales tan variopintas como Alianza, Caralt, Bruguera…

Primero llegué a HPL por Los mitos de Cthulhu y luego continúe con recopilaciones de relatos, El color que cayó del cielo, Las montañas de la locura (que a mi me sacudió, me dio por dentro, me convirtió a la hermandad lovecraftiana aunque ahora no quiera leer sus libros) mientras imitaba su universo con una serie de relatos que me dan vergüenza ajena pero en los que se observa a un niño pretencioso que ya divisaba, como certeramente entiende Michel Ouellebecq en su ensayo sobre el escritor, lo que iba a ser su lucha personal “contra el mundo, contra la vida”.

Superada la etapa Lovecraft, algunos no la han superado todavía porque no resulta fácil asesinar el síndrome de Peter Pan, todos los años me veo sin embargo en la obligación de escribir unas líneas no tanto en su recuerdo sino por lo que significaron sus cuentos en una etapa clave de mi vida. Vamos, que a través de HPL comencé a darme una idea de lo que me rodeaba. Probablemente, equivocada, pero idea al fin y al cabo.

“Que no hay muerto que yazga eternamente y con ciertos eones puede morir la muerte”. Es una de sus frases, o así ha quedado transcrita en la memoria y como tal cual la reproduzco ahora para que se hagan una idea. También esa que dice que “vivimos en una isla rodeada de plácida ignorancia” y que si no me equivoco (ya me corregirá algún lovecraftiano como lo fui yo, eso espero) proceden del Necronomicon, el libro maldito, ese que sirve para invocar a los dioses destructores y que enloquece a la gente que osa leerlo.

En fin, Lovecraft sigue estando aquí. Y no gracias al cine, precisamente, sino a los millones de seguidores que tiene en todo el mundo un escritor hasta cierto punto mediocre y que jamás imaginó que algún día su nombre compartiría estrellato con el de su admirado Edgar Allan Poe.

Pero así son las cosas, así quedó la tirada de dados en la que HPL, a quien vestían de niña cuando era infante, aprendió a leer y a tener miedo con los libros fantásticos que ocupaban las estanterías de la librería de su abuelo; el que un principio fue nativista y racista norteño y que si conoció mujer, Sonia Green, judía y liberada, fue en esa antesala del infierno que era la ciudad de Nueva York que vivía dentro de su cabeza tallaron a hachazos la personalidad de un hombre que por si algo se caracterizó fue por sus miedos y sus contradicciones. Por la búsqueda de una soledad que provocó el divorcio con su primera y única mujer y que regresara a su localidad natal como quien pretende huir de un mal sueño. Volvió a Providence, la provinciana capital del diminuto estado de Rhode Island.

Otro año y otras líneas en recuerdo de Ech-Pi-El, el hombre que contó con una amplia red de corresponsales entre los que se encontraba Bob Dos Pistolas, el texano Robert E. Howard, creador de Conan, el cimerio; Kull de Atlantis, el puritano Salomon Kane, Henry Kuttmer, Ausgust Dertleth, Frank Belknap Long y otros tantos que con sus escritos se sumaron al culto de Cthulhu. Cuentos que a su vez hicieron sumar a millones de lectores de todo el planeta a una hermandad que no solo es indiscreta sino también para nada secreta y en la que todos sus miembros se reconocen, reconocemos, llevándonos la mano derecha a la frente mientras repetimos:

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”.

En un mundo tan caótico como el actual, con epidemias que trastocan nuestro modelo de vida; retiradas deshonrosas, terrorimos y guerras de baja intensidad que desangran al planeta año va y año viene todo hace pensar que, probablemente, al final y tras tanta derrota, Cthulhu ganó la guerra sembrando de caos la tierra que habitamos y que nos hemos acostumbrado a destrozar con nuestras manos…

Temblad, hermanos y hermanas, es hora de marchar o morir. El fin nunca estuvo tan próximo.

He dicho.

En la imagen, H.P. Lovecraft según el ilustrador Virgil Finlay.

