Editoriales canarias que se ‘mueven’

Martes, Mayo 19th, 2009

* Entre los días 29 de mayo y 14 de junio, Ediciones Escalera y Baile del Sol compartirán la caseta 229 en la Feria del Libro de Madrid. Es la primera vez que dos editoriales de origen canario ofrecen conjuntamente sus fondos al público lector participando así en uno de los eventos más importantes del sector editorial español. Una de las actividades programadas es la celebración de un encuentro entre editores para tratar uno de los aspectos consustanciales al oficio: “el libro peor vendido”. Será el próximo 11 de junio, a las 13:00 h., en el Pabellón Fundación Círculo de Lectores. Los anfitriones han invitado a otras tres editoriales —Artemisa (Canarias), Errata Naturae (Madrid) y Salto de Página (Madrid)—, a debatir ante los medios de comunicación de manera constructiva sobre los worstseller, atendiendo más a su calidad y a las expectativas iniciales del proyecto que a su rendimiento posterior en los puntos de venta.

En la caseta 229 se darán cita autores de ambos sellos editoriales que firmarán sus obras y que tienen en común el integrar la nómina de antologías poéticas alternativas en el panorama español. Es el caso de 23 Pandoras (Baile del Sol) y de Bukowski Club: Jam Session de Poesía (Escalera).

Desde las 20:30 h. del sábado 13 de junio, Ediciones Escalera celebrará su segundo cumpleaños en el Espacio Cultural Canarias, (Alcalá, 91. Metro Retiro. Frente a la Feria del Libro) con la presentación del libro Muchachos, maten a Borges, de Antonio Bordón.

* Me escribe Nicolás Melini muy preocupado por el estado de salud de Luis Alemany. Lamento haberle provocado ese estado de ánimo, pero el comentario de Carmelo Rivero en la radio y las ocasiones en las que he podido ver al maestro deambular por el Santa Cruz infernal, dispararon todas las alarmas. Melini me cuenta, no obstante, que tras hablar con buenos amigos del autor de Los puercos de Circe, la situación de Luis dentro de lo grave (económicamente hablando) no es tan grave en su estado de salud. Gracias, amigo.

* La Máquina del Tiempo presenta hoy en Buenos Aires el libro Poetas canarios en Buenos Aires, una antología compilada por Juan Carlos de Sancho. El acto, que se celebra en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini de la capital argentina será presentado por el autor de la antología y el director de la editorial, Hernán A. Isnardi.  

Saludos literarios a este lado del ordenador.

Sobre un escritor y un periodista

Lunes, Mayo 18th, 2009

Bravo por Carmelo Rivero, quien hoy dedicó su habitual comentario radiofónico al escritor Luis Alemany. Quien conozca a Luis las palabras del periodista tuvieron que llegarle al corazón porque la situación que atraviesa el genial autor de Los puercos de Circe pide que todos los que nos sentimos agradecidos por su trabajo nos movilicemos para que consiga salir del pozo en el que se encuentra. Todo un personaje que me hace pensar que todavía no está todo perdido en estas islas pese a que parezca que él sí se ha perdido en las tinieblas. Clama al cielo que no se le haya concedido a un narrador de su categoría el Premio Canarias de Literatura, una oportunidad no ya sólo para reconocer su labor como creador de fabulaciones sino para tenderle una mano y contribuir a que pueda salir del pantano en el que actualmente transita.

Siento escalofríos por la indiferencia, y noto en falta esas largas y casi siempre productivas conversaciones con Alemany en las que el gran escritor departe con este aprendiz de brujo sus amplios conocimientos de esta aldea en la que vivimos. Me siento en deuda con él, como nos sentimos casi todos los que lo queremos y respetamos. Esa es la conclusión trágica pero feliz del valiente comentario que esta mañana le dedicó Carmelo Rivero en la radio. No podemos dejarlo solo. No debemos dejarlo solo.

