Archive for Septiembre, 2009

Aquella diabólica casita en la pradera

Jueves, Septiembre 3rd, 2009

Posiblemente no haya habido serie que haya visto y detestado con tanta cordialidad como La casa de la pradera, Autopista hacia el cielo y Verano azul. Son series que me taladraron la infancia y esa extraña adolescencia, por eso las recuerdo siempre a modo de castigo porque estaba condenado a verlas en unos años donde sólo había un único canal. Nada de La 2, nada de privadas, tontonómicas y locales. Sólo un maldito, repito, canal.

De esas tres series de amargo recuerdo quizá sea La casa de la pradera la que más me chafó aquellos gratos e ingratos instantes que pasaba ante la televisión. De hecho, todavía hoy cuando escucho su empalagosa sintonía me entra la fiebre y se me pone la piel como de gallina ya que, a mi juicio, La casa de la pradera fue una mentira con la que engañaron a la chavalada de mi generación. Y escribo lo de mentira porque cuando ví su primer episodio esperaba encontrarme con una de vaqueros y no con eso. O aquello.

Caramba, todavía tengo chispazos de El hombre del rifle, con el ex jugador de baloncesto Chuck Connors repartiendo justicia en el salvaje oeste a base de balazos; todo lo contario a La casa de la pradera y su plácido oeste de 625 líneas que no era oeste ni nada. Sólo una ridícula pradera donde Michael Landon (uno más de los Cartwright de la mítica Bonanza) hacía de papá enrollado y resignado de una familia que… que… yo qué se.

Rebobino en la cinta de mi cada día más escasa memoria. Así que afirmo que nunca le perdonaré a Landon las ganas de llorar que me entraban cuando no tenía más remedio que tragarme sus cristianos episodios. Algunos se preguntarán que ¿por qué la veía? Pues porque como ya dije, sólo había un canal. Imaginadme así las tardes de domingo a la hora de almuerza observando aquella serie azucarada. Veneno para un diabético que de vez en cuando usaba la cabeza.

Ahhh, diabólica familia Ingalls.

Evoco ahora, desde la distancia, un único episodio de aquel culebrón evangélico made in USA que me llamó ligeramente la atención. Aparecían los hermanos James (Jesse y Frank), quienes no sé ahora por qué, terminaban en la casita de los Ingalls. Creo que uno de los James estaba herido, y había que cuidarlo, claro, lo que me hizo presumir que igual había tiros en aquella babosona comunidad.

Sin embargo, no pasó nada. O el disco duro de mi memoria no registra nada espectacular de aquel episodio. Fundido a negro.

Tiempo después, Michael Landon repetiría la jugada dulzona con la estrafalaria Autopista hacia el cielo, donde hacía de ángel. Ahora que lo pienso, creo que la serie nació a rebufo del éxito de El cielo puede esperar, una comedia ligera que tuvo un insólito éxito en los 80 protagonizada por Warren Beatty, un actor que, por otra parte, nunca me ha hecho ni fu ni fa salvo en Dick Tracy, una de esas películas que disfruté en Madrid y de la que guardo grato recuerdo no por la película en sí sino por quien estaba a mi lado mientras hacíamos que la veíamos.

En una de esas etapas tontas de tu vida fue tanta mi obsesión con Michael Landon que hasta (¡lo confieso, señor juez!) llegué a soñar con él. En esos sueños, más bien pesadillas, el actor se me aparecía como el puñetero ángel de Autopista hacia el cielo y me arrancaba el corazón (tal y como lo cuento). Lo peor de este caso presumo que freudiano es que esa pesadilla se convirtió en recurrente. 

Entiendan entonces que con su La casa de la pradera, y por ser Landon un visitante sin invitación en mis horas de sueño, alimentara este peculiar temor, ya que mucho antes de que Wes Craven se sacara del sombrero a Freddy Krueger, yo ya contaba con Landon sacándome el corazón de las entrañas en aquellas pesadillas.

Contaba todo esto porque el otro día y mientras paseaba por la rambla feliz y contento de no formar parte del patio de colegio, me topé de sopetón en uno de sus kioscos con el primer dvd de esta demoníaca serie. Colección que a algún desgraciado se le ha ocurrido ahora vender a módico precio. Que son días de recesión y no de vino y rosas.

