Rumores, rumores, rumores

Jueves, Septiembre 10th, 2009

Se rumorea en los mentideros culturales que la mujer de un concejal de un Ayuntamiento de Tenerife es una de las candidatas más valoradas para ser la próxima gerente del Organismo Autónomo de Actividades Musicales del Ayuntamiento de La Laguna. El concurso, que todavía no se ha fallado y cuyas bases publicó el Boletín Oficial de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife (BOP) el pasado 31 de agosto (página 20686 a 20689), busca a una persona que inspeccione, fiscalice y vigile la actividad técnica de los servicios y actividades que el Organismo pudiera generar, así como valorará méritos de experiencia profesional y de dirección en el ámbito de la música y de la cultura. También se valorará su ”experiencia en puestos de gestión con responsabilidad económicos-financieras”, responsabilidad que, por lo que sabemos, esta señora desarrolló durante un periodo largo de tiempo en otro sitio. En otro lugar y en otro tiempo…  

Eso es casi todo.

Saludos desde este lado del ordenador.   

Tablón de anuncios

Martes, Septiembre 8th, 2009

* El 18 de septiembre finaliza el plazo de inscripción para el IV Curso Superior Universitario en Planificación y Gestión Cultural. Organizado por la Fundación Pedro García Cabrera, la Universidad de La Laguna y la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, esta actividad se dirige a profesionales y a personas interesadas en prepararse para el sector cultural, tanto en el ámbito público como en el privado y asociativo. Las clases se impartirán en horario de tarde desde el 27 de octubre de 2009 al 2 de julio de 2010, hasta un total de 320 horas. El programa incluye 34 asignaturas de todas las especialidades que concurren en la gestión y producción cultural, algunas ofertadas por primera vez (como Producción cinematográfica o Producción discográfica). 

* El Laboratorio de Escritura Audiovisual de Canarias (LEAC) celebra el Foro LEAC Escritura y Mercado el próximo 16 de septiembre, de 10:00 a 14:00 horas en Gran Canaria Espacio Digital, y en las misma podrán participar guionistas, directores, productores y todos profesionales e interesados en el desarrollo de proyectos audiovisuales, que deberán confirmar asistencia antes del lunes 14 de septiembre a través de audiovisual@canariasculturaenred.com. En la jornada, que arrancará a las 10 horas, se darán a conocer los ocho guiones desarrollados en la primera edición del LEAC:  Cazando mariposas con guantes de boxeo, de José Lobillo; Marina, de Judith Alzola; La galana, de David Galloway y Agustín Padrón; Fotos que nunca hice, de Octavio Guerra ; Niño soldado, de Guillermo Ríos y Pedro Fernández; El hombre de Salacot, de Javier Garrido; Seiren, de Alby Ojeda y Las espiritistas de Telde, de Daniel Millet.

* Interesantantísimo pero también terrible el artículo que hoy publica el responsable de la sección de Cultura de La Opinión de Tenerife, Erik Canino. Bajo el título de Miedo, uno no sabe muy bien en que islas vive. Algunos de los creadores de estas ínsulas alejadas de la mano de Dios ven a la Viceconsejería de Cultura como el popular Jason de la serie Viernes 13. Y no es baladí esta comparación. Pasen, pasen y lean… ¡para no dormir!

* Tenerife Espacio de las Artes (TEA) acogerá del 22 al 27 de septiembre unas jornadas sobre cine, videojuegos y robótica, entre otros temas. Organiza Espacio Enter Canarias. Lástima que no se informe en su página web del nombre de quienes participarán en estas jornadas que, presumo, serán más que interesantes.

Saludos, algo temerosos porque viene Jason, desde este lado del ordenador.
 

Noticias negras

Sábado, Septiembre 5th, 2009

* El escritor británico Philip Kerr ha ganado con Si los muertos no resucitan el III Premio Internacional de Novela Negra RBA. Así lo hizo público anoche un jurado compuesto por Anik Lapointe, Antonio Lozano, Soledad Puértolas, Lorenzo Silva, Suso de Toro y Paco Camarasa. Se trata de la sexta novela protagonizada por Bernie Gunther (título que llegará a las librerías españolas en octubre) y cuya primera parte transcurre en 1934, lo que sirve al narrador para denunciar la connivencia entre las autoridades nazis y el crimen organizado estadounidense para evitar el boicot a los Juegos olímpicos de Berlín. El escenario se traslada a La Habana de Meyer Lanski y Fulgencio Batista en la segunda parte de la novela. Una ciudad, una época y un ambiente fielmente capturado en las páginas de la novela.