La situación de Luis Alemany narrada por Rivero me recuerda, además, otro de esos dramáticos testimonios de caída en barrena de un compañero de oficio periodístico. Su nombre es Antonio Bernal, y hasta no hace demasiado tiempo, su nombre era una referencia en el siempre oscuro y siniestro mundillo del periodismo de sucesos en las islas. 

La situación de Bernal es igual de desasogante para quienes compartimos con él mesa de redacción. Deambula como un alma en pena por las calles de este en ocasiones ingrato Santa Cruz pidiendo trabajo. Algunos le dan dinero para que pueda comer algo. Se me rompe el alma cuando lo veo transitar por esta capital de provincias buscando el auxilio de sus compañeros de oficio. Toda una vida dedicada a informar a los lectores para terminar así, caminando como un zombie, abandonado por casi todos.

Qué diablos de profesión…

Saludos indignados a este lado del ordenador.   

Batería de breves. O reseña de actos para mañana…

Miércoles, Mayo 13th, 2009

* La escritora Inma Luna, autora de la editorial canaria Baile del Sol, ha sido invitada a participar en los III Días de las Lenguas y Culturas Iberorrománicas que la universidad de Zadar (Croacia).

La autora de Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero (Baile del Sol, 2008) formó parte del grupo de escritores que participaron leyendo relatos traducidos en la Noche de cuentos cortos, junto a Xandru Fernández (asturiano), Séchu Sende (gallego) y José Luís Peixoto (portugués). Este año no ha sido posible contar con la presencia de Màrius Serra (catalán).

Mañana, jueves, Luna se reúne con los estudiantes de la universidad ante los que dará una conferencia bajo el título De cerca nadie es normal que versará sobre las diferentes miradas del escritor, el poder de la imaginación para encontrar lo sorprendente en lo cotidiano y cómo intenta éste que, en lo que escribe, nada sea como parece a simple vista.

La Universidad de Zadar entró en contacto con Inma Luna después de que en octubre de 2008 se celebrase el tercer encuentro de Acercando Orillas en Zagreb y Zadar para el que se tradujeron y se leyeron poemas y relatos de Inma Luna y de Ana Pérez Cañamares, también autora de Baile del Sol.
Acercando Orillas es un proyecto que tiene como objetivo prioritario, la promoción de la obra de autores canarios, fuera del espacio de su isla y del archipiélago, facilitando el conocimiento y contacto de los mismos, con otros poetas, que forman parte del fondo de esta editorial, y provienen de espacios geográficos diversos. El nexo de unión, es su dedicación a la escritura, a una línea realista y social, su dispersión geográfica y el haber sido publicados en Baile del Sol.

* Nicolás Melini me envía este interesante artículo sobre la subsistencia de los escritores:  
http://delamanchaliteraria.blogspot.com/2009/05/los-que-escriben.html
 
* El periodista Francisco Pomares ofrece mañana, jueves, en ese espacio de resistencia cultural que es la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife una conferencia en la que analizará la crisis de la prensa de papel en el mundo, aunque su charla se centrará especialmente en cómo está afectando al sector en Tenerife. Pomares es el responsable del blog El anillo de Moebius, que puede visitarse en las webs de La Opinión de Tenerife y La Provincia. 

* Y para variar algo de cine. Filmoteca Canaria proyecta mañana, jueves, Una luz en el hampa de Samuel Fuller, a las 20.30 horas en los Multicines Renoir Price en Santa Cruz de Tenerife. Una luz en el hampa (1964), dirigida y con guión de Samuel Fuller, narra la historia de Nelly (Constance Towers), una prostituta que llega a la ciudad de Grantville huyendo de su pasado. Tras un primer encuentro con el capitán de policía de la ciudad, consigue reconducir su vida trabajando como enfermera en un hospital para niños inválidos, ganándose el afecto de sus compañeros por la ternura con la que trata a los niños. Una historia así sólo podía salir de la cabeza de Fuller, un hombre que cuando gritaba acción apretaba el gatillo de un revólver.