La cuestión es que me quedé aterrado, mirando inquieto el dvd forrado de plástico con el corazón latiendo a toda pastilla. Lo peor de todo es que estuve en un tris de comprar el dvd para retroceder a uno de esos nefastos momentos que salpican los complicados capítulos de tu vida: volver a tu antiguo colegio o la de reunirte con sus antiguos alumnos en una de esas comidas que se organizan de tanto en tanto.

Al final, afortunadamente, venció la prudencia. Lo que pone de manifiesto que con el paso del tiempo me estoy volviendo bastante prudente. Así que me alejé del kiosco, pese a que el dvd me cantaba como las sirenas a Ulises lo de cómprame, cómprame… Ese canto seductor que te promete todo el oro del mundo si entregas tu espíritu. O esa fuerza que parece un imán, un diabólico imán, que quiere arrastrarte a la nada. 

Pero tal y como les contaba, mentalmente mandé a paseo esa música cósmica con un sencillo: “no, gracias”. Pero es cierto, también, que dos tramos más arriba me encontré con uno de esos tipos que te caen mal pero que muy mal y le solté como veneno: “ha salido tu serie favorita en dvd”.

- ¿Cuál?
- La casa de la pradera.
- ¿Y tú cómo lo sabías?

Lo que me pasa por ser bueno.
 
Saludos, ya no tan teleadictos, desde este lado del ordenador.

‘Última aclaración’ de Ezequiel Pérez Plasencia

Miércoles, Septiembre 2nd, 2009

Reproducimos a continuación un nuevo texto firmado por el escritor y periodista Ezequiel Pérez Plasencia.

Última aclaración

“Ante las continuas llamadas telefónicas de algunos amigos canarios que lamentan la publicación penosa de mi último libro, La voz del vacío, me veo en la obligación de repetir públicamente que fue editado (por magno error no subsanado) el primer borrador entregado al responsable de la Editorial Benchomo. El primero de otras cuatro versiones enviadas. (Conservo el correo electrónico en que se admite tamaña equivocación). Pido a las autoridades políticas (Alberto Delgado, por ejemplo, pues el escudo del Gobierno Canario aparece en la contraportada) que, por favor, dejen de subvencionar a esa editorial para editar cualquier libro mío, pasado o venidero. Por no hablar ahora de los Derechos de Propiedad Intelectual.

La denuncia por daños y prejuicios ya ha sido presentada y espero que llegue pronto a buen puerto. Es mi deseo olvidarme cuanto antes de esta historia repleta de mediocridades, falsedades y vulgaridades. Mas una insidiosa y grave enfermedad  me impide de momento desplazarme a Canarias y arreglar in situ este desaguisado, y es por ello que solicito la indulgencia de los lectores que hayan adquirido el volumen. Pues me confirman que ha sido distribuido y, hoy mismo, sigue exhibiéndose en bastantes librerías canarias, lo cual habla por sí sólo de la maledicencia del director de esa firma editorial. Por insignificante que sean, es mi trabajo y capacidad intelectual los que aparecen pisoteados, maltratados en ese librucho que lleva mi nombre.

Ezequiel Pérez Plasencia

Cartagena, 2 de septiembre de 2009. ”

Saludos, una vez más muy tristes, desde este lado del ordenador.

Esto es como una agenda (están advertidos)

Miércoles, Septiembre 2nd, 2009

* Ediciones Idea acaba de publicar, dentro de su colección Narrativas, el conjunto de relatos de Andrés Servando Llopis titulado Especulaciones fugitivas. Esta obra se presenta mañana, jueves, 3 de septiembre, a las 19:30 horas, en el salón de actos de la Mutua de Accidentes de Canarias, MAC, ubicado en la antigua casa Elder de Santa Cruz de Tenerife. En el acto intervendrán, junto al autor, el director de la editorial canaria, Enrique Jiménez Fuentes y el profesor titular de Filología de La Universidad de La Laguna y prologuista de la obra, Rafael Fernández Hernández.

* Damián Perea se encuentra en Madrid ultimando los detalles de la que será su primera exposición fotográfica, Cuadernos de Viaje, que se exhibirá del 3 al 30 de septiembre en el Centro Rotacional de Arganzuela. El cineasta grancanario viajará también próximamente a Holanda para exhibir el cortometraje Locos por el cine en el Museo Gouda. La proyección, que se enmarca dentro de la iniciativa itinerante VIVA Festival, se desarrollará entre el 5 y el 30 de septiembre con el respaldo de Canarias Crea.

* Dentro del programa de actividades itinerantes de ocio y entretenimiento, la Obra Social y Cultural de CajaCanarias organiza este jueves, 3 de septiembre, en la plaza de San Marcos de Tegueste, un concierto de fado con los tres músicos que componen el proyecto Alfama. La velada comienza a las 22 horas.