Saludos, reloj no marques las horas, desde este lado del ordenador

Mediodía eterno, una novela de Santiago Gil

Jueves, Agosto 19th, 2021

“Leo también a Tomás Morales. Tomás supo escribir el sonido del Atlántico. Yo recuerdo ese sonido en las costas del mar bravío de Fuerteventura, y también al final de la playa de Las Canteras o del Arrecife, donde no está la Barra y el océano resuena como una gran caracola lejana”.

(Mediodía eterno, Santiago Gil, Cabildo de Gran Canaria y Casa Museo Pérez Galdós, 2021)

Santiago Gil cuenta con una consolidada y atractiva trayectoria literaria muy unida a su isla natal, Gran Canaria. En 2019 se atrevió a recrear el amor adolescente de Benito Pérez Galdós con su prima Sisita en El gran amor de Galdós. Ahora, con Mediodía eterno hace algo parecido pero con muchísima más personalidad con el pintor José Jorge Oramas. Por esta novela, Gil recibió el Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós y se trata, a nuestro juicio, de una de sus obras más densas (pese al número de páginas) y maduras. Un relato que muestra a un escritor seguro de sí mismo como narrador de ficciones.

Tanto en El gran amor de Galdós como en Mediodía eterno se fabula en torno a la vida de dos grandes hombres nacidos en el archipiélago canario pero hasta ahí llegan las comparaciones. El origen familiar y social de Galdós se encuentra en las antípodas del de Oramas. Pérez Galdós se dedicó a las letras, carrera en la que se convirtió en el mejor escritor que retrató el Madrid de finales del XIX e inicios del XX mientras que José Jorge Oramas tuvo una vida muy corta –falleció a los 24 años– que estuvo marcada por una enfermedad que le hizo ampliar su visión de cuanto lo rodeaba, transformando su mirada en una luz poderosa, claramente Oramas.

En cuanto a estilo, El gran amor de Galdós mantiene distancias con su protagonista al estar escrita en tercera persona mientras que Mediodía eterno recurre a la primera. Es decir, que el narrador es el mismo José Jorge Oramas que nos habla a través de Santiago Gil.

Mediodía eterno está estructurado en dos partes. La primera, La vida de Oramas, está narrada en primera persona por el mismo artista por lo que el lector es testigo directo de lo que piensa y del sentido trágico de la vida que asumió al diagnosticársele un mal que fue consumiendo poco a poco su existencia.

La cercanía de la muerte hace que el artista intente retener su amor a lo que observa en una serie de cuadros que son un misterio en sí mismo. Y no solo por la intensidad de la luz que alimenta a casi todos ellos sino por mostrar el paisaje que lo rodea en una serie de obras que no han perdido su capacidad de conmover.

En esta primera parte, el personaje que construye Santiago Gil de Jorge Oramas se confunde con el mismo Santiago Gil en un ejercicio de intercambio de papeles que no decae, dando densidad al mismo tiempo a un personaje que amó la vida, así lo expresó a través de su arte y así lo expresa Santiago Gil a través de su literatura.

Santiago Gil consigue dar credibilidad al personaje y en un lenguaje conmovedoramente poético desgrana con agradecida sutileza algunos de los momentos que marcaron la existencia del pintor grancanario. El escritor propone, además, un atractivo juego literario con el lector, juego en el que hay que entrar como se debe entrar en cualquier clase de juego, con inocencia.

A lo largo de todo el texto, de una enorme complejidad que Santiago Gil resuelve con desarmante sencillez, se tratan muchos de los temas claves en la vida del pintor como si fueran colores, colores tan vivos como los que definen la obra de Oramas y que sirven para explicar muchos de los días que marcaron la existencia del artista. Un artista que evitó lo que pudo el retrato, decantándose por el paisaje que reflejó siempre bajo una luz limpia y serena que corresponde a la de ese mediodía eterno que anuncia el título de la novela.