Saludos informativos a este lado del ordenador. 

Mi primera vez

Jueves, Abril 23rd, 2009

¿Cuál fue el primer libro que leyeron? ¿Lo recuerdan? Mi memoria guarda entre algodones el día en que mis ojos asomaron por primera vez a las páginas de un libro. La primera cosa con letras y una estupendas láminas ilustradas que devoró mi vista fue una edición infantil de los años 20 de Las mil y una noches. Obviamente no estaban los mil y un relatos de este volumen asombroso, sino seis que me llegaron al alma. De repente, descubrí que leyendo aquellas palabras se creaban imágenes y voces en mi cabeza, era capaz de construir un universo, por lo que el veneno de la lectura se fue inoculando lentamente en mis venas.

Estaba verde. Muy verde. De hecho, recuerdo que en el cumpleaño de una amiga me sorprendió descubrir que los cuentos que yo tenía de Las mil y una noches en esa edición que todavía conservo como oro en paño, eran más que seis. El libro de mi amigo incluía doce. Algunos ya los había leído, pero me metí en aquel librito infantil pasándome el resto de la fiesta ensimismado en los cuentos que desconocía.

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Un buen día, viéndome mi hermano que siempre estaba con el mismo libro a cuesta (la edición antigua de seis relatos de Las mil y una noches) me dijo “toma y lee esto”. Nunca le agradeceré suficiente el gesto. Aquel sí que era un libro de verdad. ¿Su título? La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, uno de esos escritores que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de mis autores de cabecera.  

Luego vino todo seguido. Comencé a leer más y más libros. Tras La isla del tesoro le llegó el turno a El señor de Ballantrae, y después a otros tantos títulos donde se cruzaban Bradbury, Conrad, Haggard (el de Las minas del rey Salomón) y hasta hoy… Y desde entonces ha llovido mucho. Siempre con el dichoso libro a cuesta. Mi amigo Ezequiel Pérez Plasencia dice que eso de llevar libros encima en casi sinónimo de timidez. Y no se equivoca, que es lo que pasa casi siempre.

En fin, ahora que soy libre me apetecía recordar mi encuentro con los libros y plantarles a quién quiera que cuente su primera experiencia con el que considero uno de los grandes (y leales) amores de mi vida, que fue cuando aprendí a querer a los libros.

Saludos nostálgicos a este lado del ordenador.

Así fue como llegué a ‘El guardián entre el centeno’

Miércoles, Abril 22nd, 2009

Me imagino que nos pasa a todos los que tenemos el vicio de leer. Y cuando escribo de lo del vicio de leer me refiero a cualquier tipo de literatura. Sea de caza mayor como de caza menor. De hecho, creo que la clave para que uno siga leyendo está en simultanear libros de peso con otros más ligeros. Es decir, que no se me caen los anillos cuando afirmo que tengo largas temporadas donde devoro literalmente novela best seller en ediciones de bolsillo, y otras en las que me sumerjo en literatura de primera división. Esto mismo me pasa con otras artes. Me gusta el cine y la música, claro que sí, pero tengo días en los que disfruto con engendros de celuloide y otros con obras maestras sin detractores. Admito, no obstante, que esta variedad en los gustos es la culpable del puchero que tengo en la cabeza, pero me encanta la dispersión y el caos, ese espíritu contradictorio fruto de relatos baratos y caros. De películas malas y buenas, de músicas para silbar o escuchar a solas en casa y a todo volumen.