* A la espera de que dé comienzo el primer Salón Internacional del Libro Africano (SILA), los amigos de negraycriminal nos recuerdan que hay un puñado de autores del África subsahariana traducidos cuya literatura está adscrita al género policíaco. Entre otros, destacan títulos como Ramata del senegalés Abassé Ndione, El asesino de Banconi del maliense Moussa Konaté y el togolés Theo Ananissoh, del que la editorial Alpha Decay acaba de traducir Un reptil por habitante.

* El novelista francés Thierry Jonquet falleció el mes pasado víctima de un infarto. Jonquet era autor, entre otras novelas, de Tarántula, La bestia y la bella y URSS go home.

* El 30 de septiembre finaliza el plazo de entrega de originales al Premio L´H Confidencial de novela negra 2010, que convocan el Ayuntamiento de L´Hospitalet y Roca Editorial. Las bases en www.rocaeditorial.com.

* El 30 de septiembre es la fecha límite también para participar en el juego de reescribir un final para una novela mítica: Diez negritos. En el 70 aniversario de su publicación. Bases en http://www.dieznegritos.rbalibros.com/index.php?page=concurso.

Saludos con sabor a policiaco desde este lado del ordenador

Esto es como una agenda (están advertidos)

Miércoles, Septiembre 2nd, 2009

* Ediciones Idea acaba de publicar, dentro de su colección Narrativas, el conjunto de relatos de Andrés Servando Llopis titulado Especulaciones fugitivas. Esta obra se presenta mañana, jueves, 3 de septiembre, a las 19:30 horas, en el salón de actos de la Mutua de Accidentes de Canarias, MAC, ubicado en la antigua casa Elder de Santa Cruz de Tenerife. En el acto intervendrán, junto al autor, el director de la editorial canaria, Enrique Jiménez Fuentes y el profesor titular de Filología de La Universidad de La Laguna y prologuista de la obra, Rafael Fernández Hernández.

* Damián Perea se encuentra en Madrid ultimando los detalles de la que será su primera exposición fotográfica, Cuadernos de Viaje, que se exhibirá del 3 al 30 de septiembre en el Centro Rotacional de Arganzuela. El cineasta grancanario viajará también próximamente a Holanda para exhibir el cortometraje Locos por el cine en el Museo Gouda. La proyección, que se enmarca dentro de la iniciativa itinerante VIVA Festival, se desarrollará entre el 5 y el 30 de septiembre con el respaldo de Canarias Crea.

* Dentro del programa de actividades itinerantes de ocio y entretenimiento, la Obra Social y Cultural de CajaCanarias organiza este jueves, 3 de septiembre, en la plaza de San Marcos de Tegueste, un concierto de fado con los tres músicos que componen el proyecto Alfama. La velada comienza a las 22 horas.

* La Obra Social y Cultural de CajaCanarias propone también para mañana, jueves, una puesta en escena multimedia, que conjuga música e imágenes, a cargo de los componentes del proyecto artístico La mirada automática, que presenta el espectáculo Tiempos modernos. Tendrá lugar en la plaza de Nuestra Señora de los Remedios, en Buenavista, a partir de las 20:30 horas.

Saludos al modo de agenda desde este lado del ordenador.

Mientras el tiempo pasa…

Lunes, Agosto 31st, 2009

Tuve la suerte (aunque no sé si también la desgracia) de que parte de mi adolescencia estuviera marcada por un gran escritor y una gran orquesta. Pasada mi euforia por H. P. Lovecraft que me llevó con un entusiasmo desatado a editar junto a un buen amigo un fanzine que respondía al pretensioso título de Historias Extrañas y con el que pretendíamos continuar la estela de la revista norteamericana Weird Tales donde el torturado Ech Pi El publicó la mayoría de sus historias maestras, un día descubrí en la biblioteca de mi hermano una de esas novelas que, como El guardián entre el centeno, son de las que ya no se te despegan del alma en lo que te queda de vida. Se llamaba A este lado del paraíso, de Francis Scott Fitzgerald, uno de esos narradores impresionantes porque tuvieron una producción literaria relativamente escasa pero igual de impresionante (luego leí El gran Gatsby, Hermosos y malditos, Suave es la noche y su inconclusa El último magnate, así como sus cuentos y ensayos, esos que reúne en el visionario Crack Up) y una vida, si cabe, igual de impresionante que la que dejaba reflejada en sus obras.