Los años de formación en la Escuela de Arte Luján Pérez donde conoció a otros artistas como Felo Monzón, Juan Ismael y el escultor Plácido Fleitas, entre otros; los días que pasó en el centro psiquiátrico de Tafira (“Los locos tienen alma”, comienza la novela) atendido por el médico y coleccionista Rafael O’Shanahan y una ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, que todavía seguía siendo una pequeña capital de provincias son algunos de los elementos de los que se sirve Santiago Gil para modelar a su personaje. Personaje que percibe la primera señal de un amor que le infla de plenitud los castigados pulmones y que como la enfermedad que lo acompañó casi toda su vida condiciona al artista que, en esta novela, se desdobla en Santiago Gil. Esta metamorfosis contribuye por otra parte a que lo que cuenta resulte tan real y cercano.

José Jorge Oramas dejó una obra no demasiado extensa. Creaciones plásticas que expuso en vida en muy pocas ocasiones aunque ya en su tiempo hubo espectadores, como el escritor tinerfeño Agustín Espinosa, que avisaron de su talento en textos tan llenos de belleza como Media hora jugando a los dados.

Si hubiera un leiv motiv en esta novela ese sería el arte y la muerte. Muerte a la que se encara Oramas con la cabeza alta, sin miedo. Es como si hubiera aprendido que nada es eterno salvo la luz que captura en sus lienzos.

“Cuando medito parece que vuelo, que salgo de mi cuerpo, como si realmente hubiera algo más que materia en nuestros adentros. Cecilia es de las que piensan que el arte se genera justamente en ese misterio que portamos los humanos cuando miramos algo o rebuscamos en nuestras vivencias y en nuestros recuerdos”.

La segunda parte, sensiblemente menor en número de páginas (la novela no llega a las 200), cuenta la vida de Cecilia Blisse, un personaje que sirve de apoyo sentimental al relato y cuyo diario, narra, le fue entregado a Santiago Gil en un viaje a Londres. Al modo de las matrioskas rusas se propone una novela dentro de otra novela.

Podría apuntar más aspectos de un libro que como otros de Santiago Gil ha sabido tocar el corazón pero es el momento en que lo descubran lectores que demandan historias que reinterpreten la vida de los nuestros (artistas e intelectuales, hombres de fe, en definitiva) con mirada literaria.

Mediodía eterno es una novela que se atreve a hurgar dentro de la cabeza y el alma de su protagonista por lo que sorprenderá, como a quien firma estas líneas sorprendió, la soltura con la que Santiago Gil rinde justicia al pintor que se “nos” fue demasiado pronto, describiendo las contradicciones que pudo tener el artista que congelo la vida con el hechizo de su luz.

Saludos, tierra, mar, desde este lado del ordenador

Jorge Carrión: “Amazon hace daño a las librerías y a los libros”

Miércoles, Agosto 18th, 2021

Jorge Carrión (Tarragona, 1976) cuenta con una amplia bibliografía a pesar de su edad. Ensayo, novela, guiones de cómics son solo algunos de los géneros que ha practicado este escritor preocupado por la incidencia de las nuevas tecnologías en la sociedad y en cómo han ido transformando el mundo que hasta ayer se creía que “conocíamos”.

Autor de Contra Amazon, Librerías y Lo viral, entre otras obras, Jorge Carrión fue uno de los invitados de la primera mesa del encuentro Puerto de letras. Escritura en diálogo, que se desarrolla en el Lago Martiánez (Puerto de la Cruz), escenario que la próxima semana, concretamente el 19 de agosto y a las 20 horas,acogerá una charla y recital poético en el que intervendrán Katya Vázquez Schröder, Ricardo Hernández Bravo y Adalber Salas Hernández.

- ¿Qué tiene usted contra Amazon?

“No tengo ningún problema personal ni intelectual contra Amazon y otras plataformas solo es que hace tres años me di cuenta que muchas de las herramientas que nos dan acceso a la información y a la cultura imponen al mismo tiempo un modelo en la gestión de la autoría intelectual y de derechos de autor que resultan muy peligrosos y como soy escritor y me dedico a los libros me pareció interesante llamar la atención de cómo Amazon daña a las librerías y al objeto libro”.

- ¿Ha recibido alguna respuesta de Amazon?

“No. Soy un microbio. No tengo importancia ni relevancia aunque desde la micropolítica algún lector que se ha puesto en contacto conmigo me ha comentado que mi libro Contra Amazon fue el último que compró en… Amazon”.