En este itinerario aventurero que ha marcado mi pasión por leer de manera compulsiva cualquier cosa que caiga entre mis manos como mecanismo para olvidar el aburrimiento en el que se ha convertido mi existencia, hay libros que me llaman desde las estanterías y otros a los que llego por recomendación de los personajes más insólitos y canallas. Por ejemplo, una novela que marcó mi vida y por lo tanto mi manera de ver el universo mundo fue El guardián entre el centeno, lectura a la que llegué por azar a una edad creo yo que adecuada gracias al hijo de puta que asesinó a John Lennon. Me refiero al cafre de David Chapman, quien mató al hombre que pedía que le diéramos una oportunidad a la paz contaminado (decía él) por la novela de Salinger.

Debo de confesar que cuando leí que una de las razones que esgrimía Chapman era su lectura le había llevado a condenar la vida del mejor de The Beatles quise hacerme rápidamente con el volumen inspirador de sus podridos sueños de justicia para intentar encontrar en sus página la clave que había hecho posible el atentado. El libro estaba en casa, lo cogí entre mis manos y me puse a leerlo. Y cuanto más lo leía menos entendía a Chapman. ¿Cómo diablos pudiste hacer lo que hiciste echándole la culpa a esa obra maestra? A ese libro visionario cuya misión es la de abrirle los ojos a los adolescentes…

 Guardián entre el centeno se convirtió así en uno de los primeros títulos de referencia de mi existencia, y como tal su fantasma me persigue desde entonces. Pero ese fantasma que recorre mi alma no lo alimenta el odio a quien me ayudó a ser mejor persona con sus canciones, sino a ver mi alrededor con otros ojos. Flaco favor le hago a esta novela que devoré a los 16 años si digo que es de iniciación, pero es que a su manera lo es. No me sorprendió por ello conocer la carrera que ha tenido este best seller desde entonces. Prohibido en colegios y perseguidos por los inquisidores de la moral. En los Estados Unidos incluso se hicieron hogueras para arrojar sus ejemplares. ¿Por qué provoca tal rechazo? pues porque dice la verdad. La adolescencia es una etapa hermosa de la vida porque todavía te crees que puedes cambiar el mundo, el problema es que no puedes. Y si insiste con ese pensamiento (proteger a los niños para que no caigan en el abismo de los adultos) estás condenado al manicomio.

Dicen que Jerry Lewis quiso llevar la película al cine.

Quiero y amo el cine de Lewis, pero afortunadamente el proyecto nunca se hizo realidad.

Y es que El Guardián entre el centeno es una obra maestra, independientemente de hijos de puta como Chapman.

Saludos literarios a este lado del ordenador.

Deberíamos de decirlo: Feliz Día del Libro

Martes, Abril 21st, 2009

El comentario de una lectora (nunca mejor dicho porque firma así) ha dado origen a la siguiente reflexión a las puertas del Día del Libro. Un Día para mí señalado porque tuve la suerte de nacer en una familia donde los libros eran lo mismo que los cacharros de la cocina. Es decir, objetos utilísimos y por lo tanto nada temibles. Creo, en este sentido, que ponerte a leer y no tener la sensación de que pierdes el tiempo sino que lo ganas es porque has nacido en un entorno donde estos objetos son objetos. Y en mi caso concreto, objetos que me salvan de los malos rollos que habitualmente salpican nuestra existencia.

Confieso que cuando estoy deprimido y sin rumbo, al borde de ese abismo cuyo fondo refleja al monstruo que tenemos dentro, tengo la costumbre cuando la cartera me lo permite, de refugiarme en las librerías y comprar de manera algo compulsiva libros que después voy dejando encima de la mesa de noche mientras esperan con la paciencia de un buen amigo a que me acuerde de ellos y me encierre en su universo. Cuando compro compulsivamente acierto a veces, aunque la mayor parte de las veces me equivoco.

Ya conté en otro post que hay libros que me llaman cuando paseo por la librería. Parecen que me gritan en silencio que me dé cuenta que están ahí, esperando a que los leas. Para unos puede ser instinto, pero cuando un libro me llama desde la estantería no suelen defraudarme. Yo les cuento a quien quiere oírme que son como esas personas que quieren hacerce amigas nuestras y no saben cómo decirlo hasta que se hartan y te cogen por el cogote para convertirse con el paso del tiempo en lo que efectivamente son ahora: mis mejores amigos.