De hecho, y si no lo recuerdo mal, creo que A este lado del paraíso fue la primera novela que si bien no subrayé porque era de mi hermano, sí que copié algunos de sus párrafos en un cuaderno que aún poseo porque se convirtieron –durante esa época confusa– en talismanes en los que podía apoyarme cuando las abisales decepciones de la adolescencia te van mostrando con una crueldad inimaginable que la vida no es un puñetero sendero de rosas.

He aquí algunas de las frases transcritas por mi casi indescifrable letra adolescente: “Soy un idealista cínico. – Se detuvo a pensar si aquello significaba algo.” / “Nunca llegaré a ser un poeta –dijo Amory al terminar–. No soy bastante sensual; solo me parecen bellas unas pocas cosas obvias: mujeres, tardes de primavera, música de noche, el mar; no soy capaz de comprender cosas más sutiles como ‘las trompetas que tocan a plata’. Podré llegar a ser un intelectual pero nunca escribiré más que poesía mediocre” / “No, señor, la mujer que realmente vale no espera a nadie. Si yo pensara que puedo encontrar a otra perdería mi fe en la especie humana. Puede que me divierta con otras… Pero Rosalind era la única mujer en este ancho mundo a la que yo podría pertenecer.” / “Las personas sentimentales creen que las cosas durarán, mientras que los románticos tienen una desesperada confianza en que no duren”.

Y la que considero la más reveladora e inquietante: “Para empezar seguía teniendo miedo, no un miedo físico sino miedo a la gente, a los prejuicios, a la miseria y a la monotonía. Pero en lo más profundo de su corazón se preguntaba si era un hombre peor que este o aquel. Sabía que podía engañarse a sí mismo, pretendiendo que toda su debilidad no era más que el resultado de las circunstancias que le rodeaban”. 

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Por esas cosas de la vida, aquellos tiempos donde empiezas a hacerte mayor o al menos a construirte y reconstruirte día sí y día no como persona, Fitzgerald se puso de moda en el grupo de gente con la que me movía. Fitzgerald y los maravillosos años 20, década que en sus novelas está bañada de litros de champán y deliciosas flapper, las jóvenes que desafiaban el puesto al que querían colocarlas en el mundo cortándose el pelo a lo garçon. Todos ellos, hombres y mujeres, bailando desenfrenados ese baile del diablo que fue el charlestón.

En esos tiempos me dio por escribir y también en creer que podría convertirme algún día en escritor. Son esos sueños los que te emborrachan tu paso por la senda de la vida, y como tales, probablemente de los más felices porque llegas a pensar que esa posibilidad por remota que sea algún día podría concretarse. Uno tiene tiempo –la muerte es un incómodo acompañante al que todavía no has visto demasiado cerca– y con ese entusiasmo de los que pueden derrochar cualquier tipo de cosas porque apenas tiene nada salvo entusiasmo, continúas caminando o viviendo porque, como me dijo un amigo a modo de aplastante verdad: uno se siente eterno hasta que alguien te demuestra lo contrario.

En aquellas tardes solíamos reunirnos cuatro amigos en el salón de casa de mis padres, donde escuchábamos música obviamente de los años 20, también de los 30 y de los 40 aunque con el entrecejo fruncido, como si esa década ya no fuera tan nuestra…

Normalmente, quien daba la nota sonora a esos encuentros fue The Pasadena Roof Orchestra, una formación musical británica especializada en tocar música de aquellos tiempos pasados y en nuestro imaginario posiblemente más felices; y si bien seguíamos las notas de Bye, bye Blackbird, I’ll see you again, Check to check o Charleston marcando el ritmo mientras tomábamos tazas de te (así éramos de inocentemente ridículos), la cosa dio un giro radical cuando descubrimos en una dulcería próxima a casa que la sensación de retroceder en el tiempo se acentuaba cuando dejamos la infusión por el champán Dubois. Un champán no demasiado caro.