* La Obra Social y Cultural de CajaCanarias propone también para mañana, jueves, una puesta en escena multimedia, que conjuga música e imágenes, a cargo de los componentes del proyecto artístico La mirada automática, que presenta el espectáculo Tiempos modernos. Tendrá lugar en la plaza de Nuestra Señora de los Remedios, en Buenavista, a partir de las 20:30 horas.

Saludos al modo de agenda desde este lado del ordenador.

Palabra de boy scout

Martes, Septiembre 1st, 2009

Puedo presumir (y presumo) que tengo casi todas las novelas de Graham Greene. Así soy cuando me toca la obra de un escritor. Intento procurarme casi todo lo que ha escrito. Eso me obliga a tarea de rastreos para nada penosas, y mucho menos en el caso de Greene, a quien se le sigue editado periódicamente pero sus historias más famosas y por lo tanto celebradas: El americano impasible, Nuestro hombre en La Habana, El revés de la trama y con mucha menos frecuencia, clásicos para mi tan personales como Los comediantes, Un caso acabado, El fin del romance, El poder y la gloria, El cónsul honorario y El factor humano, entre otras.

Graham Greene reúne casi todas las cualidades que me agradan de un escritor nacido en la pérfida Albión, un conmovedor desprecio a su país. Y un cinismo, que algunos han confundido como tonta ironía, acerca de las dobleces de la naturaleza humana. La mayoría de sus grandes historias han sido llevadas al cine con mayor o peor fortuna, y una de esas adaptaciones es uno de esos títulos que no dudaría en colocar en la lista de las 100 mejores películas de la Historia del Cine porque, lo cojas por donde lo cojas, es una obra redonda, tan redonda que incluso llegó a eclipsar el material literario que le dio base: El tercer hombre.

Pero no quería hablarles hoy de este clásico del cine de espías ni del conjunto de la obra de Greene sino de una novela corta (o un cuento largo según se mire) que conseguí –cómo no—el domingo pasado en el Rastro de Santa Cruz de Tenerife. Título que faltaba en mi biblioteca del escritor, y cuyos ejemplares están colocados al lado de los de otro maestro, Eric Ambler (“sin ninguna duda, el mejor escritor del género de intriga”, Graham dixit); John le Carre y mi reivindicado Len Deighton.

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La novela corta de Greene a la que hago referencia es El doctor Fischer de Ginebra, una de esas historias geniales que en apenas unas 150 páginas te sacude, te conmueve, te aterra como casi solo sabía hacerlo el autor de El ministerio del miedo.

Me ha extrañada bastante que entre los seguidores de este irreverente escritor apenas hayan voces que destaquen este título en su impresionante carrera. Y me sorprende porque se trata de una novela escrita con sencillez pero de una notable complejidad en sus entrañas, que me ha servido en estos tiempos sin colores de ira, de incómoda reflexión sobre todos nosotros.

La historia es más o menos sencilla, y vendría a contarnos la historia de un hombre maduro, que perdió una de sus manos siendo niño durante los bombarderos nazis sobre Londres durante la II Guerra Mundial, que se enamora de la hija de un multimillonario, unos veinte años menor que él. Este millonario, el doctor Fischer, es un excéntrico personaje que organiza cenas con un grupo de conocidos igual de multimillonarios y a los que su hija denomina “los pelotas” para reírse de ellos. Todos estos potentados aceptan con estoicismo las pesadas bromas del viejo porque al final recibirán regalos de precios astronómicos. Sólo que la última fiesta se sale, digamos, del tiesto.

Tiene, no obstante, un pequeño problema El doctor Fischer en Ginebra o La reunión de la bomba, y es que se lee demasiado rápido. O se devora con demasiada facilidad pese a que su digestión tarde días en diluirse en tu memoria. Es de esos libros que cuando lees te sientes parte de él, como si el escritor te estuviera contando el relato de tu vida aunque no sea tu vida. Es la descripción de esos caracteres, la trágica frialdad con la que su personaje protagonista recibe la tragedia o la tremenda perplejidad que respira cada una de las páginas del libro, la que al menos a un lector de mi mestizaje sabe meter en el bolsillo.

En fin, que deben de leerlo.

Palabra de boy scout.

Saludos a lo ¡¡¡Graham Greene veinte premios Nobel!!! desde este lado del ordenador.