Lectora me pregunta si no he tenido en ocasiones ese mismo impulso pero con un libro que deseas regalar a alguien especial. Y la verdad es que sí, aunque la mayor parte de las veces (siempre regalo libros, soy así de previsible) se tratan de obras que me han gustado a mí y que pienso que le gustarán a la otra persona. No sé si suelo fallar aunque es probable que yerre la mayor parte de las veces porque cuando me los tropiezo en la calle y les pregunto ¿qué te pareció la novela que te regalé? me contestan más o menos lo mismo: “aún no he tenido tiempo de leerla” o “en este momento no me apatece meterme con tal o cual autor”. A mí me pasa lo mismo. Regalar un libro que es algo muy bello también es algo muy difícil. Y es difícil porque un libro es algo íntimo, una manera curiosa de desnudar nuestro espíritu a los demás. No pasa lo mismo con un disco, un tebeo o una película. Y no pasa lo mismo porque leer significa leer. Y leer se lee a solas. Estés o no estés acompañado. Ese es uno de sus mayores encantos, que te permite construir tu propia película en la cabeza, con su banda sonora. Por eso no soy muy partidario de las adaptaciones literarias al cine salvo si son de novelas que no he leído ni creo que vaya a leer. El ejemplo más reciente fue El niño con el pijama de rayas o El código Da Vinci, que son de esas historias que leen hasta los que no han leído un libro en su vida.

Llamadlo prejuicio. Es lo más probable.

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Lo importante es que se acerca el Día del Libro, que debe ser una fiesta con mayúsculas y no los carnavales ni las de mayo. Una fiesta que además de su feria y el ligero descuento en el precio de estos para mí cada días más preciadísimos objetos, debería de celebrarse por todo lo alto. Una feria en toda regla, donde se vendieran libros al lado de churros y calamares fritos. Que la gente se diera cuenta que estas cosita con páginas es tan necesaria como un cacharro de cocina, ya lo escribí antes.

La Semana Negra de Gijón, dedicada casi exclusivamente a la novela policiaca de verdad, hace esto. Entre las casetas donde se vende a Raymond Chandler a precio de risa hay un puesto de comidas. Ojeas el libro y te entran ganas de comer, vaya. Y si tienes dinero pues comes. En Asturia procede regarlo todo con buena sidra. No sale tan caro. 

En fin, que viene el Día del Libro y a mí se me ocurre recomendarles (por si lo encuentran) una de esas novelas raras que me dejaron mellado cuando la leí siendo todavía un adolescente. Se llama El Gólem y la escribió un escritor austríaco al que no conocen en su propio país, Gustav Meyrinck (de veras, estando en Viena pregunté por si sabían donde estaba la casa donde había vivido y nadie me supo responder. También pregunté por Joseph Roth y lo mismo. Me salí de las casillas cuando amablemente y en mi inglés de garrafón les pedí que por lo menos me dieran las señas de la que fue vivienda de Stefan Zweig.  Y nada de nada. Solté un taco en español y me di cuenta que esos tres escritores eran judíos. No quiero decir otra cosa, pero cuanto menos es sospechoso ¿verdad) y trata del famoso mito hebreo de crear un hombre artificial que en la obra a la que hago referencia es un doble. Inquietante de verdad. Otro yo pululando por la misma ciudad, llevando tu misma vida sin ser tú. Ignoro si se ha reeditado, pero si la encuentran, cómprenla o se la piden al amigo que la tiene en casa. Transcurre en una de las ciudades más hermosas del planeta: Praga.

Bueno, no hay nada más que decir, sólo desearles a todos y a todas (y en especial a lectora por sugerirme estas líneas) Feliz Día del Libro.

Saludos litearios y bibliófilos a este lado del ordenador.