Recuerdo, todavía sorprendido, que con una sola botella alcanzábamos un estado de efímera felicidad que más tarde no he conseguido con otras bebidas espirituosas y mucho menos con el champán de calidad. De marca.

La historia de aquellos cuatro amigos (a veces se sumaban otros, pero el grupo se consolidó en torno a cuatro extravagantes sujetos que pomposamente se autodenominaban El club de la rosa marchita, qué cursilada, ¡Cthulhu!) se me antoja ahora desde la distancia como un trasunto provinciano a la de esa misma generación literaria a la que metieron a Fitzgerald: perdida. La generación perdida.

Escribo esto porque los caminos que tomamos los miembros de aquel singular grupo fueron diferentes. Uno de ellos, muy querido por todos, se inmoló hace unos pocos años de manera teatral y por tanto brutal y conmovedoramente egoísta para quienes dejó atrás. Otro, músico en sus horas libres, es una de esas personas con las que me tropiezo actualmente en las calles y plazas de Santa Cruz y me revela como pasa el tiempo. Apenas tenemos cosas que decirnos, salvo las de recurrir a los tópicos que salpican las charlas entre dos conocidos que una vez creyeron conocerse bien. El tercero de aquellos, ahora que lo escribo insólitos amigos, sigue siendo eso: un amigo. Uno de esos amigos que se forjan a base de traiciones y frustraciones mutuas, así como de los buenos ratos pasados. No nos vemos mucho, pero cuando nos vemos es como si se tratara de ayer. Y con eso basta. 

Los que hayan tenido la fortuna o la desgracia de leer este post se preguntarán que porqué demonios me pongo a contarles algo de mi pasadísima adolescencia. La razón en principio era la de descubrirles, si no lo conocían, a Scott Fitzgerald con la esperanza de que no se llevaran una mala impresión del genial escritor por esa estúpida película que es El curioso caso de Benjamín Button, basada (dicen) en uno de sus relatos. Otra de mis explicaciones para desnudar los sentimientos era la de volver a escribir sobre The Pasadera Roof Orcheastra, conjunto que no he podido ver todavía en directo. Y que no sé si algún día podré disfrutar en directo, pero me quedan sus discos en vinilo y los que se han editado en compacto.

No obstante, la razón más aplastante para contar este pedazo de mi existencia es que mirando hacia atrás con la intención de seguir hacia delante, me doy cuenta que cualquier tiempo pasado no fue mejor aunque sí diferente. Veo a aquel adolescente vestido con ridículos trajes pasados de moda y pajarita que era yo y sólo puedo sonreírle y entenderlo. Me cae bien aquel confuso sujeto que se estaba haciendo mayor. Y su perplejidad continua, su asombro de cada día. También el enorme amor platónico que lo sacudió y que tenía el nombre de Zelda (no Celda), que fue la fantástica flapper que le rompió el corazón a uno de los mayores escritores que ha dado este planeta sobre el verdadero significado de la tragedia. Mientras tanto, el tiempo pasa. Pasa. Pasa. E inevitablemente pasa.

NOTA: Los de la fotografía son, obviamente, Zelda y Scott Fitzgerald.

Saludos, conmovedoramente retros, desde este lado del ordenador.
 

Caminante, se hace caminio al andar…

Sábado, Agosto 29th, 2009

Con el ánimo de invitarles al sosiego y a que abran los ojos (o los cierren, lo mismo da si lo hacen para soñar) les invito a relajarse refugiándose en un libro de aventuras. Ya escribí que tengo una temporada con ganas de viajar a mundos ignotos, donde los hombres son hombres y las mujeres mujeres sin necedades porque abren su corazón a lo que podrá pasar. Esas sociedades (que existen, lo sé) donde se rechaza la incógnita que generalmente nos paraliza al Primer  Mundo (¿?), universo donde somos incapaces de desatarnos de las cadenas que nos arriman a lo que presuntamente somos. Esa comodidad peligrosa en la que todos caemos porque no hay nada más seguro que tener el frigo repleto. Aunque a final de semana tengamos que tirar más de la mitad a la basura porque no hemos sido capaces de consumirlo.