- Usted parece un resistente porque otro de sus libros es, precisamente, Librerías que a mi me parece, reitero, un manual de resistencia.

“La lectura de Librerías habla de la historia del comercio de los libros desde la antigüedad hasta hoy y concluye que su esencia es la metamorfosis y la adaptación, que es el proceso que estamos viviendo en la actualidad. Un salto evolutivo, un proceso de adaptación completamente nuevo en un contexto en el que prima lo viral y lo digital”.

– Las estadísticas dicen que aumentó el número de compra de libros durante el confinamiento.

“Sí, los números dicen que durante la pandemia creció el nivel de lectura, también el de librerías en toda Europa. Algunas se expandieron, incluso en España. Personalmente, me parece una buena noticia porque larga es la lucha que mantienen las librerías contra las plataformas y su nuevo sistema de acceso a la cultura y compra on line”.

- Sin embargo, en esta batalla parece que el libro de papel está venciendo de momento al libro digital.

“Vivimos en una época de coexistencia entre formatos de acceso a la cultura muy distintos y esta coexistencia de formatos podría resumirse entre lo analógico y lo digital. El objeto libro se ha revelado, por otra parte, como la mejor tecnología sobre todo en literatura aunque quizá no lo sea tanto en el ensayo divulgativo pero sí, insisto, en el literario. Estamos asistiendo ahora a investigaciones sobre lo que llegará. Se habla de vídeo lentillas e incluso de implantes pero el libro de papel de momento va por delante en este conflicto que confío que dure algunas décadas más”.

- Me contaron que en España se impone cada vez más el audiolibro.

“Un formato que ya está muy asentado en Norteamérica y como cualquier otra tendencia que se expande en ese país tiende a conquistar el mundo como Netflix, Facebook o Amazon, entre otros. Me consta que las editoriales españolas han apostado fuerte por el audiolibro aunque el sistema de suscripciones todavía esté por ver si resultará válido para los lectores que son exigentes. El caso es que está en auge pero creo que tiene que ver más con el impulso tecnológico que con otra cosa”.

– Usted lleva un podcast.

“Mi experiencia personal con el podcast Solaris me ha permitido acceder a otro tipo de receptores que han generado a su vez otro tipo de lectores que, de algún modo, confían en tu voz y parece que les gusta que sea el propio autor de la obra quien les lea su libro”.

- ¿Y qué tal resulta la experiencia?

“La experiencia con el libro Lo viral ha resultado satisfactoria e interesante. Y me refiero tanto a quienes lo han leído como a quienes lo han escuchado de un modo íntimo como sucedió en Valencia, donde alguien de mi edad me dijo que había escuchado Lo viral mientras iba en el coche con su familia. Me comentó que tras oírlo, comenzó a discutir con su gente los distintos temas que abordan el libro como si de un ritual familiar se tratara”.

- ¿Es lector digital o de papel?

“Cuando leo en papel soy de los que necesito subrayar con lápiz lo que me llama la atención también para recordarlo pero entiendo que haya personas que lo hagan de otro modo, como escuchar más que leer un libro, tomando nota de los libros y películas que en mi caso suelo mencionar en algunos de mis podcast”.

- Ha escrito novela, ensayo. ¿Me gustaría saber cuál es la diferencia entre el Jorge Carrión escritor de ensayos con el literario?

“A mi me resulta fascinante el vínculo invisible que une la experiencia y el encuentro con un texto. Cuando viajo suelo leer e imaginar pero no sé qué es lo que tramo. Es decir, si eso que pienso terminará por convertirse en un ensayo, un cómic o una novela. Entre 2008 y 2012 estuve obsesionado con un proyecto de ficción que dio lugar a mis novelas Los turistas, Los huérfanos, Los muertos y Los difuntos, proyecto que abandoné en 2012, un año en el que decidí dejar de escribir ficciones para consagrarme al ensayo narrativo. Escribí entonces Librerías, Contra Amazon y varios cómics de no ficción como Barcelona. Los vagabundos de la chatarra y Gótico pero hace unos años, en enero de 2019, cuando iniciaba la escritura de un nuevo libro de ensayos se me ocurrió el argumento de una novela de ciencia ficción, Membrana, que comencé a escribir y con la que he obtenido hace poco el LII Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro”.