Encadenados a esa felicidad artificial que es la de gastar por gastar, ahora golpeada por la diabólica recesión que nos hace más imbéciles si cabe, me atrevo a recomendarles que se dejen de tonterías y de mirar al vecino de reojo y de envidias trasnochadas y que se refugien, pese a las ataduras falsamente reales que nos condenan, a que busquen refugio en libros o películas que los tontos llaman facilonas porque van más allá del onanismo intelectual al que nos están acostumbrando. A que sean capaces de abrir o cerrar los ojos (lo mismo da, digo, por aquello de que soñar no implica que necesariamente tengamos los ojos abiertos o cerrados) con el único fin de salirnos de la norma. O bien para que descubran que hay otros mundos –como en ese clásico del cine de aventuras de nuestro tiempo que es Matrix— donde todavía tenemos la oportunidad de ser libres combatiendo a los imbéciles, que son todos aquellos que se empeñan en convencernos de que el mundo sólo tienen su color. Su color.

Con la intención de demostrarles que hay más cromatismos en el arco iris, y cansado de pasear por el sendero de baldosas falsamente amarillas, les invito a que miren hacia atrás sin ira y contemplen lo que fueron y lo que son hoy. Sí, sé que es un ejercicio penoso porque normalmente la imagen que te muestra ese pasado perdido tiene habitualmente la forma de un monstruo, pero si tienes coraje y estás alimentado por esa literatura que desechan los vigilantes, descubrirás que el monstruo no es tal monstruo sino una semilla confusa perdida en el abismo que es nuestra vida.

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Todas mis referencias culturales me mostraron el camino. Es verdad que algunas de ellas lo equivocaron en algún momento del peregrinaje, pero siempre encuentras una voz, un sonido o una mirada que te corrige los pasos. Esos pasos titubeantes y erráticos en principio pero cada día más seguros pese a las adversidades, los vacíos, las montañas que piensas que nos vas a poder cruzar. Pero caramba, sigues. Y sigues, cansado de los cantos de sirena, de tus enormes egoísmos, sigues. Y sigues. Y sigues. Y compruebas que con cada paso dejas huellas. Y que esas huellas permanecen en la arena del tiempo hasta que el viento se las lleva.

Aprendí todo esto y algo más sin recurrir a Jodorowsky ni a Pablo Coelho, a quienes siempre he considero como brillantes vendedores del falso elixir de la autoayuda. Lo aprendí gracias a mis lecturas de caza menor y mayor. Sin hacer distingos entre unos y otros. Desechando quien no me indicaba el camino y siguiéndolo con devota y ciega devoción a quien sí me lo señalaba. Y si eres de los que está acostumbrado a pensar sobre ti mismo porque el resto es sólo una construcción de lo que piensas de ti mismo, descubrirás que no estás tan equivocado pese a las batallitas a las que diariamente tienes que enfrentarte. Esas guerritas que te hacen daño, claro está, pero de las que sales airoso porque tienes una idea fija en la cabeza, y esa es la de seguir, seguir. Seguir siempre adelante. Ya no hay vuelta atrás.

Escribo todo esto porque en este sendero en el que camino no hay cadáveres, por mucho que se empeñen, aunque me canse tropezarme continuamente con los mismos de siempre. Los pobres, sin embargo, no saben que estoy pertrechado de poción mágica. Y que una de esas pociones tienen el nombre de H. Rider Haggard, el autor de Las minas del rey Salomón y de su personaje cabestro y victoriano: Allan Quatermain. También hechizado bajo la seducción de su Ella, la princesa eterna. Y de Pierre Benoit y su fascinante reina Antinea de La Atlántida o su La castellana de El Líbano. O Stevenson. O Conrad. O London. O Kipling. O Hughes. O Falkner, y si me permiten Salgari y Sabatini, cuyas ediciones en Molino agrietadas y estropeadas conservo en un lugar privilegiado en mi biblioteca. Me dejo nombres de compañeros en el camino, claro está, pero todos ellos saben que me revelaron uno de los mayores secretos en mi devenir existencial: mira atrás, mira siempre atrás para saber seguir hacia adelante. Lo importante es lo que encuentres y quienes te encuentren, porque el resto es una mala novela de aventuras.

Saludos, caminando, siempre caminando hacia adelante, desde este lado del ordenador.