- ¿Qué me dice de los apocalípticos que anuncian la muerte del cine ante el auge de las plataformas?

“Pues que creo que habrá una coexistencia entre ambos aunque lógicamente, y dado que tenemos acceso a películas en casa y a través de los dispositivos, la experiencia de ir al cine será cada vez más esporádica que antes pero imagino que el cine pervivirá porque tiene un tipo de ritual que es el mismo del teatro o el circo y que nos conecta con la tragedia griega y los orígenes de la cultura de la que venimos. Necesitamos esa especie de comunión y encuentro que nos da el cine, el teatro y el circo”.

– También ha sido objeto de su estudio las series de televisión.

“Lo que ha ocurrido con las series en los últimos veinte años es espléndido lo que sucede es que cuando publiqué Teleshakespeare hará unos diez años el fenómeno estaba viviendo su mejor momento con producciones como Mad Med, Breaking Bad, Los soprano, The Wire… Después de eso las series se han ido internacionalizado con obras maestras como Borgen o Gomorra hasta que más tarde se instalaron las plataformas lo que quizá signifique que está finalizando la tercera edad de oro de las series de televisión”.

- Ya no le interesan como antes…

“En los últimos años han dejado de interesarme como antes pero eso es porque ahora presto más atención a otros fenómenos emergentes como los podcast. Cuando me puse a escribir criticas de serie de televisión, hace ya unos años, todavía tenía sentido pero ahora hay que pensar desde la perspectiva de la crítica cultural cuál es el concepto de algoritmo y de plataforma. En mis últimos trabajos investigo sobre redes sociales, inteligencia artificial y, desde una perspectiva macro, como se articula la cultura del siglo XXI”.

- Y en esta cultura del siglo XXI ¿vivimos resignadamente bajo la dictadura del algoritmo?

“En parte sí, los algoritmos cada vez tienen más poder lo que significa que los seres humanos que los manipulan, crean y programan acaparan más poder lo que significa que algunas corporaciones han asumido demasiado y de manera alarmante como Facebook y Amazon, empresas que son capaces de influir en elecciones democráticas o en nuestros hábitos de consumo. En este sentido, Amazon no ha invertido en Alexa para hacernos la vida más fácil sino con la idea de que la gente que tiene Alexa compre más, bastante más que la gente que no lo tiene. Todas estas corporaciones solo quieren que consumamos para ganar más dinero y es ahí donde cada uno de nosotros debe de asumir su responsabilidad ética y hacer valer su capacidad de decisión para tomar posiciones en su consumo cultural porque su actitud tiene consecuencias económicas que al final también son consecuencia políticas”.

- ¿Nos estamos volviendo idiotas?

“Quiero creer que no porque cada vez estamos más informados. Después, que cada uno busque los modos de informarse porque la cantidad de información crítica que uno encuentra en Internet y a la que accedemos a través de las plataformas quizá no la seleccionan necesariamente los algoritmos sino cada uno de nosotros”.

DADDY

El primer libro que impactó a Jorge Carrión no fue de nuevas tecnologías ni de ciencia ficción. El primer libro que le sacudió las entrañas y le prendió la idea de ponerse a escribir fue Daddy, de Loup Durnad. Daddy cuenta la historia de un niño con una inteligencia portentosa que tiene que escapar de un nazi que quiere que revele los números de varias cuentas bancarias. Como lector adulto, sus libros de cabecera fueron Rayuela, de Cortázar; Ficciones, de Borges y Cien años de soledad de García Márquez.

MEMBRANA

Membrana, novela por la que Jorge Carrión recibió el LII Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro, se publicará en octubre. El argumento trata sobre cómo ha ido creciendo la influencia de los algoritmos en nuestras sociedades. Con esta novela, el escritor regresa a la literatura de ficción tras abandonarla durante una década y dentro de un género, explica, como es el de la ficción especulativa porque sostiene que “la ciencia ficción es el nuevo realismo”.

FOTO: NELA OCHOA

Saludos, bendito calor, calor, calor, desde este lado del ordenador